Tan irresistible como Stanford Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

—Conocí a Delaney en la cafetería de la librería donde trabajaba.

Estaba harto de que su familia lo presionara para que se casara, porque se estaba haciendo mayor.

Así que se le ocurrió la brillante idea de buscar a una mujer y contratarla para que se casara con él durante un año.

Y luego se divorciarían. Y me eligió a mí.

Desde que me vio la primera vez, fue a la cafetería a diario.

Yo no sabía ni quien era, a pesar de que salía casi todas las semanas en las revistas, en los periódicos y en la televisión.

Le dije que no estaba interesada. Entonces empezó a ofrecerme cosas, un apartamento, joyas, un coche, ropa…

A mí no me interesaba nada de eso, pero acepté, porque estaba locamente enamorada de él.

—¿En serio? Pensaba que esas historias solo pasaban en las películas.

—No creas que todo fue de color rosa. Pero el resto te lo contaré en otra ocasión.

—La segunda soy yo —dijo Lauren sonriendo—.

Vivía en una caravana con mi madre. Ella era prostituta, alcohólica y drogadicta.

Cuando era adolescente la escuché hablar con uno de sus clientes.

Él le estaba diciendo que le pagaría el doble si le dejaba acostarse conmigo.

Y mi madre aceptó. Así que me largué de casa y me embarqué rumbo a Europa.

—¿Te fuiste a Europa?

—Sí. Viví en Inglaterra y luego en Paris. Después de unos años sentí deseos de volver a los Estados Unidos. Tenía un montón de pasta ahorrada y cogí un vuelo. Cuando llegué al aeropuerto me robaron todo el dinero que llevaba.

—¡Oh, por favor! ¡No me lo puedo creer!

—Estuve viviendo en la calle hasta que un chico me ayudó y me llevó a vivir a su casa.

Era ingeniero informático y empecé estudiar informática.

Quería marcharme de su casa, porque tenía novia y supuse que le gustaría tener intimidad, pero no tenía recursos.

Un amigo suyo me dijo que había vivido un tiempo en casas de ricos sin pagar nada.

Y me enseñó a hacerlo. Una noche estaba durmiendo en una de esas casas.

El dueño estaba de vacaciones. Volvió antes de lo previsto y se acostó.

Era de madrugada y no encendió la luz, de manera que no se dio cuenta de que yo estaba en su cama. Ese hombre era Nathan.

—¿En serio?

—Sí. Y no creas que lo pasé muy bien, porque los siguientes meses fueron para mí un infierno.

—Vaya.

—La siguiente historia es la mía —señaló Ellie—.

Carter, Logan y yo pasábamos los veranos en un campamento.

Ellos dos eran ricos, bueno, sus familias.

Y la mía era humilde. Nos conocíamos desde que éramos unos críos y yo me enamoré de Carter.

En todo el invierno no teníamos noticias los unos de los otros, pero al verano siguiente nos encontrábamos y era como si nos hubiéramos visto la semana anterior.

Ellos eran dos años mayores que yo. El último año que fueron al campamento tenían diecisiete y fueron como monitores.

Yo seguía enamorada de él. Y él parece ser que se interesó por mí ese año.

Nos acostamos durante todo un mes, casi a diario.

Un día, antes de abandonar el campamento, Carter cortó conmigo.

Dijo que iba a ir a la universidad en unas semanas y que no quería distraerse con nada.

Le dije que lo esperaría, pero me dijo que no lo hiciera, porque él quería vivir la vida de estudiante, salir con chicas, y que tenía el futuro planeado.

Así que me fui a casa y poco después descubrí que estaba embarazada.

Tenía quince años y estaba asustada. Tenía un amigo gay que no quería que nadie lo supiera y me propuso que nos casáramos.

Trece años después nos divorciamos. Él encontró al amor de su vida y yo me vine a Nueva York, porque había encontrado trabajo aquí.

Un día me encontré a Logan en una iglesia.

—Logan es mi marido y era el mejor amigo de Carter desde que eran unos críos —le explicó Kate.

—Yo no sabía que Logan vivía en Nueva York. Me pidió que me uniera a su grupo de amigos porque no conocía a nadie. Y uno de sus amigos era Carter. Y yo tenía una hija suya de trece años.

—¡Santa madre de Dios! —dijo Jess sorprendida por las historias.

—Ahora me toca a mí —dijo Kate—. Yo estaba sola, vivía en otro estado y trabajaba en un instituto, ya sabes que soy profesora de historia.

Uno de mis alumnos se llamaba Bradley y vivía en un orfanato.

Un día me pidió ayuda para que lo sacara de allí y accedí.

Pero me dijo que no podía irse solo, porque había dos niños más pequeños que lo estaban pasando muy mal y los maltrataban.

Así que me llevé a los tres. Los tuve escondidos en casa durante algún tiempo.

No quería desaparecer de repente porque estaban buscándolos y sospecharían de mí.

Poco después encontré trabajo aquí y nos mudamos.

Un amigo les hizo documentos falsos a los niños.

Estaba pasando muchos apuros porque el sueldo no me daba para el alquiler, los gastos de la casa, el coche, la ropa y la comida.

Además, uno de los niños era autista e iba a un colegio especial.

Entonces se me ocurrió la idea de coger dinero del cepillo de una iglesia.

No pretendía robarlo, porque pensaba devolverlo.

Pero las cosas nos fueron mal por un tiempo y cogí dinero cada mes.

Un día de los que fui a la iglesia me encontré con un monumento de hombre y sin quererlo, me enamoré locamente de él.

Ese hombre era Logan, el sacerdote de la iglesia.

—¿Tu marido era sacerdote?

—Sí.

—¡Por Dios bendito!

—Yo soy la última —dijo Abby.

—Seguro que también me voy a sorprender con tu historia. Adelante.

—Estaba en una misión en cubierta y me di cuenta de que me perseguían.

Entonces vi a un hombre que parecía que estaba esperando a alguien.

Estaba apoyado en su deportivo mirando el teléfono y me acerqué a él para que quien me seguía pensara que me estaba esperando a mí.

Entonces lo besé y él se quedó muy sorprendido.

Él vio que iban a dispararme y me echó a un lado, y la bala impactó en su pecho. Ese hombre era Sean.

—¿El hermano de Delaney?

—Sí. Estuvo en coma varias semanas. Yo iba al hospital cada tarde después del trabajo y me quedaba allí hasta la mañana siguiente.

Ninguno de sus amigos ni amigas me hablaban, esas son todas las que están presentes aquí, ni tampoco sus maridos.

Su madre tampoco me podía ver. Todos pensaban que había sido culpa mía.

Patrick, el padre de Sean era el único que me hablaba.

Cuando me llamó para decirme que había salido del coma y quedé con él en el hospital, y me dijo cómo había ido todo.

Y entonces me marché sin ver a su hijo. Poco después Sean me llamó a la comisaría.

Quería quedar conmigo para tomar un café y hablar.

Pero yo no quería verlo porque estaba loca por él, me había enamorado mientras estaba en el hospital y había oído a todas sus amigas y amigos hablar de sus vidas.

Pero yo no podía estar con un hombre, porque mi padrastro mató a mi madre en una de sus borracheras, había escuchado como la violaba muchas veces y me encontraron junto a ella en el suelo sobre un charco de sangre.

Pero Sean insistió, e insistió… Y al final sí pude estar con un hombre, con él.

—No puedo creerme lo que me habéis contado. Esas cosas no pasan en la vida real.

—En la vida real tampoco sucede lo que te pasó a ti con ese hombre que alquilaste.

—Tienes razón. Lo mío también es de película. Y hablando de eso. Ayer precisamente lo vi.

—¿A quién?

—A ese hombre con quien perdí la virginidad.

—¿Lo viste?

—Sí.

—¿Y qué hizo?

—Mirarme, lo mismo que hice yo. Si no supiera que es imposible enamorarse de alguien tan solo con verlo una vez, pensaría que estoy enamorada.

—Yo me enamoré de Delaney nada más verlo —dijo Tess.

—No estoy enamorada, solo me gusta, pero es normal porque es un monumento. Lo que tengo que hacer es olvidarlo.

—¿Y eso por qué? —preguntó Lauren.

—Está casado y tiene un hijo pequeño.

—¿Cómo lo sabes?

—Estaba con el niño en la acera, mientras esperaba que su mujer saliera de una tienda.

—¿Estás segura?

—Sí. ¿Qué se le va a hacer? Ya fue demasiada coincidencia que me lo encontrara en la calle. Eso es muy difícil que vuelva a suceder de nuevo. De todas formas, me marcho a Atlanta y no sé cuánto tiempo estaré allí. Puede que no vuelva.

—No digas eso. Ahora que te hemos conocido no vas a abandonarnos —mencionó Ellie.

—Prométenos que estaremos en contacto —añadió Kate.

—Lo prometo.

—Mi marido y Nathan lo solucionarán todo y volverás aquí, y seremos amigas —dijo Tess.

—Ya somos amigas.

—Más amigas todavía.

Dos días después, Jack llevó a Jess al aeropuerto. Ella insistió diciéndole que cogería un taxi, pero él no lo consintió.

—Te agradezco todo lo que has hecho por mí.

—No ha sido nada.

—Para mí ha sido muchísimo, porque simplemente con tenerte a mi lado pierdo la timidez.

—En ese caso, me alegro de haber sido útil.

—Tienes las llaves de mis propiedades, así que puedes ir siempre que lo necesites.

—De acuerdo.

—Y me alegro de que encontraras la caja fuerte que tenía mi padre en casa. Ya me contarás lo que hay en su interior cuando la abras.

—Te llamaré para informarte.

—Vale.

—Que tengas buen vuelo.

—Gracias.

—Y no te preocupes por nada. Delaney y Nathan se ocuparán de todos tus problemas. Y podrás mudarte a Nueva York para comenzar la vida que querías.

—Eso me gustaría. Gracias por todo, Jack —dijo ella abrazándolo muy fuerte.

Era el segundo sábado de noviembre. Todos los hombres del grupo se reunieron en la cafetería a la que iban siempre, antes de jugar el partido. Desde que Ryan había vuelto de Atlanta, iba a jugar con ellos.