Tan irresistible como Stanford Capítulo 4 #4
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Capítulo 4 #4

—Había pensado llamarlas para ir a tomar algo. O invitarlas a comer o a cenar. Quiero agradecerle a Tess que haya hecho posible que hable con su marido y con Nathan.

—No lo ha hecho como algo que quiera que le agradezcas. Necesitabas ayuda, y ella no puede resistirse a ayudar. Pero tanto ella como las demás estarán encantadas de reunirse contigo.

—Quiero contarles lo que he hablado con Delaney y Nathan.

Cuando terminaron de cenar, Jack insistió en ayudarla a recoger la cocina, pero ella lo envió al despacho para que empezara a revisar los documentos.

—¿Cómo va? —preguntó Jess entrando en el despacho quince minutos después.

—Bien. He empezado por el archivo, por la letra S.

—¿Por qué no has empezado por la A.

—Quería saber si tenían un seguro de algún tipo.

—¿Y has descubierto algo interesante?

—Las joyas de tu madre estaban aseguradas por un valor de diez millones de dólares.

—¿En serio?

—Sí. Pero la póliza venció en mayo de este año y tu padre no la renovó.

—Supongo que no podría pagarla.

—También he encontrado el seguro de vida que tenían los dos. Se terminó en enero de este año, y tampoco lo renovaron. Y es una lástima, porque de haberlo hecho habrías cobrado el suficiente dinero para cancelar todas las deudas. Tenían un seguro de quince millones cada uno.

—Estarían haciendo recortes de gastos.

—Si hubieran vendido las joyas puede que hubieran sacado lo suficiente para ponerse al día.

—Mi madre se habría suicidado antes de deshacerse de sus joyas. ¿Tú crees que sería posible venderlas?

—Cuando uno vende joyas no le dan ni la mitad de lo que valen. Pero si realmente quieres venderlas, tendrás que hablarlo con Delaney.

—No me digas que tiene un negocio de joyería.

—No, pero tiene un joyero a quien le ha dado a ganar mucho dinero, al igual que todos los hombres del grupo de amigos, y hará cualquier cosa que él le pida.

—Bueno saberlo. Ahora solo falta encontrar las joyas. Puede que haya entrado alguien en la casa y se las haya llevado.

—Después de ver la cantidad por la que estaban aseguradas, las guardaría en la caja fuerte de casa o de su banco.

—Claro.

—No te preocupes, cuando Nathan se encargue de revisar las cuentas de los bancos de tus padres sabrá si hay una caja fuerte alquilada.

—¿Crees que el papel que he firmado en el despacho de Delaney será suficiente para que pueda hacer cualquier cosa en mi nombre?

—Mañana a primera hora irá a que lo firme un juez y entonces será legal y tendrá poder para investigar cualquier cosa relacionada con tus padres y contigo. Además de tramitar cualquier documento necesario.

—Estupendo. Bien, te ayudaré hasta que te marches. ¿Por dónde quieres que empiece?

—Revisa lo que hay encima del escritorio y ve dejándolo en algún lugar que no moleste, iremos dejando sobre la mesa los documentos que tenga que llevarme.

—Vale.

—Luego sigue con los cajones de la mesa.

—De acuerdo.

—Quiero que revises el interior y el exterior.

—¿El exterior?

—La parte inferior y los laterales exteriores, por si hay algo adherido a la madera. Comprueba si los cajones tienen doble fondo.

—Vale —dijo ella sonriendo—. Esto me recuerda a las películas de espías.

—Esto es el mundo real, no una película. Y haz lo mismo en todos los objetos de encima de la mesa.

—De acuerdo, James Bond.

Jack la miró y se sonrieron.

—No parece que estés muy preocupada por todas las deudas de tus padres y que ahora son tuyas.

—Confío en Delaney y en Nathan.

—No los conoces.

—No, pero han dicho que me ayudarían y que todo tiene solución. Y sé que Delaney es poderoso. Eso es más que suficiente.

—Tienes razón. Él solucionará tu problema.

—En todo lo de encima de la mesa no he visto nada extraño. Aparte de que no había una foto mía, solo una de mi madre —dijo ella poco después.

—Por lo que escuché que le dijiste a las chicas en la cena y lo que les has contado hoy a Delaney y a Nathan, tus padres no te apreciaban mucho. De todas formas, ellos se lo perdieron, porque eres una chica fantástica.

—Gracias, Jack.

—Bien. Empieza con los cajones.

—El último cajón está cerrado. He mirado a ver si había alguna llave en los otros, pero no he visto ninguna.

—¿Cómo entraste a tu casa cuando llegaste a Nueva York?

—La policía me llamó para informarme del accidente. Me dijo que me pasara por el departamento de policía a recoger los objetos personales que llevaban mis padres. En la bolsa que me dieron había un llavero, que supongo que sería el de mi padre, porque había muchas llaves en él.

—¿Qué abrían las llaves?

—Las puertas de esta casa, la delantera y la trasera, y las puertas del casino. Había una llave, pero no supe de dónde era. Posiblemente sea del cajón, porque es pequeña. Voy a por ellas.

Poco después volvió con las llaves y probó en la cerradura. El cajón se abrió.

—¿Cómo sabías que la llave estaba en el llavero de mi padre?

—Normalmente, se llevan encima las llaves que son importantes. ¿Qué hay en el cajón?

—Una pistola. No sabía que mi padre tuviera una pistola.

—Mucha gente tiene armas en casa. No la toques, no vaya a ser que esté cargada. La revisaré antes de irme —dijo Jack cogiendo el arma y dejándola en lo alto de una estantería—. Encárgate de los otros cajones.

—De acuerdo.