Capítulo 4 #3
—Por lo que contaste, no le dejaste hablar cuando apareció en tu casa.
—Pero podía haberme dicho en cualquier momento que no era la persona que esperaba.
—Puede que le gustaras demasiado para dejar pasar una oportunidad como esa.
—Hablas como si yo fuera una mujer fuera de serie.
—¿Y crees que no lo eres?
Ella lo miró sorprendida.
—No quiero decir que apruebe lo que hizo ese hombre —dijo el chófer—. ¿Has averiguado ya quien era?
—No.
—¿No tienes ninguna pista?
—No.
—¿Viste al menos el coche que conducía?
—Eso sí. Era un Mercedes de dos puertas color blanco.
Qué casualidad, el coche de Ryan es un Mercedes de dos puertas y, además, blanco, pensó Jack.
—Hay muchos Mercedes blancos. De hecho, este de Delaney es de ese color.
—Lo sé. Tengo que olvidarme de ese asunto.
—No parece que hayas olvidado a la persona de la que trata el asunto.
—Lo haré, solo necesito tiempo.
Cuando llegaron a la casa, Jess abrió la puerta y entraron.
—¿Sabes la dirección de las propiedades de tu padre para que llame al cerrajero?
—Sí, están en el despacho, en su agenda. Acompáñame.
Entraron en el despacho. Jess le apuntó en un bloc las tres direcciones y se las dio.
—Haré la llamada ahora.
—Vale. Cuando termines, si quieres empezar a revisar los papeles, eres libre de hacerlo.
—Gracias.
—Voy a preparar la cena.
—Jess, por mí no te molestes.
—Me gustaría que me acompañaras. Estoy harta de comer sola.
—De acuerdo. Gracias.
—Si necesitas algo, estaré en la cocina.
Jack entró en la cocina unos minutos después.
—Ya he hablado con el cerrajero. En media hora estará aquí para cambiar la cerradura.
—Qué rápido.
—Es quien se ocupa del mantenimiento de las cerraduras del hotel de Delaney de la ciudad. Me ha dicho que mañana cambiará la de la casa de la playa y la del casino.
—Estupendo. ¿Te encargarás tú de ir a abrirle o quieres que vaya yo?
—Si tienes cosas que hacer puedo ocuparme yo.
—No tengo nada que hacer, y me gustaría ver la casa, no he estado en ella desde que era una cría.
—En ese caso, iremos juntos.
—No le he preguntado a Nathan si debería hacer algo, me refiero a ir al banco a ver lo de las cuentas de mi padre o a cualquier otra cosa.
—No tienes que hacer nada. Él se ocupará de todo.
—Genial.
—Todavía es temprano, empezaré a revisar los documentos de tu padre.
—Vale. Esas son las cartas que estaban en el buzón hoy —dijo ella señalando varios sobres que había sobre la encimera—. Apuesto a que todo son facturas.
—Iré dejando en un montón todos los documentos que tengo que llevarme y mañana traeré una caja para guardarlos —dijo él cogiéndolos.
—De acuerdo.
—En el despacho de tu padre del casino estará todo lo relacionado con el negocio.
—Supongo que sí. Te todas formas, como vas a tener las llaves de todas las propiedades, puedes revisarlo todo cuando tengas tiempo.
—Mañana veré si hay algún documento que pueda ser útil en la casa de la playa, mientras el cerrajero cambia las cerraduras.
—Buena idea.
El cerrajero llegó unos minutos más tarde. Jack estuvo hablando con él mientras el hombre trabajaba. Media hora más tarde se marchó.
—¿Te ha dicho a qué hora irá a la casa de la playa? —preguntó Jess entrando en el despacho.
—Sí. Estará allí a las ocho y media de la mañana. Tendríamos que irnos a las ocho. ¿Es muy pronto para ti?
—No. Estoy acostumbrada a levantarme temprano.
—Entonces, te recogeré a esa hora.
—Muy bien. La cena está lista. Si quieres podemos cenar ahora y ponernos con los documentos después, hasta que quieras marcharte.
—Me parece bien.
—¿Te gusta la pasta?
—Sí.
—Estupendo.
Jack se lavó las manos en el fregadero y se sentó a la mesa. Jess puso la ensalada en el centro, sacó el pan con ajo del horno y lo llevó a la mesa. Luego sirvió los platos y se sentó frente a él.
—¿Dónde vives?
—En la propiedad de Delaney, en la casa de invitados.
—Qué bien. Eso es como vivir al lado del trabajo.
—Sí.
—¿Te gusta vivir allí?
—Sí.
—¿Hace mucho que trabajas para él?
—Empecé a trabajar para su padre antes de que Delaney naciera.
—Vaya, eso es mucho tiempo. Tengo entendido que tiene un hermano, el marido de Abby.
—Sí, Sean. Los dos son como hijos para mí. Los llevaba al colegio cuando eran pequeños.
—¿Quién es el mayor?
—Delaney es cuatro años mayor que Sean.
—¿También eras el guardaespaldas de su padre?
—Guardaespaldas y chófer, el mismo trabajo que hago con Delaney.
—Teniendo más de doscientos hoteles por todo el mundo y un montón de negocios más, será muy rico.
—Y no te equivocas.
—Siempre pensé que los millonarios eran unos estirados que no se relacionaban con gente inferior. Pero me pareció un hombre sencillo. No me malinterpretes, me refiero a sencillo, dentro de lo que yo esperaba.
—Delaney se comporta de diferente forma, dependiendo de con quien esté. El que has conocido hoy es el Delaney normal, el hombre de familia.
—Me gusta ese hombre. ¿Su padre también es rico?
—Sí, Patrick es muy rico, aunque no tanto como su hijo. Sus padres son fantásticos. Estoy seguro de que te gustarán cuando los conozcas.
—No creo que vaya a conocerlos.
—Te llevas bien con las chicas, y supongo que las verás más veces.
—Eso me gustaría.
—Pues los padres de Stanford pertenecen al grupo de amigos. No quiero decir que estén siempre con ellos, porque tanto Patrick como Louise están muy ocupados y tienen muchos compromisos, pero suelen pasar tiempo con el grupo.
—¿Eso quiere decir que son gente normal? Porque todas las mujeres que conocí en la cena me parecieron muy sencillas, a pesar de que sus maridos fueran millonarios.
—Te aseguro que son como ellas. ¿Has dicho que te marchabas a Atlanta el próximo jueves?
—Sí, tengo que trabajar al día siguiente.
—¿Vas a quedar con las chicas antes de irte?