Tan irresistible como Stanford Capítulo 4 #2
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Capítulo 4 #2

—¿Qué te has encontrado?

—El abogado de mi padre me citó en su bufete el día 1 de este mes, y no me dio precisamente buenas noticias.

Mis padres tenían dos propiedades, una casa en la playa y otra aquí en la ciudad.

La casa de la ciudad no la conocía. Ni siquiera me informaron de que habían vendido la casa en la que nací.

El abogado me dijo que ambas propiedades tienen dos hipotecas.

También deben el yate. Tienen dos vehículos, un Mercedes y un BMW, que están sin pagar.

El edificio del casino, que es el negocio que ha tenido mi padre desde que yo recuerdo, también está hipotecado.

Además de todo eso, tengo un montón de cartas que se han recibido en la casa y en el negocio, reclamando grandes sumas de dinero: de joyerías, de tiendas de pieles, de tiendas de firmas importantes…

El negocio está cerrado desde que mis padres fallecieron, pero puede que se les deba dinero a los empleados.

A la asistenta y a la cocinera que trabajaban en la casa les debían tres mensualidades.

Llegaron un día reclamando su dinero y me dio tanta vergüenza que les hice dos talones y les pagué.

—¿Comprobaste antes que fuera cierto que tus padres les debían esa cantidad? —preguntó Nathan.

—No. Pensé que no tendrían razón para mentirme.

—No puedes imaginar lo que la gente puede hacer cuando una persona fallece —dijo el abogado.

—Ahora ya está hecho. Después de pagarles les dije que ya no hacía falta que volvieran, porque yo no vivía allí e iba a cerrar la casa.

—De todas formas, averiguaré si tu padre les debía esas cantidades, de no ser así, haré que te devuelvan el dinero.

—Ese dinero es lo de menos. Sé que me estáis haciendo un favor muy grande al hablar conmigo.

—Mi mujer te considera su amiga, y las amigas de mi mujer son también amigas mías.

—Yo podría decir lo mismo —aclaró Nathan.

—Gracias.

—Bien. Dinos que es lo que quieres —preguntó Delaney.

—Me gustaría saber qué debo hacer. Yo no tengo problemas de dinero.

Tengo una casa completamente pagada en Atlanta, un buen sueldo y dinero ahorrado.

Pero no puedo hacerme cargo de la deuda de mis padres.

Cuando hablé con el abogado me dijo que una persona no heredaba solo dinero y propiedades, sino también las deudas del difunto.

—Eso es cierto. ¿Has traído todos los papeles? —cuestionó el abogado.

—Al menos todos los que he visto.

—¿Sabes si tu padre tenía caja fuerte?

—Estoy segura de que habrá una, pero no la he visto. Además, no podría abrirla porque no sé la combinación.

—¿Has encontrado las joyas de tu madre? —preguntó Delaney.

—No. Supongo que las guardaría en la caja fuerte. Siempre ha tenido muchas.

—Eso es una buena cosa, ya que supondrá una gran cantidad de dinero.

—Al menos hay algo bueno.

—Bien. Empezaré a investigar todo lo relacionado con tu padre. Déjame todos los papeles que has traído. ¿Has revisado su despacho? —cuestionó Nathan.

—No.

—Estaría bien que lo hicieras. Podrías encontrar documentos que me serían de utilidad.

—Yo no sabría lo que podrías necesitar.

—Podrías encontrar la factura de la caja fuerte por ejemplo y la empresa podría abrirla. O las pólizas de seguros, si las hay. El nombre de la joyería en la que compraba tu padre, porque puede que pudieras devolverle las joyas que estuvieran pendientes de pago.

—Entre los papeles que he traído hay dos cartas de una joyería. Pero si pudieras venir a casa y revisarlo tú… Aunque, estarás muy ocupado para eso.

—Mi mujer me ha pedido que te ayudemos en todo lo que podamos y siempre cumplo todos sus deseos —dijo Delaney sonriéndole.

—Tess tiene suerte.

—Yo también.

—¿Eso quiere decir que vais a venir a casa a revisar el despacho de mi padre?

—Sí. Aunque no iremos nosotros, porque no tenemos tiempo, pero enviaremos a alguien de confianza. Es más, Jack irá contigo, parece que con él te sientes a gusto, y no hay nadie en quien pueda confiar más. Él sabrá los documentos que nos serán útiles —dijo Delaney.

Jess se volvió para mirar al guardaespaldas y le sonrió. Y Delaney supo en ese instante que esa chica le caía muy bien a Jack.

—Y Jack también encontrará la caja fuerte —añadió Nathan—. Bien, lo primero que debes hacer es cambiar las cerraduras de las dos casas y del negocio. La gente puede aprovecharse de que tus padres ya no están y llevarse lo que les interese, si no lo han hecho ya.

—Jack, encárgate tú —dijo Delaney.

—De acuerdo.

—Puedo hacerlo yo.

—Tú eres nueva en la ciudad y no conoces a nadie.

—Tienes razón. Gracias.

—¿Has dicho que te marchabas el día 31?

—Sí, el día 1 tengo que volver al trabajo. Le daré a Jack un juego de llaves de las casas y del negocio, por si necesitáis comprobar algo cuando yo no esté.

—Bien.

—Jessica, tendrás que firmarme unos poderes para que pueda realizar algunas gestiones.

—Firmaré lo que sea, confío plenamente en vosotros.

—Gracias. Y dame tu documento de identidad para que haga una copia.

Jess lo sacó del bolso y se lo dio.

—Iré a redactar el documento, volveré en unos minutos.

—Vale.

—¿Te haría ilusión vivir aquí? —preguntó Delaney.

—Hace poco más de tres semanas te habría dicho que sí. Hace tiempo que pienso que estaría bien volver a empezar en esta ciudad, en la que nací y en la que viví hasta los nueve años. Ahora no me encuentro con ánimos y creo que es mejor que siga en Atlanta.

—No tienes por qué perder la ilusión de comenzar una nueva vida aquí.

—No voy a mudarme aquí para llevar una vida peor.

—Los problemas que tienes se solucionarán de una forma u otra. No puedes esperar a tener toda tu vida en orden para hacer lo que deseas. Porque a veces ese momento nunca llega.

—Soy una persona muy organizada.

—Eso está bien. Pero no dejes que lo que te han hecho tus padres contamine tu futuro.

—Sé que tienes razón, pero no es fácil.

—Lo sé, pero también sé que en esta vida todo tiene solución.

—Si quieres que te sea sincera, no veo ninguna solución posible a mi problema. Tu mujer insistió en que hablara con vosotros, y lo único que pienso es que os estoy robando tiempo.

—Jessica…

—Llámame Jess, por favor.

—De acuerdo, Jess. Todas las deudas de tus padres se pueden pagar vendiendo las propiedades, y puede que aún te quede dinero.

Dale tiempo a Nathan para que averigüe cómo está la situación.

Luego nos encontraremos contigo para explicarte cual será la solución a los problemas. Y entonces podrás decidir qué hacer.

—No sé cómo voy a agradeceros todo lo que vais a hacer por mí.

—A Tess le has caído muy bien, y a mí también. Ese es pago más que suficiente.

—Ya está listo para firmar —dijo el abogado entrando en el despacho.

Nathan dejó el papel delante de ella en la mesa y un bolígrafo junto a él. Le gustó que ella leyera el documento antes de firmarlo. Jess guardó el DNI en su cartera y la metió en el bolso.

—Supongo que ya está todo.

—De momento sí. Jack nos traerá los documentos que encuentre en tu casa y Nathan se pondrá con ello en los ratos libres. Cuando lo tenga todo te llamaremos para quedar. Si no quieres venir tú, iremos nosotros a verte a Atlanta.

—No quiero que os molestéis.

—No iríamos solo por ti, tengo dos hoteles allí, y me gusta visitarlos de vez en cuando.

—Entonces, de acuerdo. Os dejo para que sigáis con lo vuestro. Muchísimas gracias por dedicarme todo este tiempo —dijo ella levantándose.

Los tres hombres también se levantaron.

—Ha sido un placer —pronunció Delaney besándola en la mejilla.

—Lo mismo digo —añadió Nathan besándola también.

—Me ha encantado conoceros.

—Puede que seas tímida, pero con nosotros no lo has demostrado.

—Me he sentido a gusto con vosotros. Que paséis un buen día.

—Igualmente. Jack, acompáñala a casa y queda con ella el día que le venga bien para revisar los documentos.

—Para mí, cualquier momento será bueno. De todas formas, le daré la llave y podrá ir a casa cuando lo precise.

—Jack, ya no te necesitaré, de manera que si quieres empezar hoy el trabajo, adelante.

—De acuerdo.

—Estupendo. Prepararé algo de cenar mientras busca los documentos. Adiós. Y gracias de nuevo —dijo Jess.

Jack caminó hacia la puerta, la abrió para que Jess saliera del despacho y luego salió él cerrándola.

—Adiós, Sarah —dijo Jessica.

—Adiós. Adiós, Jack.

—Sarah —dijo el hombre a modo de saludo.

—Retrasa el trabajo que no sea importante para ocuparte del asunto de Jess —dijo Delaney.

—De acuerdo. Menuda vida ha llevado.

—Y que lo digas. No me extraña que las chicas le ofrecieran cenar con ellas.

—¿Cómo es posible que unos padres puedan tratar así a un hijo?

—Y más, siendo hija única.

—Menudos cretinos.

—Espero que se pueda solucionar todo, sin que ella tenga que reembolsar ningún dinero.

—Encontraremos la solución.

—Esa chica me ha caído muy bien.

—Y a mí. Y es preciosa.

—Es cierto. A Jack también le ha caído bien. Y ya sabes que él cala a las personas tan pronto las ve.

—Es una buena mujer.

—Sí.

—Sus padres le han quitado la ilusión, incluso después de su muerte. No me extraña que no se sienta bien con nadie. Ha estado toda la vida sola.

—Aunque creo que con nosotros se ha sentido bien.

—Sí, yo también lo creo.

—¿Ha sido tan terrible como esperaba? —preguntó Jack cuando se sentaron en el coche.

—La verdad es que no. Cuando los he visto me he sentido algo intimidada, pero me ha durado poco.

—Me alegro.

—¿Le importaría que nos tuteáramos nosotros también?

—Claro que no.

—Estupendo. ¿Recuerdas dónde vivo?

—Sí. Está muy cerca de aquí.

—¿Acompañas siempre a Tess cuando sale con sus amigas?

—Sí. Delaney es muy protector con ella y con sus hijos.

—¿Cuántos hijos tienen?

—Tres, dos chicas y un chico.

—Supongo que siempre escuchas las conversaciones de Tess y sus amigas cuando salen a cenar.

—No puedo evitarlo, no estoy sordo. De todas formas, puedes estar tranquila, porque nunca comento con nadie lo que escucho.

—Menos mal.

—Tu historia con ese hombre de alquiler me pareció muy graciosa.

—En un principio a mí también. Hasta que me di cuenta que ese hombre me había engañado.