Tan irresistible como Stanford Capítulo 3 #4
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Capítulo 3 #4

Jack estaba junto a la limusina cuando las chicas salieron del restaurante. Les abrió la puerta trasera y todas subieron al vehículo.

Tess estaba en la cama hablando con Delaney, su marido, después de hacer el amor.

—¿Qué tal ha ido la cena con las chicas? —preguntó Delaney.

—Lo hemos pasado genial.

—Y también habéis bebido mucho, al menos tú.

—Todas hemos bebido mucho. ¿Cómo lo has notado?

—Cariño, te conozco bien. Has llevado el control haciendo el amor. No me has dejado hacer la más mínima sugerencia.

—¿En serio? ¿Y te has conformado? A ti no te gusta ceder el control.

—De vez en cuando no está mal. Me gusta que te muestres más descarada y desinhibida de lo normal, y eso que ya eres descarada y desinhibida estando sobria.

—Es que te deseaba demasiado. Hemos conocido a una chica y ha cenado con nosotras.

—Supongo que Jack estaría en el restaurante con vosotras.

—Sí, estaba en el reservado, leyendo el periódico. O haciendo como que lo leía.

—¿Dónde habéis conocido a esa chica?, porque supongo que Jack os ha llevado hasta la puerta del restaurante.

—La hemos conocido precisamente allí. Ha entrado antes que nosotras.

—¿Y cómo ha sido que cenara con vosotras?

Tess le contó lo que había sucedido.

—Era su cumpleaños. Parecía triste y perdida.

—Siempre que Jack esté presente, no me importa que invites a quien quieras a cenar.

—A Jack también le cayó bien.

—Es raro. Ya sabes que es muy selectivo con las personas. Eso me deja más tranquilo, Jack conoce a la gente con solo verla.

—No solo la vio, la escuchó hablar durante toda la cena. Porque, a pesar de que es una chica muy tímida, no paró de hablar.

—Entonces no será muy tímida.

—Sí lo es. Lo que pasa es que no suele beber y se emborrachó.

—Como todas vosotras.

—Sí. Creo que esa fue la razón de que lo pasáramos tan bien.

—¿Sabes dónde vive?

—Cerca de mi librería. La llevamos a casa. Ha venido a pasar unos días. Vive en Atlanta, pero sus padres fallecieron a finales del mes pasado. La casa en la que vive era de ellos.

—Entonces, ¿volverá a Atlanta?

—No lo ha decidido. Nos dijo que en un principio, con la excusa de la muerte de sus padres, se mudaría aquí, pero al hablar con el abogado de sus padres sobre el testamento…

Han surgido algunas cosas que tiene que solucionar.

Por cierto, le he dicho que hablaría con tu secretaria para pedirle una cita contigo y con Nathan. Necesita que la asesoren.

—Cielo, ni Nathan ni yo tenemos tiempo.

—Sé que estáis muy ocupados, pero esa mujer necesita ayuda. Te aseguro que está perdida. No quiero decir que tengáis que solucionarle los problemas que tenga, solo que la escuchéis y que le aconsejéis qué debe hacer y cómo hacerlo.

—¿A qué se dedica en Atlanta?

—Es médico forense.

—Vaya.

—Te aseguro que es una chica fantástica. Cuando la conozcáis os va a encantar. Aunque…

—¿Qué?

—Tal vez se sienta intimidada contigo y con Nathan. Es muy tímida. No sale, solo va de casa al trabajo y del trabajo a casa.

—No me extraña que sea tímida si solo habla con fiambres.

—No digas eso.

—¿Y de qué os habló durante toda la cena, cuando estaba borracha?

—Nos contó algo que le sucedió hace unos días. Fue algo sorprendente, y muy gracioso.

—Cuéntamelo para que yo también me divierta.

—No puedo, le dimos nuestra palabra de que no lo hablaríamos con nuestros maridos. No quería avergonzarse cuando os viera a Nathan y a ti.

—Has dicho que Jack estaba con vosotras en el reservado.

—Sí. Pero si crees que se lo vas a sacar a Jack, estás muy equivocado. Él no comenta nada de lo que oye cuando está con nosotras.

—Tienes razón.

—Entonces, ¿no te importa que le pida a Sarah una cita con vosotros?

—Cariño, si quieres que hablemos con ella, lo haremos.

—Gracias. Te quiero.

—Y yo a ti.

Delaney subió en el asiento del copiloto y Jack cerró la puerta. Luego dio la vuelta por delante del coche y se sentó al volante. Normalmente, Delaney se sentaba en el asiento trasero, porque siempre tenía que hacer llamadas, pero ese día quería hablar con Jack.

—¿Te llevo a la oficina?

—Sí. Tess me dijo anoche que una chica a quien no conocían cenó con ellas.

—Sí.

Jack le contó cómo habían conocido a Jess.

—¿Sabes su nombre?

—Sí. Se llama Jessica Palmer.

—¿Qué piensas de ella?

—Creo que es una buena chica. Ayer cumplió treinta años, pero no los aparenta. Es bastante tímida, por cierto. Hasta que bebió alcohol.

—Tess quiere que Nathan y yo hablemos con ella para que la aconsejemos. Parece ser que tiene algunos problemas relacionados con sus padres, que fallecieron recientemente.

—Sí, eso dijo. Creyó que su padre era rico, porque el matrimonio llevaba vida de millonario. Pero cuando habló con el abogado sobre el testamento, se le hundió el mundo. Estaba hasta el cuello de deudas.

—Estará contenta.

—Por lo que dijo tiene una vida tranquila en Atlanta y al venir a Nueva York se ha encontrado con esto.

—Bueno, intentaremos asesorarla lo mejor que podamos.

—Eso estaría bien. Esa chica ha recibido un golpe muy fuerte y necesita ayuda. Según escuché, sus padres no se portaron muy bien con ella. Hacía años que no se veían.

—Pobre chica. No me extraña que sea tímida.