Capítulo 3 #3
—No me lo puedo creer. Ni siquiera me conocéis.
—Ahora sí te conocemos —dijo Lauren.
—Sentimos no tener ningún regalo para ti —comentó Kate.
—La tarta es el mejor regalo que me podríais haber hecho. Es mi primera tarta de cumpleaños. Muchas gracias.
—Pide un deseo antes de apagar las velas —le recordó Abby.
Y Jess lo hizo. Luego apagó las velas y las chicas aplaudieron.
—Gracias de nuevo.
—No se merecen —dijo Tess.
El camarero cortó la tarta y la sirvió en los platos.
—¿Puede llevarle un trozo a ese señor, por favor? —dijo Jess al chico señalando a Jack
—Por supuesto.
A continuación les sirvieron una copa de champán para celebrar el cumpleaños. Los camareros se retiraron.
—Bien. ¿Por dónde íbamos? —preguntó Ellie comiendo un trozo de su tarta.
—Tess ha dicho que Jess estaba alterada —dijo Lauren.
—Siempre que pienso en ese hombre me altero —repitió ella.
—¿Piensas a menudo en él? —preguntó Kate.
—Más de lo que debería.
—¿Te has enamorado? —preguntó Abby.
—¡Por supuesto que no! ¿No dicen que nunca se olvida al primer hombre con el que estuviste?
—Eso dicen.
—¿Vosotras recordáis al hombre con quien perdisteis la virginidad?
—Sí, los recordamos perfectamente —dijo Tess.
—¿Tú hablas por todas?
—Es que todas estuvimos con un solo hombre, con nuestros maridos.
—¿En serio? Pensaba que yo había sido la única virgen de Nueva York.
—Pues ya ves que no —dijo Abby.
—Bien, sigue hablándonos de tu cita —la apremió Lauren.
Jess tomo otro sorbo de champán. No había bebido tanto alcohol en su vida. Se sentía completamente desinhibida.
—Siempre había llevado una vida tranquila, y de pronto me vi inmersa en una oleada de emociones desconocidas que me desequilibraron.
Me besaba una y otra vez. Poco después, sus manos y sus labios estaban por todo mi cuerpo.
Y yo le dejaba hacer. El corazón me latía frenético en el pecho, lo oía retumbar en mis sienes y pensé que posiblemente me estuviera dando un infarto.
Pero, ¿sabéis? No me importaba lo más mínimo morir con su boca cometiendo toda clase de perversidades en mi cuerpo.
Ese hombre era intenso. Y tenía tal seguridad en sí mismo que me ponía de los nervios.
Parecía que fuera el dueño de mi cuerpo.
Estaba torturándome, dándome placer. Cada vez que pensaba que aquello llegaba a su fin, él volvía a comenzar desde el principio, con una paciencia inagotable.
Le dejé que hiciera conmigo lo que quisiera, sin pronunciar ni una sola queja, porque, ¿quién era yo para impedírselo?
Todas se rieron.
—No sé cuántos orgasmos tuve. Pensé que, de seguir así, al día siguiente seguiría siendo virgen. Pero no. Perdí la virginidad mientras me hacía el amor, con ternura y delicadeza. Jamás olvidaré esa noche.
—Por lo que has dicho antes, tampoco te has olvidado de él —dijo Tess.
—Es cierto. Y creo que no lo olvidaré en mucho tiempo.
—Eso es lo que sucede cuando una persona desaparece de tu vida de pronto.
Porque él puede desaparecer rápidamente, pero las palabras, las miradas, los detalles y los recuerdos, permanecen durante mucho tiempo.
A mí me pasó cuando Carter cortó conmigo —dijo Ellie—.
Éramos adolescentes y los recuerdos permanecieron en mí durante años.
—Es lo que me sucede a mí. Lo cierto es que ese hombre me impactó.
—La tuya es una bonita historia y tendrás un buen recuerdo de tu primera vez —dijo Kate.
—Es verdad. Aunque he de deciros que la historia no ha terminado.
—¿Hay más? —preguntó Abby.
—Sí. Y creo que lo que viene a continuación es mucho más interesante. Incluso es divertido.
El camarero se acercó llevando una bandeja con una botella de licor de canela y seis vasitos pequeños. Lo sirvió el los vasos y se retiró.
—Madre mía. ¿Esa bebida también lleva alcohol? —preguntó Jess.
—Creo que sí, pero muy poco —contestó Tess.
—Está buenísimo —añadió Lauren.
—No voy a poder levantarme de la mesa.
—No te preocupes, todas estamos igual —dijo Ellie.
—Yo no —mencionó Abby.
—Tú estás embarazada. Lo siento. Pero no te preocupes, todas hemos pasado por eso y no es grave —dijo Kate riendo.
—Luego nos ayudará Jack y nos dejará a cada una en nuestra casa —mencionó Tess.
—Lo peor será mañana cuando nos levantemos con resaca —declaró Lauren.
—Pues nos quedaremos en la cama todo el día. Bien, cuéntanos ese divertido final —le pidió Abby.
Todas las mujeres centraron de nuevo la atención en Jess.
—Bueno, pues… No tuve que decirle que se fuera, pero le insinué que estaba cansada, y eso fue suficiente. Se vistió y lo acompañé a la puerta. Me volvió a besar y se marchó.
—¿Se marchó? —preguntó Tess.
—Sí.
—Has dicho que sería interesante y divertido —intervino Lauren.
—Dame un respiro. Estoy borracha y me cuesta hilar la historia.
Todas se rieron. Al igual que Jack. Es posible que esa chica fuera tímida, pero borracha era muy divertida. Y él también estaba intrigado con el final de la historia.
—A la mañana siguiente fui a la cocina y cogí el móvil. Y vi que tenía una llamada perdida de un número desconocido y un mensaje de voz. Era de la agencia.
—¿De la agencia donde lo habías contratado? —preguntó Lauren.
—No, de la CIA. ¡Por supuesto que de esa agencia! ¿Cuántas agencias he mencionado?
Todas volvieron a reírse.
—¿Y qué decía? —cuestionó Ellie.
—Seguramente era de la señora esa tan amable que la atendió, para preguntarle si todo había ido bien. Qué considerada —dijo Kate.
—Me dejaron el mensaje a última hora de la tarde —dijo Jess— Y tienes razón Kate, era de Ruth, la señora que me atendió cuando fui a la agencia. Pero no quería preguntarme cómo había ido todo.
—¿Y qué quería?
—Se disculpaba, porque el hombre que había contratado no podría acudir a mi casa. Y me pedía que la llamara para concertar una nueva cita.
Todas se quedaron mirándola en silencio. Incluso Jack la miró sin ningún disimulo. De pronto todas lanzaron una carcajada y Jess las acompañó.
—El hombre que hizo el amor conmigo esa noche, no era el hombre que yo contraté.
Todas volvieron a reír.
—¿Y quién era? —preguntaron todas al unísono.
—¡No tengo ni idea!
Todas volvieron a reír, incluida Jess.
—¿Qué hiciste en ese momento? —preguntó Tess.
—Comprobé en el móvil los horarios de la agencia y vi que abría los domingos por la tarde.
Y me presenté allí. Hablé con Ruth, le dije que había visto su mensaje esa mañana, pero que el hombre que había contratado sí se había presentado en mi casa.
Y cuando salí del local me sentía aún más desconcertada.
—¿Por qué?
—Porque el hombre, que se suponía que tendría que haber ido a mi casa, había cogido un vuelo el día anterior a las cinco de la tarde hacia otro estado.
—¿Se quedaron tu dinero?
—No, me lo devolvieron.
—Pero entonces, ¿con quién te acostaste? —preguntó Tess.
—No lo sé. Eso sigue siendo un misterio. Lo único bueno que he sacado en claro es que perdí la virginidad gratis.
Todas volvieron a reír.
—Os agradecería que no comentaseis con vuestros maridos la historia. De lo contrario no podría ir a hablar con Delaney y con Nathan —les pidió Jess, como si los conociera de siempre.
—No te preocupes, esto no saldrá de aquí —dijo Ellie.
—Te llamaré para decirte cuando es la cita —le indicó Tess.
—De acuerdo.
—Y otra cosa —dijo Abby—. Si decides quedarte en Nueva York, dímelo. Mi capitán es como un padre para mí y tiene influencias. Puede que te eche una mano buscando trabajo de forense.
—Te lo diré cuando tome la decisión. Gracias.