Tan irresistible como Stanford Capítulo 2
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Capítulo 2

Ryan se acercó a Jess lentamente, sin apartar la mirada de ella.

Un intenso deseo se despertó en cada centímetro del cuerpo de Jess. No pudo hacer más que permanecer quieta, esperando impotente, mientras se preguntaba qué sentiría cuando él la besara, si sus labios serían suaves o bruscos, y si la acariciaría mientras lo hacía. Eso, si es que la besaba.

Ryan llegó hasta ella y se inclinó para rozar los labios con los suyos de forma tierna.

El tiempo se detuvo para Jess. Sintió un aleteo en el estómago y su respiración se interrumpió. De pronto, una mano de ella lo sujetó fuertemente de la solapa de la chaqueta para que no se apartara. Y entonces, él deslizó la lengua por los labios de ella.

Jessica suspiró, separando ligeramente los labios. Y Ryan no necesitó ningún otro estímulo para rodearle la cintura con el brazo y acercarla a su cuerpo.

Jess suspiró de nuevo al sentirlo pegado a ella. Ryan aprovechó para introducir la lengua en su boca. Jess se sentía flotar. Lo único que deseaba era apretarse más contra ese cuerpo duro y desconocido.

Los besos que le habían dado en su época de la universidad, no tenían nada que ver con lo que acababa de experimentar.

Ryan dio por terminado el beso y se separó ligeramente de ella. La miró sonriendo y Jess pensó que era una sonrisa de engreimiento. Pero era lógico que pensara que era bueno en lo que hacía, ya que besar era parte de su trabajo. Y tenía que reconocer, que lo hacía realmente bien.

Ryan fantaseaba con la preciosa mujer que tenía entre sus brazos.

Hacía meses que pensaba en ella. Cerró los ojos al sentir una especie de latigazo, en el instante en que las manos de ella se metieron por dentro de su chaqueta y se posaron en su espalda, haciendo que sus músculos se tensaran con el contacto.

Disfrutó cuando poco después las deslizó por encima de la camisa, acariciándolo.

Comenzó a sentir un calor abrasador y unas punzadas de placer totalmente desconocidas para él, pero muy agradables. Tenía casi toda la sangre del cuerpo latiéndole en la entrepierna y le llegaba muy poco al cerebro, hasta el punto de pensar que pudiera dejarle de funcionar.

—¿Te gusta que te besen?

—Seguro que has notado que no tengo mucha experiencia en cuanto a besar. Pero sí puedo decirte que ninguna de las veces que me han besado, que no han sido muchas por cierto, no se han parecido a tu beso.

—No has contestado a mi pregunta.

—Sí, me gusta mucho que me beses… tú.

Ryan deslizó los dedos entre sus cabellos para sujetarla de la nuca.

Y entonces la besó como deseaba hacerlo.

Le abrió los labios con los suyos. Buscó su lengua de forma brusca, y luego la acarició de forma suave.

Jess soltó un gemido, mientras se sujetaba de sus hombros para mantener el equilibrio.

Era la primera vez en su vida que Ryan había experimentado una necesidad tan intensa besando a una mujer.

Ryan finalizó el beso y dejó a Jess aturdida. Se separó ligeramente de ella y le rozó la mejilla con los labios, y luego la garganta. Su aliento le acarició el cuello y ella sintió que un escalofrío le bajaba por la espalda. Sentía que el corazón le palpitaba, rebosante de una emoción desconocida.

Ryan le sacó el suéter por la cabeza y lo lanzó a la butaca que había en un rincón.

Deslizó suavemente los dedos hacia el tirante del vestido para retirarlo de su hombro, provocando en ella una oleada de desconcierto.

Se dio cuenta de que le fallaban las piernas de nuevo.

Se decía que tenía que relajarse, pero le costara respirar.

Él acarició la piel de su cuello hasta llegar a la clavícula. Esa simple caricia hizo que ella se estremeciera.

Ryan a duras penas estaba tocándola, pensó Jess, sintiendo cómo corría la sangre descontrolada por sus venas.

Jessica no sabía cuánto había más, y él estaba desesperado por mostrárselo.

Ryan la acercó a él para que quedara entre sus piernas, que tenía un poco separadas.

Le abrió lentamente los botones que llevaba el vestido delante.

Luego le bajó por un brazo un tirante y a continuación el otro.

La prenda se deslizó por su cuerpo hasta detenerse en la cintura.

Su sujetador era azul cielo de encaje. Aunque él no prestó atención a sus pechos, de momento.

Deslizó los labios por su cuello, dándole suaves besos.

Luego llegó hasta su hombro y lo mordisqueó de manera tierna.

Jess soltó un gemido. Él la miró y vio el rubor de sus mejillas. Su increíble belleza contrastaba con la timidez que no podía disimular y que, sin saberlo, lo volvía loco. Era tímida, pero atrevida, educada, adorable y absolutamente fascinante.

Ryan acarició sus costados y su espalda. El placer de sentir el roce de su piel en sus dedos lo devastó. Siempre había pensado que era el dueño de su control, pero parecía que no funcionaba cuando tenía a esa mujer tan cerca.

Ryan se apartó de ella y Jess soltó un gemido.

Él la miró sonriendo, mientras se sacaba la chaqueta y caminaba hacia la butaca para dejarla allí. Podría haberla lanzado, pero estaba tan excitado que necesitaba un respiro para sosegarse, y esos pocos pasos le ayudarían.

Jess lo miraba de arriba abajo, observando todos los detalles de su cuerpo. De pronto la invadió una sensación de inseguridad y se subió la parte de arriba del vestido para cubrirse los pechos.

—No te tapes, cariño —dijo él cogiéndola de la mano y llevándola hasta la cama—. Es una pena cubrir esos deliciosos pechos.

Ryan se sentó en el borde de la cama, la acercó a él, sujetándola de las caderas para colocarla de nuevo entre sus muslos separados y soltó el vestido de la mano de ella.

La prenda volvió a deslizarse hasta detenerse en su cintura.

Entonces sí centró la mirada en sus pechos.

Disfrutó al ver el sonrojo de sus mejillas, y cómo los pezones se endurecieron con solo mirarlos.

—¿Te han acariciado los pechos alguna vez?

—No.

—Me va a gustar ser el primero en hacerlo. Me gusta el color del sujetador.

—El culote que llevo es del mismo color. Los he comprado para esta ocasión.

—Así que los has comprado para mí.

—En cierto modo podría decirse que sí.

Ryan le rodeó el cuerpo para desabrocharle el sujetador y ella le ayudó a sacárselo por los brazos. Él lo dejó sobre la cama.

—Nunca he entendido por qué las mujeres gastamos dinero en ropa interior tan cara. Al fin y al cabo, nos dura puesta un suspiro.

—Bueno, tu sujetador ha conseguido que me excite solo con verlo. Y te aseguro que no suelo excitarme con algo así —dijo él sonriendo mientras miraba sus increíbles pechos.

—En ese caso, me alegro de haber gastado el dinero.

Ryan colocó las manos sobres los pechos.

—Tienen exactamente la medida de mis manos —dijo él sujetándolos.

El corazón de Jess se aceleró.

Ryan acarició los pezones con los pulgares.

Ella soltó un gemido y se sujetó de sus hombros para no caerse, acercándose más a él.

Jess sintió cómo el placer invadía su cuerpo, concentrándose en su entrepierna.

Sintió cómo iba tensándose, esperando algo que hiciera que liberara la tensión que estaba acumulándose en su sexo.

Ryan murmuraba dulces palabras, aunque a Jess no le interesaban en ese momento. Lo único que deseaba era que él no dejara de tocarla.

Ryan se acercó a ella y rodeó un pezón con la lengua, jugueteando con él y haciendo que el sexo de ella se contrajera con anhelo. Seguidamente se metió el pezón en la boca mientras acariciaba el otro con los dedos de una mano. Lo mordisqueó y tiró de él. Y luego lo lamió varias veces.

—¡Oh, Dios mío! —exclamó Jess, preguntándose cómo había podido vivir sin eso hasta ese momento.

Jess no lo podía soportar. Era tanto el placer que estaba sintiendo que lo sujetó del pelo para que no apartara la boca de su pecho.

Ryan metió la mano por debajo del vestido y la llevó a su entrepierna. Solo tuvo que rozarle el clítoris por encima de las bragas para que ella soltara un gemido de placer.

—¡Joder! —exclamó Ryan al notar que estaba empapada.

Ryan pensó que podría tumbarla en la cama, arrancarle las bragas y su polla entraría en ella suavemente hasta el fondo, sin que encontrara ningún impedimento. Oiría sus jadeos salir de esa descarada y atrevida boca, que cada vez que la abría para decir algo lo ponía a cien.

Metió los dedos dentro de las bragas y le acarició el clítoris con la yema de uno de ellos, sin dejar de mirarla.

—Córrete para mí, cielo. Ahora.

Su tono exigente e inflexible convirtieron sus palabras en una clara orden, que a Jess le fue totalmente imposible desobedecer.

Algo en su interior explotó de pronto en cientos de pedazos.

Un placer devastador la invadió en oleadas y no pudo hacer otra cosa que abandonarse al furioso placer del clímax y lanzarse por el precipicio.

Gimió de tanto placer que sintió y estuvo a punto de gritar cuando la intensidad del orgasmo la sacudió.

Se abrazó al cuello de él, asombrada por lo que acababa de experimentar, y muy aturdida por lo que estaba sintiendo.

—¿Estás bien? —preguntó él separándose un poco para mirarla a los ojos. Tenía los ojos verdes más brillantes que había visto en su vida.

—Yo diría que estoy mejor que bien.

—Me alegro —dijo él mientras desabrochaba el resto de los botones del vestido y sacándoselo—. Eres muy receptiva. No muchas mujeres se corren acariciándoles solo los pechos, o simplemente rozándoles el clítoris.

—Puede que yo no sea normal. Aunque supongo que habrá sido porque tienes mucha experiencia.

Ryan deslizó la mirada por su cuerpo y la centró en el culote color cielo, a juego con el sujetador.

—Me gusta mucho el color de tu ropa interior.

—Me alegro.

—El culote te sienta de maravilla. Aunque me temo que no voy a disfrutar tampoco mucho de él —se excusó acariciando la prenda y llevando sus manos hasta sus nalgas para apretárselas.