Tan cerca de ti Capítulo 2 #2
13%

Capítulo 2 #2

—Tranquila, solo he venido por trabajo —responde ella con naturalidad, levantando la carpeta—.

El presupuesto del departamento de traumatología necesita aprobación antes del cierre trimestral, y me están volviendo loca con los recortes.

Sabes que como cirujana hay cosas que no puedo permitir, así que pensé que podrías revisarlo conmigo.

Las dos saben perfectamente que podría habérselo dicho por correo electrónico. Antes de que Seraphina pueda responder, dos enfermeras pasan frente al despacho y saludan con entusiasmo al ver a Nerissa.

—¡Doctora Ashcombe! Qué alegría verla por aquí otra vez —dice una de ellas.

—Gracias, Rachel.

Nerissa responde con amabilidad, pero Seraphina percibe el matiz inevitable detrás de esas palabras. Durante meses, Nerissa apenas ha pisado esa clínica desde la reorganización de comités. Y ambas saben exactamente por qué. Cuando vuelven a quedarse solas, Seraphina cruza los brazos.

—Esto es una mala idea.

—¿Entrar en tu despacho? —Nerissa arquea una ceja con ironía—. Bastante tarde para descubrirlo.

Seraphina la fulmina con la mirada.

—Sabes perfectamente a qué me refiero.

Nerissa sostiene su mirada unos segundos y luego deja la carpeta sobre la mesa.

—Llevo seis meses dejando que huyas de mí. Creo que ya hemos tenido suficiente distancia.

El corazón de Seraphina late demasiado deprisa.

—Estamos en el trabajo —le susurra.

—Sí. Y es agotador fingir que apenas nos conocemos cuando llevamos años destruyéndonos lentamente. ¿No te parece?

La crudeza de la frase le corta la respiración, y Seraphina se gira hacia la cafetera solo para romper el contacto visual y ganar unos segundos.

—¿Quieres café? —le pregunta.

Nerissa tarda un segundo en responder.

—Sí, por favor.

El sonido de la máquina llenando las tazas invade el despacho mientras el silencio las abraza. Seraphina intenta concentrarse en algo mecánico, pero siente la mirada de Nerissa clavada en ella todo el tiempo.

—Sigues tomando demasiado azúcar —murmura Nerissa cuando ella deja una taza frente a ella.

Seraphina alza la vista, sorprendida.

—Y tú sigues fijándote en detalles que no deberías recordar.

Nerissa esboza una sonrisa orgullosa.

—Nunca he olvidado nada que esté relacionado contigo. Ese ha sido siempre parte del problema.

Seraphina se apoya en el borde de la mesa, intentando ignorar el vuelco incómodo que siente en el pecho.

—No deberías haber venido.

—Y tú no deberías haberme follado anoche —replica Nerissa con voz baja pero firme—. Estamos empatadas.

Seraphina aprieta la taza caliente entre las manos, buscando anclarse a algo tangible para no lanzarse sobre ella como una perra en celo.

—No sé qué quieres de mí.

Nerissa la observa en silencio antes de responder con sinceridad.

—La verdad. Solo eso.

La verdad es peligrosa, y Seraphina lo sabe. Implica admitir que piensa en Nerissa constantemente, que lleva años despertándose junto a Elliot imaginando otra vida, que otra vez se ha sentido más viva que nunca entre sus brazos.

—Tengo una familia —le recuerda.

—Lo sé.

—Entonces deja de mirarme como si todo fuera tan sencillo —le suplica Seraphina.

Algo parecido al cansancio cruza el rostro de Nerissa.

—No creo que sea sencillo. Solo creo que llevas tanto tiempo viviendo para los demás que ya ni siquiera distingues lo que quieres tú.

Seraphina aparta la mirada hacia los ventanales. Mánchester aparece gris y borrosa detrás de la lluvia.

—Elliot no es un mal hombre.

—Nunca dije que lo fuera.

—Es un buen padre y me quiere.

Nerissa guarda silencio unos segundos, eligiendo sus palabras con cuidado.

—Yo no estaría tan segura. Pero aquí lo que importa es que tú a él no.

Seraphina siente cómo el corazón se le encoge violentamente. Porque ahí está otra vez esa sensación insoportable: la de ser vista por una mujer maravillosa, sin ningún tipo de filtro.

—No puedes pedirme que destruya mi vida —susurra.

—No te estoy pidiendo nada. Solo que dejes de huir.

—Anoche parecía lo contrario.

Nerissa deja la taza sobre la mesa y da un paso más cerca.

—Anoche te dejé muy claro que llevaba seis meses intentando olvidarte y fracasando cada día.

Porque estoy cansada de conformarme con las migajas que me das.

Porque mientras Daphne me hablaba, yo solo podía pensar en cómo arrugas la nariz cuando estás enfadada, en cómo te muerdes el labio cuando estás nerviosa…

en todo lo que nunca he conseguido borrar.

A Seraphina se le seca la garganta.

—No digas esas cosas aquí.

—¿Por qué? ¿Porque podrían ser verdad?

Ella cierra los ojos un segundo. La proximidad de Nerissa resulta asfixiante incluso a varios pasos de distancia.

—No sé qué hacer contigo —admite en un susurro.

Nerissa la mira con una mezcla devastadora de ternura y agotamiento.

—Ese es el problema, Seraphina. Siempre intentas gestionar lo que sientes como si fuera otro departamento más de la clínica.

La frase le arranca una risa breve y amarga.

—Y tú siempre apareces justo cuando consigo volver a poner algo de orden.

—No. Yo aparezco cuando dejas de mentirte durante cinco minutos —corrige Nerissa, acercándose lentamente a la mesa.

—Esto no puede seguir pasando.

—Entonces mírame a los ojos y dime que no sentiste nada.

Seraphina levanta la vista y comete el error de sostenerle la mirada. Porque ahí sigue todo: el deseo, la rabia, las ganas de besarla sin pensar en nada más.

Nerissa baja la voz hasta convertirla en un murmullo íntimo.

—Solo dime que puedes volver a casa con Elliot, besarle y fingir que esto no existe.

Seraphina intenta responder, pero las palabras no le salen. Y ambas entienden exactamente lo que significa ese silencio.