Tan cerca de ti Capítulo 1 #2
7%

Capítulo 1 #2

—Fuiste tú quien reorganizó media clínica para evitar cruzarte conmigo.

La culpa atraviesa el pecho de Seraphina.

—Necesitaba espacio.

—No —replica Nerissa, mirándola fijamente—. Necesitabas castigarme por algo que en realidad te aterrorizaba a ti.

Seraphina aprieta la mandíbula hasta que siente el dolor recorrer toda su cabeza.

—No sabes lo que pensaba aquella noche.

—Pensabas en Elliot. En tus hijos. En todo menos en ti misma —afirma Nerissa.

Nerissa se acerca un paso más.

—Y yo me cansé de ser siempre esa parte de tu vida que escondes cuando el pánico te invade.

Algo se resquebraja dentro de Seraphina. Durante seis meses se ha convencido de haber hecho lo correcto, de que la distancia era necesaria. Pero tenerla delante demuestra lo agotada que está de fingir indiferencia.

—Daphne Mercer parecía una buena distracción —suelta la mujer sin poder contenerse.

Nerissa arquea una ceja, sorprendida.

—¿Así que preguntabas por mí?

Seraphina aparta la mirada, avergonzada.

—Estos lugares se alimentan de rumores.

—Lo de Daphne solo duró unas semanas —confiesa Nerissa.

El pecho de Seraphina se contrae de un modo absurdo.

—¿Y por qué terminó?

Nerissa la mira durante un momento que parece eterno.

—Porque seguía comparándola con lo que tenía contigo. Y esas cosas nunca salen bien.

El corazón de Seraphina late con violencia.

—Nerissa...

—Dime una sola vez que eres feliz con tu marido y tu vida perfecta —murmura ella, bajando la voz por si alguien pudiera escucharlas—. Mírame a los ojos y dímelo de verdad.

Seraphina abre la boca, pero no sale ningún sonido. No puede mentirle. Nunca ha podido mentir a esa mujer.

Nerissa exhala despacio, como si la respuesta muda fuera precisamente la que esperaba.

—Eso pensaba.

Seraphina siente cómo todo su cuerpo se tensa.

—No puedes aparecer después de seis meses y hacer esto.

—¿Esto? —pregunta Nerissa.

—Acercarte así a mí.

La sonrisa de Nerissa se desvanece. Entonces, con una lentitud deliberada, levanta la mano y le acaricia la mejilla. El contacto, ese contacto tan simple, incendia la piel de Seraphina.

—He intentado olvidarte… —confiesa Nerissa y la mira sin esconder ni un poco lo que siente—. Créeme, lo he intentado por mi bien. Pero llega un momento en que una se cansa de sobrevivir a medias.

Seraphina debería apartarse, debería hacer muchas cosas. En cambio, da un paso hacia ella, y el espacio entre las dos desaparece. Puede sentir el calor de su cuerpo a pesar del aire frío.

—Esto es una mala idea —susurra, sin saber ya si intenta convencer a Nerissa o a sí misma.

—Sí —admite Nerissa.

Seraphina mira sus labios un instante y está a punto de besarla. Después, piensa en Elliot, en sus hijos, en el apellido, en todas las expectativas que ha llevado consigo desde niña. Piensa en la vida perfecta que ha dejado en el salón. Y luego mira a Nerissa.

—Ven conmigo.

*

Caminan entre la multitud despacio, aunque Seraphina siente que el corazón va a salírsele del pecho.

Y como si nada, suben en el ascensor privado de la planta noble.

En cuanto las puertas se cierran, Nerissa la empuja contra la pared despejada y la besa con hambre, metiendo una mano bajo su ropa para apretarle el muslo.

Seraphina gime dentro de su boca, desesperada, y le tira del pelo.

El ascensor emite un suave ding en la planta ejecutiva. Salen casi corriendo.

El pasillo está en penumbra, silencioso. Nerissa prueba un par de puertas hasta que una cede: un despacho amplio, elegante, con vistas a la ciudad y un escritorio de caoba oscura. Cierra detrás de ellas y la mira con fuego en sus ojos.

No hay tiempo para palabras bonitas.

Seraphina se abalanza sobre ella. La empuja contra la pared junto a la puerta y la besa con furia.

Sus manos recorren la ropa de Nerissa, tirando de cada prenda, queriendo tocar su piel.

Nerissa gruñe contra sus labios, le baja la cremallera del vestido y el tejido cae hasta la cintura de Seraphina, dejando sus pechos al descubierto.

—Joder… —masculla Nerissa—. Había olvidado lo mucho que me gusta verte desnuda.

Seraphina ahoga un gemido fuerte, arqueándose contra ella. El placer es inmediato, y por eso, le agarra la cabeza con ambas manos mientras Nerissa le chupa y le da mordiscos en los dos pezones. Siente las manos de Nerissa subir por sus muslos, apartar el tanga de encaje y colarse entre sus piernas.

—Sabía que no me habías olvidado… —susurra Nerissa contra su piel, al ver que está empapada.

—Calla y fóllame —le exige Seraphina, casi sin aliento.

Nerissa obedece. Dos dedos se hunden en ella de golpe, profundos y seguros. Seraphina suelta un jadeo ahogado y clava las uñas en los hombros de Nerissa. Poco después empieza a moverse contra su mano, y el despacho se llena de un sonido delicioso que ya echaba de menos.

Nerissa la gira de repente, la inclina sobre el escritorio para dejarla apoyada, y le sube el vestido hasta la cintura.

Seraphina se agarra al borde de la madera, jadeando, mientras siente cómo Nerissa se arrodilla detrás de ella y le abre bien las piernas.

El primer lametazo la hace temblar. Nerissa la devora sin piedad y Seraphina muerde su propio antebrazo para no gritar.

El placer sube en oleadas violentas, tan intenso que hasta le duelen los músculos.

—Nerissa… por Dios… —gime, empujando la cintura contra su boca.

Y después, la cirujana busca su propio placer metiendo una mano entre sus bragas.

—Te he echado tanto de menos… —gruñe Nerissa contra su oído, mordiéndole el lóbulo—. No sabes cuánto.

Seraphina solo puede gemir. El orgasmo la golpea de repente y se corre con fuerza, temblando. El placer la ciega unos segundos, y cuando abre los ojos, Nerissa la ha girado de nuevo y la besa con desesperación, buscando su propio alivio.

Seraphina no duda. La sienta en el borde del escritorio, le abre las piernas y se arrodilla entre ellas.

El sabor de Nerissa la embriaga. Lame y chupa con avidez, buscando su interior con los dedos hasta volverla loca.

Nerissa le agarra el pelo con fuerza, guiándola, y empieza a jadear su nombre entre dientes.

—Más fuerte… así… Seraphina, joder…

Se corre con un gemido ahogado, apretando los muslos alrededor de la cabeza de Seraphina y temblando violentamente. Cuando por fin se relaja, tira de ella hacia arriba y la besa, probándose a sí misma en sus labios.

Durante unos segundos solo se oye el murmullo de las calles.

Seraphina apoya la frente contra la de Nerissa, todavía temblando.

La realidad empieza a filtrarse poco a poco: el despacho ajeno, la gala, su marido…

Pero cuando Nerissa le acaricia la mejilla con el pulgar y la mira como si fuera lo único real en el mundo, el miedo regresa…

aunque esta vez no consigue vencerla del todo.

—No podemos quedarnos —susurra Seraphina.

—Lo sé —responde Nerissa, besándola en los labios hinchados—. Pero esto, no ha terminado aquí.

Seraphina cierra los ojos un instante, conociendo el significado de esas palabras. Su control, esa fachada perfecta que tanto le ha costado mantener, acaba de hacerse añicos otra vez entre las manos de Nerissa.

Y no está deseosa de querer recomponerlo.