Tan canalla como Seth 31 Elle
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31 Elle

ELLE

Tardó unos días. Cuatro, en realidad. A mí se me hicieron eternos, pero al final conseguimos cerrar los detalles.

A Seth se le iba a ofrecer un nuevo contrato con Dirty.

Y Brody iba a ser quien le ofreciera ese contrato.

Brody mandó redactarlo a los abogados, según nuestras condiciones. Y el jueves por la tarde, invitó a Seth a su casa para que le echara un vistazo.

No era la primera reunión que habían tenido. Seth ya se había reunido con Brody una vez, en persona, y había hablado con él varias veces por teléfono desde la reunión en la iglesia. Pero fui con él a casa de Brody; necesitaba asegurarme de que todo saliera sobre ruedas.

Maggie estaba allí cuando llegamos. Brody estaba hablando por teléfono, y dejé que Maggie entretuviera a Seth mientras yo iba a buscar a Jessa.

La encontré en el patio trasero, cortando flores de una de las grandes jardineras que había mandado instalar. La casa de Brody había ganado muchas flores y otras tantas cosas bonitas ese año. Incluyendo, por supuesto, a la propia Jessa.

Se giró cuando me oyó, la luz del sol atravesándole el pelo castaño, haciéndole brillar los reflejos dorados. Se la veía… radiante.

Solíamos quedar para tomar algo en L.A. con bastante regularidad, al menos unas cuantas veces al año.

Este año no la había visto tanto. Yo había estado ocupada.

Ella había tenido un embarazo algo complicado y se había quedado cerca de casa.

Parecía que hacía siglos que no estaba a solas con ella.

También parecía que las dos habíamos pasado por mucho.

Las dos habíamos cambiado.

Ella, quizá, de formas más evidentes. Jessa era modelo de biquinis antes de quedarse embarazada, y lo parecía. Ahora parecía una modelo de biquinis con las tetas más grandes, el culo más grande y una enorme barriga de embarazada.

—Madre mía, ¡mira esa barriga! —exclamé—.

Creo que se duplica cada vez que te veo.

—En serio; parecía más grande que en la iglesia, hacía solo cuatro días.

Extendí la mano hacia ella mientras sonreía—.

¿Puedo…? —pregunté, porque personalmente me parecía jodidamente raro que la gente pusiera las manos en la barriga de una embarazada sin preguntar antes.

—Claro. —Jessa me cogió las manos y las presionó contra el lado izquierdo de su barriga—.

Está dando patadas ahora mismo. —Nuestras miradas se encontraron mientras yo sentía los pequeños golpecitos; de hecho, noté cómo la barriga se me clavaba en la mano donde los pies del bebé la empujaban—. Le debe de gustar tu voz.

—¿Le? ¿Vais a tener un…?

—No lo sé. No quiero saberlo. —Se encogió de hombros—. Brody quiere saberlo, pero yo prefiero esperar y descubrirlo cuando el bebé llegue al mundo. Quizá sea una tontería. A mí me parece más romántico.

—No es ninguna tontería. Pero ¿no te mata no saberlo?

—Un poco. A Brody le mata más, eso sí. Lo está sobrellevando decidiendo que vamos a tener un niño.

—¿Por qué un niño?

—Porque si tenemos una niña —dijo Brody, saliendo al patio— se va a parecer a ti.

—Atrajo a Jessa entre sus brazos—. Y todos los mierdecillas del barrio van a empezar a seguirla hasta casa cuando tenga doce putos años, y yo voy a tener que empezar a coleccionar armas.

—La besó, a conciencia, en la boca, y ella suspiró un poco, derritiéndose entre sus brazos.

Aparté la mirada. Estaba claro que el embarazo no había frenado su deseo insaciable el uno por el otro.

Cuando Brody por fin la soltó, me dijo:

—Pasa al despacho cuando estés lista.

Asentí, y desapareció dentro de la casa. No quería dejar a Seth ahí dentro demasiado tiempo sin mí, pero por otro lado, si Seth iba a unirse a Dirty, necesitaba ser capaz de estar en una habitación con Brody sin que yo le supervisara.

Pasito a pasito.

—Estarán bien —dijo Jessa, comprensiva. Debía de haberme leído el pensamiento—.

Los hombres tienen otra forma de gestionar sus rencores.

Ya sabes… las mujeres somos más psicológicas con eso.

Podemos guardar rencor en silencio durante años y tener toda una guerra emocional en marcha.

Los tíos… se quitan los rencores a puñetazos.

Y si a Brody no le cae bien alguien, lo dice sin rodeos.

Pero a lo largo de los años, con todo lo que pasó, nunca le oí decir que Seth le cayera mal.

—Se encogió de hombros—. Eso me da esperanza.

—Bajó la voz y añadió—: De hecho, creo que por eso se lo tomó tan mal.

Porque Seth sí le caía bien. Pero esa es la parte que no reconocerá abiertamente.

—Sí —coincidí—. Me cuadra. —Aunque no estaba segura de estar de acuerdo con ella en lo de las diferencias entre hombres y mujeres.

Yo, desde luego, no tenía ningún problema en decir lo que pensaba cuando estaba cabreada con alguien—.

Jessa… espero no haber sido demasiado dura contigo. Ya sabes, en la iglesia.

—No lo fuiste —dijo.

—Solo quería que todos vieran por fin lo que yo veo, en Seth…

Me fui apagando porque me estaba mirando, especulativa y un poco soñadora, con sus grandes ojos marrones. Se parecían tanto a los de Jesse que a veces resultaba desconcertante.

—¿Qué?

—Estás tan enamorada de él —dijo.

Me encogí de hombros, un poco incómoda.

—Bueno… sí.

Una sonrisa preciosa iluminó la cara de Jessa.

—Madre mía, Elle.

—Ya.

Me abrazó, con cuidado, su enorme barriga rozando la mía, y respiré hondo. Esto era mi futuro. Podía sentirlo entre mis brazos.

Esto era lo que estaba a punto de pasarle a mi cuerpo.

Había ido al médico hacía tres días, y me había confirmado que, efectivamente, estaba embarazada.

Lo que significaba que dentro de unos siete meses yo estaría así de grande. Y en siete meses, se suponía que estaría inmersa en una gira mundial.

Cuando entré en el despacho de Brody, Seth se levantó del sofá de un salto y me ofreció su sitio, moviéndose a un lado.

Me senté, y le lancé una mirada silenciosa.

Seth era el tipo de hombre que le cedía el asiento a una mujer de todos modos, pero ahora que sabía que estaba embarazada, la velocidad y el entusiasmo con que me abría puertas y me cargaba las cosas se estaban volviendo un poco demasiado evidentes.

El otro día incluso me había preguntado si la guitarra me pesaba mucho, y si quizá debería sentarme para tocar.

Claro… Porque iba a sentarme a darle caña a un bajo eléctrico en un concierto. Casi me muero de risa con esa imagen mental, pero Seth había hablado completamente en serio.

Al menos sabía que quería a este bebé.

Me hacía preguntarme cuándo, y cómo, íbamos a contarles a todos lo del embarazo. O si se iban a dar cuenta solos. ¿Quizá eso sería más fácil? ¿Quizá podía simplemente esperar a que se me empezara a notar…?

¿Cuánto tiempo podía esconder una barriguita de embarazada detrás de un bajo? Quizá si me lo colgaba un poco más arriba…

—… entonces, ¿Maggie ya te ha puesto al día sobre la oferta?

—Brody estaba hablando cuando me incorporé a la conversación.

Su tono era puramente profesional mientras se reclinaba en la silla tras su escritorio.

Tenía los ojos tensos y cautelosos cuando miraba a Seth, pero al menos le estaba hablando de algo que no fuera el pasado.

Pasito a pasito.

—Todavía no hemos llegado a eso —dijo Seth.

—Te he enviado la oferta de Dirty por correo electrónico —le informó Maggie a Seth. Estaba sentada en el borde del escritorio de Brody—. Y la tengo aquí, en papel.

—No tienes que firmar el contrato hoy —dijo Brody—. Tómate un día o dos. Revísalo.

Seth alargó la mano para coger los papeles que Maggie le ofrecía.

—Gracias. —Mientras se acomodaba de nuevo a mi lado en el sofá, dijo—: Todos sabéis que me alegro de estar aquí. Y consideraré la oferta en serio. Pero… —Me miró—. Creo que tengo que deciros, de entrada, que voy a ser padre.

Ay, Dios.

—Así que… —continuó— si el contrato no es justo, no me va a valer.

Así que, por lo visto… se lo estábamos contando ahora.

Chispas me estallaron en el estómago; náuseas matutinas combinadas con unos putos nervios de cojones. Me mordí el labio, con fuerza.

Brody se le quedó mirando. Después parpadeó, y clavó sus ojos azul intenso en mí.

Maggie se recuperó primero.

—El… eh… contrato es increíblemente justo, Seth. —Le lanzó una mirada a Brody—. Me he asegurado de ello.

—Vosotros… —consiguió decir Brody, mirándome a mí, luego a Seth, y vuelta. Se detuvo, y lo intentó de nuevo—. ¿Vais a… tener un bebé?

—Sí —dije—. Sí, vamos a tenerlo. —Entonces alargué la mano y cogí la de Seth.

Brody bajó la mirada a nuestras manos, fuertemente entrelazadas… y los hombros le cayeron un poco. Lo vi, claramente, en sus ojos: el momento exacto en que de verdad le caló que Seth y yo éramos realmente una pareja.

Que estábamos en esto, juntos… a largo plazo.

—Bueno… ¡enhorabuena! —Maggie esbozó una sonrisa cautelosa. Se acercó para darme un abrazo. Solté la mano de Seth y me levanté. Me cogió por los hombros y me miró a los ojos, con la preocupación grabada en la cara… como si estuviera comprobando que esto era una situación de «enhorabuena».

—Gracias —dije, asintiendo para tranquilizarla, y me abrazó.

—Dios mío —me susurró al oído—. ¿Estás bien?

—Estoy bien —le dije, mientras nos separábamos.

—Si necesitas algo…

—Créeme, te lo haré saber. —Lo haría. Dios sabía que iba a necesitar muchas cosas. Como ayuda para averiguar cómo demonios compaginar mi nueva vida como mamá rock star.

Mientras Maggie se giraba para abrazar a Seth también, miré a Brody. Se había puesto de pie; había salido de detrás del escritorio y me estaba observando.

—Lo siento —dije, sintiendo de repente la necesidad de disculparme por haberme metido a mí misma —y, por tanto, a todos los demás— en esto—. Sé que hay una gira. Y sé que voy a estar embarazada y teniendo un bebé en medio de ella. Sé que va a joderlo todo…

—Lo resolveremos —dijo Brody, con firmeza.

—Desde luego —coincidió Maggie—. Ni te preocupes por eso, Elle.

—Estoy preocupada.

—¿Por qué? —Brody se cruzó de brazos—. O sea, fue tan jodidamente fácil encontrar un nuevo guitarrista… No debería ser ningún problema encontrar a alguien que te sustituya un tiempo.

—Joder —gemí.

Brody esbozó una pequeña sonrisa.

—Es broma, Elle. —Luego se puso serio de nuevo, las cejas fruncidas con preocupación—. Lo último que necesitas ahora mismo es preocuparte por la gira. Cuídate. No te estreses con esto.

Asentí y respiré hondo otra vez, mientras luchaba por aceptar rápidamente el nuevo orden de prioridades en mi vida.

Brody dio un paso hacia mí. Echó un vistazo a Seth, pero luego sus ojos azules se posaron de nuevo en mí, y se suavizaron. Parecía… bueno, parecía un padre preocupado. Y me cayó encima de golpe que estaba a punto de serlo.

Y quizá de verdad estaba cediendo.

Quizá Jessa, o su amor absoluto por ella, le había hecho ceder. Quizá era simplemente que vivía con una mujer muy embarazada y sabía lo que nos esperaba a las dos. Pero me abrazó.

—Vas a ser mamá —murmuró en mi oído, la voz un poco rasgada por la emoción.

—Ay, Dios…

Me apretó fuerte, y me dejé caer sobre su hombro, sobre su consuelo sólido.

—No estás sola, Elle —murmuró Brody.

Y sabía que, de verdad, no lo estaba.