32 Seth
SETH
—Venga, Seth —me suplicó Elle—. Fóllame.
La estaba follando. Más o menos.
Estábamos en la parte trasera de una limusina, y yo estaba encima de ella, sujetándome para no aplastarla.
Había una fiesta esa noche, una fiesta organizada para la serie documental.
Dirty iba a tocar para un local a reventar de invitados VIP, en el bar donde habían celebrado las audiciones de Vancouver: el nuevo Dirty, conmigo incluido en la formación.
Era la primera vez que se anunciaba, ante las cámaras, la noticia de que yo había vuelto a la banda.
Y seguro que la fiesta organizada se convertiría en una fiesta de verdad después.
Maggie había mandado la limusina a casa de Elle para recogernos.
Estábamos aparcados delante del bar, en el aparcamiento lleno y acordonado para mantener a raya a los medios y a los fans que abarrotaban las aceras.
Habíamos estado comiéndonos la boca prácticamente todo el trayecto, y en cuanto paramos, Elle no tardó nada en decirles tanto al conductor de la limusina como a Flynn que se largaran, y en abrirme los vaqueros de un tirón.
Ahora estaba dentro de ella, sin condón, y había descubierto que esa era una de las mejores ventajas de que Elle ya estuviera embarazada: ya no tenía que preocuparme de dejarla preñada por accidente.
Estábamos piel con piel, y era alucinante estar dentro de ella así.
Sentirla, toda caliente y resbaladiza, apretada y mojada, contra mi polla desnuda.
Jodidamente intenso.
Podía perder la cabeza fácilmente y follármela hasta que le costara caminar al salir de aquí.
Pero iba despacio, con cuidado. Porque otro efecto secundario de que Elle estuviera embarazada era que me daba un miedo de la hostia hacerle daño.
O hacerle daño al bebé.
—Es como una puta pepita de uva —jadeó, clavándome las uñas en el culo mientras intentaba meterme más adentro—. Es diminuto, y no puedes hacerle daño. La doctora lo ha dicho. Es un grano de arroz. Una puta lenteja…
—No me abras el apetito… —bromeé, besándole el cuello mientras ella jadeaba frustrada debajo de mí.
—La otra noche me follaste a lo bestia —se quejó, siseando su impaciencia entre los dientes mientras se la metía despacio—. Puedes hacerlo otra vez.
—No sabía que estabas embarazada cuando lo hice.
—¿Y? Haz como que no estoy embarazada.
—Pero estás embarazada.
—Tu polla no tiene por qué enterarse.
Me reí.
—Seth… me estás cabreando —gimió, moviéndose contra mí, mientras yo empujaba, dentro y fuera, abriéndome camino poco a poco más adentro—. Sí… —exhaló— así…
Joder. Iba a matarme, joder…
Le pasé la mano por el pecho. Llevaba un vestido blanco, corto y ceñido, y un sujetador con relleno. Tiré de la tela elástica hacia abajo, empujándole las tetas hacia arriba; se le salieron del sujetador mientras yo se las sobaba.
—Te están creciendo las tetas —le dije, y le pasé la lengua por un pezón hinchado. Los pezones también le estaban creciendo. Esa era otra ventaja de que Elle estuviera preñada, y pensaba disfrutarla—. Quiero follártelas.
—Sí… háblame sucio… —gimió, restregándose contra mí.
Deslicé la mano entre nosotros y le froté el clítoris. Sabía que no era justo que la estuviera provocando. No pretendía provocarla. Pero que le gustara fuerte —muy fuerte… Íbamos a tener que adaptarnos a eso durante un tiempo.
—Esta noche —le dije con voz ronca, hundiendo la lengua entre sus tetas— cuando te lleve a casa, voy a sacarte las tetas de este vestido y me las voy a follar. Meter mi polla entre ellas y correrme encima de tus pezones rosados.
—Sí… —Se estremeció contra mí mientras le trabajaba el clítoris con las yemas de los dedos. Saqué la polla en parte y la froté, adelante y atrás, contra la parte delantera de su interior. Se le abrió la boca y solo hicieron falta unas cuantas embestidas…
Quizá no estaba dispuesto a follármela profundo o fuerte ahora mismo, pero eso no significaba que no fuera a follármela bien.
—Hostia… joder… —dijo con voz quebrada, y entonces estampó la mano contra la puerta del coche detrás de su cabeza, retorciéndose debajo de mí.
Se corrió, gritando.
Fue un orgasmo total, de cuerpo entero. Se estremeció y se sacudió contra mí mientras su cuerpo convulsionaba. No fue hasta que dejó de gritar que nos dimos cuenta, en el mismo instante, de que había abierto la puerta de un golpe.
Levantamos la vista al mismo tiempo.
Alguien estaba de pie justo fuera, entre los coches aparcados. Alto y rubio, apoyado en una camioneta aparcada junto a la limusina. Sostenía un porro olvidado, a medio camino de los labios, y su larga cresta falsa rubia se le agitaba sobre los ojos con la brisa.
—Eh, chicos —dijo Zane, con total tranquilidad—. ¿Lo estáis pasando bien?
Y entonces sonrió con sorna.
Elle soltó un chillido e intentó esconderse más adentro de la limusina, fuera de la vista de Zane. No llegó muy lejos porque yo estaba encima de ella. Enterró la cara en mi cuello.
Alcancé la puerta y la cerré de un portazo. Elle me empujaba el pecho, así que me eché atrás. Salí de ella. Ella clavó en mí sus ojos grises, jadeando.
No pude evitarlo; me reí. Me tapé la risa con el puño, y ella me dio un manotazo en el hombro.
—¡Qué asco!
—¿Qué?
—¡Me has hecho correrme delante de Zane!
—Eh, te he hecho correrte, punto. Tú eres la que ha abierto la puerta.
Me dio otro manotazo, fulminándome con la mirada.
Y entonces se lanzó sobre mí.
—Dame esa polla —dijo.
Caí de espaldas en el asiento mientras me agarraba la polla.
La apretó y se la metió en la boca. Me la chupó con ganas, gimiendo y hambrienta, lamiéndome como una gata callejera muerta de hambre.
Me reí, una risa aturdida y eufórica, pero el sonido se cortó, estrangulándose en mi garganta y convirtiéndose en un gemido cuando me pasó los dientes por la punta.
Sentí la oleada creciendo, subiendo desde la base de la columna y por los huevos…
y cuando volvió a tragársela, exploté con un gruñido, levantando las caderas del asiento.
Me chupó a fondo mientras me corría, descargando en su calor húmedo. Sentí que la polla me palpitaba durante unos diez minutos mientras el cerebro me rebotaba dentro de la cabeza.
Cuando me desplomé en el asiento con otro gemido, jodidamente reventado, ella dijo:
—Casi no te lo merecías.
La miré; se estaba lamiendo los labios, con sus ojos grises entrecerrados clavados en mí.
—¿Eh?
—Por provocarme. Debería haberte castigado.
—Pues castígame la próxima vez —dije, intrigado por cómo sería un «castigo» de Elle.
—Lo haré —prometió—. La próxima vez, me correré yo sola, despacio… y tú puedes mirar.
Ay, joder. Se me descolgó la mandíbula y sentí que se me vidriaban los ojos, imaginándolo. Todavía no la había visto hacerlo. Las manos esbeltas de Elle, deslizándose entre sus propias piernas…
—¿De verdad tenemos que ir a esta fiesta…? —pregunté, alcanzándola y agarrándola por la cintura.
—Sí —dijo—. Sí, tenemos que ir. Es solo como el momento de tu vida. Ya sabes, el que llevas esperando todos estos años.
—Ah, ¿sí? —dije—. Y yo que pensaba que lo que llevaba esperando todos estos años era esto.
—La atraje hacia mí y la besé, y ella me rodeó con los brazos.
Le fui besando el cuello… Estaba en mi regazo, con las tetas en mi cara, y a medida que iba bajando, gemí—.
Todavía tienes las tetas fuera, nena. Si quieres que salga alguna vez de esta limusina, guárdatelas.
—Le chupé los pezones hinchados, sin poder evitarlo.
Este embarazo me iba a matar, definitivamente.
¿Quién iba a decir que las embarazadas eran tan jodidamente sexis?
Entonces se escurrió. Se inclinó hacia delante y se ajustó el sujetador, y sacudió las tetas para meterlas de nuevo en las copas. La polla me dio un tirón mientras miraba.
Se incorporó y se alisó el vestido sobre las curvas.
—¿Puedes repetir eso? —le pedí—. ¿Un poco más despacio…? —Me froté la polla palpitante con la mano.
Elle se limitó a sonreír mientras se retocaba el pintalabios y dijo:
—Luego. —Entonces me cogió de la mano y me sacó de la limusina mientras yo luchaba por subirme los vaqueros.
—Mierda. Tienes pintalabios en el cuello.
Elle me detuvo en la entrada del bar. Las puertas estaban abiertas de par en par, custodiadas por varios tíos de seguridad.
Podía ver a Maggie trajinando justo dentro, y unas cuantas caras conocidas.
Técnicos, parte del equipo de Liv. El sitio estaba a tope, lleno de gente, y vi a alguien hacerle una seña a Liv, avisándola de que estábamos a punto de entrar.
Elle me frotó el cuello con el pulgar como una novia atenta. No me molestó la sensación.
—¿Bien? —le pregunté, sonriendo un poco mientras me examinaba. La verdad es que me importaba una mierda si tenía su pintalabios por todas partes.
—Bien —dijo, cogiéndome la mano y dándole un apretón.
Mientras entrábamos en el bar, de la mano, respiré hondo.
Había velas encendidas en candelabros por todo el escenario, y una lámpara de araña enorme colgaba sobre la pista de baile.
Las mesas y sillas del bar se habían movido contra las paredes, y la sala estaba llena.
El equipo de cámara y luces estaba preparado, y cuando Elle y yo entramos en la sala, supe que nos estaban grabando.
Como nos habíamos retrasado follando en la limusina, todos los demás ya estaban allí. Y por cómo nos recibieron, supe que sabían lo del embarazo. Yo mismo había llamado a Zane para contárselo. Elle se lo había dicho a todos los demás.
Todavía era pronto, eso sí. No íbamos a contárselo a los medios ni al público, ni siquiera a Liv y su equipo, lo del bebé. No hasta que pasáramos el primer trimestre con seguridad. Pero se lo habíamos contado a la banda, a nuestro círculo íntimo.
Jessa parecía genuinamente entusiasmada por nosotros. Quizá era simplemente que nadie quería apartar a codazos a una embarazada, pero fue la primera en abrazarnos a los dos.
Brody me estrechó la mano después. Cuando abrazó a Elle, igual que había hecho el otro día en su despacho, sentí alivio otra vez.
Sabía que aceptarme de vuelta iba a ser un proceso con Brody.
Pero en lo que respectaba a él y a Elle, no parecía haber daños colaterales en su relación.
Si acaso, parecía haberse ablandado con ella desde que se enteró del embarazo.
Hasta Jesse nos felicitó, en voz baja. Su mirada pesaba sobre mí, calculadora, mientras me estrechaba la mano. Era la forma en que un tío te mira cuando piensa vigilarte, y quiere que lo sepas.
Justo.
Katie nos abrazó también a los dos y nos felicitó. Había algo en sus ojos cuando lo hizo. Una alegría cautelosa, con una vulnerabilidad debajo. Habría dicho que era envidia, pero no estaba seguro.
Ash estaba allí, y también me felicitó. No me lo esperaba.
Sabía que tenía que estar decepcionado; había perdido a Elle, y no estaba seguro de lo profundos que eran sus sentimientos por ella.
Pero conocía su reputación de mujeriego, y ya que Elle no estaba teniendo un bebé suyo, al menos ahora era libre de seguir con lo suyo.
En cualquier caso, se portó con elegancia.
No se quedó cerca mucho rato, pero me estrechó la mano y le dio a Elle un abrazo rápido antes de desaparecer entre la multitud.
Después de saludar a todos, la banda tuvo una charla rápida con Liv que apenas oí. Luego nos dirigieron al escenario. Las cámaras nos enfocaban, y acercaron a la multitud al escenario, anticipando el show que estábamos a punto de dar.
La sala entera estalló en gritos y aplausos cuando Dylan subió las escaleras del escenario. Cruzó y se colocó detrás de su batería. Zane fue el siguiente, luego Jesse, luego Elle.
La seguí escaleras arriba, y los aplausos cuando subí al escenario fueron casi ensordecedores. Todo era bastante surrealista. Estaba un poco en una nube, pero mis pies me llevaron donde tenían que ir.
Elle cogió su bajo, y cuando pasé a su lado, se giró hacia mí y me besó en la mejilla. Me quedé clavado. La gente gritó.
Sabía que todos nos miraban. Sabía que los chicos de la banda nos miraban.
Todavía no habíamos anunciado, ante las cámaras, que Elle y yo éramos pareja.
Liv lo sabía, pero habíamos acordado que simplemente lo dejaríamos fluir de forma natural, por ahora.
Para cuando terminara esta grabación, estaba bastante seguro de que sería jodidamente obvio.
No me imaginaba sin tocar a Elle en toda la noche, y las cámaras iban a estar sobre nosotros durante horas.
Mientras me recuperaba de aquel beso inesperado, Zane se lanzó con un abrazo y una palmada en la espalda.
—Todo empieza ahora, hermano —me dijo al oído.
Dylan se inclinó por encima de su batería para estrecharme la mano.
Entonces Jesse me entregó mi guitarra.
—El pasado se acabó —dijo—. Bienvenido a un nuevo comienzo. —La mirada en sus ojos oscuros era acogedora, aunque todavía un poco cautelosa.
Asentí y cogí la Gibson. Me la colgué, buscando mi sitio. Era una guitarra nueva; un regalo de Elle.
La miré. A unos metros, estaba preparada, el bajo en las manos, la correa plateada y brillante sobre el hombro. Me sonrió. Y tuve que apartar la vista antes de que se me llenaran los ojos de lágrimas.
Bajé la mirada a mis pies. Mis viejas botas de piel de serpiente, bien plantadas en el escenario.
Y mientras Zane agarraba el micro y empezaba a hablar con el público, dije una breve oración mentalmente, a nadie en particular.
¿A Dios? ¿A los dioses del rock? ¿A mis padres muertos?
Daba igual. Simplemente la lancé al universo.
Era una de las pocas veces en mi vida que había hecho algo así, y como siempre, la oración no era para mí.
Era para mi banda.
Para Dirty.
Cuando levanté la vista, vi todas las caras del público, mirándome. Vi las cámaras.
Miré a mi alrededor, a mi banda en el escenario, y sentí su energía creciendo, lista para desatarse. El corazón me latía con fuerza, pero despacio, en el pecho. Respiré hondo otra vez.
Todavía tenía mucho que demostrar. Lo sabía.
La puerta se me había abierto. Ahora dependía de mí cruzarla y arrasar.
Pero estaba más que jodidamente preparado para ese desafío.
—Vamos a empezar esta noche con buen pie —anunció Zane—, con un temazo nuevo, escrito por nuestro guitarrista nuevo/viejo. Le conocéis como Seth Brothers. —Zane sonrió y me guiñó un ojo por encima del hombro mientras el público gritaba su aprobación.
Le devolví la sonrisa.
—Nos gusta llamarla To Hell and Back —dijo.
Entonces Dylan nos marcó la entrada.
Y cuando la canción arrancó, empecé a tocar.