Tan canalla como Seth 24 Elle #3
80%

24 Elle #3

Me comió despacio, con cariño… con hambre.

Como si tuviera todo el tiempo del mundo.

Una mano me agarraba las bragas, apartándolas.

La otra me acariciaba la cara interna del muslo, suavemente.

Me provocaba la entrada con la yema de un dedo, esparciendo la humedad resbaladiza de mi excitación por mi carne sensible.

Tocándome con tanta suavidad que me estaba prendiendo fuego.

Necesitaba más, pero él se contenía. Tomándose su tiempo…

Me chupó el clítoris, suavemente, explorando con la lengua. Depositó besos suaves por todo mi coño, chupando y provocando a su paso. Lamió con un ritmo suave, saboreándome, deteniéndose de vez en cuando para lamerse los labios, como si estuviera paladeando el sabor.

—Fóllame, por favor —supliqué—. Necesito que me folles, Seth.

Sus ojos ahumados encontraron los míos. —Quiero saborear cómo te corres —dijo, acariciándome la entrada, ligeramente, con un dedo—. Y luego te voy a follar…

Gemí mientras me besaba el clítoris suavemente, despacio, varias veces, hasta que me retorcía de necesidad contenida.

Entonces se lanzó a fondo con la lengua…

y el orgasmo me sacudió y me deshizo de repente.

Me chupó el clítoris mientras me corría, y me mordí la lengua para no gritar y que se enterara toda la casa, aunque el bajo vibraba a través de la pared —la música estaba tan alta que me di cuenta de que nadie me oiría.

Era un remix al estilo Summer de Ice Cube, You Can Do It.

Una risa sin aliento me burbujeó en la garganta, porque sabía que Summer estaba poniendo la canción solo para mí…

Más le vale dejarse la piel.

Y es que… Seth se dejaba la piel. Cada vez.

Cuando la avalancha de placer remitió a un nivel razonable y pude volver a ver con claridad, le miré, ahogando mis risitas extáticas.

Esa noche había llevado una americana con su camiseta y vaqueros, una de tweed, roquera, gris con los bordes deshilachados, y le quedaba tan increíblemente bien que solo quería abrazarle y llevármelo a casa mientras se la quitaba.

Tenía las pupilas dilatadas cuando me miró, colocado de sexo.

Se estaba desabrochando los vaqueros, sacando la polla.

Nunca había deseado a un hombre dentro de mí como le deseaba a él en ese momento.

Se puso de pie sobre mí, y observé cómo se ponía un condón. Los ojos se le cerraron por la intensidad; estaba duro como una piedra. Se pasó la mano por la polla un par de veces mientras se ajustaba el condón hasta el final, luego me miró.

Yo seguía tumbada hacia atrás en la cama, esperándole.

Pero no vino a mí. Sus ojos, en cambio, recorrieron lentamente mi cuerpo.

Ahora me tocaba a mí preguntar. —¿Qué pasa?

—Necesito un minuto —dijo con voz ronca—, o voy a acabar. Literalmente.

—Oh —respiré—. Bueno… no me hagas esperar mucho…

Le observé quitarse la camiseta; tan guapo. Su cuerpo duro y fibroso. Su polla en la mano.

Vino a mí, por fin, y me quitó las bragas, luego se dejó caer despacio sobre mí. Acababa de tener un orgasmo que me había fundido el cerebro, y aun así estaba sin aliento de necesidad. —¿Qué coño está pasando…? —logré decir. Ni siquiera hablaba del sexo, exactamente.

—¿Qué? ¿Esto…? —preguntó, subiendo a besos por mi cuello—. Esto está pasando… —Mordisqueó hasta mi oreja—. Esto va en serio. —Me lamió el punto sensible bajo la oreja y susurró—: Te deseo.

Sí. Yo también le deseaba a él… Y me ponía locamente cachonda su certeza.

—He pasado por mucha mierda, Elle —me susurró con voz ronca al oído mientras alineaba su polla con mi coño—, y sé reconocer algo bueno.

Yo también.

Le rodeé la cintura con las piernas mientras empujaba dentro de mí, llenándome. Cerré los ojos, saboreando la sensación mientras mi cuerpo vibraba de placer. Quería más. Quería más de él.

—¿Estás bien? —preguntó, rozándome el labio inferior con la boca.

—Sí. —Abrí los ojos, encontrando su mirada. Luego le besé suavemente—. Dámelo.

Y lo hizo. Me lo dio profundo… a fondo y despacio. Me observaba la cara, los labios, separados y temblorosos mientras respiraba… los ojos, cerrándose y abriéndose mientras cabalgaba las sensaciones… llenándome de él, una y otra vez…

—¿Así está bien, nena? —murmuró.

—Muy bien… —respiré.

Nunca me había llamado nena antes. Me gustó.

Me gustaba él.

Le agarré del culo e intenté atraerle más adentro. Le quería lo más profundo posible. Quería que se corriera más fuerte de lo que se había corrido en su vida. Quería que olvidara a todas las chicas que hubiera tenido.

Quería que fuera mío.

Y cuando de repente perdió el control, abandonando la lucha por contenerse y dejándose ir, su polla sacudiéndose dentro de mí… me detonó. Me corrí con él, rodando sobre las olas de éxtasis con él.

Sus ojos encontraron los míos mientras jadeaba por encima de mí. Tenía la boca abierta, los labios hinchados. Los ojos oscuros y ahumados.

Estaba tan guapo… fuerte y vulnerable, después del sexo.

Parecía un hombre enamorado.

Apoyó su frente contra la mía… y se sintió tan correcto. Simplemente respirar con él. Tenerle cerca.

Sabía que esto no se suponía que pasara. Los dos lo sabíamos.

No se suponía que nos enamoráramos… pero lo estábamos haciendo. Los dos sabíamos que sí.

Me estaba enamorando de Seth Brothers, y él se estaba enamorando de mí… fuerte y rápido.