Tan canalla como Seth 25 Seth
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25 Seth

SETH

Las audiciones habían terminado. Seis días enteros, y Dirty había terminado de escuchar a guitarristas en Vancouver.

La siguiente fase del proceso, me había informado Elle, implicaría más audiciones, si decidían seguir por ese camino. Pero al parecer tenían a dos candidatos que se estaban planteando seriamente.

—Hay un tío que vino desde Atlanta, y otro de Toronto —me explicó—.

Ninguno de los dos es perfecto, pero ya hemos dejado de buscar eso.

—Me miró desde el otro lado de la habitación, la culpa evidente en sus ojos gris acero.

Estábamos en su estudio, preparándonos para tocar—.

Brody y Liv están negociando ahora con los productores de la serie, decidiendo si queremos continuar con las audiciones o empezar a reducir candidatos con lo que tenemos. Es todo un puto proceso.

Parecía agotada de todo aquel proceso mientras se dejaba caer en el gran sillón blanco y mullido de la esquina junto a las ventanas.

Parecía un ángel sentada en él, la suave luz de la mañana filtrándose por las ventanas a su espalda.

Sujetaba una taza de café entre las manos y me observaba cambiar una cuerda rota en mi Fender favorita.

—Tenéis que hacer lo que sea mejor para la banda, ¿no? —dije, sin comprometerme.

—Sí —respondió—, supongo. —Y yo sabía lo que estaba pensando. Estaba pensando que yo era lo mejor para la banda.

Pero no tenía sentido que ninguno de los dos lo dijera.

Estaba de acuerdo con ella, pero, al final, era demasiado jodidamente deprimente seguir hablando de eso.

Un timbre lejano sonó en la parte delantera de la casa, y Elle frunció un poco el ceño, levantándose. —El timbre —dijo—. Voy a abrir.

Cuando volvió unos minutos después, venía seguida de un pelirrojo gigante. El metro noventa y tantos de Dylan Cope entró en el estudio detrás de ella, clavando sus ojos verdes en mí.

Me quedé paralizado, guitarra en mano. Tenía la Fender enchufada y había estado tocando el solo de saxofón de Touch Me de The Doors en la guitarra, básicamente matando el rato mientras esperaba a Elle.

—Seth —dijo, saludándome con un gesto de cabeza.

—Dylan —logré articular—. Me alegro de verte, tío.

No se acercó a darme la mano ni un abrazo ni un puto beso, así que yo tampoco fui a por ello.

Elle me lanzó una mirada rápida que estaba a medio camino entre la disculpa y la resignación. Se sentó con cuidado en su sillón mullido y dijo: —Dylan ha pasado a verme. Le he dicho que tenemos algo que ponerle.

Dejé la guitarra. —Vale. De acuerdo. —Me sequé las palmas, ahora sudorosas, en los vaqueros.

Cuando Dylan se sentó en el sofá, puse la pista en la que habíamos estado trabajando la noche anterior, la que Elle me había dicho que le pusiera. Era una balada, muy acústica, la primera canción que le había tocado a Elle en este estudio. La habíamos llamado Somewhere.

Dylan escuchó con atención, la mirada clavada en la alfombra, la mente sumergida en la música. Cuando terminó, sentí la necesidad de decir: —Está en bruto.

Dylan levantó la vista, directamente hacia mí. —Está bien —dijo.

Miré a Elle, que estaba sentada en silencio en su sillón de ángel. —¿Quieres oír más? —le preguntó ella.

Las cejas de Dylan se alzaron. —¿Hay más?

—Sí. Unas cuantas más.

—¿Cuántas?

—Tres.

—Tres… —repitió, mirando de Elle a mí y vuelta—. ¿Tres como la que acabo de oír? —Parecía bastante alucinado—. ¿Habéis grabado cuatro canciones ya?

—Sí. —Me encogí de hombros, incómodo—. Bueno, una de ellas es seguramente mejor. Es la favorita de Elle, por lo menos. Summer se pasó y tocó en ella… —Miré a Elle otra vez, preguntándome si estaba bien decir eso.

—¿Quieres oír las canciones o qué? —le pinchó Elle a Dylan.

—Sí —dijo, repasándome con la mirada mientras se reclinaba y ponía los pies sobre la mesa de centro—. Venga, ponédmelas.

Así que le puse todas las canciones que habíamos grabado hasta ahora, y después de que terminara la última, Dylan asintió y dijo: —Está bien —otra vez.

Los ojos de Elle encontraron los míos. Estaba conteniendo una sonrisa, lo cual interpreté como que el «bien» de Dylan era bastante genial.

Después de un momento, dijo, pensativo: —Summer ha metido unos ritmos decentes ahí. Pero deberíais buscar un batería de verdad que os toque la batería. —Miró a Elle—. Una pena que no conozcáis a nadie así.

La sonrisa se extendió por la cara de Elle; se le iluminó entera.

Luego salió disparada de su sillón y le dio a Dylan un abrazo tan fuerte y tan largo que podría haberme puesto celoso si no supiera que no había motivo.

El día siguiente fue jodidamente surrealista.

Por la mañana, Flynn nos llevó a Elle y a mí a Left Coast Studios, donde ella había reservado tiempo para nosotros. Era uno de los estudios de grabación más conocidos de Vancouver, pero yo nunca había estado dentro.

El ingeniero que nos recibió, me dijo Elle, era un viejo amigo de Dirty. Se llamaba Cody, un tío grandote, corpulento, como un oso de peluche, y sorprendentemente joven. Me dio la bienvenida y nos enseñó el lugar.

El espacio era enorme, incluso más grande por dentro de lo que parecía por fuera, y de última generación. Fotos de docenas de músicos y bandas famosos que habían grabado allí adornaban las paredes de las oficinas de la entrada, y discos de oro y platino decoraban las paredes del salón de lujo.

No estaba seguro de cómo Elle había conseguido tiempo de estudio de ese nivel con tan poca antelación, pero, bueno, era Elle. Cody parecía encantado de tenerla allí.

Cuando entramos en el estudio que íbamos a usar, unos cuantos tíos estaban preparándolo todo para nosotros, con una batería enorme ya montada en la sala de batería para Dylan. Dylan estaba allí, detrás de la batería, haciendo algunos ajustes y hablando de baterías con el personal del estudio.

Esto estaba pasando de verdad, joder…

Dylan vino a recibirnos, abrazó a Elle y me tendió la mano, que estreché en silencio. Estaba demasiado impresionado para hablar. Me daba miedo que, si lo hacía, rompiera el hechizo y me despertara de este sueño.

Estuvimos un rato hablando con Cody, sobre las canciones, sobre por qué estábamos allí aquel día. Al parecer, Dylan se había pasado media noche con las grabaciones que le habíamos dado, trasteando con algunos ritmos.

Pero no fue hasta después de unas cuantas horas tocando las canciones con el batería de Dirty cuando todo me caló de verdad… Que estaba allí, tocando con Elle y Dylan, y estábamos grabando música.

Era solo por diversión, le había dicho Elle a Cody. Solo juguetear con material nuevo para ver cómo sonaba todo. Pero a medida que avanzaba el día, supe que era mucho más que eso.

Tuve la sensación de que estábamos documentando nuestro caso, algo formal que presentar al resto de Dirty.

Elle y Dylan no lo habían dicho, pero estaba bastante seguro de que si Dylan sabía de esto, no tardaría mucho en enterarse el resto de la banda.

Elle probablemente sentía que tenía algo que demostrarles cuando vinieran a pedirle cuentas, y quizá esta era su forma de hacerlo.

Su forma de decir: Aquí lo tenéis, escuchad y juzgad, si os atrevéis.

No estaba seguro de que fuera la mejor manera de abordarlo, pero le seguí el juego.

En algún rincón de mi mente, no podía evitar preguntarme cuándo se iba a desmoronar todo esto.

También me preguntaba en qué momento Dylan se daría cuenta de las miradas que Elle y yo no dejábamos de lanzarnos mientras tocábamos.

Las sonrisas privadas y los vistazos robados.

Era más consciente de ellos que nunca, con él en la sala, y Cody observando a través de la ventana desde la cabina de control.

Pero si se dio cuenta, Dylan no dijo ni una palabra al respecto.

No fue hasta la mitad de la tarde, cuando volvió al estudio con los cafés que Joanie había ido a buscar, y encontró a Elle en mis brazos, que supe que nos habían pillado.

Era un abrazo inocente. Ya había terminado de meterle mano y de besarla hasta perder la cabeza.

En realidad, ya la había arrastrado al baño para follármela.

No fue el movimiento más elegante de mi vida, pero en cuanto Dylan había salido, Elle me había agarrado la polla y me había lanzado esa mirada suya de tormenta-a-punto-de-estallar, y o la arrastraba al baño de mujeres o me la follaba allí mismo, delante de Cody.

¿Qué otra cosa iba a hacer? ¿Rechazarla?

Ni de coña.

Nos habíamos recompuesto del todo, y estaba bastante seguro de que toda la ropa estaba bien puesta, pero Dylan se paró en seco para mirarnos. Y estaba claro, cuando Elle se apartó de mí, que era demasiado tarde. Nuestra mutua satisfacción post-sexo estaba escrita en nuestras caras.

Dylan cogió su café y le pasó la bandeja con los demás a Elle.

—Bueno —dijo mientras veía a Elle darme el mío—, ¿qué pasa de verdad entre vosotros dos?

—¿Es tan obvio? —preguntó Elle, demasiado inocente.

—Para mí, sí —dijo Dylan.

Elle dio un sorbo a su café. —Somos amigos. —Me sostuvo la mirada, y la forma en que me miró era mucho más que amistosa.

—Ya —dijo Dylan, pero ahí lo dejó.

En el segundo día en Left Coast, Joanie asomó la cabeza en el estudio, con una expresión agobiada y de disculpa en su cara pecosa, mientras estábamos grabando. Segundos después, el cantante principal de Dirty entró pavoneándose, todo cresta falsa rubia, ojos azul hielo y una seguridad arrolladora.

La presencia de Zane cambió al instante la energía de la sala.

Lo sentí en el segundo en que entró. Como si la corriente eléctrica que vibraba entre nosotros mientras tocábamos se hubiera cortado de golpe, y todos se quedaron como congelados.

Elle dejó de tocar el bajo inmediatamente y se volvió hacia Dylan, que estaba despatarrado en el sofá. Había estado escuchándonos a los dos grabar guitarras. —¿Se lo has dicho? —le exigió.

—Eh —dijo Zane, fingiendo ofenderse mientras tiraba su chaleco de cuero a un lado—. ¿Qué clase de recibimiento es ese? Sabéis, normalmente cuando entro en un estudio de grabación, la gente se alegra bastante de verme.