20 Elle #2
Me tocó una canción que había escrito, una balada preciosa que me cantó mientras tocaba.
La letra era material típico de balada rock, algo sobre estar de gira y echar de menos a alguien que se ha quedado en casa, luego estar en casa y echar de menos la carretera, pero había algo en la forma en que Seth la cantaba.
En la forma en que Seth la tocaba. Los pequeños giros inesperados que metía en la letra, justo cuando pensabas que iba a cantar algo manido y rimado, y no lo hacía.
Algo que te mantenía en vilo esperando la siguiente palabra, el siguiente verso.
Ese algo raro y desgarrador que era únicamente de Seth.
Joder, hostia, era un compositor increíble.
Me tocó otra canción, más movida, pero igual de pegadiza, igual de hipnótica y adictiva y agridulce.
Y luego siguió tocando. Y tocando…
Resultó que, una vez abierta esa caja de Pandora… Seth tenía una tonelada de material. Ideas. Canciones y fragmentos de canciones. Y su puto talento… le rezumaba por las yemas de los dedos. Goteaba de sus letras.
Básicamente tenía siete años de material sin explotar. Pero ni una sola canción terminada y grabada.
Estaba asombrada.
Este era Seth Brothers. Un montón de bandas —grandes bandas— le habrían fichado. Grandes músicos. Productores. Podría haber montado su propia banda, con su propio nombre. El mismo Woo probablemente habría ido al estudio con Seth si Seth se lo hubiera pedido alguna vez.
—Nunca escribí con nadie que no fuera Dirty —me explicó mientras yo seguía sentada allí, simplemente estupefacta por el volumen descomunal de genialidad sin explotar, la magnitud de su obra.
Aún no había tocado mi bajo, ni abierto la boca, salvo para quedarme boquiabierta mirándole—.
Nunca escribí para nadie más. Supongo que tengo algo así como un atraso acumulado…
Eso era quedarse muy corto.
Y yo no sentía más que gratitud. Humildad, en realidad, porque hubiera elegido compartir su trabajo —su pasión— conmigo, así.
Gratitud, también, porque hubiera tantísimo. Porque cuanto más material tuviéramos Seth y yo para tocar y explorar y trastear, más podíamos alargar esto. Aquí, en mi estudio casero… esta pequeña burbuja privada donde estábamos escondidos del resto del mundo.
Solo nosotros dos y la música.
Varios días después, Seth y yo estábamos terminando un largo día —y media noche— tocando juntos en el estudio, y mientras le observaba dejar su guitarra en la funda, le pregunté: —¿Cómo te sientes con todo esto?
Estaba de espaldas a mí, pero por la forma en que dejó de moverse cuando se lo pregunté, supe que había captado que le estaba preguntando cómo se sentía respecto a mucho más que la música que habíamos estado tocando.
Que le estaba preguntando cómo se sentía al hacer música conmigo… pero no tener sexo conmigo.
Quizá quería saber si le estaba matando lentamente, como me estaba matando a mí.
Se giró y encontró mis ojos. Yo estaba de pie justo dentro del arco de la puerta, esperándole. Esperando para acompañarle hasta la salida y darle un beso en la mejilla cuando se fuera, igual que había hecho cada noche que habíamos estado aquí.
—Me siento… vivo —dijo en voz baja, con sus ojos gris verdosos escrutándome el rostro—.
Por primera vez en mucho tiempo, me siento como cuando era más joven.
Antes de consumir tanto. Cuando la música significaba más para mí que las drogas.
Cuando tenía todo tipo de sueños y esperanzas y aspiraciones para mí mismo y para la música.
—Eso es bueno —dije. Era precioso, en realidad. Y no exactamente inesperado. Se le notaba que era más o menos lo que sentía cuando tocábamos juntos. Pero oírle poner esos sentimientos en palabras me hizo sentir calor por todas partes.
—Sí. —Miró alrededor del estudio—. Antes, lo único que quería era recuperar a Dirty. —Sus ojos volvieron a encontrar los míos—. Pero ahora… solo quiero seguir tocando. Esto… poder tocar contigo así… es un puto sueño hecho realidad para mí.
Me limité a asentir, porque le creía. Le entendía.
Acabábamos de estar trabajando en una canción nueva, una que él había empezado a escribir a principios de este año, y ahora yo había embellecido la línea de bajo, y los dos habíamos estado cantándola juntos.
Definitivamente era algo que podíamos grabar.
Tenía pensado traer a Summer para que la escuchara y le añadiera un poco de su magia, a ver qué podíamos hacer con ella.
Quería decirle lo entusiasmada que estaba con todo eso. Que tocar con él era bastante increíble para mí también. Por varias razones.
Yo nunca había escrito mucho con Dirty; esa era una de las principales razones por las que había sentido la necesidad de grabar un álbum en solitario, y probablemente lo volvería a hacer.
Pero aunque Jesse y Zane escribían la mayor parte de la música de Dirty, a Dylan y a mí siempre nos habían incluido en los créditos de composición de cada canción, para que todos recibiéramos una parte igual de los royalties.
Y, por supuesto, lo agradecía, pero al final no era solo cuestión de dinero o reconocimiento.
Cuando Jesse y Zane escribían música, no eran tan…
colaborativos. Al menos no conmigo. Con Jessa era diferente; acogían de buena gana su aportación en cualquier canción.
Nunca les había reprochado el hecho de que la música que componían —los tres— fuera innegablemente más adecuada para Dirty que cualquier cosa que yo pudiera escribir… pero esto era especial.
Seth era especial.
Escuchaba mis ideas y se entusiasmaba con ellas, jugaba con ellas, como hacía Summer. Creábamos bien juntos. Y quería decirle todo eso.
Pero de alguna manera las palabras se me atragantaron. Me faltó valor.
Simplemente no sabía cómo hacer esto. Cómo decirle lo que sentía sin parecer una hipócrita. Una provocadora.
Cómo volver a acostarme con él, cuando no podía ir hasta el final con él.
¿Acostarme con él, luego decirle que no podemos acostarnos… luego volver a acostarme con él? ¿Y después asustarme, y repetir todo el ciclo de nuevo? Caliente. Fría.
Injusto.
No quería hacerle eso.
A ninguno de los dos.
Estaba acortando la distancia entre nosotros, y yo me quedé allí de pie contra la pared. Levanté la vista hacia él cuando se inclinó; me besó en la mejilla. Fue suave y cálido, pero rápido. —Gracias —dijo.
—Gracias a ti —logré susurrar.
Sus ojos sostuvieron los míos, y fui vagamente consciente de que su mano se movía. Estaba sacando algo del bolsillo de sus vaqueros.
Bajé la vista hacia los papeles que tenía en la mano mientras el corazón me latía, pesado y rápido, en el pecho.
—Me he hecho las pruebas. —Estaba desdoblando los papeles, con cuidado, y me los tendió—. Estoy limpio. Te he traído los resultados para que los veas. —Esperó a que los cogiera, así que los cogí.
Repasé los papeles; resultados de un laboratorio médico, con fecha de esta misma semana. Había varias páginas, toda una batería de análisis de sangre que demostraban que Seth estaba libre de cualquier ETS desagradable de la que yo hubiera oído hablar.
—No te estoy presionando… —Vaciló, como si quisiera asegurarse de elegir las palabras correctas, mientras yo le devolvía los papeles—.
No espero nada. —Su mirada chocó con la mía otra vez—.
No se trata de eso, Elle. No estoy intentando presionarte para que vuelvas a acostarte conmigo.
Solo… quiero que sepas que estoy limpio, para que no tengas que preocuparte por lo que pasó el otro día.