Tan canalla como Seth 17 Elle #2
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17 Elle #2

—¿Qué pasa con los nunca-desnudos? —Era un término que habíamos adoptado de la serie Arrested Development, donde uno de los personajes llevaba pantalones cortos en todo momento porque tenía pánico a estar desnudo.

—¿Eh? —Siguió mi mirada hasta sus shorts—. Ah. He estado trabajando en la cabaña con Ash.

—Ajá. —Resulta que yo sabía que la «cabaña» era prácticamente una mansión en una de las Gulf Islands, justo frente a la costa. Dylan la había comprado hacía poco—. ¿Reformando?

—Convirtiendo la mitad del garaje en una cueva para Ash.

Bueno, eso explicaba la pintura y el serrín.

—Jo-der —bromeé—, ¿vais a casaros o qué?

—Puede. —Dio un trago a su cerveza y me miró—. Le has dado puerta, ¿eh?

Puse los ojos en blanco.

—No era mío para darle puerta, Dylan.

—Claro.

—¿Sigue allí?

—Sí. —Dylan miró hacia el agua, en la dirección general de su «cabaña», aunque la isla no se veía desde aquí. Estaba cerca, pero demasiado al sur—. Está ahogando sus penas a base de trabajo duro.

Dios. No quería pensar en las penas de Ash. Pero al mismo tiempo, me importaba. No quería que sufriera por mi culpa.

Sabía que tendría que hablar con él de ello. Pronto. Yo había sido la que insistió en que solo éramos amigos. Lo que significaba que como amiga tendría que comportarme. Aunque parte de mí pensaba que estaba siendo un poco ridículo, haciendo de esto más de lo que nunca fue.

No le dije todo eso a Dylan. Dylan tenía una relación especial con Ash, como un vínculo de hermanos que iba incluso más allá del que tenía con Jesse y Zane. Sería protector con Ash, y no tenía ni idea de lo que Ash le había contado sobre «nosotros».

Tampoco me apetecía nada meterme en eso con él.

Solo le observé un momento, estirado en mi tumbona.

Su piel rojiza, ligeramente bronceada. Para ser pelirrojo, se bronceaba bastante bien.

Tenía el pelo castaño rojizo oscuro, pero relucía con todo tipo de cobres, rojos y dorados bajo el sol.

Le caía sobre la frente en ondas y se le rizaba alrededor de las orejas.

Tenía la nariz recta y pómulos altos de modelo, un ligero hoyuelo en la barbilla, y el cuerpo de un modelo de ropa interior. Literalmente.

Cuando nos conocimos, Dylan Cope era un adolescente mono pero desgarbado, todo extremidades descontroladas, aporreando su batería.

En algún momento a lo largo de los años se había convertido en un hombre espectacular.

Las mujeres se derretían a su paso entre risitas y suspiros.

E incluso a mí no me importaba echarle un vistazo de vez en cuando.

Había intentado emparejarlo con prácticamente todas las mujeres disponibles que conocía a lo largo de los años.

A veces con éxito, a veces no. Pero aunque Dylan estaba buenísimo, nunca había sentido ni una pizca de ¿Y si…

? como la que sentí con Jesse. Nunca se me había pasado por la cabeza emparejarlo conmigo.

Era cuestión de personalidad. Dylan y yo no teníamos nada de material de pareja, y ambos lo sabíamos. Quizá era mi personalidad de calor y frío. Como compañero de banda, nunca le había molestado. Simplemente le resbalaba con su carácter tranquilo.

¿Pero como pareja? Desastre.

La verdad era que Dylan era demasiado tranquilo para mí.

Normalmente.

Sin embargo, podía ser astuto, calculador y demasiado consciente de sus propios encantos. Como ahora mismo. Sabía que quería sacarme los detalles sobre Seth y Hawái. Pero no preguntaba directamente.

Mientras tomábamos cervezas con vistas al agua, no paraba de decir cosas como ¿Qué tal la casa de Woo? y Parece que te ha dado un poco el sol… y ¿Has conocido a alguien últimamente?

—¿Vas a preguntármelo directamente alguna vez? —le pregunté después de mi segunda cerveza.

—¿Preguntar qué?

—Dylan. No seas imbécil.

—¿Qué?

—Pregúntame sobre Seth o lo que sea, para que podamos pasar página.

—Vale —dijo—. Cuéntame lo de Seth.

—¿Qué quieres que te cuente?

—¿Por qué te lo llevaste a Hawái?

—Para hablar con él. Ya hemos hablado de esto.

—¿De qué hablasteis?

—De todo.

—¿Estáis bien ahora?

—No sé si alguna vez estuvimos mal… pero sí. Estamos bien.

Asintió.

—Bien. Pero sabes que no deberías haberlo hecho, ¿no?

—¿Haber hecho qué?

—Llevártelo contigo.

—¿Y por qué coño no?

Suspiró, con cara de exasperación.

—Porque solo está causando más mierda con la banda, Elle.

—Yo no he causado ninguna mierda —dije—. Hice lo que hice. Si a los tíos se les retuercen las bragas por eso, es su puto problema.

Levantó las cejas, pero no dijo nada. Fue suficiente para hacerme sentir fatal.

Realmente fatal.

—No me des la brasa, Dylan. ¿Te doy yo alguna vez la brasa con adónde vas, o con quién vas, o lo que haces en tu tiempo libre?

—No.

—Pues eso. Cierra el pico. ¿Quieres otra cerveza?

—Sí.

Y más o menos siguió así el resto del día.

Lo sacaba, de vez en cuando, señalando que ahora teníamos que lidiar con las consecuencias de toda esta mierda, pero sin ofrecer ninguna sugerencia de cómo hacerlo. Al final le pregunté:

—¿Y qué quieres que haga ahora? No puedo volver atrás en el tiempo.

Y dijo:

—A lo mejor deberíamos hablar con Brody.

Esa era su respuesta para todo.

Hablemos con Brody.

Brody tendrá la solución.

Normalmente, la tenía. Pero en esto, no pensaba plegarme a Brody.

—Hagamos las putas audiciones que quedan —dije— y dejemos que se apague toda la mierda con Seth.

—Por mí vale —dijo. Pero al cabo de un momento añadió—: Aunque no creo que Jesse lo deje pasar.

—Jesse puede irse a la mierda —dije, y Dylan por fin se calló.

A estas alturas, estaba cabreada de verdad. Sabía que Dylan tenía buenas intenciones. Solo estaba preocupado. Intentando hacer su parte. Pensando que venir a hablar conmigo tomando cervezas antes de la siguiente ronda de audiciones ayudaría.

No ayudó.

Solo hizo que me pusiera más a la defensiva con lo que había hecho, y más a la defensiva con Seth. Este era Dylan; iba a ser el más suave conmigo, y ya estaba siendo difícil. Si él tenía tantos problemas con lo que yo había hecho, ¿qué cojones iban a decir Jesse? ¿Brody?

Pero no podía ponerme a defender a Seth delante de los tíos sin que saltasen todas las alarmas… y otra tormenta de mierda.

Para cuando Dylan se fue, sabía, por lo a la defensiva que me sentía con Seth, que tenía que verle otra vez. Había tanto pendiente allí, tanto sin decir.

Pasaron apenas segundos desde que Dylan se alejó a toda velocidad en su barco hasta que tuve a Joanie al teléfono.

—Voy a mandarte una dirección —le dije—. Necesito que envíes un coche allí, a recoger a Seth Brothers.