17 Elle
ELLE
Cuando el avión aterrizó, Flynn nos metió en un coche y me llevó a mi casa en Lions Bay, justo al norte de la ciudad. Pasamos por el piso de Joanie, en el centro de Vancouver, de camino y la dejamos allí.
En cuanto Flynn me dejó en casa, sola, abrí el portátil y encontré el correo de la supervisora de postproducción de la serie documental. Ya había enviado los copiones del día.
Me llevé el portátil a mi dormitorio, quitándome las sandalias por el camino. Me acurruqué en la cama a oscuras y pinché el enlace del correo. Me llevó a un sitio FTP, donde podía descargar el vídeo que quería.
Ni siquiera me había molestado en subir el resto de mis cosas; las maletas seguían en el recibidor, donde Flynn las había dejado. No me cambié de ropa, no comí nada, ni siquiera encendí una luz.
Más allá del primer día de rodaje de la serie, ni siquiera me había molestado en ver los copiones.
Pero ahora vi el material de la entrevista de Seth.
Estaba de pie a la sombra, con las gafas de sol subidas sobre la cabeza. Una palmera se mecía al fondo. Liv, fuera de cámara, le lanzaba preguntas, como había hecho conmigo, y no se dejó nada sin tocar.
Le preguntó a Seth por su adicción, por su difícil camino hacia la recuperación, por su sobredosis, por las dos veces que le habían echado de Dirty. Le preguntó por el concierto de reunión de este año y por su audición de la semana pasada.
Por suerte para Liv, Seth fue mucho más abierto en su entrevista de lo que yo había sido. Y respondió a cada pregunta de la misma manera en que me había respondido a mí cuando se las hice.
También le preguntó por cada miembro de Dirty.
Sobre Jesse, dijo: —Jesse es el mejor guitarrista con el que he tocado. Cualquiera puede ver por qué los fans le adoran. Lo tiene todo.
Sobre Dylan, dijo: —Dylan es un animal con la batería y la persona más sólida que encontrarás.
Y sobre Zane, dijo: —Dime una cosa que no te guste de Zane Traynor y yo te diré cinco que te encantarán.
A lo que Liv dijo: —Algunos dirían que es un mujeriego.
Y Seth respondió: —Sí. Bueno, también es jodidamente brillante.
Es afilado como una puta navaja, apasionado, comprometido al cien por cien, y nadie te hará reír más cuando tengas un día de mierda.
Y te voy a decir otra cosa que la gente no le reconoce.
Tiene visión, y persigue esa visión como un tornado.
—Eso son siete cosas —dijo Liv.
—Siete verdades. Zane tiene fama, ¿no? De ser un capullo chulito.
A lo mejor se la ha ganado. Pero no mucha gente conoce realmente a Zane.
Hay mucho más de lo que se ve a simple vista.
Si no fuera por Zane, Dirty no sería la banda que es hoy.
Puede que nunca hubieran despegado. Probablemente habrían acabado siendo otra banda más de garaje que se convirtió en otra banda más de bar tocando versiones sin parar para cincuenta personas cada noche.
Vaya.
Eso no le iba a encantar a Jesse. Tampoco estaba segura de que a mí me gustase.
Sin embargo, respetaba a Seth por decirlo. Fuera estrictamente verdad o no, era su opinión, claramente, y la mantenía.
—¿Y Elle? —preguntó Liv.
—Elle es la mejor bajista con la que he tocado en mi vida, con diferencia —fue su respuesta.
—¿En qué sentido?
—Bueno, muchos bajistas acaban tocando el bajo por descarte.
Empiezan como guitarristas, pero se pasan al bajo porque la banda necesita un bajista.
Y nunca aportan nada sensacional a su instrumento.
Simplemente ponen la línea de bajo, y si ni siquiera eres consciente de oírlos en la canción, más o menos han hecho su trabajo.
Pero luego hay esa raza más rara de músico que nació para tocar el bajo.
Elle es de esas. Simplemente lo siente, ¿sabes?
Aporta el funk a Dirty a lo grande. Si no fuera por ella, serían solo otro grupo de tíos blancos haciendo rock. Y quién necesita eso, ¿no?
Liv se rio de verdad al fondo.
—¿Puedo reproducirles eso?
Seth sonrió un poco y se encogió de hombros.
—Haz lo que tengas que hacer.
—Vale —dijo ella—. Ahora cuéntanos algo que no sepamos sobre Elle.
Seth se quedó callado. Miró a otro lado, quizá intentando pensar en algo. Quizá eligiendo sus palabras. Me fijé, sin embargo, en que no dudó tanto para resumir a los demás miembros de la banda.
Finalmente, dijo: —Elle tiene algo especial.
Es como las dos caras de una moneda. Calor y frío.
Fuerza y vulnerabilidad. Siempre ha estado ahí.
Te dan ganas de protegerla, y al mismo tiempo, de soltarla, de ver de qué es capaz.
Probablemente es la que tiene más potencial sin explotar de toda la banda.
Es la más versátil. Por eso su álbum en solitario fue un éxito.
Por eso es capaz de meter la mano en tantas cosas diferentes y encontrar el éxito, una y otra vez.
Pase lo que pase con Dirty, vais a ver mucho de Elle en los años que vienen.
Tiene fuerza para perdurar y la capacidad de crecer y evolucionar.
—¿Y eso del calor y el frío? —preguntó Liv—. He oído a gente decir eso de ella antes. ¿Puedes profundizar?
—Es lo que he dicho, son las dos caras de la misma moneda.
O puede que sea un arma de doble filo. Es eso que la hace difícil de conocer.
Eso que hace que los tíos la deseen y que las tías quieran ser como ella.
Es feroz, y es frágil. Es auténtica. La sientas en una entrevista y le haces un montón de preguntas prefabricadas, y no vas a conocer a la Elle de verdad.
Pero ponla en un escenario y la verás derramando todo lo que tiene a través de la música, sudando, derrumbándose en lágrimas, y esa es simplemente ella.
Ahí es donde la encontrarás, en esa intersección entre la persona real y la estrella del rock.
Pero ¿cómo tocas eso? Creo que asusta a algunas personas.
En eso se parece un poco a Zane, supongo.
Los dos son más grandes que la vida misma.
Son hiperreales. Si de verdad quieres conocerlos, tienes que ser valiente.
No creo que mucha gente sea tan valiente.
—¿Y los demás? —preguntó Liv—. ¿Los describirías así? «Más grandes que la vida misma.»
—No exactamente. Jesse es una estrella. Sin duda. Pero puedes llegar a conocerle. Siempre que consigas que se quede quieto el tiempo suficiente. Y a Dylan puedes llegar a conocerle, si consigues mantener su atención el tiempo suficiente.
—¿Y tú?
Seth negó con la cabeza, y en ese momento, sentí que la entrevista había terminado. Era la última pregunta que iba a contestar para Liv.
—¿Yo? —dijo—. Soy un tío normal al que le gusta tocar la guitarra. Eso es todo lo que tengo, Liv. Tengo un avión que coger.
El vídeo terminó.
Lo reproduje otra vez, de principio a fin. Y luego otra vez.
Escuché, atentamente, todo lo que Seth dijo sobre sí mismo, sobre la banda y sobre mí. Y con cada palabra que decía, con cada cosa nueva que aprendía sobre Seth, me gustaba más.
Me intrigaba. Y me preocupaba que me intrigase tanto.
Pero no me asustaba tanto como debería.
No sabía qué pensar. Qué hacer. No sabía qué era esto… Ese extraño fluir de sentimientos que empezaba a crecer en mí. Esa cosa que iba tomando forma.
Era más que mera atracción sexual, sin embargo.
¿Curiosidad?
¿Un encaprichamiento?
No sabía en qué me estaba metiendo. Pero el hecho era que le había seguido hasta aquí. Había volado a Vancouver por una sola razón: porque sabía que Seth estaba aquí.
Y aun así, no le llamé. No di el paso.
Todavía no sabía si lo haría.
Francamente, tenía miedo. Tenía miedo de mirar a los ojos de un hombre que parecía entenderme tan bien, y que tenía el valor de decirlo, delante del mundo entero… sin importarle cómo pudiera volverse en su contra.
Al día siguiente, a media tarde, mi batería se presentó en mi casa. En un barco.
Atracó en el embarcadero de mi vecina, lo cual supe porque me llamó toda alterada para contármelo. Después de desplegar sus encantos y conseguir su permiso para amarrar allí, subió a verme.
—Buen momento —le dije mientras le dejaba pasar—. Acabo de volver de una reunión con mi publicista.
—Guay. —Dylan me envolvió en un abrazo con sus largos y fuertes brazos de batería. Me acurruqué en el calor de su camiseta, su pecho sólido, y me sentí… un poco mejor. Como si las cosas fueran a salir bien.
Quizá.
Desde que éramos adolescentes y tocamos en nuestra primera banda juntos —justo antes de que Brody nos reclutara a los dos para unirnos a la banda de Zane y Jesse, y formamos Dirty—, Dylan había sido uno de mis mejores amigos. Estaba más unida a él que a nadie en la banda. Incluso que a Jesse.
Cuando me soltó, me repasó con la mirada y me sentí extrañamente expuesta, como si pudiera ver todo lo que había estado pensando estos últimos días. Como si se diera cuenta de que había estado deseando a Seth Brothers.
Entrecerró un poco los ojos.
—No pareces alguien que acaba de volver de Hawái.
—Para serte sincera, tampoco me siento como tal.
Me siguió por la casa mientras salíamos a la terraza trasera.
La parte de atrás daba al oeste, sobre las aguas de Howe Sound, con las jorobas gris azuladas de las islas Gambier y Bowen en la distancia, que era la principal razón por la que había comprado esta casa.
Nunca me cansaba de esas vistas. Contemplar el agua tenía un efecto calmante, reconstituyente, a la vez inspirador y terapéutico… igual que la música.
Dylan había traído cervezas y las había metido en la nevera, sacando dos botellas para nosotros.
Las abrió y me pasó una mientras nos dejábamos caer en un par de mis tumbonas.
Se había quitado la camiseta y las zapatillas por el camino, y ahora no llevaba más que sus pantalones cortos.
Eran unos vaqueros cortados; deshilachados, descoloridos, que le llegaban a medio muslo, salpicados de pintura y con restos de serrín.
Sonreí burlona.