Tan canalla como Seth 16 Elle
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16 Elle

ELLE

—¿Seguro que no quieres verlas? —me preguntó Joanie. Estaba con su portátil, al otro lado de la isla de la cocina de Woo, con la pantalla vuelta para que yo no la viera—. ¿Estás completamente segura? Te lo digo en serio… sales bien.

—Me fío de ti.

Estaba con resaca, aferrada a un vaso de agua y preparándome para sacar mi comida fuera. Solo llevaba levantada media hora. Sabía que las fotos de Seth y de mí del día anterior estarían por toda la red a estas alturas. Pero no me apetecía especialmente verlas.

Si las veía, solo me haría preguntarme qué pensaba todo el mundo al verlas… y no quería que me importase.

—Seth sale bien —añadió Joanie, mirándome de reojo.

Entrecerré los ojos; no me hacía gracia que se tomase esas confianzas conmigo.

Joanie llevaba trabajando para mí varios años.

Diría que éramos amigas. Conocía casi todos los detalles personales de mi vida, y confiaba en ella con esos detalles.

Pero eso no significaba que quisiera que metiese las narices en mis relaciones con los hombres.

Me devolvió una mirada descarada y volvió a su ordenador.

Suspiré.

—Vale. Gíralo.

Obediente, giró el portátil hacia mí. En la pantalla había una página web abierta con una foto de Seth y de mí en la playa. Y sí, salía bien.

También parecía mi hombre.

Estábamos cogidos de la mano, apenas, con los dedos rozándose… y ni siquiera nos estábamos mirando. Pero había algo ahí, en ese contacto. En nuestro lenguaje corporal. Algo visceral, casi tangible.

No me di cuenta en su momento. De que lo que había estado sintiendo, de pie allí con Seth, atravesaría la foto de aquella manera…

Química.

Conexión.

Y yo tenía esa especie de expresión descarada, de que le den al mundo. Porque eso era exactamente lo que estaba pensando cuando el fotógrafo sacó esa foto.

Que le den al mundo si quieren juzgarme por esto.

Alargué la mano, antes de saber siquiera lo que hacía, y cerré el portátil de golpe. Los ojos de Joanie se encontraron con los míos.

—¿Crees que hay alguna posibilidad de que internet… no sé… se esfume o algo así, antes de que todo el mundo vea eso?

—Creo que ya es demasiado tarde para eso —dijo.

Como si lo hubiera invocado, su móvil, que estaba en la isla entre nosotras, empezó a vibrar. Llevaba haciéndolo mucho. Incapaz de resistirse, Joanie lo cogió y salió disparada de la cocina para contestar la llamada donde yo no pudiera oírla.

Saqué mi comida al patio trasero, sola. Llevaba el móvil conmigo, pero tenía el timbre y la vibración desactivados. Las llamadas no habían parado en toda la mañana; Joanie me lo había dicho.

Seguía sin contestar ninguna.

Y me di cuenta, mientras comía: solo me importaba de verdad lo que una persona pensara de esas fotos. Pero aún no había visto a Seth.

Cuando le pregunté a Flynn si le había visto, me dijo que Seth había bajado a la playa temprano y no había vuelto. No sabía qué significaba eso, si es que significaba algo.

Cuando terminé de comer, reuní el valor y miré los mensajes. Había muchos, pero solo abrí uno.

Ash: ¿Qué cojones está pasando?

Vale; estaba cabreado.

¿Quizá tenía derecho a estarlo?

Quizá de alguna manera le había dejado creer que tenía ese derecho. Lo que significaba que tenía que aclarar las cosas. Decidí llamarle, y joder, esperaba que cogiera el teléfono; necesitaba quitarme esto de encima.

—Elle —dijo cuando contestó.

—Hola.

—¿Estás bien?

—Sí. —¿Por qué todo el mundo seguía preguntándome eso? Como si Seth me hubiera secuestrado y arrastrado al paraíso—. ¿Y tú?

—No demasiado. Acabo de ver fotos tuyas cogida de la mano con Seth en la puta playa, así que no, no estoy bien.

—¿Por qué? —le pregunté.

—Porque sí. Sabes perfectamente por qué. ¿Te lo estás follando ahora?

Respiré hondo, despacio.

—Ash, no es asunto tuyo.

—¿Desde cuándo?

—¿Desde cuándo crees que es asunto tuyo?

—No sé, Elle. A lo mejor desde que empezaste a follar conmigo.

—Como amigos. Lo dijiste tú mismo. «Amigos con derecho.» Me hiciste aceptar que no íbamos a joder nuestra amistad por follar.

—¿Y? Eso no significa que siete meses después, cuando soy el único tío con el que te has acostado, esté bien que te largues con otro sin siquiera decírmelo.

—No me he largado. Y no tengo que contarte nada, Ash.

—¿Así que ya está? ¿Simplemente me mandas a la mierda?

—No te estoy mandando a la mierda. Somos amigos. Es lo único que hemos sido.

—Eso es una puta mentira, Elle.

—No. Es la verdad. —Y por fin, lo dije—. No hay nada entre nosotros, Ash. Simplemente… déjalo estar.

Hubo un silencio horrible y aplastante al otro lado de la línea.

Luego colgó.

Fue entonces cuando lo sentí; alguien de pie justo detrás de mí.

Me giré y encontré a Seth sujetando dos tazas de café. Se acercó para dejar una en la mesa delante de mí.

—Gracias —conseguí decir, apartando el móvil.

Seth se quedó ahí de pie con cara de no saber qué hacer, quizá preguntándose si quería estar sola. Pero ahora mismo, lo último que quería era estar sola. Si estaba sola, lo único que oiría en mi cabeza sería esa conversación. Y ese silencio horrible.

El sonido de Ash colgándome.

—Puedes sentarte, si quieres.

Seth se sentó en la silla frente a mí. Aunque no parecía querer mirarme a los ojos, con la mirada clavada en su taza.

¿Cuánto de esa conversación había oído?

—Voy a irme a Vancouver —le dijo a su café—. Ya sabes… le debo esa visita a Ray.

No sabía qué decir; era más o menos lo último que esperaba oírle decir.

—Ah. ¿Vale?

—He reservado un vuelo. —Por fin, levantó la mirada hacia mí—. Hoy.

—¿Has reservado un vuelo? —repetí, atónita—. ¿Cuándo?

—Anoche.

—¿Anoche…? ¿Antes de ir a bailar?

Sus ojos se oscurecieron lentamente, quizá recordando cómo habíamos calentado la pista de baile. Negó un poco con la cabeza.

—En mitad de la noche.

—¿En mitad de la noche? —Joder. Eso salió… borde. Extrañamente agudo.

Estaba empezando a flipar. La comida se me había quedado hecha un pegote en el estómago.

—Me voy al aeropuerto en unos minutos. Ya sabes… debería volver… —Se fue apagando.

—Ah —dije, otra vez—. Vale… —No tenía ni idea de a qué tenía que volver, pero de repente me sentí extrañamente traicionada. Como si hubiera un montón de cosas sobre su vida que no sabía, pero quizá debería saber… y sin embargo, no tenía ningún derecho real a saberlas.

Me estaba cabreando, de hecho. Rabia; una reacción instintiva ante el hecho de que se fuera y yo no supiera qué cojones hacer al respecto.

No podía hacer nada al respecto. No me debía nada.

Pero no quería que se fuera. Todavía no.

—¿Tienes que irte? —pregunté, desesperada por encontrar alguna excusa para frenar su marcha—.

O sea, yo me quedo unos días más. Podríamos volver juntos.

—Había planeado quedarme todo lo que pudiera; quizá más de lo que había pensado inicialmente.

Había hablado con Woo ayer, y me había asegurado que podía quedarme todo el tiempo que quisiera—.

A Woo no le importa —le dije, aunque sabía que la verdadera razón por la que me sentía tan a gusto aquí tenía poco que ver con la hospitalidad de Woo.

Era todo por Seth.

—No es buena idea, Elle —dijo, con la voz un poco ronca, pero la mirada firme en la mía.

—¿Por qué? ¿Es por… es por las fotos?

—No es por las fotos.

—¿Alguien te ha dicho algo? —Mierda, ¿alguien le había llamado y le había amenazado o algo así? ¿Alguno de los tíos de la banda? ¿Brody? ¿Ash?

—Elle… no quiero causarte más problemas de los que ya te he causado.

—No estás causando problemas, Seth —insistí—. Son problemas que siempre estuvieron ahí.

—No los estoy mejorando.

—En realidad —me encontré diciendo—, sí. Ha sido genial tenerte aquí.

—Seguro que Ash lo vería de otra manera.

—Me da igual cómo lo vea Ash.

Seguíamos con las miradas trabadas. No conseguía descifrar la expresión de su cara, más allá del hecho de que algo me decía que en realidad no quería irse. Solo estaba intentando hacer lo correcto.

Y algo dentro de mí se retorció del revés.

—Quiero darte las gracias por lo que has hecho por mí —dijo, con una voz suave y baja—. Traerme aquí. Hablar conmigo. Tender esa rama de olivo.

—No tienes que darme las gracias, Seth.

Silencio.

Y sí, había algo en sus ojos. Algo que no decía. Algo que ardía de pura necesidad.

No era la misma necesidad que había visto en sus ojos antes, en la audición: la necesidad de redención, de aceptación.

Esto era otra cosa.

Y yo también lo sentía.

—Gracias —repitió.

Luego apartó la mirada. Se levantó, y le vi darse la vuelta y dirigirse hacia la casa. Ni siquiera se había bebido el café.

Y eso fue todo.

Seth se había ido.

A media tarde, la intensidad del sol me echó de la playa; hacía un calor de locos ese día. Subí por el sendero rocoso entre los árboles descalza, despacio, disfrutando del aire perfumado y fresco entre los árboles. O intentando disfrutarlo.

Llevaba un pareo de encaje ligero encima del biquini, y revoloteaba a mi alrededor con la brisa. Esta sensación; esto era lo que me traía a Hawái. Paz. Silencio. Y esa tranquilidad siempre presente en el aire, el olor del océano, los cielos azules impecables.

El paraíso.

Y sin embargo, con Seth fuera… ya no se sentía como debería. Simplemente no podía absorber nada de todo aquello.

Había pasado una hora en la playa, sola, y no podía relajarme. No podía dejar de preguntarme si había algo que debería haber hecho de otra manera, dicho de otra manera, para conseguir que se quedase.

Era una línea de pensamiento peligrosa. Demasiado parecida a las preguntas que me había hecho en los días y semanas, e incluso meses, después de que Jesse me dejara.

Había estado evitando el móvil desde la llamada con Ash, pero ahora, al llegar al final del sendero y salir de entre los árboles, me di cuenta de que quizá debería haber contestado.

Porque había un equipo de rodaje en el jardín de Woo.

Era Liv, de pie en el patio trasero con Joanie, y un cámara sentado cerca, trasteando con su cámara, montándola en un trípode.

—Joder. —Me paré en seco—. ¿En serio?

Flynn, que había estado siguiéndome en silencio, pasó delante de mí.

—Me deshago de ellos.