15 Elle #2
Y luego… estaba Jesse Mayes. El malote estrella del rock que, por alguna razón, se había convertido en una fantasía de la que no podía librarme. Hacia el final de mi relación con John, la idea de que Jesse y yo estuviéramos juntos se había asentado, y no pude dejarla ir hasta que lo hice mío.
Y vaya si lo hice mío.
Fui a por él con la fuerza de un pequeño huracán.
Luego, como era de esperar —o al menos, era de esperar para todos menos para mí—, Jesse me rompió el corazón, como hacen los malotes.
Después de eso, pasé un año en un limbo sentimental, con miedo de abrirme a nadie, de dejar que nadie se acercase lo suficiente como para invitarme a una cita, y mucho menos tocarme…
Y entonces, en la boda de Jesse, acabé follándome al malote más malote que conocía.
El hombre que posiblemente superaba a Zane como putón del año, lo cual ya era decir mucho.
Ashley Player no era en absoluto el hombre para mí, y aun así había cruzado esa línea follándomelo.
Y ahora, estaba pensando en hacerlo otra vez… con Seth.
No. No era verdad. No estaba pensando en hacerlo.
Estaba deseando hacerlo.
Ya había roto mi promesa conmigo misma con Ash, sí.
No solo había renunciado a las estrellas del rock, sino que muy específicamente había renunciado a cualquiera como Jesse Mayes.
Guapo. Famoso. Alto, moreno y egocéntrico.
Esa era la receta para que te rompieran el corazón.
Concretamente, había que evitar a los guitarristas a toda costa.
Más concretamente, si tocaba la guitarra y cantaba —doble amenaza—, tenía que dar media vuelta y salir corriendo.
Ash cumplía todos y cada uno de esos criterios, pero Ash era solo para pasarlo bien en la cama. Así lo justificaba, para que de alguna manera estuviera bien que hubiera roto mi promesa conmigo misma.
Y ahora… Seth.
Seth cumplía todos y cada uno de esos criterios también.
Pero no lo vi venir.
Era guapo, sí. Atractivo; me atrevería a decir que Seth era un hombre hermoso.
Sexy, desde luego. Famoso, también, a su manera.
Era alto, y ahora, con su melena aclarada por el sol cortada, hasta era tirando a moreno.
Pero Seth no tenía el ego inflado de mis dos últimos amantes.
Tenía ego cuando se trataba de su talento, desde luego; un ego justificable.
Tenía confianza y carisma. Tenía una seguridad en sí mismo, una solidez.
Había algo increíblemente atractivo en ese ego, y no de la misma forma que el de Jesse.
Jesse era deslumbrante y demoledor. Una mujer podía sentirlo desde el otro lado de la sala: Jesse Mayes era un rompecorazones.
Y Ash… Ash era exactamente lo que su nombre te decía. Ashley Player era un player.
Seth… no sabría decirlo.
Seth seguía siendo un misterio.
Sin embargo, no podía ni fingir ante mí misma que, en algún momento del camino, tirarme a estrellas del rock buenísimas no se había convertido en un punto débil para mí. Como una adicción asquerosa de la que no podía librarme ni negar; sabía que era malo para mí. Peligroso. Que solo me haría daño.
Y sin embargo… era como si de repente entendiera por qué todas las fans se volvían locas.
Quizá porque nunca había tenido sexo como el que tuve con Jesse.
Tan jodidamente increíble. Estaba tan pillada por él.
Por desgracia para mí, él no sentía exactamente lo mismo.
Y la otra cara de estar total y absolutamente colgada de alguien era la devastación que sentí cuando me rechazó, un dolor como nada que hubiera conocido jamás.
Nunca me habían roto el corazón. Ni de lejos.
Y aun así, aquí estaba, deseándolo otra vez; ese subidón de desear a alguien con tanta intensidad.
Si tan solo pudiera tenerlo sin el bajón aplastante de la ruptura al final.
Me pregunté… ¿Era esto algo parecido a lo que Seth experimentaba cuando sentía la urgencia de colocarse, aunque supiera cuáles serían las consecuencias, la otra cara de la moneda?
Incluso mientras la devastación de la ruptura me había lanzado por una montaña rusa de caos emocional, había conseguido resistir la tentación: hubo días en los que quería meter a Jesse en mi cama de alguna manera, una última vez, para follarme toda mi rabia y mi dolor, como si eso fuera a arreglar algo.
Hubo días en los que lo único que quería era agarrar a la estrella del rock más buena que tuviera cerca, diera igual quién fuera, y follármelo.
Hubo días en los que creí que nadie que mereciera la pena me querría jamás.
Que nunca sentiría por nadie lo que sentía por él.
Me sentí usada, dañada y rota. Descartada.
Y luego estaba Ash.
Con Ash, el sexo era abrasador, pero vacío. Un parche rápido, sin significado. No quería poseer su corazón como había querido el de Jesse.
Y en eso había un tipo diferente de sufrimiento. Me estaba dando cuenta de eso ahora.
Hubo días, después de acostarme con Ash, en los que me sentía como una mierda. Como si solo me estuviera haciendo daño a mí misma.
Y aun así… seguía haciéndolo.
Y ahora estaba aquí… y no tenía ni idea de lo que sería si cruzaba esa línea con Seth. Hasta dónde podría caer por él, o no. Cuánto daño podría hacerme él, o yo a él.
Lo único que sabía con certeza: si Seth y yo nos acostábamos, los dos íbamos a sufrir.
Él, porque solo complicaría las cosas entre él y el resto de la banda.
Yo, porque mi corazón no se había curado del todo. Había superado a Jesse, pero todavía no estaba entera. Había dejado atrás la ruptura, pero aún no había averiguado cómo recomponerme después de haberme hecho añicos.
La realidad era que no tenía experiencia en cómo hacer esto, y aparentemente la curva de aprendizaje era jodidamente empinada.
Todavía no sabía cuándo ni cómo saldría al otro lado de todo esto sintiéndome entera, estable y simplemente normal otra vez.
Por fin había dejado ir el pasado, pero cuando pensaba en involucrarme emocionalmente con alguien otra vez, todavía me sentía rota.
No estaba segura de estar preparada para volver a enamorarme.
Y, en pocas palabras, no podía predecir cómo reaccionaría mi corazón al tener a Seth Brothers, desnudo, en mi cama.
Si nos acostábamos y —en el mejor de los casos— el sexo era increíble… aunque me sintiera de maravilla justo después… no sabía qué pasaría a continuación.
Podría convertirme en una reina de hielo. Bloquearme. Volverme fría y distante.
Ya les había hecho eso a otros hombres.
También podría enamorarme perdidamente.
Eso también me había pasado.
De verdad que no tenía ni idea. Y daba miedo lo fuera de control que me hacía sentir todo esto.
Más miedo todavía que no me estuviera quitando las ganas inmediatamente. Que no me hiciera salir corriendo.
Que por alguna razón, solo hiciera que quisiera meterme aún más en esa madriguera, a ver adónde llevaba.