Tan canalla como Seth 15 Elle
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15 Elle

ELLE

En mitad de la noche, Summer llamó. En realidad, donde ella estaba, en Vancouver, era casi de mañana, pero Summer era una criatura nocturna. Podía oír música y voces —muchas— de fondo.

Por suerte para ella, yo estaba completamente despierta. No había podido dormir. Llevaba un rato tumbada en la cama, con la cabeza palpitándome con el recuerdo de la música hawaiana y el cuerpo de Seth restregándose contra el mío.

—¿Estás bien? —fue lo primero que me dijo.

Aunque dudaba que pudiera oírme cuando respondí:

—¿Dónde coño estás?

El ruido se apagó cuando se encerró en alguna habitación donde podía oírme.

—¿Has roto con Ash?

Suspiré, pero dudaba que eso lo hubiera oído tampoco.

—En realidad nunca estuvimos juntos, Summer. ¿Estás de fiesta?

—Ya lo sé. Pero a juzgar por el reguero de botellas vacías que está dejando en mi alfombra, él obviamente pensaba que sí. Solo quería asegurarme de que estás bien. Y sí, estoy de fiesta. Ya sabes. Es domingo.

Típico. Es miércoles. Es lunes. Es mi cumpletrimestre. Summer nunca necesitaba un motivo real para celebrar.

—Entonces, ¿estás bien o qué? —insistió—. No creas que no me he dado cuenta de que no has contestado a eso.

—No —le dije—. No estoy bien. Y que todo el mundo me pregunte si estoy bien solo hace que me sienta peor.

—Lo sé. Sé que odias que todo el mundo se preocupe por ti. Pero joder, tía… ¿Qué está pasando con Seth?

—Nada.

—¿Te lo estás follando? —Típico de Summer ir directa al grano—. Es lo que todos quieren saber. Yo simplemente tengo los cojones de preguntarlo.

—No estoy hablando con todos —dije—. Estoy hablando contigo.

—Ya lo sé, cielo. Es una forma de hablar. ¿Le has visto la polla ya?

—¿Eso también es una forma de hablar? —pregunté con sequedad.

—No. Es una pregunta.

—No me lo estoy follando.

—Pues igual deberías. Todo el mundo va a pensarlo de todas formas. Está por toda la puta red. Podrías al menos pasártelo bien.

—Si su polla está en la casita de invitados y mi coño está aquí —dije—, no veo cómo va a pasar eso.

—Venga ya. No te va a echar de su cama, Elle.

—¿Y tú qué sabes?

—Porque he visto las fotos de vosotros dos en la playa.

—Ah.

—Sí. —Se rio—. Además, ya sabes. ¿Estás buenísima?

—¿Por qué te empeñas tanto en que eche un polvo?

—Porque siempre me empeño en que eches un polvo.

Eso era verdad. Casi la mató que tardase casi un año después de Jesse en tirarme a alguien.

—Mira —dijo—. Si has acabado con Ash, por favor no tardes otro puto año en buscarte el siguiente lío. Mejor aún, búscate varios. Deberías tener un puto escuadrón de pollas a tu disposición. Eres una estrella del rock, por el amor de Dios. Ya es hora de empezar a actuar como tal.

Claro; Summer llevaba insistiéndome en que «me lo montase como una estrella del rock» desde que la conocí.

—Siento decepcionarte —dije, igual que había dicho muchas, muchas veces—. Soy de las de una polla a la vez.

—Pues búscate una y hazla tuya. Y por cierto, no quiero pasarme el próximo año de mi vida oyéndote hablar de aquella vez que pudiste tirarte a Seth Brothers en Hawái y no lo hiciste y ahora te arrepientes.

—No lo harás.

—Cielo. Soy yo. Sé lo mucho que te obsesionas con estas cosas.

—No me obsesiono.

—Cielo.

Joder. Me conocía demasiado bien.

La verdad es que llevaba ahí tumbada obsesionándome cuando llamó.

—No me obsesioné con Ash —dije en mi defensa.

—Eso es verdad. Y por eso supe que no ibas a quedártelo mucho tiempo.

—¿En serio?

—Pues claro.

—Uf. Lo siento…

Me di la vuelta y la habitación se meció a mi alrededor como un barco. Gemí. Definitivamente me había pasado con aquellos cócteles afrutados; iba a pagarlo por la mañana. Odiaba las resacas. No podía ni recordar la última que había tenido.

Bueno, en realidad… sí podía. Fue la mañana después de que Jesse rompiera conmigo. La peor resaca de la historia. Nada te hace sentir como si alguien te hubiera tirado el corazón por el váter como tener la cabeza metida en uno durante un día entero.

—Deberíamos tener esta conversación en persona —le dije—. Sé que te importa Ash…

—Y a ti también. Eso no significa que ninguna de las dos deba sentirse culpable por no estar enamorada de él.

Suspiré otra vez. Aliviada de que me entendiera tan bien, y de que no estuviera molesta por nada de esto.

—Creo que ahora mismo estoy enamorada de ti.

—Coge un avión —dijo—. Te haré pasar un buen rato.

Me reí, pero me salió como un hipo.

—Voy a intentar dormir, ¿vale? O intentarlo. No he dormido mucho. Con lo de Ash, y lo de la banda…

—¿Estás segura? El primer miembro de tu escuadrón de pollas podría estar esperándote…

—Estoy bastante segura de que está durmiendo. Son como las tres de la mañana.

—Mejor todavía. Te cuelas y te vas como un sueño húmedo. Ni se enterará de que has estado allí.

—Eso es… perturbador.

—¿Está Flynn ahí? ¿Qué hay de Flynn?

—Voy a colgar.

—Vale. Pero voy a montar una fiesta cuando vuelvas. La llenaré de tíos buenos y disponibles para ti.

Y lo haría. Summer era la reina de las fiestas con tíos buenos. Iba de la mano con ser una DJ increíble; esa chica nunca había tenido problemas para reunir su propio escuadrón de pollas.

—Buenas noches, fiestera.

Después de colgar, el móvil me sonó con un mensaje de texto.

Era de Summer; una foto en blanco y negro de Seth que obviamente había sacado de internet.

Era de sus últimos días con Dirty; salía con pinta de atormentado y guay, entrando en un bar mientras la gente le manoseaba.

Y ahí estaba yo, al fondo, bajándome de una limusina.

Después me mandó un emoji: una cara de gato sonriente con corazones en los ojos, nuestro código personal para coño mojado.

Gemí otra vez y guardé el móvil.

Seguía sin poder dormir. El ventilador de techo giraba perezosamente sobre mí y yo me quedé mirándolo, incapaz de apagar mi cerebro.

Me estaba obsesionando, sí.

No exactamente con lo que Summer había dicho.

Era conocida por animarme a acostarme con prácticamente todos los hombres medianamente atractivos que se cruzaban en mi camino desde el día en que la conocí, hacía ya más de cinco años.

Incluidos aquellos con los que no iba a acostarme jamás de los jamases, como Zane, Dylan, Brody y Jude, hombres que eran mucho más familia para mí que potenciales compañeros de cama, por muy atractivos que fueran.

Lo que me tenía así era que, por una vez, realmente deseaba al hombre en cuestión.

Desesperadamente.

Y eso era una mala idea. Un poco como Ash había sido una mala idea… aunque por razones diferentes.

Esto, de hecho, era una idea peor.

Mucho, mucho peor.

Entonces, ¿por qué eso no me frenaba?

¿Por qué me estaba levantando de la cama, poniéndome una camiseta y unas bragas y bajando las escaleras de puntillas, lo más silenciosamente posible, como una adolescente escapándose para tirarse a su novio universitario buenorro? Ni siquiera había nadie en la casa.

Todavía no sabía lo que estaba haciendo, aparte de caminar por el filo de la navaja… o tambalearme hacia el otro lado, medio borracha y cachonda. Iba a plantarme en el salón y mirar por la ventana hacia la casita donde Seth dormía como una puta acosadora patética, y luego iba a decidir qué hacer.

Y eso fue lo que hice.

Me quedé ahí de pie en la oscuridad, mirando los farolillos que colgaban en su patio, encendidos en la noche. Me imaginé dándome la vuelta, subiendo las escaleras, metiéndome en la cama y durmiendo. Despertando mañana sin que nada hubiera cambiado.

En vez de eso, me dejé llevar hacia fuera.

Atravesé la pared inexistente, donde el salón se abría al patio, y bajé por el caminito de piedra que conectaba la casa grande con las casitas de invitados.

Rezando durante todo el camino por no tropezarme con Flynn en su ronda nocturna.

Probablemente pensaría que era algún paparazzo intruso y me abriría la cabeza con el cañón de su pistola.

Me quedé de pie bajo el resplandor de los farolillos en el patio de Seth y miré a mi alrededor.

Las puertas de la casita de Flynn y la de Joanie estaban cerradas, pero eran solo mosquiteras.

No se oía nada más que el viento entre los árboles, el rugido lejano del océano.

Al menos aquí estaba iluminada, mi pelo platino delatándome bajo la luz de los farolillos; imposible que Flynn me disparase por accidente.

Aunque tendría que explicar qué hacía aquí, acosando a Seth.

No; que le den. No tenía que explicarle una mierda a Flynn. Trabajaba para mí, ¿no?

Entonces, ¿por qué estaba tan jodidamente nerviosa por que me pillaran?

Porque esto está mal.

Porque no deberías estar haciendo esto.

Porque liarte con Seth sería egoísta y estúpido.

Mientras me decía todo esto, probé la puerta. Era una mosquitera corredera con una cortina vaporosa ondeando por dentro. No estaba cerrada con llave, pero no la abrí.

En lugar de eso, dudé.

Me imaginé lo que pasaría si entraba.

Seth, por supuesto, estaba dormido; era plena noche.

Tumbado en la cama, quizá desnudo, quizá envuelto en una sábana.

Cuando me acercaba, se despertaba. Me veía.

Quizá decía mi nombre, con un signo de interrogación al final.

Me observaba mientras me quitaba la camiseta.

Luego me metía en la cama con él en bragas.

Y no, no me echaba.

Respiré hondo. El corazón me latía desbocado.

Joder, ¿me pasaba algo?

Me di la vuelta y salí pitando hacia la casa, subí las escaleras corriendo, me encerré en mi dormitorio y me dejé caer en la cama.

Me había prometido a mí misma, después de Jesse, que no iba a hacer esto.

Me había jurado, una y otra vez: No más estrellas del rock.

Antes de Jesse, había tenido varios novios, hombres que no tenían nada que ver con la industria musical. Hombres inteligentes, con clase, estables. Hombres que tenían dinero y vida propia, pero que me trataban bien. Como a una reina, de hecho.

Estaba Ritchie, el restaurador.

Estaba Martin, el consultor tecnológico.

Estaba John, el inversor y filántropo, que me había pedido matrimonio. Le dije que no.