Tan canalla como Seth 11 Elle #3
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11 Elle #3

Tragué saliva, intentando aflojar el nudo en la garganta. Me abracé las rodillas con más fuerza, aunque no hacía frío. —He pasado a ver a Ray alguna que otra vez a lo largo de los años —ofrecí, buscando cambiar un poco de tema.

—Lo sé —dijo—. Me lo ha contado. Pero nunca me devolviste las llamadas. Te habría dado las gracias por ir a verle. Me acuerdo de que hacías eso entonces también. Incluso cuando yo no podía.

—Siempre me cayó bien Ray.

—Tú a él también.

Sabía que era verdad. Y quizá parte de la razón por la que había sentido que era importante ir a ver al padre de acogida de Seth siempre que podía era porque a Seth le habría gustado. Siempre supe que, si Seth no hubiese estado tan hecho polvo, él mismo iría a ver a Ray más a menudo.

—Siento no haberte cogido nunca las llamadas, Seth. Supongo que… simplemente no estaba preparada —le dije con sinceridad— para pasar página con el daño que nos habías hecho. Todavía me dolía demasiado, incluso años después.

—Nunca quise haceros daño.

—Lo sé —dije—. Pero nos lo hiciste.

Se quedó en silencio un momento. Luego: —Seguro que con Brody no hubo mucha pena.

—No digas eso. Brody siempre te tuvo aprecio. Es solo que… ya sabes cómo es con Jessa.

No dijo nada, simplemente asintió y miró hacia el océano.

—De todas formas, no estoy hablando de Brody. Ni de Jessa. Estoy hablando de la banda. —Pero las palabras no sonaron del todo bien, y maticé—: No, en realidad no. Estoy hablando de Zane y de mí. Perderte fue… brutal… para los dos.

Nuestras miradas se cruzaron otra vez, y en esa mirada pude ver los remordimientos de Seth. Cuánto había sufrido por habernos hecho daño. Sabía en el fondo de mi corazón que nunca quiso hacer eso.

Su drogadicción nunca fue por nosotros. La sobredosis nunca fue por nosotros.

Él ya iba por ese camino mucho antes de conocernos.

Y Zane acabó yendo por un camino bastante parecido antes de ponerse sobrio. Teníamos mucho que madurar, personalmente y como banda. Éramos unos críos cuando empezamos.

Habíamos recorrido un largo camino todos.

Ya podía ver lo lejos que había llegado Seth. No solo desenganchándose, sino encontrando una especie de paz interior que antes no estaba ahí. Lo sentía, solo con estar sentada allí a su lado.

Y decidí confiar en esa sensación. Bajar la guardia un poco más.

—¿Quieres que toquemos juntos? ¿Solo una vez? —Me encogí de hombros, intentando sonar casual, cuando en realidad me moría por tocar—. Ya sabes… por los viejos tiempos.

Seth señaló con la barbilla el despliegue de guitarras que teníamos delante. —Coge una guitarra —dijo, con un destello de desafío en los ojos, y supe que él también se moría por tocar.

Acepté el desafío y cogí la acústica más cercana, poniéndomela en el regazo.

Él seleccionó una y empezó directamente con una canción… Angel de Jimi Hendrix. Quizá porque sabía que me encantaba Jimi.

¿Quizá por lo que dijo aquel viejo sin techo?

A veces los ángeles vienen a llamar. Sería un necio el hombre que los dejase pasar…

Le seguí lo mejor que pude. Conocía la canción, pero no era exactamente una guitarrista del nivel de Seth Brothers, y mucho menos del nivel de Jimi Hendrix.

Yo era bajista, pero me defendía con una guitarra de seis cuerdas.

Seth cantaba tan bien como yo, probablemente mejor, y me descubrí conteniéndome para poder escuchar su voz…

dándome cuenta, al hacerlo, de cuánto la había echado de menos.

Escucharle cantar.

Escucharle tocar.

Simplemente observarle, sentirle hacer música.

Más allá de eso… siempre había habido una química innegable entre los miembros de Dirty cuando tocábamos juntos.

Por eso sabía que, por mucho que otros proyectos me llamasen, nunca, jamás podría dejar la banda.

No solo porque quería a los chicos personalmente, sino por esa química que teníamos, musicalmente.

Habría llegado a decir que iba más allá de la química, a algo que a Zane le gustaba llamar puta magia.

Mientras Seth y yo tocábamos junto al fuego, bajo las estrellas, esa magia seguía ahí, viva y crepitando entre nosotros dos. Una canción simplemente fluía hacia otra, y otra…

Y me lo pasé tan jodidamente bien.

Tocamos It's Only Rock 'n Roll (But I Like It) de los Rolling Stones.

Tocamos Bad Side of the Moon de April Wine.

Tocamos el himno de alta energía de Journey, Any Way You Want It, que Seth cantó entero porque, de los dos, solo él podía acercarse remotamente a la voz de Steve Perry. Yo me uní en el estribillo, y para cuando terminamos, los dos estábamos sonriendo, y enseguida nos estábamos riendo.

Tocamos Stuck in the Middle with You de Stealers Wheel, ese tema clásico y genial que Seth y yo solíamos tocar juntos después de los conciertos, a altas horas de la madrugada, en medio de cualquier fiesta loca en la que estuviésemos, mientras los dos evitábamos el circo de Zane y Jesse.

Tocamos We're Here for a Good Time (Not a Long Time) de Trooper, como si de verdad fuese la última vez que tocaríamos juntos. Como si aquello fuera una especie de despedida.

El concierto de despedida.

Pero, mientras tanto, sentía algo más prendiendo fuego entre nosotros, innegable…

Las chispas de un nuevo comienzo.