Tan canalla como Seth 12 Seth
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12 Seth

SETH

Encontré una roca alargada en la playa tranquila, con forma de banco, y planté el culo en ella. Era una playa pequeña y pálida, en una bahía rocosa. Había una pareja tumbada sobre una manta cerca del otro extremo, disfrutando del amanecer, pero por lo demás la arena estaba desierta.

Di un sorbo al café, distraído, mirando las olas. Viéndolas romper unas sobre otras en un ritmo infinito.

Pero en mi cabeza, no veía el océano.

Veía a Elle en su biquini diminuto.

Apenas había dormido desde que llegué. Conseguí dormir algo anoche, pero tuve sueños inquietantes. Sueños sobre Elle. Sueños de pánico en los que la había perdido. Estaba ahí, en alguna parte, pero no podía encontrarla. Ya no quería hablarme.

Incluso con los ojos abiertos, tenía a Elle en la cabeza; recuerdos de ella, estrellándose contra mi mente.

Recuerdos que se liberaban de un lugar que había cerrado con llave e ignorado durante demasiado tiempo.

Recuerdos que pasar tiempo con ella y tocar juntos anoche habían traído de vuelta como una avalancha.

Pero no parecían el tipo de recuerdos que mi mente consciente había perdido temporalmente de vista porque estaba colocado: dañados, borrosos e inquietantes.

Estos eran puros, luminosos y extrañamente dolorosos…

más bien el tipo de recuerdos que habían sido reprimidos conscientemente por algún instinto innato de autoprotección.

Recuerdos en los que observaba a una Elle joven y efervescente brillar y resplandecer, desde lejos.

Incluso cuando estaba justo a su lado, me mantenía a distancia en esos recuerdos. Era como ver una película que sabía que ya había visto, y sabía que me gustaba, mucho, aunque no podía recordar ni una sola escena hasta que la veía otra vez, y entonces todo volvía de golpe.

Lo jodidamente preciosa que era.

Cuánto solía sonreír cuando estaba cerca de ella.

Cómo cualquier lugar —cualquier lugar— se iluminaba cuando ella entraba. Cómo el escenario ardía cuando ella estaba en él, haciendo música, justo a mi lado.

Y cómo me había dicho a mí mismo —me había entrenado— que nunca podría acercarme a nada de eso.

Ni siquiera solía mirarla fijamente; estaba bastante seguro de eso. Quedarse mirándola habría sido mala idea para todos. Lo sabía.

Pero solía pensar en ella. Mucho.

Como estaba haciendo ahora. Como había hecho cada minuto que pasé despierto anoche.

Desde luego me había olvidado, de algún modo, de lo potente que era estar cerca de ella.

Lo potente que era ella. Sexy… toda fuerza y vulnerabilidad.

Ese juego de fuego y hielo que siempre me había intrigado, secretamente desconcertado, y que me había hecho preguntarme cosas sobre ella…

Cómo podía arder como mil soles en el escenario, y luego actuar tan jodidamente fría fuera de él.

Y cómo siempre me habían atraído esas dos caras contradictorias suyas, a partes iguales.

Casi había olvidado, incluso, cómo me había permitido fantasear con ella… con tocarla, solo una vez, para sentir ese fuego encenderse entre nosotros.

Cómo me la había imaginado quitándose la ropa para mí, despacio, desnudándose ante mí, bajando la guardia.

Dejándose ser vulnerable, conmigo.

Eligiéndome.

Esa fantasía me había puesto tan jodidamente duro la primera vez que la pensé de verdad, de repente, una noche tarde en el autobús de gira… que me había acojonado de verdad.

Me asustó… pero no me detuvo.

Me pajé en mi litera pensando en ella aquella noche, y durante mucho tiempo después, pajearme pensando en Elle se convirtió en un hábito.

Eso fue justo después de que Dirty saliese de gira con nuestro álbum debut, y como tantos de mis hábitos de aquella época, era profundamente peligroso y autodestructivo.

Incluso me había follado a otras tías, entonces, pensando en ella. Rubias. Tías que, si estaba lo bastante colocado, me recordaban a Elle.

Me había convencido de que lo que hacía era lo mejor. De que era necesario, incluso. Así no llevaba esa lujuria mal encaminada a mi vida con la banda; con Elle. Me la quitaba de encima follando y nadie tenía por qué saberlo.

Un hombre tenía derecho a sus fantasías, ¿no? No significaba nada.

Y sin embargo, sí significaba.

Ahora lo veía.

Veía lo ciego que había estado.

No era que me hubiese olvidado por completo de aquel enamoramiento en particular… pero me las había arreglado para convencerme de que era solo otra cosa jodida que había hecho en una época jodida de mi vida, y lo había barrido debajo de la alfombra de la drogadicción.

Más o menos había fingido que no pasó.

Pero pasó.

Y nunca lo había examinado de verdad.

Probablemente era lo único de aquella época de lo que no había hablado a fondo con mi padrino. En mi camino hacia la sobriedad y una vida libre de sustancias, había hablado con él de todo. Había hablado con él de Jessa.

Pero no de Elle.

En su lugar, me las había arreglado para quitarle importancia a mi atracción por ella en mi propia cabeza. Para convencerme de que nunca importó.

Y sin embargo, de algún modo… de verdad importaba.

Y ahora la había visto casi desnuda… y no podía quitármelo de la cabeza.

Ese biquini que llevaba… Era de un punto muy abierto, y a través de los agujeros…

sí, la había visto. Prácticamente entera.

Y parecía estar cambiándolo todo. Moviendo la tierra bajo mis pies en alguna especie de terremoto, desestabilizando y recolocando mi relación con ella de modo que todo se sentía extrañamente desajustado.

Sabía que no era solo que la hubiese visto así.

Era que ella me había dejado verla así.

Quizá no esperaba que yo apareciese paseando mientras estaba en el patio, pero cuando lo hice, no salió corriendo ni gritando, ni siquiera se tapó.

Se la veía acalorada, un poco avergonzada, quizá, pero no de mala manera.

Más bien de una manera cohibida, como cuando sabes que alguien te está mirando, pero quieres que te mire.

Y entonces me repasó con la mirada. Despacio. O al menos, a mí me pareció despacio. Quizá porque era algo que yo había deseado hacía tanto tiempo, pero creía que nunca pasaría, y ahora que estaba pasando, solo había sido capaz de procesarlo así.

Jodidamente despacio…

Sentado aquí en la playa, sin camiseta, con la brisa cálida lamiéndome el cuerpo…

podía prácticamente sentir sus ojos moviéndose sobre mi piel desnuda, otra vez.

Se me endurecieron los pezones. La polla se me estaba poniendo dura, igual que había empezado a pasar antes de que me alejase…

Peor ahora, porque Elle no estaba aquí para verlo, así que no intenté combatirlo, ni negarlo.

Los huevos se me pusieron pesados y la polla se me hinchó mientras pensaba en ella…

su cuerpo largo, delgado y bronceado estirado en esa tumbona debajo de mí.

Su coño, rosa a través de los agujeritos…

Joder. La forma en que me miraba… sorprendida —pero no decepcionada— de verme. Y algo más… ¿quizá?

Mierda.

¿Estaba tan jodido de la cabeza? ¿Tan jodido que ni siquiera podía distinguir cuándo una mujer me estaba mandando señales, y qué tipo de señales eran?

Por mucho que hubiese intentado negarlo, desde que Brody me acusó de violar a Jessa… tenía que preguntármelo.

Prácticamente me había apartado de cualquier relación desde entonces.

En todo lo que iba de año, no había tocado a una mujer.

Incluso cuando me quedé en casa de Lauren en L.A.

… y sus señales no eran tan difíciles de leer.

La conocía desde hacía mucho tiempo y, además, era bastante explícita con sus deseos.

Me pidió directamente que me acostase con ella, pero no lo hice.

Cuando me preguntó qué cojones me pasaba, se lo conté; Lauren era la única con quien había hablado del tema, hasta Elle.

¿Y la respuesta de Lauren? Se había reído.

Luego se dio cuenta de que hablaba en serio.

¿Cómo puede alguien que te conoce pensar eso de ti ni un segundo?, preguntó, genuinamente perpleja con todo el asunto.

A veces, yo me sentía perplejo también.

O sea, eres como el hombre más respetuoso que he conocido en mi vida, Seth, había dicho Lauren. No me puedo imaginar que le hagas daño a una chica ni para salvarte la vida.

Yo tampoco podía.

Pero díselo a Brody.

—¿Te importa si me siento?

Levanté la vista ante la voz suave, sintiendo un hormigueo cálido recorrerme la espalda cuando me di cuenta de que Elle estaba ahí. De pie en la playa, justo detrás de mí.

Me erguí, sintiéndome culpable por haber estado pensando con la polla como había estado haciendo. Me había perdido por completo pensando en ella. Pero la miré ahora; entera. Mis ojos parecían incapaces de resistirse a bebérsela, cualquier oportunidad que tuviese.

Podía ser mi única oportunidad.

En cualquier momento, ella desaparecería de mi vida otra vez, y quizá nunca tendría otra oportunidad de mirarla.

Llevaba un vestido largo, suelto, estampado de flores, que le revoloteaba alrededor con la brisa.

Tenía los brazos rodeándole la cintura, el pelo en una trenza larga y suelta sobre un hombro.

Pequeños mechones se le agitaban alrededor de la cara.

Parecía etérea y de otro mundo, como una sirena arrastrada a la orilla.

Más que preciosa.

Me moví en mi banco de roca para dejarle sitio. Me dio la oportunidad de ajustarme y disimular mi polla tiesa; por suerte llevaba pantalones anchos.

Tragué con dificultad mientras se acercaba, sus pasos silenciosos sobre la arena blanda.

El corazón me iba bastante rápido y tomé una respiración larga y superficial para intentar calmarlo.

Se sentó a mi lado, y pude olerla. Cálida y a coco, dulce y vagamente especiada.

Su vestido me rozó la pierna. Los mechones de su pelo me hicieron cosquillas en el hombro.

—Estás diferente —dijo. No me estaba mirando a mí, sino al agua—. Me ha costado un rato darme cuenta de qué era, pero cuando te vi sin camiseta ayer… Has perdido peso desde la última vez que te vi. —Entonces su mirada bajó por mi pecho desnudo.