Tan canalla como Seth 11 Elle #2
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11 Elle #2

Sí. Incluso mientras sentía el golpe de sus palabras, eso ya lo sabía.

Porque así es como me habría sentido yo en su lugar.

—Tuvo que ser aterrador —me aventuré, porque así es como yo también me habría sentido—. Quiero decir… nos tenías a nosotros. Tenías representante, abogados y contables, seguridad, un equipo técnico, y entonces…

—Y entonces, de la noche a la mañana —terminó por mí—, no tenía nada. Nadie quería hablar conmigo.

Esa parte ni siquiera podía imaginarla. No quería.

Todavía me inundaba la culpa.

—Me sentí solo durante mucho tiempo —dijo—. Abandonado. No tenía ni idea de qué iba a hacer. Dirty lo era todo para mí. La banda era el único sitio donde me había sentido como en casa. Sentí como si lo hubiese perdido todo.

—No me lo puedo imaginar —fue todo lo que pude decir.

Seguía sintiendo un remordimiento profundo, profundo por todo el asunto, pero sabía que no me contaba esas cosas para hacerme sentir mal.

Solo estaba siendo sincero, que era lo que yo le había pedido—.

Pero me alegro de que siguieses tocando con otras bandas.

—Sí. Seguí tocando —dijo—. Pero ninguna podía reemplazar lo que tenía con Dirty.

Así que nunca me quedaba mucho tiempo. Siempre encontraba alguna excusa para irme, o para que me pidieran que me fuese.

Creo que estaba guardándome para Dirty, aunque no quisiera admitirme a mí mismo que eso era lo que estaba haciendo.

—¿Seguías queriendo tocar con nosotros? ¿Todo ese tiempo? —Eso me sorprendió, la verdad—. ¿Después de que te hubiésemos echado?

—Joder, sí —dijo—. Durante años quise hacer algún tipo de reunión con vosotros.

Me obsesioné un poco. Intenté contactar con Brody, con Zane, con todos vosotros.

Solo quería tener mi momento, ¿sabes? Tocar con vosotros otra vez, aunque solo fuera una vez, para demostraros a todos vosotros, a los fans y a mí mismo, quizá, que no era solo un yonqui patético.

Que no era un desastre. Que no había destruido lo mejor que tenía en mi vida hasta un punto sin retorno.

Que podía volver a formar parte de ello.

Pero nadie quería tener esa conversación conmigo.

Zane era el único que me hablaba, y no quería meterse en eso.

Así que en algún momento, hace unos años, dejé de pedirlo.

Me figuré que vosotros volveríais a mí cuando estuvieseis preparados.

Cuando fuese el momento adecuado. —Negó con la cabeza—.

Me convencí de que esa tenía que ser la razón por la que nunca me reemplazasteis de verdad. Porque me estabais guardando el sitio.

—Quizá así era.

No dijo nada, simplemente se me quedó mirando. No sabía si le había dejado en shock o qué. Quizá me había dejado en shock un poco a mí misma.

Pero era bastante cierto.

Nunca lo habíamos dicho, nunca habíamos hablado de ello así, pero definitivamente había un vacío dejado por Seth que ninguno de nosotros había intentado rellenar de verdad hasta este año.

—¿Y Jude? —pregunté—. ¿Hablaste con él? ¿A lo largo de los años?

—A veces —dijo. Y tuve la sensación de que eso era todo lo que iba a conseguir. Seth no era el tipo de persona que querría que Jude se llevara una bronca por hablar con él, y yo lo sabía. Así que lo dejé estar. Aunque me moría de curiosidad.

Si Jesse ni siquiera hablaba con Seth, ¿por qué sí lo hacía Jude?

—¿Y cómo fue la reunión en Vancouver para ti? —le pregunté en su lugar—. ¿Fue todo lo que esperabas?

—En cierto modo, sí —dijo—. Pero fue bastante agridulce.

Pude trabajar con toda esa gente increíble otra vez.

No solo la banda, sino parte del equipo técnico que conocía de los viejos tiempos.

Y Brody. Conocí a Maggie. Conocí a la mujer de Jesse.

—Hizo una pausa ahí, como si esperase que yo dijera algo al respecto, pero no lo hice—.

Pero solo pude tocar una canción. Y no te voy a mentir, eso fue duro para mí.

—Sí. Supongo que lo sería… —Hasta que lo dijo, la verdad es que no se me había ocurrido lo duro que sería.

De pie en aquel bar, viendo el concierto. Viendo a Ash tocar sus canciones, ocupando su puesto.

—Fue un palo. Pero intenté encajarlo con elegancia. Agradecer el momento. Que me invitasen a subir a ese escenario… Volver a tener vuestra confianza, aunque fuese de alguna manera pequeña.

—No fue pequeña —le dije—. No invitamos a cualquiera al escenario con nosotros, Seth.

—Sí. Eso es lo que no paraba de decirme.

Y sí me dio algo de cierre, en cierto modo.

Justo como me había dicho que haría. Me dije que ahora podía pasar página.

Dejar ir el pasado. Dejar atrás toda la amargura y esa sensación obsesiva de que las cosas habían quedado sin resolver.

Dejar de fantasear con tocar con Dirty otra vez.

Podía tocar con otras bandas y comprometerme de verdad, como nunca había hecho, porque me estaba guardando para Dirty. Por fin era libre para seguir adelante.

Apartó la mirada. Muy lejos; hacia la oscuridad del océano.

—Y entonces me pedisteis que volviera —continuó, con la voz baja y espesa de emoción—. Y me puso el mundo del revés. Todo cambió de la noche a la mañana. Pensé que lo había recuperado todo. —Me miró—. Y me lo arrancaron de debajo de los pies otra vez. Me despidieron, una vez más.

Me encogí; no pude evitarlo. Era tan horrible. Todo. Perderle otra vez. Y las acusaciones de Brody…

—Tenías que estar cabreado —dije en voz baja.

—Sí, joder que sí. Pero sobre todo conmigo mismo. Seguía queriéndoos. —Se le quebró un poco la voz cuando dijo—: Siempre os he querido.

No supe qué decir a eso. Nosotros a ti también parecía patético, dado lo que le habíamos hecho.

Lo que le habíamos quitado.

Carraspeó. —Estos últimos seis meses he tocado con otros tíos —dijo—.

Sobre todo porque tenía que hacerlo. Tenía que seguir tocando por mi propia tranquilidad mental.

Pero no era lo mismo. No era Dirty. Todo ese tiempo, creo que en realidad me estaba preparando para volver, de algún modo.

Pensaba que había pasado página, pero no había pasado una mierda.

Cuando vi la convocatoria de audiciones, algo se activó en mi cabeza.

Supe que era mi momento. Tenía que serlo.

Esta era mi oportunidad. Y una vez que se me metió eso en la cabeza, no iba a dejarla escapar por nada.

Jessa se equivocaba conmigo. Brody se equivocaba.

Toda la banda se equivocaba. Todos os equivocabais conmigo, y lo iba a demostrar.

A vosotros. Al mundo. —Negó con la cabeza, suspirando—.

De verdad me lo creía, totalmente. Me lo creía cuando convencí a Jude, a Liv y a Maggie para que me dieran esa oportunidad.

Me lo creía cuando salí a ese escenario, y cuando toqué…

—Lo sé —dije—. Se te notaba.

Sus ojos sostuvieron los míos, igual que cuando se subió a aquel escenario.

—Pero entonces vi vuestras caras —dijo—. Cuando visteis que era yo. Jesse. Brody. No querían que fuese yo. Estaban tan jodidamente decepcionados de que fuese yo. Y me rompió el corazón otra vez.

—Seth. Siento mucho todo eso…

—Ese fue el momento en que tiré la toalla.

Creo que la primera vez que me echaron de la banda, estaba demasiado hecho polvo para procesar la pérdida del todo.

Y la segunda, estaba abrumado, todo el asunto me pilló por sorpresa.

Pero no había tirado la toalla. Cuando Brody le dijo a seguridad que me echaran a patadas después de haberme dejado el alma tocando para vosotros en esa audición…

y te vi mirándome, tan conmocionada y confusa y, no sé…

traicionada… ahí fue cuando tiré la toalla.

La rotundidad de sus palabras caló en mí, llenándome de una tristeza pesada y terrible. Igual que en las audiciones, no me gustaba verle rendirse.

Pero tampoco me gustaba verle luchar… y perder la batalla.

Odiaba cómo habían ido las cosas en aquella audición, cómo le habían tratado. Pero no podía obligar a los demás a cambiar de opinión sobre él.

—¿Qué vas a hacer ahora? —le pregunté con delicadeza. No quería que pensase que le tenía lástima. No era así. Le respetaba, enormemente—. ¿Adónde irás después de esto?

Negó con la cabeza y soltó otro suspiro pesado. —No lo sé. Quizá subir a Vancouver, visitar a Ray. Estar tranquilo un tiempo. Se puso bastante contento cuando le dije que iba a las audiciones. Bastante decepcionado cuando cambié de opinión y audicioné en L.A.

—No sabía que habías hecho eso.

—Quería ser el último —dijo, negando con la cabeza otra vez, como si no se creyese su propia locura—, para que no me olvidaseis.

—Nunca te hemos olvidado —le dije.

Se hizo un silencio, solo roto por el rugido suave del océano y el crepitar del fuego. Los ojos de Seth sostuvieron los míos, brillando un poco a la luz del fuego, y asintió ligeramente, como diciendo Gracias por eso.