10 Elle #2
Y no necesitaba perdonar a Seth Brothers por ser quien era.
Por mucho que sus acciones me hubiesen herido, hubiesen herido a la banda, le hubiesen herido a él mismo, no necesitaba mi perdón.
En mi cabeza, el perdón implicaba que tú eras mejor que otra persona, que te estaban pidiendo una especie de absolución.
Y eso me chirriaba profundamente. No quería tener ese tipo de poder sobre nadie.
Yo no era mejor que Seth, igual que Jesse no era mejor que yo. Así que ya no buscaba perdonar ni ser perdonada. Todos habíamos cometido errores. Todos teníamos derecho a seguir adelante, a cometer errores otra vez, a hacerlo lo mejor posible. A ser humanos.
Personalmente, lo único que quería de verdad era ser libre para ser yo con las personas más cercanas a mí: defectos, cagadas y todo lo demás. No Elle la estrella del rock. Solo Elle.
Y que me quisieran por quien era de verdad.
Eso significaba aceptar a los demás tal y como eran, también.
Como a Jesse. Porque Jesse Mayes no era el hombre de mis sueños; eso ya lo había aceptado. Era simplemente Jesse.
Y ahora era el marido de Katie.
El hombre de sus sueños.
Quería mirarle sin ver todos los errores que habíamos cometido los dos, y simplemente verle a él, sin desear que las cosas fuesen distintas de como eran.
Y, en última instancia, eso mismo era lo que quería con Seth.
Solo que no estaba segura de cómo explicarle todo eso sin sonar cursi o falsa —teniendo en cuenta que básicamente le había fallado como amiga durante tantísimo tiempo— ni de cómo evitar soltar un discurso sobre Las Grandes Lecciones Que Había Aprendido De Mi Corazón Roto… Ni de cómo demostrárselo.
¿Quizá traerle allí era un primer paso?
¿Quizá por eso sabía que era lo correcto, aunque todos los demás no estuviesen de acuerdo?
Simplemente sabía que tenía que descubrir quién era ese hombre de verdad. Porque ¿cómo podía llegar a hacer las paces con el pasado, aceptar a Seth tal como era —entonces y ahora— y ser cualquier tipo de amiga para él, si ni siquiera sabía eso?
A esas alturas, estaba dispuesta a empezar de cero. A pasar página, olvidar las suposiciones y darle una oportunidad.
La realidad era que hacía años que Seth y yo no pasábamos tiempo a solas.
Y nunca habíamos pasado tiempo juntos cuando él no estaba consumiendo, hasta aquel año.
Que yo supiese, en aquella época nunca había tenido una conversación con Seth Brothers en la que él no estuviese bajo los efectos de las drogas.
¿Cómo podía tomar una decisión sobre su lugar en la banda, o su lugar en mi vida, si ya ni siquiera nos conocíamos?
Y quizá, para ser justa con los dos, nunca nos habíamos conocido de verdad.
—¿Un mai tai?
Un rato después, levanté la vista y vi a Seth cruzando el patio hacia mí, con un cóctel en la mano. Era colorido y apetecible, con un trozo de piña encima y una sombrillita.
Me incorporé un poco. Mierda… me había quedado dormida.
—He pensado que te vendría bien un chico de los cócteles —dijo—. Ya sabes, para completar la experiencia tropical. —Se detuvo justo al lado de mi tumbona, que yo había arrastrado hasta la sombra de una de las sombrillas gigantes cuando el sol apretó demasiado.
—Gracias. —Sonreí, con cautela—. Siempre he querido mi propio chico de los cócteles. —Me estiré un poco y alargué la mano para coger la bebida. Al hacerlo, la mirada de Seth se deslizó por mi cuerpo.
Y recordé lo que llevaba puesto.
Mi biquini para mayores de dieciocho.
Cogí el mai tai y me dejé caer en la tumbona, un poco avergonzada.
Mi playlist seguía sonando, Sugar de Maroon 5, y me sentía incómodamente como la protagonista de mi propio vídeo sexy en bañador.
Difícilmente podía culparle por mirar; hasta Dylan me repasó la vez que me vio con esto puesto, y Dylan era lo más parecido a un hermano que había tenido nunca.
Por mucho que Seth y yo hubiésemos sido compañeros de banda, de gira y amigos, él nunca me había parecido un hermano.
Esto quedó demostrado por mi propia mirada, bajando al sur de su cara.
No llevaba camiseta. En realidad, pocas veces había visto a Seth sin camiseta.
A diferencia de Jesse, que casi nunca llevaba camiseta en el escenario, Seth prácticamente siempre la llevaba.
Y ahora que lo pensaba, nunca había sido de los que andaban por ahí medio desnudos como los demás parecían hacer con total naturalidad.
No porque le incomodase, sino porque nunca había sido tan buscador de atención como los otros.
Lo cual, en cierto modo, era una pena. Para las fans.
Su expedición de compras debía de haber sido un éxito porque los vaqueros habían desaparecido y, en su lugar, unos pantalones finos de algodón blanco le caían bajos en las caderas.
Era más delgado que Jesse y Ash. No sabía por qué hacía esa comparación en mi cabeza, pero ahí estaba.
Pero estaba prieto, tonificado y definido en todos los sitios correctos.
Mi mirada siguió la sugerente V de su ingle hacia abajo, hasta donde desaparecía dentro de sus pantalones…
y luego volvió a subir, rápidamente… por sus abdominales marcados y su pecho duro, hasta su cara.
Su piel de tono aceitunado hacía resaltar sus ojos entre grises y verdes…
que parecieron oscurecerse mientras me miraba.
—No pensaba ofrecerme a ponerte crema ni nada de eso —dijo despacio—. Ahí es donde pongo el límite.
—Eh… no pasa nada —dije—. Joanie ya se ha encargado de eso.
—Luego me reí un poco, pensando que estaba siendo graciosa.
Aunque me di cuenta, tarde, de que ahora probablemente se estaba imaginando a Joanie echándome crema, que no era lo que pretendía.
Joanie era mona, con su pelo rubio cobrizo y sus pecas por todas partes. Y con este biquini, yo era obscena.
Esa imagen mental era material pajero de primera.
Carraspeé un poco. Acababa de despertarme; quizá por eso todo resultaba un poco raro. Eso, y el hecho de que estaba prácticamente desnuda. Delante de Seth.
—Salud —dije, levantando mi copa. Estaba fría, el cristal ya chorreando de condensación, y desde luego me apetecía algo fresco.
Él levantó su taza de café —que esperaba de verdad que fuese solo café— y brindamos. —Salud.
Di un sorbo al mai tai. Estaba delicioso, pero esperaba que no lo hubiese probado antes. Quién sabía lo que un simple sorbo de cóctel afrutado podía hacerle a un exadicto a la heroína en recuperación. Yo no.
Conseguí soltar un: —Eh… ¿hablamos luego? —mientras me sentía cada vez más cohibida en mi biquini de tamaño inexistente.
—Luego —aceptó él. Su mirada recorrió mi biquini otra vez, o mi cuerpo dentro del biquini. Después sus ojos encontraron los míos. Su cara era cuidadosamente inexpresiva, y no tenía ni idea de lo que estaba pensando.
Bueno… más o menos sí.
Se bajó las gafas de sol, que llevaba encima de la cabeza, sobre los ojos.
Luego le vi alejarse, cruzando el patio y el césped, hacia los árboles y el camino de rocas que bajaba a la playa.
Su espalda era tan impresionante como su parte delantera, lo cual era mucho decir.
La cara de Seth era un regalo para la vista.
Tenía esos ojos profundos y ahumados y esos labios carnosos, con ese punto de puchero, a lo Brad Pitt.
Su espalda tonificada y bronceada y su culo prieto en esos pantalones blancos bajos eran exactamente lo mismo: para morirse.
Objetivamente hablando… Seth Brothers estaba totalmente bueno. Las fans siempre le habían adorado, y cualquiera podía ver por qué.
Pero en mi opinión, estaba más bueno ahora que cuando estaba con Dirty. Entonces era más joven, todavía aniñado, y un yonqui. Descontrolado y temerario, y a las chicas les gustaba eso de él, también.
Ahora era un hombre, y eso significaba que tenía más que ofrecer. A los fans. A cualquier banda que se involucrase con él.
A cualquier mujer que se involucrase con él.
¿Y a qué fan no le gustaría eso?
Sí. Si pudiésemos encontrar a un guitarrista tan talentoso como Seth, que además cantase como Seth, escribiese como Seth y tuviese el aspecto de Seth…
Me acomodé de nuevo en mi tumbona con un suspiro y di un sorbo refrescante a mi cóctel.
Si Seth Brothers tuviese un hermano gemelo idéntico, con el mismo talento, que no nos hubiese roto el corazón… lo tendríamos hecho.