Tan canalla como Seth 10 Elle
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10 Elle

ELLE

Salí de mi habitación en algún momento a primera hora de la tarde, sintiéndome renovada; al final me había dormido a media mañana y había dormido como una muerta.

La casa estaba vacía, pero encontré a Joanie en el porche delantero, a la sombra, haciendo malabarismos con el portátil y el móvil.

A esas alturas, yo sentía de verdad que estaba de vacaciones, pero técnicamente ella no.

Despejar mi agenda significaba que la de Joanie estaba a reventar.

Le llevé un plato de comida; dijo que aún no había comido, pero que Seth había dejado en la nevera una ensalada que había preparado él: con pechuga de pollo a la plancha, papaya local y aliño de fresa y guayaba. Por lo visto, el hombre se manejaba bien en la cocina.

Quién lo iba a decir.

Me llevé mi propia comida al jardín trasero, sola, sintiendo algo que no había sentido mucho últimamente: felicidad por estar justo donde estaba.

Alegría, incluso.

Puse música alegre, luminosa y sensual. Primera canción: Feels de Calvin Harris, con Pharrell Williams y Katy Perry.

La música pop y electrónica se habían convertido en un cambio necesario para mí, una forma de resetearme y recargar pilas cuando darlo todo con Dirty me dejaba agotada.

Por eso mi álbum en solitario había sido muy electrónico, una mezcla de rock electrónico y temas de baile puro y duro.

Canciones con mucho groove, con el bajo como motor, escritas por mí, por mi amiga Summer —que era una DJ de la hostia— y por Woo, que había producido el álbum.

Y tenía que reconocerlo: desde que Ash me había dado una serenata con una canción de Calvin Harris —la noche que nos liamos por primera vez— me había enganchado a la música de Calvin Harris.

No porque me recordase a Ash. Porque me recordaba a soltar lastre, a seguir adelante; a que vendrían tiempos mejores.

Después de comer, me recosté en una de las tumbonas largas del patio en biquini, todavía un poco cansada.

Era mi biquini favorito, mi biquini más sexy, el que me ponía cuando quería tomar el sol y sentirme bien conmigo misma.

No me lo habría puesto si Seth o Flynn estuviesen allí: era así de sexy.

Pero Joanie dijo que Seth había salido a comprar, y yo sabía que Flynn se mantendría al margen hasta que le necesitasen, lo que significaba que ninguno de los dos tendría que soportar mi casi desnudez en mi biquini de crochet color crema hecho a medida. Mi biquini de crochet sin forro.

No solo era diminuto, tenía agujeros. La brisa lo atravesaba entero. Si tenías huevos para mirar muy, muy de cerca, se me veían los pezones a través de la tela… entre otras cosas. Siempre me aseguraba de estar completamente depilada antes de ponérmelo.

Era como ir desnuda, sin ir realmente desnuda.

De hecho… resultaba un poco desperdicio que no hubiese nadie allí para verme con él. Pensándolo bien, era más bien un biquini para tomar el sol, sentirte bien contigo misma y lucirte delante de un hombre.

Así que hice lo siguiente mejor. Me saqué una foto sexy y se la mandé a mi amiga más increíblemente incondicional, una que siempre agradecía el sexting, aunque solo viniese de mí.

Summer: ¡Buenorra!!!!!

Yo: Kauai, ¡nena!

Summer: Espero que hayas traído a un hombre contigo.

Summer: O un juguete anatómicamente correcto.

Dudé antes de responder.

Pero era Summer; le contaba prácticamente todo, y Dios sabía que ella no era tímida —para nada— a la hora de contarme cada puto detalle de su vida íntima.

Así que respondí…

Yo: He traído a Seth.

Summer: ¿¿Cómooo??

Así que supuse que aún no se había enterado del gran escándalo.

Yo: Ni preguntes.

Sus respuestas llegaron a toda velocidad:

Summer: Estoy preguntando

Summer: Teniendo en cuenta que llevas la excusa más pequeña del mundo por biquini…

Summer: ¿Quizá no necesito preguntar?

Summer: Vale, estoy preguntando

Summer: Seth Brothers, ¿verdad?

Yo: El mismo.

Summer: ¿¿Cuándo ha pasado esto??

Yo: No ha pasado nada.

Pensé en añadir: Solo somos amigos. Pero no sabía si éramos amigos.

Solíamos serlo. Y sabía que seguía queriendo serlo. Quizá de eso se trataba todo aquello. De salvar una amistad, si una relación laboral estaba descartada.

Y en ese caso… quizá dependía de Seth que fuésemos amigos.

Yo: Estamos hablando.

Summer: Ajá. Se te conoce por llevar eso a reuniones de trabajo.

Yo: Él no está aquí.

Yo: Me vestiré antes de que vuelva.

Summer: O no.

Luego me mandó una cara de diablillo.

Yo: ¿Podría llevar esto para hablar con toda la banda y quizá así me escucharían por una vez?

Summer: Mmm… no.

Summer: Perdona, cielo. Me tengo que ir. Entrando en plan diva a una comida de trabajo.

Yo: Tu vida es tan glamurosa

Luego le mandé una serie de corazones y besos. Porque la quería así.

Summer: Ya lo sabes. Hablamos luego, babe.

Summer: ¿Dónde está Ash?

Claro. Ash.

El exnovio de Summer.

Los dos seguían siendo muy amigos. Tan amigos que a ella no le importaba lo más mínimo que yo me liase con él, como demostraba el hecho de que me había dado luz verde mucho antes de que nos enrollásemos, «por si acaso».

Quizá había intuido que yo le gustaba. En cualquier caso, nunca me había sentido mal por liarme con él, al menos en lo que a ella respectaba; no había motivo.

Pero de algún modo me sentía mal ante la idea de que se enterase de que le estaba dando puerta. Porque ella seguía siendo protectora con él, aunque no posesiva.

Yo: Se ha quedado allí.

Yo: Hablamos luego, babe. XO

Calculé que tenía un poco de margen, quizá, para esperar y hablar con ella en persona. Por si le sentaba mal.

Evidentemente, él no le había dicho nada todavía.

Me recosté e intenté relajarme. Con todo. Afortunadamente, no costó demasiado llegar a ese punto. Era Hawái. La calma flotaba en el ambiente.

Además, estaba sonando Bruno Mars, That's What I Like. Mientras estaba ahí tumbada, sintiéndome relajada por primera vez en semanas —si no meses— y de lo más sexy, me pregunté, brevemente, si había cometido un error al no traer a Ash conmigo.

Pero sabía que eso era solo mi coño caliente y casi desnudo hablando.

El resto de mí se alegraba de que Ash no estuviese allí. Especialmente cuando me escribió poco después.

Ash: ¿Qué pasa con Seth?

No estaba segura de si preguntaba qué pasaba con Seth y Dirty, y/o con Seth y conmigo, pero si estaba siendo pasivo-agresivo y acusándome de algo —¿de liarme con Seth?— mientras intentaba disfrazarlo de preocupación por la banda, resultaba bastante transparente.

En ese momento, apagué el móvil.

Y pensé en lo que me había contado Joanie.

Dijo que Seth había ido a comprar algo de ropa, ya que no había traído nada de más.

Ella le había dicho que Woo tenía cosas por las habitaciones de invitados que podía usar, pero él lo rechazó.

Quizá no quería molestar. Quizá se sentía incómodo allí, pero por lo visto había sido de lo más correcto con Joanie y Flynn.

Había ido a hacer la compra con Joanie esa mañana y les había preparado a todos zumo de naranja recién exprimido y tortitas de plátano, que ni siquiera sabía que existían, a pesar de la canción de Jack Johnson.

Joanie incluso le había pillado charlando con Flynn con un café, en la entrada después del desayuno, y era raro que cualquiera de nosotras pillase a alguien charlando con Flynn. El hombre no es que hablase mucho, precisamente. Pero por lo visto, él y Seth eran ahora colegas de café.

No me lo esperaba.

Tenía que preguntarme si Seth había dormido siquiera.

Sabía que había tenido cuidado conmigo, tanteándome. Dejándome trabajar en el avión. Sin forzar la conversación. Estaba claro que me estaba dejando marcar el ritmo de cómo se desarrollaban las cosas entre nosotros. Sabía que lo hacía a propósito y no solo lo agradecía, lo respetaba.

Demasiada gente en mi vida no sabía cuándo dar un paso atrás y dejarme espacio. O, francamente, cerrar la boca.

A medida que avanzaba la tarde, me sentí más cerca de estar lista para hablar con él un poco más.

Para hablar de verdad. Y quizá bajar un poco la guardia.

El sueño y el sol me habían ayudado a procesar lo que habíamos hablado anoche.

A esas alturas, me había calmado bastante.

Toda la rabia que había sentido en la audición, y después, se había disipado.

En realidad solo había sido una reacción visceral, basada en cosas del pasado lejano.

Y de todos modos, ese día había tenido una revelación.

Anoche, después de hablar, Seth me había preguntado si creía que algún día podría perdonarle. No pude darle una respuesta, pero no porque no pudiese perdonarle. Solo había empezado a aclararme cuando me desperté esa tarde: en realidad no creía en el perdón.

Durante mucho tiempo, después de que Jesse cortase conmigo, quise que me perdonara.

Estuve esperando a que cambiase de opinión y me pidiera volver, y cuando eso no pasó, empecé a esperar que me perdonase por lo que fuera que había hecho tan mal.

Incluso se lo pregunté una vez, si algún día iba a hacerlo.

Se quedó completamente atónito con la pregunta.

Porque, por supuesto, no había nada que perdonar.

No era que estuviese enfadado conmigo por lo que pasó entre nosotros, porque nuestra relación no funcionase.

Al principio, me quedé un poco confusa. ¿Cómo podía hacer las paces con él si no había nada que perdonar?

Quizá deseaba mágicamente que algo cambiase, que las cosas mejorasen entre nosotros.

Pero eso no iba a pasar de la noche a la mañana.

Habíamos compartido una intimidad que, al final, no nos había funcionado, y ahora teníamos que vivir con ello.

Su forma de vivir con ello fue pasar página, y a lo grande.

A mí me había costado mucho más.

Pero con el tiempo llegué a darme cuenta de que en realidad no había hecho nada mal en esa relación. Simplemente era yo, y eso no era lo que él quería.

No necesitaba que nadie me perdonase por eso.