9 Elle #2
—¿Y crees que esta es la manera de hacerlo? Hay formas de gestionar estas cosas, Elle. Canales formales. No deberías ni siquiera estar hablando con Seth Brothers, y mucho menos salir volando a Hawái con él, sin un contrato escrito de antemano para protegerte.
—No necesito un contrato para tener una conversación con un viejo amigo —le dije.
Hubo un silencio feo, al final del cual dijo, en voz baja: —Tienes que pensar en proteger a la banda, Elle.
—Esto no va de la banda.
—Entonces, ¿de qué coño va?
—¿Puedes ponerme a Jessa?
—Está ocupada.
—¿Está ahí contigo? He llamado para hablar con ella.
—¡Brody! —Oí a Jessa, en algún lugar de fondo, y casi podía imaginármela: de pie con las manos en las caderas mientras Brody le sujetaba el móvil fuera de su alcance.
Cogí aire y seguí adelante, obligándome a decir las palabras que no quería decir especialmente, pero que tenía que decir. —Brody, ¿no crees que, si estoy aquí sentada con un hombre que violó a Jessa Mayes, tengo un problema con eso, y quizá necesito escucharlo de ella si no es el caso?
Oí un forcejeo y luego otra vez la voz de Jessa, amortiguada. —¡Dios, Brody! —Más forcejeo, y luego Jessa estaba al teléfono—. Él no… ¿Eso es lo que te ha dicho Brody? ¿Que Seth me violó?
—No —dije, aliviada de tenerla al teléfono—. No directamente. Pero eso es lo que le dijo a Seth cuando le rompió la nariz, delante de toda la banda.
—Oh. Dios. Mío. ¿Le rompiste la nariz a Seth? —Eso sonó amortiguado, y claramente dirigido a Brody. Le oí mascullar una respuesta, pero no pude distinguir las palabras.
—Eh, todos le oímos decirlo —le conté—. Así que te puedes imaginar cómo nos ha dejado eso a todos… alterados.
—Eh, ya. Me lo imagino. —Jessa no parecía nada contenta.
Estaba claro que no tenía ni idea de lo que realmente había pasado aquella noche.
Ni idea de qué había acusado Brody a Seth delante de todos nosotros—.
Seth Brothers no es un violador, y no me hizo nada.
Así que si oyes a Brody o a mi hermano decir semejante cosa, puedes decirles que… ay, Dios. Puaaaj.
Me incorporé, con todas las alarmas disparadas. —¿Estás bien?
—Uf… El bebé acaba de darse la vuelta. Te juro que es como tener un alien dentro.
—Ah. —Solté el aire—. Siento llamarte con esto, Jessa, de verdad. Sé que es mal momento. —Lo era. Evidentemente.
—Está bien… —Pero había un gemido de incomodidad en su voz.
—Te dejo. No quería disgustarte. Solo necesito saber de verdad… ¿Te parece bien que hable con Seth? Está aquí conmigo, en Hawái. Estamos en la casa de Woo.
—Elle, no necesitas mi permiso. Puedes hablar con quien quieras. —Luego susurró al teléfono—: Brody está cabreado, eso sí.
—Ya me he fijado.
—Lo siento, de verdad tengo que irme. El bebé está dando patadas por las mañanas y Brody va a reventarse un nudillo apretando su pelota antiestrés. Necesito esas manos para que me masajee las caderas y los pies hinchados o no voy a dormir nada. Apenas he dormido en toda la noche.
—Claro —dije—. Dile, por si sirve de algo… que lo siento. Sé que no quiere que estés alterada ahora mismo.
—No estoy alterada, Elle. Solo… —Su voz se suavizó—. Ten cuidado, ¿vale? Los adictos pueden ser… impredecibles.
—Lo tendré.
No sabía con certeza si podía creerla, si estaba al cien por cien bien con que yo hablara con Seth. Pero fuera cual fuera el problema que pudiera tener con ello, estaba claro que no iba a intentar cargármelo a mí encima.
Y al menos ahora sabía, con seguridad, que el hombre de la casita de fuera no era un agresor sexual. Eso ya era algo.
Algo bastante grande.
—Brody dice que te llama luego —dijo Jessa—. Cuídate, Elle.
—Cuídate tú, y cuida a ese bebé.
Cuando colgó, me dejé caer de espaldas en la cama, aliviada.
Y, sin embargo…
Aunque la propia Jessa acababa de afirmar rotundamente, delante de Brody, que Seth nunca había abusado de ella como Brody parecía creer… no veía a todo el mundo dando un giro de ciento ochenta grados y dándole la bienvenida a la banda mañana con los brazos abiertos.
Aparté el móvil y gemí en voz alta.
Menudo follón.
Aun así, no podía culpar a Brody. Estaba, como siempre, intentando proteger a la banda. Intentando protegerme a mí. Y, por supuesto, intentando proteger a Jessa y a su bebé.
La había dejado embarazada, sin querer, en algún momento después de la boda de Jesse. Básicamente, en cuanto empezaron a acostarse, por lo que yo sabía. Pero a pesar de lo que había pasado hoy, nunca había visto a Brody más feliz. Jessa y ese bebé lo eran todo para él.
Estaba de casi siete meses, y dado que era una chica delgada de por sí, había ganado mucho peso con el embarazo.
Era mucho estrés para su cuerpo, y me había confesado que tenía muchos dolores articulares y molestias.
Nada terriblemente fuera de lo normal, según su médico, pero Brody me habría decepcionado si no estuviera preocupado por ella.
No me gustaba añadirle estrés con todo lo que ya tenía encima, y sabía que, por muy entregado que estuviera a Dirty, su familia —Jessa y ese bebé— siempre sería lo primero.
Pero mientras me quitaba el albornoz y me deslizaba bajo las sábanas, y pensaba en cómo había acabado aquel día, lo sabía en el corazón: no cambiaría nada.
Había algo que me impulsaba a hablar las cosas con Seth. A intentar llegar al fondo de la cuestión.
Quizá porque nunca había podido creer, pasara lo que pasara entre Seth y Jessa, que él hubiera sido capaz de forzarla, ni físicamente ni manipulándola.
Y si la acusación de Brody realmente no tenía fundamento, como la propia Jessa acababa de decirme, entonces la banda no tenía ningún motivo para condenar a Seth por haberse aprovechado de Jessa.
Era joven cuando empezaron —los dos lo eran.
Pero ¿se le podía culpar de verdad a un chaval de diecinueve años por liarse con una chica de dieciséis?
En mi mundo, no.
Cuando yo tenía dieciséis, salí con uno de veintidós, y ninguna de mis amigas pestañeó. Hasta mis padres lo aceptaron sin problemas, en cuanto le conocieron.
Lo único que quedaba, en realidad —si Brody y Jesse podían dejar a un lado sus egos masculinos hinchados y perdonar a Seth por haber tenido una relación con Jessa— era el hecho de que Seth se había drogado con Jessa a nuestras espaldas.
Quizá esa era una transgresión mucho más difícil de perdonar.
Porque, al final, quizá ese consumo de drogas la había alejado de nosotros.
De Brody.
Y mientras lo consideraba, lo supe… A Brody le iba a costar muchísimo perdonar eso.
Mientras estaba allí tumbada, sola, incapaz de dormir, mis pensamientos se volvieron hacia Seth, solo en su casita. En mis pensamientos sobre él a lo largo de los años, siempre estaba solo. Nunca podía imaginármelo de otra manera. Un lobo solitario; así era como siempre había pensado en Seth.
Pero había algo en él aquella noche… algo que había percibido mientras hablábamos. Algo que reconocía en mí misma: un descontento.
No es que pareciera infeliz, exactamente. Quizá, ahora que estaba limpio, estaba satisfecho con todo en su vida, excepto por esa única cosa esencial que le faltaba: Dirty.
Yo era definitivamente feliz con mi vida, excepto por esa única cosa que me faltaba.
Esa cosa increíblemente crucial.
Y me pregunté: ¿estaba Seth solo, como yo?
No parecía solo. No como cuando le conocí…
años atrás, cuando vivía más o menos en la calle y durmiendo en sofás ajenos, vendiendo hierba, con poco más que la guitarra a la espalda.
Seguía teniendo esa confianza rara y serena, igual que entonces, a pesar de todo lo que había pasado.
Pero ahora parecía más un hombre que había crecido dentro de su propia piel, que estaba profundamente cómodo con quién y qué era.
Pero nadie pensaría que yo estaba sola, tampoco.
Desde fuera, probablemente parecía que tenía la vida perfecta. Que lo tenía todo controlado y más.
Y, sin embargo, Seth me había preguntado directamente si estaba sola. Fue una de las primeras cosas que me preguntó.
No entendía por qué pensaría eso.
La gente siempre estaba revoloteando a mi alrededor. Todo el día, invadiendo mi espacio, en mi cara, incluso tocándome… pero sí… al final del día, estaba sola.
Incluso cuando me estaba enrollando con Ash, me iba a dormir sola.
Claro, si se lo pidiera, Ash probablemente se montaría en un avión ahora mismo para venir aquí y meterme su polla. Probablemente hasta me abrazaría después, si quería. Pero no era lo mismo. No era lo mismo que estar con alguien.
O estar enamorada…
Porque incluso cuando Ash estaba en mi cama, en mi cuerpo —sobre todo entonces— seguía sintiéndome sola.