9 Elle
ELLE
Cuando subí a acostarme después de hablar con Seth, justo antes del amanecer, me sentía algo mejor, en cierto modo. Y, sin embargo… peor, en cierto modo también.
Había tanto dolor en el pasado de Seth —en el de todos, cuando se trataba de él y de Jessa— que entendía por qué los chicos simplemente querían que desapareciera. Por qué querían que Seth, sencillamente, desapareciera.
Creían que había hecho daño a su chica, a su hermanita colectiva, y no podían tolerarlo. Se sentían traicionados por él. Y esa traición dolía aún más porque le habían querido.
Quizá, en el fondo, todavía le querían.
Después de sentarme con él aquella noche y hablar con él, de mirarle a los ojos y escucharle hablar, sabía que yo todavía le quería.
Entré en mi dormitorio, la habitación donde siempre dormía cuando me quedaba allí —la más grande de las habitaciones de invitados, con vistas a los acantilados y al océano más allá.
Tiré el móvil en la cama, con bastante miedo a mirarlo, y me metí en el baño.
Me di una ducha caliente, intentando que la tensión del día se me escurriera del cuerpo, y repasé lo que Seth me había contado.
Después de escuchar lo que tenía que decir sobre Jessa, podía entender que Brody o incluso Jesse no quisieran oírlo. Pero yo seguía sin saber qué creer.
No me parecía que Seth me estuviera mintiendo.
Pero había aprendido, viviendo dentro y fuera del foco, moviéndome en dos realidades algo separadas pero paralelas —mi vida de estrella de rock y mi vida real—, que toda historia tiene dos caras.
Y que una no tiene por qué estar equivocada para que la otra tenga razón.
Pongamos mi caso con Jesse.
Los dos estábamos en esa relación. Pero yo estaba enamorada. Él no.
Nuestra ruptura, para mí, fue desgarradora. Para él, probablemente fue más bien un alivio.
Sin duda había dos versiones de esa historia, y, en el mejor de los casos, no encajaban.
Después de la ducha, me puse un albornoz, me sequé el pelo y me obligué a mirar el móvil.
Como era de esperar, me habían empezado a llover llamadas de todo Dios.
A esas alturas, todos sabían que Seth estaba allí conmigo.
Probablemente Jude, que se habría enterado por Flynn, se lo había dicho a alguien —¿a Jesse?
— y la noticia se había extendido, como pasaba en el mundo de Dirty, como un puto virus.
Y todos querían saber qué coño estaba pasando.
Jesse incluido. Pero no le devolví la llamada.
Brody había llamado, tres veces, pero tampoco le devolví la llamada.
¿Qué coño iba a decirles?
El propio Jude me había escrito, y le contesté para hacerle saber que todo estaba bien.
Flynn seguiría en contacto con él, pero sabía que agradecería tener noticias mías directamente.
Lo último que necesitaba era hacer saltar las alarmas de Jude y que se presentara allí a montar una gorda. Pero sí tenía una pregunta para él.
Yo: ¿Por qué dejaste entrar a Seth en la audición?
Su respuesta llegó en menos de un minuto.
Jude: Porque lo pidió.
Una respuesta muy de Jude.
Me fijé, sin embargo, en que no me preguntó por qué me había llevado a Seth a Hawái.
No me preguntó nada en absoluto.
Jude y yo no teníamos la suficiente confianza como para que sintiera la necesidad de indagar más…
ni de explicarme. Mejor no abrir esa caja de Pandora por mensaje de texto.
Mantener a los miembros de Dirty seguros y protegidos era el trabajo de Jude; un trabajo que llevaba haciendo, y bien, una década.
Pero también era el mejor amigo de Jesse, lo que significaba que no me sentía del todo cómoda teniéndole metido en mis asuntos personales.
En general, él lo respetaba.
Apagué la lámpara y me senté en la cama a oscuras, escuchando el suave rugido del océano por las ventanas abiertas mientras el cielo empezaba a clarear, totalmente incapaz de dormir…
y al final decidí devolverle la llamada a Dylan.
Todavía era temprano en Los Ángeles, aunque no tan indecentemente temprano como allí.
Probablemente estaría dormido de todas formas…
Pero contestó al primer tono. —Eh. ¿Cómo estás?
—Bien —dije—. ¿Y tú?
—¿Qué pasa? He oído que Seth está contigo.
Cogí aire. —Así es.
—¿Por qué?
—Porque… —¿Cómo se contestaba a eso, exactamente?—. Le invité a venir conmigo a casa de Woo.
—Ya. ¿Por qué?
—Porque quería hablar con él y era adonde iba. Así que aquí estamos.
—Elle. Todos están preocupados. Los chicos. Ash… Todos quieren saber qué está pasando.
—Ya lo sé. Pero no hay motivo para preocuparse, ¿vale?
—Elle…
—Puedes decirles que estoy bien.
Dylan guardó silencio un momento. —¿Tú crees que él está bien?
Ni siquiera sabía cómo contestar a eso. —Eh, sí. Creo que sí. O sea, seguramente sabe que todos se van a enfadar porque le he traído aquí…
—Vale —dijo Dylan—. Pero yo hablaba de Ash.
Ah.
—¿Crees que él está bien con esto?
—No le he pedido que esté bien con esto, Dylan. No necesito su permiso, igual que no necesito el tuyo.
—Tú no estás saliendo conmigo, Elle.
—Tampoco estoy saliendo con él.
—¿Desde cuándo?
Suspiré. No es que hubiera esperado que Dylan no se enterara de lo mío con Ash.
Nunca le conté que nos habíamos liado en la boda de Jesse ni que habíamos seguido liándonos, de manera informal, desde entonces.
Pero tampoco le pedí nunca explícitamente a Ash —ni esperaba— que no se lo contara.
Y aunque Ash no hubiera dicho ni una palabra, Dylan nos conocía lo bastante bien a los dos como para darse cuenta por sí solo.
—Sí, Ash y yo tuvimos algo —admití—. Pero se ha acabado, y de todas formas no fue algo de verdad.
Otra vez silencio.
Luego: —¿Él lo sabe?
No contesté a eso. Claro que Ash sabía que se había acabado. Llevaba tiempo agonizando.
Pero ¿sabía que no había sido real?
—Tengo que dejarte, Dylan. Me están entrando mensajes. —Era bastante cierto; el móvil me había sonado con mensajes mientras hablaba con él. Las llamadas y los mensajes probablemente iban a llover todo el puto día.
Solo de pensarlo me sentía agotada.
—¿Seguro que estás bien?
—Estoy bien. Y tengo a Flynn. —Sentí la necesidad de decirlo, de calmar sus preocupaciones.
—Vale. Cuídate —dijo—. Llámame para lo que sea.
—Lo haré.
—Luego te llamo para ver qué tal.
—Genial.
Colgué de aquella conversación sintiéndome aún peor que antes.
No me hacía ninguna gracia que nadie de la banda se preocupara por mí.
Normalmente, me resultaba irritante, como si estuvieran jugando a ser mis hermanos mayores y metiéndose donde no les llamaban, y odiaba esa mierda.
Pero Dylan era diferente. Dylan no se preocupaba por muchas cosas, y me conocía; sabía que me cuidaba sola, sabía que tenía mi vida controlada, que tenía todo un equipo de gente para ayudarme a mantenerla bajo control, y sabía que no necesitaba ni quería que se preocupara.
Pero se lo había notado en la voz. Estaba preocupado por aquello.
Miré los mensajes nuevos, a regañadientes, y encontré un par de textos de Maggie.
Maggie: Llama a Brody. Está flipando.
Maggie: Si quieres hablar, avísame. Extraoficialmente.
Mierda… Si Maggie decía que Brody estaba «flipando», la cosa no pintaba bien.
Le mandé un rápido Gracias por la oferta extraoficial. Quizá se la aceptase en el futuro. Ahora mismo, no.
Ahora mismo, todavía no había definido mi propia postura sobre todo el asunto de Seth. No estaba lista para hablarlo con nadie más.
Yo: ¿Cómo está Jesse?
Le mandé la pregunta a Maggie, como había hecho muchas veces aquel último año cuando estaba preocupada por él, o tenía curiosidad, o lo que fuera, pero no quería hablar con él directamente.
Maggie: No estoy segura. Katie dice que ha estado fuera toda la noche bebiendo con Jude y que antes de eso no paraba de dar vueltas por la casa.
Maggie: Lo que sea que eso signifique.
Maggie: Aquí es un desastre total.
Remató eso con un emoji de caca sonriente.
Se me escapó una sonrisa.
Yo: Siento haber causado el desastre.
Maggie: No es culpa tuya.
Maggie: Hombres.
Mandó otro emoji de caca sonriente.
Entonces entró una llamada. La notificación en la pantalla decía: Jesse.
Estupendo…
Cogí aire y contesté. —Hola.
—Eh. ¿Cómo estás? —Sonaba tenso. Muy tenso.
¿Borracho?
—Bien.
—¿Estás en casa de Woo? —Su voz era cortante, seca.
—Sí.
—¿Cuánto tiempo?
—Unos días. Quizá una semana. ¿Por qué?
—¿Seth está contigo?
—Sí.
Silencio.
—¿Qué quieres, Jesse? Estoy de vacaciones, ¿vale?
—¿Con Seth Brothers?
—Eso parece.
—¿Y cómo ha sido eso…?
—Jesse. No tengo que darte explicaciones.
—Y un cuerno.
—Jesse…
—Más te vale empezar a darle explicaciones a alguien, porque Brody está subiéndose por las putas paredes…
—Y siento que Brody esté disgustado. Pero esto no tiene nada que ver con Dirty.
No tenía nada que ver. No ahora mismo.
Ahora mismo tenía que ver conmigo y con Seth Brothers. Punto.
—Entonces, ¿con qué coño tiene que ver, Elle?
—Sinceramente, no es asunto tuyo.
Jesse resopló y dijo: —¿Vas a llamar a Brody?
—Pronto.
—Hazlo antes.
—Adiós, Jesse. —No esperé a que se despidiera. Colgué.
Aquello no era exactamente nada nuevo.
Así que Brody estaba perdiendo los papeles. Y Jesse estaba cabreado conmigo. Como siempre, todo el mundo tenía una reacción a cada puta cosa que hacía. Una expectativa sobre mí. Una exigencia.
Todos querían algo de mí, tuvieran derecho o no.
Pero había una persona de la que todavía no había tenido noticias. La única persona que de verdad tenía derecho a exigir saber qué estaba pasando allí, si es que alguien lo tenía.
Así que llamé yo misma a Jessa Mayes.
No me sorprendió que Brody cogiera el teléfono. Una vez terminadas las audiciones, habría tomado el primer avión a Vancouver para estar con ella. Aunque sonó notablemente tranquilo cuando me dijo: —La banda sabe que Seth está ahí contigo.
—Y déjame adivinar. No están contentos.
—Yo diría que están confusos, Elle.
—Solo estamos hablando —le dije—. Tú no quieres hablar con él, y Jesse no quiere hablar con él, pero yo sí, Brody.