8 Seth
SETH
—¿Y qué hay de Jessa? —me preguntó Elle tras un largo, pero no incómodo, silencio.
Seguía sentada en el asiento de la ventana, todavía en guardia, pero mientras habíamos estado en la cocina de Woo, hablando, parecía que estábamos ganando terreno.
Milímetro a milímetro, quizá. Y me daba la impresión de que el mundo exterior se desvanecía.
De que nada era más importante que esta conversación. Aquí y ahora.
Yo. Elle.
Respondiendo a sus preguntas e intentando atravesar las capas de mierda que el tiempo, los sentimientos heridos y demasiados errores estúpidos habían acumulado entre nosotros.
Pero no tenía ni idea de cómo responder a esa pregunta en concreto.
—¿Qué pasa con Jessa?
—Está con Brody ahora —dijo, estudiando mi reacción.
No tuve mucha, la verdad. Hacía mucho que había aceptado que Jessa Mayes no era mía. Que nunca me había querido como yo esperaba que lo hiciera. Que su corazón siempre había estado fuera de mi alcance, porque le pertenecía a otro.
Y el hecho de que estuviera con Brody no me sorprendía. Lo único que me sorprendía era que no hubieran estado juntos desde el primer día.
—Sí —dije.
—¿No te molesta?
—¿Por qué iba a molestarme?
—No sé. Vosotros dos salisteis.
—Sí. Supongo que podrías llamarlo así.
—¿Tú cómo lo llamarías?
—Jessa y yo tuvimos una relación —admití, andándome con cuidado.
No tenía ni idea de lo que Elle sabía, o creía, ni de lo que sentía respecto a esa relación—.
No fue exactamente… convencional. Los dos estábamos un poco…
perdidos, en aquella época. —No sabía cómo expresarlo de otra manera—.
Y no fue algo público. Pero eso ya lo sabes.
—Todos lo sabemos —dijo Elle—. Pero no es que no tuviéramos ni idea en aquel entonces.
Al menos yo. Veía cómo eras con ella. Solo pensé que…
—Se calló, abrazándose las rodillas con más fuerza.
Bajó la mirada a sus pies y se rascó el esmalte de uñas.
Y me di cuenta, al observar cómo le cambiaba la cara, de que Elle se sentía…
¿culpable? ¿Por lo que pasó entre Jessa y yo?
—. Solo pensé que estabas colado por ella.
—Me lo imagino —dije, con cautela—. Me imagino lo que veías.
—Brody no quería verlo, seguro. Pero te gustaba. —Me miró—. Y por lo que yo podía ver, tú también le gustabas a ella.
—Sí, me gustaba.
Que yo también le gustara a Jessa, en algún momento, estaba fuera de toda duda. Pero cuánto y durante cuánto tiempo, realmente no habría sabido decirlo.
—¿Siempre? —me preguntó Elle, con sus ojos grises escrutándome el rostro.
—No siempre —dije—. Al cabo de un tiempo. Y hasta que ella quiso dejarlo. O algún tiempo después. —Me encogí de hombros—. Era joven y bastante imbécil. Puede que tardase más de lo debido en pillar el mensaje.
Las cejas de Elle se contrajeron. —Yo no soy particularmente joven, Seth —dijo con suavidad—. Y no soy imbécil. Pero tardé mucho, mucho tiempo en pillar el mensaje.
Jesse. Estaba hablando de Jesse.
No supe qué decir. Pero desde luego no me pasó desapercibido que acababa de compartir algo increíblemente personal conmigo.
—Entonces… ¿cuándo pillaste el mensaje? —me preguntó.
Lo pensé. No tenía claro si hubo un momento concreto en el tiempo en que me diera cuenta de que Jessa había terminado conmigo y de que no había ni una puñetera cosa que pudiera hacer al respecto. Si ocurrió así, no lo recordaba.
—Quizá la última vez que la vi. En aquella fiesta en casa de Brody. El descanso de la primera gira.
—Me acuerdo de aquella noche —dijo Elle—. Gran fiesta.
Sí. Pero no para mí.
—Jessa y yo llevábamos un tiempo mal —dije—.
Habíamos dejado de acostarnos. —Observé cómo se lo tomaba, pero no mostró ninguna reacción.
Su guardia seguía bien alta, su expresión cuidadosamente neutra, pero no indiferente.
No sabía lo que era; en realidad, nunca se me había dado muy bien leer a Elle.
Probablemente nunca supe hacerlo—. Quería volver con ella pero me dijo que no iba a hacerlo. Dijo que estaba enamorada de Brody.
Me habían dolido tanto sus palabras, y estaba tan hecho polvo a esas alturas —y tan ciego de coca— que la llamé puta. Lo recordaba vívidamente. Estaba tan destrozado por perderla que quise hacerle daño.
A esas alturas, me importaba una mierda hacerme daño a mí mismo.
Pero nada de eso se lo mencioné a Elle.
Había cosas de las que todavía me daba demasiada vergüenza hablar con la mayoría de la gente, y llamar puta a Jessa Mayes por dejarme y estar enamorada de Brody desde luego entraba en esa categoría.
—¿Fue eso lo peor? —preguntó Elle, con la mirada firme en mí.
—No —admití—. Cuando cortó conmigo la primera vez, antes de eso, la cosa se puso bastante fea.
Fue justo antes de escribir Dirty Like Me.
Después de aquello pasamos mucho tiempo sin hablarnos.
—Hacía mucho que no pensaba en eso. Casi lo había olvidado—.
No creo que nadie supiera exactamente lo que pasó. Pero Brody se me echó encima una noche.
—¿Se te echó encima?
—Con los puños.
—Ah. —Elle no pareció muy sorprendida. Pero claro, ella había estado allí cuando Brody me pegó, en febrero; cuando me acusó de violar a Jessa, delante de toda la banda—. Te refieres a… ¿aquella misteriosa fractura de la órbita del ojo y el diente roto?
—Eso —dije.
De eso hacía ya casi nueve años, pero lo recordaba.
Brody me había confrontado, me había preguntado si me estaba acostando con Jessa.
Y yo había estado lo bastante enajenado en aquel momento como para pensar que quizá todavía podía conquistarla, que los dos podrían rendirse el uno al otro.
Brody había estado saliendo con otra persona de todas formas, con idas y venidas.
Había conseguido convencerme, durante un tiempo, de que quizá simplemente iba a dejarme tenerla.
Eso, y probablemente estaba colocadísimo como para pensar que eso fuera a pasar jamás.
—¿Y qué pasó después de eso? —presionó Elle.
—Mantuve las distancias con ella un tiempo.
Pero después de que saliera Love Struck, intenté volver con ella.
La noche de su graduación del instituto, me presenté fuera, quería llevarla en coche a la fiesta que Brody daba en su casa.
Ella dijo que no iría conmigo porque estaba ciego.
Fue la primera vez que recuerdo que me cantó las cuarenta de verdad.
Prácticamente me suplicó que me desenganchara, pero yo estaba a años luz de hacer eso.
Ni siquiera entendía de qué me estaba hablando.
Discutimos. Me dio una bofetada. Ni siquiera sé qué dije para empujarla a hacerlo.
Pero intenté agarrarla cuando se alejó de mí.
Le pillé la camiseta y el tirante se rompió. Lloró. Fue… horrible.
Aquel momento entre nosotros fue, en realidad, el peor momento que recordaba, porque fue el momento en que de verdad me caló: que yo era malo para Jessa. Que ella merecía mucho más que yo. Que solo iba a arrastrarla hacia abajo.
Era guapa y con talento y buena persona, y acababa de terminar el instituto.
Apenas tenía dieciocho años. Y ahí estaba yo, con veintiuno, intentando llevarla a una fiesta cuando iba puesto de un cóctel de drogas y alcohol, intentando convencerla de que volviera conmigo, cuando lo único que ella quería era que me pusiera las pilas y, probablemente, que la dejara en paz de una puta vez.
Fue un momento de lo más bajo.
Pero por aquella época tenía muchos momentos de esos. La mayor parte del tiempo simplemente intentaba aniquilarlos con drogas.
¿Tienes un problema? Tranquilo. Solo bebe y esnifa hasta que desaparezca.
Aquella noche, sin embargo, no me coloqué más de lo que ya estaba.
La discusión con Jessa me había dejado en shock, más o menos sobrio, o al menos lo bastante sobrio para meterla en un taxi y que pudiera llegar a la fiesta de Brody de una pieza.
Fue la única vez que estuve cerca de ponerle las manos encima durante una discusión.
Ella me había pegado primero, pero eso no debería haber importado.
Quererla y querer hacerle daño; esas cosas no deberían haber ido juntas. Eso sí lo sabía.
—Debió de ser… doloroso —dijo Elle, y había algo de compasión en su voz mientras me observaba.
No estaba seguro de merecerla, pero ahí estaba—.
Dios sabe que había mucho… bueno, drama en mis relaciones por aquel entonces.
Y todavía a veces. Y Jessa… Todos sabíamos que lo estaba pasando mal.
Le dio mucha guerra a Jesse por entonces.
A Jude y Brody… a todos. Aunque yo probablemente habría hecho lo mismo en su lugar.
Perder a sus padres tan joven. Criarse en medio de este circo de rock and roll… —Se calló.
No tenía ni idea de si cada palabra era sincera, o si solo estaba intentando animarme a abrirme, a contarle más sobre mi relación con Jessa.
Tendiéndome una trampa, quizá. Queriendo que me sintiera seguro para hablar con ella, para confesar mis pecados, mientras sopesaba mis respuestas.
Podía verlo en sus ojos. Como una pequeña balanza inclinándose de un lado a otro, calibrando la validez de mis palabras. Mi sinceridad.
Pero en esto no era más que sincero.
No tenía ninguna razón para mentir sobre lo que pasó entre Jessa y yo.
El daño ya estaba hecho.
Y nunca fui yo quien quiso mantener nuestra relación en secreto. Fue Jessa quien insistió en eso.
—Jessa Mayes es una chica preciosa —dije, eligiendo mis palabras con cuidado—. Pero yo vi su lado feo. Eso es lo peor que me oirás decir nunca de ella, y no lo digo como un insulto. Fuera cual fuera la oscuridad que llevaba dentro, fuera lo que fuera con lo que luchaba, yo luchaba con algo peor.
Elle no respondió, pero al cabo de un momento asintió, como indicándome que siguiera.