Tan canalla como Seth 6 Elle #2
20%

6 Elle #2

El pensamiento me cruzó la mente, demasiado perturbador para detenerme a considerarlo.

—Para. ¡Aparca! —le grité a Flynn cuando empezamos a alejarnos—. ¿Puedes dar la vuelta? Al sitio de tacos.

—¿Quieres pasar por el drive-thru? —preguntó Flynn; yo nunca comía comida rápida. Pero puso el intermitente y se coló en el carril de giro.

—Solo entra en el aparcamiento —dije.

Lo hizo. Aparcó en uno de los huecos estrechos a lo largo del lateral del sitio de tacos y yo salté inmediatamente. Flynn salió detrás de mí para montar guardia, porque eso era lo que hacía Flynn, aunque solo fuera a comprar un taco.

Pero pasé de largo la puerta del restaurante y me acerqué a Seth. El viejo sintecho estaba trasteando con la guitarra; estaban hablando de música, hasta donde pude apreciar. El viejo me miró primero. Cuando me vio de pie delante de ellos, abrió mucho los ojos en su cara surcada de arrugas.

Luego Seth levantó la vista también.

—Quiero hablar contigo —dije.

Y así era. En cuanto le vi sentado aquí en el bordillo… simplemente tenía que hacerlo.

—¿Esta es tu chica? —preguntó el viejo, sonriendo. Arrastraba las palabras. Sonaba borracho, quizá, o enfermo. O simplemente podía ser la edad y los dientes que le faltaban.

—No —dijo Seth. Me miraba con cautela. Confusión. Preguntándose qué coño hacía yo aquí, probablemente. Pero su tono fue tranquilo y sereno cuando dijo—: Esta es Elle.

—Elle —repitió el viejo, saboreando el sonido de mi nombre—. Nombre bonito para una chica bonita.

—Gracias —dije.

—Parece que me tengo que ir, Gus —le dijo Seth al viejo, pero sus ojos seguían en mí.

—A veces los ángeles vienen a buscarte —reflexionó el viejo, devolviéndole la guitarra a Seth—. Hay que ser muy tonto para dejarlos pasar.

Seth guardó su acústica y se puso en pie. Seguía mirándome cuando dijo: —Y que lo digas.

—No soy ningún ángel —le dije al viejo, sobre todo porque me sentía incómoda mirando a Seth a los ojos. Estaba a apenas unos pasos de mí, y no estaba preparada para eso.

—A mí me lo parece —dijo el viejo, todavía dedicándome su sonrisa desdentada.

Me di la vuelta y volví al todoterreno. Flynn me salió al encuentro a medio camino, o, mejor dicho, interceptó a Seth.

—¿A dónde va él?

Reprimí las ganas de poner los ojos en blanco. —Puedes cachearlo si quieres —dije—. Seguro que no le importa.

No estaba segura de eso, pero quería que Flynn se sintiera ridículo por pensarlo.

Le echó un vistazo a Seth, pero lo dejó estar.

Mientras yo le hacía un gesto a Joanie para que dejara el asiento de atrás, él cogió las fundas de guitarra de Seth sin decir palabra y las cargó en la parte trasera del todoterreno.

Joanie se bajó y fue corriendo al asiento delantero, y nosotros —Seth y yo— nos sentamos atrás.

—¿A dónde? —me preguntó Flynn mientras se acomodaba en el asiento del conductor.

—Al aeropuerto —contesté, porque nada había cambiado. Yo dormía en Kauai esta noche, y nada se iba a interponer en eso.

Tras una breve vacilación, durante la cual supuse que Flynn estaba considerando decir algo más —pero sabiamente decidió no hacerlo—, arrancó y nos pusimos en marcha.

—¿Quieres música? —preguntó Joanie desde delante. Traducción: ¿Pongo la música otra vez para que nos cueste más escuchar a escondidas?

—Sí —dije, y subió a Lenny.

Después de unas manzanas tensas, conseguí mirar a Seth.

Estaba sentado allí con cara de incómodo y relajado al mismo tiempo, de algún modo. Sus ojos encontraron los míos al instante, y vi la inquietud en ellos. No tenía ni idea de qué era esto.

Yo tampoco. Todavía.

—¿Qué estabas haciendo? —le pregunté, con mucho más desprecio en la voz de lo que era justo—. ¿Tocar en la calle?

—Estaba hablando con Gus —dijo con calma—. Me estaba enseñando una canción.

—¿Te estaba enseñando a ti?

—Tuvo una banda en su día. Tocaba blues.

—Ah.

Vaya, qué bonito. Un atisbo de dónde podría haber acabado Seth si no se hubiera desenganchado, quizá. Ni siquiera sabía por qué eso me incomodaba tanto. ¿Culpa?

—¿Tienes muchos amigos en la calle?

—Algunos —dijo, aparentemente impasible ante el concepto.

Lo dejé correr. Pero seguí mirándole, incluso cuando él desvió la mirada.

Cuando estaba en el escenario del bar, no le había podido ver bien. La pantalla no estuvo apartada mucho rato, y estaba tan en shock, por no hablar de distraída por la tensión en la sala y las reacciones de todos los demás, que no había absorbido del todo lo que estaba viendo.

Tenía buen aspecto. Muy buen aspecto.

Sano.

Y el pelo más corto le sentaba bien.

Se había quitado las gafas de sol, y sus ojos encontraron los míos otra vez. Eran los mismos de siempre. De un verde pálido y ahumado, casi grisáceo, con dorado alrededor de las pupilas. Pero había algo en ellos que no sabía identificar. Algo nuevo. Una seguridad en sí mismo, quizá. Una madurez.

Pero igual que cuando le vi en el escenario esta noche… no vi a un hombre culpable devolviéndome la mirada.

—Te escucho —dijo—. Lo que tengas que decir, puedes decirlo.

—Todavía no —dije. Y le dije—: Sigo cabreada contigo.

Y lo estaba.

Había un montón enorme de sentimientos contradictorios arremolinándose dentro de mí en ese momento, algunos feos, pero sabía que no debía dejarlos salir todos a borbotones.

Primero necesitaba un poco de tiempo para ordenar mis pensamientos y no estallar de rabia.

O de culpa, que era rabia conmigo misma.

No se inmutó, ni siquiera parpadeó cuando dijo: —Lo sé.

Aparté la mirada y saqué el móvil del bolso, sobre todo porque quería que pensara que tenía algo más que hacer. Aunque lo único que necesitaba hacer ahora mismo era recomponerme. Había sido un impulso, recogerle. Pero no me arrepentía. Simplemente no soportaba verle ahí sentado en la calle.

Culpa, sí. Pero algo más, también.

Estaba mal.

Seth había sido mi amigo una vez. Un buen amigo. Un amigo de verdad.

Con los años había aprendido de sobra el valor de un amigo de verdad. No tenían puto precio.

¿Cómo iba a pasar de largo, como si Seth nunca hubiera significado nada para mí?

No podía. Quizá Brody podía. Quizá los chicos de la banda podían.

Yo no.

Cuando miré el móvil, ya tenía mensajes de Jesse, Ash, Maggie y Liv, pero los ignoré todos. Joanie también me había escrito, desde el asiento delantero.

Joanie: ¿Todo bien?

Le contesté un rápido Sí. Porque todo estaba bien. Al menos, con nuestros planes de viaje.

Seguía deseando salir de aquí.

Seguía harta de cojones de todos los enfrentamientos.

Jesse y Zane, chocando por cada guitarrista al que habíamos audicionado —Seth incluido—.

Y ahora Brody estaba tan cabreado que se había largado.

Maggie y Zane ni siquiera parecían hablarse últimamente, y no estaba segura de si alguien más se había dado cuenta, o si era solo cosa mía.

Sabía que debería hablar con ella, ver si todo estaba bien, hacerle saber que podía contar conmigo.

Dios sabía que ella había mediado en las peleas de Zane con todos los demás; si estaba teniendo problemas con él, alguien debería dar la cara.

Pero estaba tan jodidamente harta de todo.

De verdad necesitaba este descanso.

No solo no sabía qué decirle a Seth ahora mismo, sino que no tenía energía para decirlo. Para lidiar con lo que él pudiera contestar… o con lo que todos los demás iban a decir cuando se enteraran de que yo —horror de los horrores— había llevado a Seth y había tenido una conversación con él.

Todo estaba empezando a rozar lo jodidamente infantil.

Y de todas formas, aunque hubiera tenido la energía para lidiar con todo, no tenía tiempo. Hoy no.

Así que me volví hacia él otra vez y dije lo único que parecía razonable decir.

—¿Tienes planes esta noche?