Tan canalla como Seth 6 Elle
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6 Elle

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ELLE

Encontré a Brody en el pasillo, solo, hablando por teléfono. Al acercarme, le oí decir: —Te llamo en un rato… Adiós, cariño. —Lo que significaba que estaba hablando con Jessa.

La hermana de Jesse formaba parte de Dirty otra vez oficialmente; la habíamos contratado como compositora.

Pero no participaba en el proceso de audiciones.

Estaba en casa, en Vancouver, ahora mismo, lo que significaba que Brody la llamaba en cuanto tenía ocasión para ver cómo estaba y mantenerla al día.

Porque eso es lo que hace la gente cuando es pareja.

¿En qué mundo los «amigos con derecho» necesitaban informar de sus movimientos?

Intenté dejar que la irritación por la conversación con Ash se me escurriera de encima. Ahora mismo necesitaba reservar toda mi irritación para Brody.

—Pues vaya mierda —le dije cuando levantó la vista y me vio acercarme.

—¿Qué parte? —preguntó, inexpresivo. Estaba claro que estaba tan poco impresionado como yo con lo que había pasado en esa audición, solo que por motivos distintos.

—Tú —dije sin rodeos—. Largándote.

—Sabes que no voy a hacer nada que disguste a Jessa ahora mismo —dijo. Y sí, lo sabía.

Y no, no le culpaba por ello.

Pero eso no hacía que lo que había pasado ahí dentro estuviera bien.

—Brody, siempre has sido honesto conmigo.

Cuando Jesse no estaba… ya sabes, contento, cuando estábamos juntos…

tú fuiste el único que fue verdadera y dolorosamente honesto conmigo.

Así que te pido que hagas un esfuerzo y seas honesto conmigo ahora.

—Cogí aire y le pregunté—: ¿De verdad crees que Seth hizo algo indebido con Jessa?

No iba a decir la palabra violación. Simplemente no podía.

Nunca había sido capaz de conciliar esa palabra con Seth y Jessa en mi cabeza.

Meses atrás, mucho después de que Brody le escupiera esa palabra a Seth en la cara, cuando le pregunté a Jessa si quería que echaran a Seth y ella me confesó que no, decidí que «violación» era muy probablemente una palabra tremendamente explosiva para lo que en realidad había pasado entre ellos dos, escogida por el ego masculino de Brody para resumir sus sentimientos personales sobre el asunto.

Nunca había compartido esa teoría con nadie.

Pero él sabía lo que le estaba preguntando.

No dijo nada, con sus ojos azul oscuro clavados en mí, y su cara, bueno… se notaba que estaba luchando por no cabrearse conmigo. Algo era algo.

—Quiero decir —seguí presionando—, aparte de ser un chaval estúpido y solo que tomó demasiadas drogas y quizá se enamoró.

—No quiero oír hablar de esto, Elle —dijo en voz baja. Demasiado baja.

—Mala suerte. Era un huérfano, Brody…

—Puedes ahorrarte la historia del pobre huerfanito solitario, Elle. Ya la he oído entera. De Jessa. Y lo que era, era un hombre hecho y derecho.

—Tenía diecinueve años —repliqué—. Y era huérfano. Y adicto. Y éramos todo lo que tenía.

—¿De dónde coño sale esto? —exigió Brody, con bastante veneno en la voz, y me pilló desprevenida. Brody nunca me había hablado así, pero claro, cuando se trataba de Jessa, el hombre era un oso sobreprotector. Siempre lo había sido.

—Sale de mis tripas —dije—. Porque hoy no he visto a un hombre culpable en ese escenario. ¿Tú sí?

El pecho de Brody se elevó al tomar una inspiración profunda, increíblemente lenta —quizá parte de su terapia para controlar la ira—. Luego dijo, en voz baja: —Jessa forma parte de Dirty, Elle. Tiene un contrato. A no ser que eso cambie, no veo cómo encaja Seth, ¿y tú?

No tenía respuesta para eso. No iba a quedarme aquí hablando en nombre de Jessa, como hacía él. Pero lo que había dicho iba en serio.

¿Por qué iba un hombre culpable a volver, a subirse a ese escenario, delante de todos nosotros, delante de las cámaras, delante del mundo, solo para darlo todo tocando y arriesgarse al rechazo otra vez?

¿Arriesgarse a otra nariz rota, o algo peor?

Me di media vuelta y me alejé.

—Avísame cuando vuelvas de Kauai —dijo Brody a mis espaldas, pero ni le contesté. Todavía no le había dicho a nadie exactamente cuándo volvería, y por algo sería. No sabía cuándo iba a volver.

Ahora mismo no sentía ninguna obligación de estar en ningún sitio que no fuera esa playa. Mi único compromiso urgente era con Dirty: encontrar un guitarrista y terminar el álbum, que se había paralizado, otra vez, mientras filmábamos esto. Volvería para eso cuando me necesitaran.

Hasta entonces, estaba de vacaciones.

De camino a la salida, sin embargo, había una persona más a la que esperaba ver. Sabía que Jude tenía que haber dejado entrar a Seth en el bar, porque nadie entraba sin que Jude y su equipo lo permitieran.

Pero nadie sabía dónde estaba.

Le dije a Joanie que estaba lista para irme, y de camino a la salida apareció Flynn.

Miembro del equipo de seguridad desde hacía mucho, a Flynn le habían «ascendido» este año —asignándolo a mí como guardaespaldas personal y conductor—; desde que mi álbum en solitario me catapultó a un nivel aún más alto de la estratosfera del estrellato hacía unos años, Jude ya no me dejaba ir a ningún sitio sin uno.

Los tres, Flynn, Joanie y yo, salimos por detrás. La moto de Jude seguía allí, pero él no aparecía por ninguna parte, y no iba a volver dentro a buscarle.

Tendría que hablar con él más tarde.

Liv estaba fuera, con su equipo cargando material en un par de camiones enormes. —Elle —dijo, poniéndose a mi paso. Ni siquiera me detuve—. ¿Puedo preguntarte sobre Seth? ¿Ante la cámara?

—Ahora no. —Era mi forma educada de decir Nunca.

—¿Solo un pequeñísimo comentario? —insistió—. Algo. Lo que sea. Necesito una reacción de alguien de la banda. ¿Unas pocas palabras?

—Ha dicho que ahora no. —Ese fue Flynn. De algún modo, consiguió interponer sus anchos hombros entre nosotras y frenar a Liv en seco mientras yo me metía en el todoterreno con Joanie.

—Lo siento, Liv —dije, de nuevo por educación. No lo sentía.

Estaba acostumbrada a las cámaras, pero estaba harta de toda esta experiencia del documental.

Cámaras y equipo de rodaje en la cara todo el día, todos los días durante las últimas tres semanas.

Primero, entrevistas con todos nosotros, luego material de entre bastidores con la banda, tocando en la iglesia, haciendo lo que hacemos a diario.

Me habían filmado entrenando, mientras me maquillaban y peinaban, comiendo con Dylan —¿como si eso fuera interesante?

—, todo lo que pudieran conseguir. Luego las dos semanas seguidas de audiciones, con jornadas absurdamente largas cada día.

Liv me caía bien, pero ya había tenido suficiente.

Flynn cerró mi puerta y rodeó el coche hasta el asiento del conductor.

—No te preocupes por Liv —dijo Joanie en tono solidario—. Programaremos otra entrevista, si y cuando estés lista. Si no, hablaré con Brody.

Eso se había convertido en su mantra últimamente.

Hablaré con Brody.

Hablaré con Jesse.

Hasta se había atrevido a dar un paso al frente con un Hablaré con Zane.

La mujer no tenía miedo a nada. Se tomaba su trabajo en serio y me había sacado las castañas del fuego, y de qué manera, desde la ruptura con Jesse. Se había tomado la molestia de lidiar con mierdas de las que realmente no tenía por qué encargarse, solo para que yo no tuviera que hacerlo.

A estas alturas, no sabía qué coño haría sin ella.

—Todo irá bien —le dije mientras arrancábamos, una afirmación que ni iba ni venía. ¿Quería que librara mis batallas con Brody por mí?

No.

¿La dejaría?

Posiblemente, sí.

Suspiré y me hundí en el asiento, intentando no mirar a Liv de pie en el aparcamiento, viéndome alejarme en el coche. Podía sentir la pregunta en sus ojos, siguiéndome: ¿Qué estáis escondiendo?

¿De qué tenéis tanto miedo?

Liv había dejado escapar su verdadera vocación como periodista de investigación.

—¿Quieres que repasemos las cosas ahora? —ofreció Joanie, probablemente intentando distraerme.

—Dentro de un momento. Solo asegúrate de que mi agenda esté totalmente despejada para los próximos días. O sea, quiero no deberle nada a nadie. —Eso sería un sueño.

Pero, por mucho talento que tuviera, Joanie no hacía milagros.

—¿Quieres que cambie la llamada con Danielle?

Mierda. Danielle. Se me había olvidado que tenía una conferencia telefónica importante con mi publicista y su equipo.

—¿Es el lunes?

—Es mañana —dijo Joanie—. Pero puedo moverla.

Una oferta arriesgada, dado que Danielle llevaba semanas encima de mí con lo de esta reunión.

Teníamos mucho de lo que hablar sobre la próxima campaña de Kiss mi nueva línea de pintalabios se lanzaba en dos meses.

No le iba a hacer ninguna gracia recibir la llamada de Joanie en lugar de la mía.

—Muévela a la semana que viene —dije—. Necesito siete días. Solo consígueme siete días y te querré para siempre.

—Ya me quieres para siempre —dijo.

—Es verdad. —Eché la cabeza hacia atrás en el asiento—. Música. Por favor.

Joanie tocó su móvil y, por obra y gracia del Bluetooth, Always on the Run de Lenny Kravitz llenó el aire.

Joanie tenía al alcance de la mano todo lo que pudiera apetecerme escuchar; así de buena era conmigo.

Debería estar pensando en darle otro aumento de sueldo. En cuanto volviera de las vacaciones…

Cuando nos detuvimos en un semáforo en rojo, giré la cabeza para mirar por la ventanilla tintada. Y le vi allí.

Estaba bastante oscuro… pero era él, sin duda.

Sentado en el bordillo frente al sitio de tacos que había enfrente del bar.

Estaba recostado contra el cartel del drive-thru, como un músico callejero cualquiera, pero su funda de guitarra, tirada a su lado, no estaba abierta para las monedas.

El viejo sucio sentado a su lado —y estaba literalmente sucio— tenía su acústica, y los dos estaban charlando.

—No me jodas. —Me incorporé.

El viejo era obviamente un sintecho. Pero, a pesar de su camiseta descolorida y los rotos de sus vaqueros, Seth Brothers estaba lejos de eso.

¿O no?

Joder, ¿qué estaba haciendo? Sentado en el bordillo como basura del día anterior…

¿Estaba comprando droga?