5 Elle
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ELLE
El backstage era un caos total. Todo el mundo corría de un lado a otro; el equipo de producción desmontaba y los demás intentaban quitarse de en medio de la banda porque, al parecer, todos se habían enterado de lo que había pasado ahí dentro y probablemente esperaban que fuéramos rompiendo cosas a nuestro paso.
Vi a Zane hablando con Jude y Brody, pero no me acerqué. Maggie, Liv y Joanie se me echaron encima mientras yo iba directa por el pasillo, pero las frené con una mano en alto.
—Que no entre nadie —le dije a Joanie, y desaparecí en mi camerino.
Era un almacén con estanterías metálicas llenas de provisiones del bar —mezclas para bebidas y tarros de aceitunas—, pero lo habían apañado para mí, arrimándolo todo a las paredes y trayendo un tocador con un espejo de cuerpo entero, luces portátiles y un par de percheros.
Me dejé caer en la silla frente al tocador con un suspiro.
Dios, solo necesitaba un minuto a solas para…
La puerta se abrió y Ash entró. Me giré hacia él, pero antes de que pudiera abrir la boca, Joanie asomó la cabeza por detrás. —Yo… eh… he dado por hecho que no te referías a Ash.
Ash arqueó una ceja y yo logré esbozar una media sonrisa. —Está bien —le dije, aunque no lo estaba. Que Joanie hubiera descubierto que me estaba tirando a Ash —de vez en cuando— no significaba que él tuviera acceso a mi santuario privado cada vez que le diera la gana.
Tendría que hablar con ella. Más tarde.
Se fue, cerrando la puerta y dejándome a solas con Ash. Cuando le miré a los ojos, me lanzó una mirada expectante.
Una mirada que me estaba lanzando mucho últimamente.
—¿Qué tal ha ido? —preguntó.
Supuse que estaba siendo sarcástico, ya que él había estado en la sala hasta que Brody echó a todo el mundo; había estado allí cuando a Seth le dieron la patada.
—Genial —dije, igual de sarcástica.
Se acercó y me tendió la mano, levantándome de la silla.
—Sé que estáis teniendo problemas para encontrar a alguien, pero lo encontraréis.
Y, oye, si al final nada sale bien… —Me rodeó con los brazos, atrayéndome hacia él—.
Siempre podéis contratarme a mí. —Me dedicó su sonrisa encantadora, y noté cómo me tensaba.
No era la primera vez que lo decía.
En los últimos meses, Ash había empezado a soltar indirectas —al menos conmigo— sobre unirse a Dirty.
Y no era que no tuviera talento suficiente.
Pero en el pasado nunca nos habíamos planteado a Ash, porque tenía su propia banda.
Era el cantante principal de los Penny Pushers y, aunque los Pushers no eran tan grandes como Dirty, llevaban juntos mucho tiempo y Ash era su frontman.
Nunca se nos ocurrió que de verdad se plantease dejarlos para tocar la guitarra rítmica con nosotros.
La cuestión era que, ahora que me acostaba con él, jamás accedería a que se uniera a Dirty.
Pero ¿cómo iba a decírselo?
Solo esperaba y rezaba para que no le llevara la idea a Dylan. Porque si Dylan se entusiasmaba y le proponía a la banda que Ash quería entrar, y yo decía que no, la cosa se pondría incómoda. Todos exigirían saber por qué estaba diciendo que no.
Y entonces tendría que soltar alguna estupidez, delante de todos —delante de Jesse—, sobre cómo había empezado a acostarme con Ash para sentirme mejor cuando Jesse se casó con Katie, a pesar de que no tenía ninguna intención de ser su chica…
y ahora él andaba rondando para convertirme en su chica…
y no podía unirse jamás a Dirty por culpa de mis impulsos calentones.
Jodidamente vergonzoso.
Por no hablar de que todos podrían cabrearse conmigo por arruinar nuestra oportunidad de tener una opción realmente brillante para nuestro nuevo guitarrista.
Solo podía esperar que Ash hubiera pensado en todo eso y tuviera previsto mantener la boca cerrada.
—Ash… —empecé, sin saber ni qué decir. ¿Cómo iba a decirle que no les dijera nada a los chicos, que no les preguntara nunca si podía unirse a la banda?
Se enfadaría. Eso ya lo sabía. Se lo tomaría como un insulto; un rechazo profesional y personal.
Porque desde hacía un tiempo, Ash llevaba intentando convertir esto que había entre nosotros en algo que no era.
Al menos, para mí no lo era.
—Nena —dijo, con sus ojos azules buscando los míos y las manos deslizándose por mi espalda—, solo estoy de broma.
Pero igual que cuando se ofreció por primera vez a acostarse conmigo para ayudarme a superar lo de Jesse —Amigos con derecho, había dicho—, los dos sabíamos que no estaba de broma.
Sus manos bajaron hasta mi culo y apretaron con suavidad. Luego se inclinó para besarme, y le dejé. Rozó sus labios contra los míos y, cuando cerré los ojos, ladeó la cabeza y profundizó el beso. Fue cálido y exigente, y suspiré suavemente cuando su lengua se deslizó entre mis labios.
Entonces su piercing en la lengua me rozó la lengua, y sentí un hormigueo en la nuca.
No el tipo de hormigueo arrasador por todo el cuerpo que sentí la primera vez que me besó —a oscuras, en el bosque, la noche de la boda de Jesse—, pero aun así…
por un momento, me dejé llevar. Al fin y al cabo, no dejaba de ser mujer.
Y Ash estaba, sencillamente, tan… bueno.
Era el único hombre con el que me había acostado en mucho, mucho tiempo… y resultaba que se le daba muy, muy bien besar.
Y follar.
Mientras le devolvía el beso, él gimió y me agarró de las caderas, pegándome a él y presionando su duro bulto contra mí; su polla, dura y ansiosa dentro de los vaqueros, se clavaba contra mi entrepierna.
Sentí la correspondiente oleada de deseo en mi propio cuerpo, en lo profundo del vientre, entre las piernas.
Y, por primera vez en mi vida, me resultó desconcertante. Alarmante, de alguna manera.
Incómodo.
Me aparté.
Intentó besarme otra vez, pero lo esquivé, zafándome de su agarre. Sus manos cayeron a los lados. Sus ojos azules estaban nublados de deseo, pero también había preocupación.
—¿Estás bien?
—No —dije—. No estoy bien. Seth acaba de hacer una audición para unirse a Dirty.
Se metió las manos en los bolsillos traseros y puso una cara extrañamente culpable. —Ya.
Crucé los brazos y di un paso atrás, estudiándole, mientras caía en la cuenta; no creía que pudiera ver a los guitarristas haciendo la audición detrás de la pantalla, pero… —¿Sabías que era él el que estaba ahí arriba?
—Sí.
—Podrías haber dicho algo.
Arqueó una ceja, apenas. —¿Estás cabreada conmigo?
—No. Claro que no. —Aunque un poco sí. Injustamente.
Miró por la habitación, a mis cosas, como si fueran a decirle algo que yo no le estaba diciendo. Se fijó en mi bolso enorme de Givenchy, con el que siempre viajaba. —¿Sigues yéndote a Hawái?
—Sí. —¿Por qué no iba a irme?
—Sabes… —dijo, todavía mirando alrededor, de repente fascinado con una papelera en la esquina—… tengo un par de días antes de tener que volver a Vancouver.
Dios. Por favor, no lo digas…
—Podría ir contigo.
—Ah.
Levantó sus ojos azules para encontrarse con los míos.
—Es que… necesito pasar algo de tiempo con Joanie, Ash.
Le dije que… vamos a repasar mi agenda y a organizarnos, y…
—Me callé, porque por mucho que Ash intentara engañarse a sí mismo pensando que había más entre nosotros de lo que realmente había, no era tonto.
Lo único de lo que había hablado durante meses era de lo mucho que necesitaba tiempo libre, y ahora estaba poniendo excusas sobre que Joanie y yo necesitábamos tiempo para trabajar.
Pero tampoco me parecía bien decir: Necesito tiempo para tumbarme en la playa en biquini y beber cócteles, y no quiero hacerlo contigo.
—Vale —dijo, con la mirada un poco tensa. Sabía que estaba poniendo excusas—. ¿Quieres cenar algo antes de irte?
—No. Gracias. Ya he picado algo. Y comeré por el camino.
—Estás cabreada conmigo —dijo. Esta vez no era una pregunta.
—No lo sé —dije, con la irritación creciendo, tanto con él como conmigo misma—. Tendrías que haber dicho algo, Ash.
—¿Por qué? ¿No le habrías dejado tocar?
—No lo sé. Pero no era cosa tuya.
—No. Era cosa de Liv. Pero si dependiera de mí, le habría dejado tocar.
—Ash…
—Es Seth Brothers —dijo, como si yo no lo supiera.
Me di la vuelta.
No esperaba que lo entendiera. En realidad, no esperaba que nadie lo entendiera.
Nadie más estaba allí cuando Brody aludió a lo que pasó entre Seth y Jessa. Solo la banda, Jude y Maggie. Nunca habíamos dicho públicamente por qué Seth fue despedido de la banda —otra vez.
La verdad era que en realidad no lo sabíamos.
Brody y Jesse más o menos habían decidido que así fuera, y nadie más quería discutir con Brody o Jesse cuando se trataba de Jessa.
Dylan no tenía ese tipo de pelea dentro, y en aquel momento yo no tenía fuerzas para enfrentarme a Jesse.
Apenas podía estar en la misma habitación que él si no estábamos tocando.
Cada vez que la música paraba, yo desaparecía.
Solo recientemente había empezado a quedarme un poco más, y sobre todo por mi obligación contractual con la serie documental.
Zane había intentado discutir, al principio, pero estaba claro que Jesse no iba a ceder. No iba a tolerar a Seth en la banda nunca más. Y por la cara que puso Brody cuando atacó a Seth en la iglesia, Seth tuvo suerte de que solo le echaran, y no algo peor.
De verdad le habría matado…
Eso fue lo que dijo Brody mientras le sostenía, sangrando, justo antes de vomitar y desmayarse por la conmoción cerebral que se había llevado al golpearse la cabeza contra un amplificador mientras él y Seth forcejeaban.
Tanta animosidad. Por Jessa.
Y yo seguía sin entender por qué.
Se lo pregunté a la propia Jessa hacía unos meses.
Después de que las aguas parecieran calmarse y ella y Brody estuvieran en su nube de enamorados, le pregunté directamente si les había pedido a Brody y Jesse que echaran a Seth de la banda, y dijo que no.
Me contó, de hecho, que se sentía mal de que Seth se hubiera largado sin oponer la menor resistencia.
En eso éramos dos.
Y sabía a ciencia cierta, a partir de hoy, que Zane estaría de acuerdo.
Entonces, ¿por qué Brody y Jesse seguían empeñados en ir contra Seth, como si la estuvieran protegiendo de él?
—Eh. —Ash me rodeó la cintura con las manos y se pegó a mi espalda—.
Lo siento. Puede que lo que hay entre vosotros y Seth sea peor de lo que pensaba.
Supongo que cuando le vi entre bastidores, simplemente me emocioné.
Como si tener los cojones de presentarse aquí significara que de verdad quiere volver con la banda, y que quizá a vosotros os gustaría verlo.
No sé. —Me besó en el cuello y me aparté sin siquiera pensarlo. Me volví hacia él.
—Ash… de verdad no puedo hablar de esto ahora mismo.
Era verdad, pero sobre todo no podía hablar de esto con él. Era cosa de Dirty, y Ash no formaba parte de Dirty.
Gracias a mí, nunca lo sería, y eso me hacía sentir fatal. Porque si alguien me hubiera dicho, antes de desnudarme con él, que Ash estaba dispuesto a dejar a los Pushers por Dirty, puede que me hubiese entusiasmado.
—¿Puedes simplemente darme algo de espacio con esto?
—le pedí. Apenas podía mirarle, y mucho menos aceptar sus besos como si los mereciera ahora mismo.
No solo me sentía fatal por —literalmente— haberle jodido la oportunidad de unirse a Dirty, me sentía aún peor por lo que acababa de pasar con Seth.
Ash tenía razón. Si tenía los cojones de presentarse aquí era porque de verdad quería volver con la banda.
Y ¿por qué haría eso si se sintiera mínimamente culpable por lo que fuera que pasó entre él y Jessa en el pasado?
—Claro —dijo Ash—. Por supuesto. —Pero seguía ahí plantado—. ¿Quieres que te espere fuera?
—No, gracias. No sé cuánto tardaré. Tengo que hablar con los chicos.
Y con eso, Ash se quedó en silencio. Un silencio oscuro y frío.
Luego: —Jesse ya se ha ido. Con Katie.
Y ahí estaba.
Ash siempre estaba ahí para recordarme, de la manera que fuera, que Jesse estaba con su mujer. Como si se asegurara de que no fuera a hacer ninguna tontería, como enamorarme de Jesse otra vez.
—Ash… solo necesito algo de tiempo, ¿vale?
Asintió, a regañadientes. Dio un paso hacia mí, pero fue vacilante. Se me quedó mirando como si esperara que dijera algo más, pero no lo hice.
Entonces se inclinó y me besó suavemente en los labios. —Llámame cuando aterrices. Para saber que estás bien.
—Claro.
Le vi salir y solté el aire. ¿Cuándo habíamos llegado a esto? ¿Ash, preocupándose por mí? ¿Queriendo que le llamara al llegar a donde fuera y le informara?
Recogí mis pequeños objetos personales de la habitación, algo de maquillaje y el móvil, y los metí en el bolso.
Joanie se encargaría de que el resto —ropa y zapatos, y las flores que me habían mandado— se empaquetara y se llevara a mi casa.
Al menos Ash no había mandado flores; eran de mi publicista, de la discográfica y de mi amiga Summer.
Esperé unos minutos para asegurarme de que Ash se había ido antes de salir de la habitación, preguntándome todo el rato: ¿cuándo habíamos llegado aquí? ¿Yo, escondiéndome, para evitar a Ash?
Dios. Menudo desastre.
Sabía que iba a tener que lidiar con él. Estaba empezando a comportarse como un novio posesivo, cuando yo no quería especialmente un novio.
Y aunque lo quisiera… desde luego no querría que fuera Ashley Player.
Ash era genial —como amigo. Y como amigo con derecho, sí. Estaba buenísimo. Sin duda sabía qué hacer con su lengua con piercing y con su polla con piercing.
Sin embargo, no era material de novio.
Aunque probablemente debería haber pensado en eso antes de follármelo.
No era que no supiera, desde el principio, que todo este rollo de «amigos con derecho» era una mala idea.