Tan canalla como Seth 4 Elle
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4 Elle

ELLE

Seth estaba en el escenario con una Gibson Les Paul blanca colgada del hombro, una mano apoyada en el mástil, la otra jugueteando con la púa.

Parecía… diferente.

Llevaba barba corta, pero ya le había visto con barba a principios de año.

Era el pelo; tardé un momento en darme cuenta.

Su característico pelo castaño ondulado y decolorado por el sol había sido cortado a ras, y lo que quedaba era más oscuro.

Nunca había visto a Seth con el pelo corto.

Hacía que sus rasgos atractivos destacaran más, especialmente los pómulos y los labios gruesos.

Llevaba gafas de aviador de espejo, y no podía leer la expresión de su cara, pero tenía los hombros relajados; no se podía tocar la guitarra así si eras un manojo de nervios.

Observé cómo se quitaba las gafas de sol y se las enganchaba en el cuello de la camiseta. Después nos miró, esperando.

Y entonces me golpeó, al ver la mirada en sus ojos: todavía nos quería.

Y no conseguía salir de la conmoción.

Todavía quería tocar con nosotros. Todavía quería estar en la banda.

Acababa de venir a audicionar para nosotros, y por alguna razón, alguien le había dejado entrar y le había permitido audicionar.

Y lo único en lo que podía pensar mientras le miraba fijamente era: ¿Por qué?

Pero incluso a través de la conmoción, sentí… ¿alivio?

Confusión, sí.

Y rabia.

Sentí todo un torrente de emociones desagradables bullendo hacia la superficie.

Miré a los chicos; Brody y Jesse estaban claramente enfadados.

Pero claro, Zane tenía que parecer encantado de la puta vida.

Dylan simplemente parecía incómodo, como lo había estado durante todo el asunto de Seth.

Pero era la cara de Jesse la que más me preocupaba.

—¿Jesse? —pregunté en voz baja. No lo dije al micro; lo tenía agarrado en el regazo.

Jesse se limitó a mirar fijamente a Seth y dijo:

—Sacadle de aquí. —Tampoco levantó su micro. Pero era todo lo que Brody necesitaba oír.

Ni siquiera quería mirar la cara de Brody. Un vistazo fue suficiente.

Le oí acercarse, viniendo hecho una furia.

—¿Dónde cojones está Jude? —Jude estaba de pie contra la pared del fondo, brazos cruzados sobre el pecho, donde había estado escuchándolo todo. Cuando Brody le vio allí, gruñó—: Sácale de la puta propiedad.

Jude le hizo un gesto a Brody con la cabeza oscura y luego nos miró al resto. A Jesse. Cuando ninguno de nosotros habló, los hombros de Jude cayeron un poco. Descruzó los brazos y subió las escaleras al escenario. Seth ni siquiera le miró. Seguía mirándonos a nosotros.

Sus ojos se encontraron con los míos, y se me encogió el estómago.

Estaba a bastante distancia de mí, pero algo cambió en sus ojos mientras me miraba.

Mientras examinaba la expresión de mi cara, procesándola.

Lo vi; lo sentí, cuando me devolvió la mirada.

Algo allí, una especie de chispa, la adrenalina de haber arrasado con esa canción…

un destello de algo, quizá —¿esperanza?— que se apagó.

—Está bien —dijo, aclarándose un poco la garganta y mirando por fin a Jude—. Me voy.

Entonces tuve que apartar la mirada. No podía mirar. No quería ver a Jude sacándole de aquí a la fuerza, aunque dudaba que Seth fuera a oponer ningún tipo de resistencia física. Simplemente no era su estilo.

Me sentía fatal.

Les oí salir, a Seth y a Jude, por una puerta trasera del escenario. La puerta se cerró, sonora en el silencio de la sala cavernosa.

—El hijo pródigo ha vuelto…

Fue Woo quien rompió el silencio cortante. Nadie más parecía capaz de hablar.

Pero Woo era el único de los que estábamos aquí sentados que no sabía por qué habían echado a Seth de la banda este año: lo que pasó entre Seth y la hermana de Jesse, Jessa, hacía años. Lo que Brody dijo que había pasado.

—Sea quien sea el que elijáis —continuó Woo, en voz baja, cuando nadie habló—, tiene que estar al nivel de vosotros cuatro.

Tiene que ser una estrella de rock si va a ocupar un puesto permanente en esta banda.

Tiene que tener eso que tenéis todos vosotros.

Eso que acabáis de ver en el escenario. Eso que sentisteis cuando Seth tocó.

Seth Brothers tiene eso. —Hizo una pausa, mirándonos a cada uno, luego suspiró con resignación cuando seguimos sin hablar—.

Solo es una pena que su estrella se apagara tan pronto —concluyó.

Y fue entonces cuando Brody dijo:

—Tenemos que dejar de grabar.

Así que pararon.

Jude había reaparecido, y por orden de Brody, él y sus hombres vaciaron absolutamente todo el bar, sin dejar a nadie más que Dirty, Brody y Maggie.

Cuando nos quedamos solos, dije:

—Sabéis que todo el mundo va a pensar que lo preparamos.

—Da igual —dijo Jesse—. No va a salir en el programa de todas formas. Seth no forma parte de esto.

—No —dijo Brody—. Pero deberíamos conservarlo. Hay que abordarlo de alguna manera, y Woo acaba de hacerlo por nosotros, así que el resto no tenéis que hacerlo. Seth tuvo su audición; no pasó el corte. Esto es un cierre para los fans. No va a volver nunca.

—O podríamos simplemente darle una oportunidad —dijo Zane.

La reacción de Brody fue casi dolorosa de ver. Se puso rígido, la mandíbula se le convirtió en granito, y creo que nunca le había visto mirar a Zane así, como si quisiera darle una bofetada que le sacara las palabras de la boca.

—¿Alguien quiere realmente que Seth esté aquí?

—masculló Brody, con una voz tensa y terroríficamente baja.

Solo le había oído usar ese tono una vez antes, muchos años atrás; cuando nos informó de que Jessa no iba a venir a la primera gira mundial, que dejaba la banda.

Inolvidable, ya que me recorrió un escalofrío por la espalda, igual que ahora.

—Ni. De. Coña. —Jesse fue el primero en hablar.

—¿Así que depende solo de ti? —dijo Zane.

—No. —Jesse no parecía tan furioso como Brody, pero claramente estaba conteniendo la agitación—. Siempre hemos funcionado democráticamente. Si queréis votar formalmente para excluirle, lo haremos.

—No —corregí a Jesse—, siempre hemos funcionado por unanimidad.

—Tiene razón. —Dylan me respaldó, como hacía a menudo cuando a los otros dos se les iba la mano—. Estamos todos dentro o no se hace.

—¿Quién demonios está dentro, aparte de Zane?

—Jesse nos miró con ojos oscuros y acusadores.

Quise hundirme en mi asiento y desaparecer, pero me quedé donde estaba.

Siempre me resultaba incómodo cuando Jesse se enfadaba conmigo, pero tendría que aguantarlo; de todas formas me sentía incómoda a su lado.

—Yo no he dicho que esté dentro —dijo Zane con frialdad—. Solo he dicho quizá…

—Yo estoy dentro —dije.

No estaba del todo segura de por qué lo dije, aparte de que no podía tragarme este final concreto para la historia de Seth. No me gustó el primer final, ni el segundo, pero los había aceptado. Por los pelos.

Pero las dos veces, Seth también los había aceptado.

Al menos, eso creía.

Si no era verdad… lo mínimo que podíamos hacer era escuchar lo que tuviera que decir.

Los chicos se giraron a mirarme. Brody, Jesse, Zane y Dylan. La mandíbula de Jesse se tensó mientras apretaba los dientes; no estaba contento con lo que iba a decir. Pero iba a decirlo de todas formas.

—Estoy dentro… para tener la conversación.

—Yo también —dijo Zane. Sin dudar. Aunque no podía saber si estaba «dentro» solo para irritar a Jesse o si de verdad quería a Seth aquí.

En cualquier caso, la reacción no fue buena. Jesse fulminó a Zane con la mirada como si estuviera considerando seriamente estrangularle. Brody se dio la vuelta y se fue.

Se fue.

Brody nunca antes le había dado la espalda a la banda. Era solo una puta conversación. Brody era nuestro manager, y contábamos con él para que nos guiara.

Pero todos sabíamos que, cuando se trataba de cualquier cosa relacionada con Jessa, Brody podía ser bastante menos que razonable.

—Gestión de la ira —dijo Maggie en voz baja tras él, en el silencio tenso—. Está… eh… trabajando en ello. —Estaba sentada a un lado, en silencio, escuchando todo esto, aferrada al iPad en el regazo. Los nudillos se le veían dolorosamente blancos.

¿Así que quizá ella había tenido algo que ver con que Seth entrara? Si era así, probablemente se estaba cagando de miedo ahora mismo.

Pobre chica.

Zane le dio una patada a la bota de Dylan.

—Di algo, tío.

—No sé. —Dylan parecía tan agotado como sonaba—. El tío casi nos destrozó antes. Si ya está pasando otra vez, solo por una conversación…

—Seth Brothers no nos está destrozando —dijo Jesse con firmeza—. Estamos juntos en esto. ¿No?

—Brody acaba de largarse —señaló Zane. Estaba provocando al oso, probablemente todavía molesto porque Jesse no se ponía de acuerdo con él sobre la prodigio adolescente de la guitarra.

—¿Así que vas a perderle para recuperar a Seth? —acusó Jesse a Zane, y a mí. Su mirada oscura se estrelló contra la mía otra vez.

—Nadie ha dicho eso —dijo Zane, repantigándose en su asiento. Cuanto más cabreado se ponía Jesse, más tranquilo se ponía Zane. Era la receta perfecta para un puto desastre—. Y no vamos a perder a Brody.

—Traed a Seth de vuelta aquí —replicó Jesse— y ya veréis cómo sí.

—Brody se calmará. —Eso fue Maggie. Se puso de pie—. Y esto no tiene que decidirse hoy. Si hay una conversación pendiente sobre Seth…

—Si alguno de vosotros cree de verdad que voy a meterme alguna vez en la misma habitación que Seth Brothers sin hablar primero con mi hermana —dijo Jesse, interrumpiendo a Maggie—, estáis equivocados de cojones. Ella debería estar aquí para esta conversación.

Esta vez, cuando me fulminó con la mirada, le di la razón:

—Sí, debería.

Jesse me miró fijamente un instante, como si quizá hubiera esperado que discutiera. Luego se levantó y salió dando zancadas. Al pasar, sus vaqueros rozaron los míos, y me llegó una ráfaga de su olor. Cuero y canela y tío guapísimo, junto con algo que era vagamente Katie; dulce y vainilla.

Exhalé.

—Bueno, las audiciones han ido bien —dijo Zane.

A mi lado, Dylan gruñó soltando un montón de tensión.