Tan canalla como Seth 3 Elle #2
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3 Elle #2

Los aspirantes habían sido preseleccionados por Woo y Brody como primer paso del proceso, lo cual significaba que habían visto decenas de horas de vídeos de audiciones.

Los mejores, y en algunos casos, los peores —esto era televisión, al fin y al cabo— fueron invitados a audicionar para la banda.

Hoy era el último día de audiciones y, hasta la fecha, teníamos quizá media docena de candidatos medio decentes, pero ningún contendiente real.

Todos habíamos entrado en esto un poco a la defensiva, ya que era para televisión.

Pero también teníamos esperanza. Ilusión y optimismo por el talento que podíamos descubrir.

Y había habido muchos guitarristas talentosos que habían tocado para nosotros.

Historias increíbles de gente que había viajado desde la otra punta del mundo para estar aquí.

Pero nadie que nos hubiera dejado a todos con la boca abierta.

Todos en la banda estábamos estresados a estas alturas, frustrados por no encontrar un sustituto para Seth, y aquello se estaba manifestando en tensión entre nosotros.

Los chicos habían seguido discutiendo, pero yo había conseguido más o menos desconectar. American Woman acababa de empezar, y ya estaba empezando a irme del todo con la música cuando la canción se cortó y una voz dijo: «Tenemos uno más». Era Liv, por el sistema de sonido, como la voz de Dios.

Zane cogió su micro; seguía encendido.

—¿Está buena? —preguntó al éter.

Brody se acercó, le quitó el micro a Zane y habló por él.

—Hemos terminado.

—Fiaos de mí —dijo Liv, con su tono seco de narices—. Queréis oír a este.

Los ojos azules de Zane se encontraron con los míos y su ceja con el piercing se levantó; pude ver la chispa de interés en ellos. Me articuló con los labios: ¿Qué cojones?, pero yo me limité a encogerme de hombros.

A mi lado, Jesse dejó caer la cabeza hacia atrás en su asiento, sus rizos oscuros derramándose por detrás; se le estaba poniendo el pelo largo. Le quedaba bien.

Aparté la mirada. Habíamos roto hacía más de un año, y seguía siendo difícil, la mayor parte del tiempo, mirarle más de unos segundos.

A mi otro lado, sentía el suspiro inaudible de Dylan. Sus botas golpeaban un ritmo nervioso contra el suelo, las rodillas subiendo y bajando, y no era solo porque el tío tuviera batería sonando constantemente en la cabeza. Sabía que se moría por largarse de aquí, pero no dijo nada.

Zane le quitó el micro a Brody y le dijo:

—Siéntate, jefe. Quiero oír tocar a esta tía buena.

Puse los ojos en blanco. Habíamos tenido gente de todas las edades, géneros y complexiones tocando para nosotros, pero en la cabeza de Zane, todas eran tías buenas. Hasta que la pantalla se abría y revelaba que no lo eran.

El equipo de Liv se había materializado discretamente desde las sombras y estaba encendiendo su equipo.

Podía ver a su director de fotografía, listo para la acción, y a operadores en todas las cámaras.

La propia Liv había reaparecido y había ocupado su puesto en la fila de monitores junto al director de fotografía.

Esto tenía que ser bueno, supuse, o no habría mandado a su equipo de vuelta al trabajo cuando ya habían salido a cenar antes de desmontar.

Brody se retiró a su puesto junto a la pared, y Dylan consiguió arrastrarse hasta quedar más o menos erguido.

Todos los focos que se habían atenuado se encendieron, y la banda residente se colocó.

Ash estaba en su micro, elegante y sexy con sus vaqueros negros ceñidos y su camiseta de los Ramones, el pelo negro artísticamente despeinado y los piercings brillando bajo la luz.

Tenía un tatuaje nuevo en el brazo; una sirena rubia platino que juraba y perjuraba que no tenía nada que ver conmigo.

Cuando me miró, se lamió el labio deliberadamente, sus ojos quedándose en mí demasiado tiempo, y me tensé un poco. Se estaba tomando demasiadas confianzas últimamente, y coqueteando delante de mi banda. Y ahora también había cámaras enfocándole.

Ni de coña iba Liv a perderse ese lametón.

Las luces detrás de la pantalla se encendieron, y allí estaba la mancha misteriosa que era nuestra siguiente, y última, audición.

Al menos eso esperaba, joder.

Liv dio la entrada a la banda en cuanto empezamos a grabar, y arrancaron con una canción. Era Stone Cold Crazy. Y era fuerte. Rápida y ajustada, especialmente teniendo en cuenta que la banda probablemente no la había ensayado junta recientemente, o nunca.

Pero estos tíos eran profesionales.

Impresionantemente, el guitarrista misterioso aguantó el tipo.

En cuestión de segundos, Zane estaba de pie. Incluso Jesse se movió un poco en su asiento, inclinándose hacia delante. Cerró los ojos y escuchó.

El guitarrista era bueno. Muy bueno. De alguna manera, iba alternando riffs de solo con Raf, sin siquiera poder verle.

Se podía sentir cómo todo el mundo —nosotros, la banda en el escenario, hasta el equipo técnico y los tíos de seguridad que estaban de pie mirando desde las sombras— se dejaba arrastrar por la vibración.

Hacia el final, Zane saltó al escenario y empezó a cantar con Ash. Los dos arrasaron con el final de la canción, y cuando terminó, Zane estrujó a Ash en un abrazo de oso, riéndose.

—Joder, sí —gruñó al micro—. Bordado.

—Buuuuu —se burló Jesse.

—¡Baja de ahí! —grité. Sabía que desde donde estaba, Zane no podía ver detrás de la pantalla, pero probablemente le estaba matando no salir disparado para allá a ver quién era.

Bajó del escenario de un salto, se acercó pavoneándose, chocó los cinco con Dylan y se dejó caer en su asiento.

—Así que al menos estamos seguros de que Zane está en la banda —dije con sequedad.

—¿Te ha gustado lo que has oído, Elle? —preguntó Zane, jadeando por el esfuerzo de su actuación. Brillaba de sudor mientras se apartaba el pelo rubio del ojo; Zane se ponía a once en cuanto pisaba un escenario.

Y, sí. Obviamente me había gustado. A todos nos había gustado.

Nos quedamos todos más o menos mirándonos los unos a los otros. Zane sonrió, pero nadie dijo nada. Estoy bastante segura de que a estas alturas nos comunicábamos telepáticamente. Pasaba, de vez en cuando, después de tocar y crear y girar juntos durante tanto tiempo.

Sincronicidad.

A todos nos había gustado este. Ni siquiera Jesse tenía una palabra crítica que decir. Todavía.

Joder… ¿Acabábamos de encontrar a nuestro tío en el último minuto?

—¿Os recuerda a alguien? —intervino Woo.

Nuestro productor discográfico, al otro lado de Zane, había estado sentado al fondo, bastante callado la mayor parte del tiempo, riéndose más que hablando.

Se llamaba David Worster, pero todo el mundo desde el principio de los tiempos le había llamado Woo.

Había sido como un quinto miembro de nuestra banda en el estudio de grabación, tocando incluso algo de guitarra en ciertas canciones cuando lo necesitábamos a lo largo de los años.

Había estado con nosotros desde el principio, y habíamos grabado tres de nuestros cuatro álbumes con él, los mejores.

Así que su voz, cuando la usaba, tenía peso.

—Hostia, sí —dijo Zane, rompiendo el silencio cargado—. Me recuerda a Seth.

Nadie más parecía querer decirlo.

—Así que quizá sea buen momento para preguntaros —dijo Woo—: ¿queréis a un fanboy de Seth Brothers?

—Podría ser una fanwoman —dije. ¿Por qué siempre asumían que los mejores guitarristas eran tíos?

—Podría ser —concedió Woo.

—Es un tío —dijo Zane—. Tiene los hombros anchos.

—No se ve una mierda a través de esa pantalla —señaló Jesse.

—Y quizá ella tiene los hombros anchos —dije.

—¿Y a quién coño le importa si es un fanboy? —añadió Zane—. Está contratado.

—Si es tan bueno como Seth —coincidí—, ¿por qué no íbamos a quererle? ¿O quererla?

—A no ser que sea feísimo o algo —matizó Zane—, está contratado.

—Sea quien sea, es bueno —dijo Jesse con mesura. Había sido comedido durante todo este proceso, reservándose el entusiasmo. Quizá porque era nuestro guitarrista principal, Jesse había sido el más difícil de convencer.

Pero este tío, o tía, era bueno.

Mejor que bueno.

Dylan seguía con la mandíbula por el suelo, así que le di un codazo.

—Cierra la boca, cariño, que te entran moscas.

—¡Di algo! —Zane sacó una baqueta de la nada y se la tiró.

Dylan cogió la baqueta sin siquiera mirar. Cerró la boca, despacio. Luego dijo:

—Creo que estoy teniendo un momento The Devil Went Down to Georgia.

Zane se partió de risa, eufórico.

—¿Tenéis alguna pregunta para nuestro guitarrista misterioso? —nos animó Liv. Tenía un micro propio. No había aparecido ante la cámara, pero nos hablaba a veces, guiando nuestras conversaciones—. Sabéis que puede oíros ahora mismo.

—Sí —gruñó Zane a su micro, dirigiéndose al guitarrista—. Dylan quiere saber si le has vendido el alma al diablo, o qué.

—Que yo recuerde, no —dijo una voz masculina.

Y todos nos quedamos inmóviles.

Porque todos conocíamos esa voz.

Supe, cuando miré a mi banda, que todos la habían reconocido. Todos le habíamos oído a él.

Liv dio la señal para que la pantalla se moviese, y cuando se abrió, todos le vimos también.

Seth Brothers.

El corazón me dio un vuelco.