Tan canalla como Seth 2 Seth
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2 Seth

SETH

¿Metallica?

¿Qué cojones iba a hacer?

Mientras seguía a Jude a través de la puerta roja, intenté pensarlo.

Mi plan había sido tocar Voodoo Child, una canción que no cualquier imbécil con una guitarra podía bordar, porque yo sabía que podía petarla.

Y porque sabía que Zane quedaría impresionado con el ego que hacía falta para petarla, Jesse quedaría impresionado con el trabajo de guitarra, Dylan estaría de acuerdo con prácticamente cualquier cosa que les pareciera bien a Zane y Jesse, y Elle adoraba a Jimi Hendrix con locura.

Ahí acababa el puto plan.

Pero no tenía mucho tiempo para montar otro.

El ambiente del backstage me golpeó de inmediato, familiar e inquietante, mientras iba detrás de Jude.

La parte trasera del edificio era una red de pasillos, despachos y almacenes que serpenteaban por detrás de la sala principal del bar.

Entre las audiciones y la grabación de las audiciones había un montón de gente, seguridad, equipo técnico y otros que trabajaban para la banda o el bar, todos moviéndose de un lado a otro en un espacio muy reducido, un poco como bolas de pinball. Con prisas, pero sin correr.

Me descubrí buscando caras conocidas. Preguntándome con quién me cruzaría primero, y lo cabreados que estarían conmigo.

Aunque no todos en el universo Dirty estaban cabreados conmigo.

Jude no era el único que podría cubrirme las espaldas, llegado el momento.

Lo sabía, y aun así, mientras miraba a mi alrededor…

tenía que preguntármelo. La verdad era que no tenía ni idea de quién podría estar de mi lado y quién podría ponerme a caldo.

En parte, esto se debía a que, hasta donde yo sabía, la mayoría de la gente no sabía realmente por qué me habían echado de la banda esta última vez. No se había hecho público exactamente.

Pero sobre todo era porque me costaba recordar, incluso en los mejores días, cómo habían acabado las cosas la primera vez que me echaron, con la mayoría de las personas a las que había querido como a mi familia.

Era vergonzoso —una puta vergüenza, en realidad— tener que admitírmelo a mí mismo, pero ahora mismo no podía esconderme de ello.

Llevaba limpio y sobrio casi cuatro años y medio, desde que por fin conseguí que la rehabilitación surtiera efecto, pero mi recuperación seguía en curso.

Tenía los pies en el suelo, pero la cabeza aún no estaba bien.

La mayoría de mis recuerdos de los años en que había estado consumiendo no estaban del todo intactos ni claros; los que se habían ido y luego habían vuelto a mí solían hacerlo en fragmentos dispares, discordantes.

Había recuerdos que habían tardado años en volver, y sabía que algunos no volverían jamás. Y tenía que vivir con eso, cada día.

Era increíblemente desconcertante, esa sensación… Lo borroso de mis propios recuerdos, la falta de fiabilidad de mi propia mente. Mis confusas asociaciones emocionales con mi antiguo grupo, mi antigua familia.

Sabía que había decepcionado a mucha gente con todo lo que había pasado. Que había hecho daño. A gente que se había preocupado por mí.

Aunque no pudiera recordarlo.

Pero mientras recorría los pasillos, con el pecho tenso, cruzando la mirada con cualquiera que me mirase, todavía con las gafas de aviador puestas… no reconocí ni una sola cara.

Y de alguna manera eso me hacía sentir aún más incómodo.

Podía plantarle cara a mis errores. Podía mirar a la gente a los ojos y aguantar las acusaciones o la decepción o la rabia, por duro que fuera. Estaba preparado para eso.

Todo lo preparado que podía estar.

Pero ver a toda esa gente —desconocidos para mí— trabajando alrededor de la banda… Solo me recordaba cuánto tiempo había pasado entre nosotros, cuánto habían cambiado las cosas. No solo para mí, sino para ellos.

Y por primera vez desde que me había puesto en camino hacia esta audición, dudé de mí mismo.

¿De verdad volvería a encajar con ellos, incluso si me daban la oportunidad, como me había convencido de que pasaría?

Jude me llevó directamente a un despacho, y fue en el umbral, justo cuando estaba a punto de entrar, cuando vislumbré la primera cara conocida en el pasillo.

Katie.

La mujer de Jesse.

La había conocido, brevemente, en el concierto de reunión en Vancouver. Una chica dulce. Grandes ojos azul verdoso que me miraban fijamente ahora. Lo cual significaba que ella también me había reconocido.

Me detuve y me subí las gafas de sol a la cabeza. Ella cerró la boca de golpe, como si acabara de darse cuenta de que la tenía abierta. Estaba de pie junto a una mesa de comida con unas cuantas chicas más que no reconocí; ninguna de ellas me miraba. Solo Katie.

Le asentí con la cabeza.

Se cruzó de brazos y pareció dudar. Luego me devolvió el gesto.

Después se dio la vuelta, el pelo oscuro cayéndole sobre la cara, y yo seguí a Jude al despacho.

Jude estaba discutiendo con alguien mientras yo dejaba las fundas de guitarra en el suelo. Una mujer. Menuda y guapa, tenía el pelo largo, liso y oscuro, y sabía quién era.

Maggie Omura, la subdirectora de Dirty.

Nunca había trabajado con Maggie. Ella empezó a trabajar con Dirty después de que me echaran, pero llevaba con la banda mucho tiempo. Más del que yo estuve nunca.

—Es solo uno más, Maggie —estaba diciendo Jude.

—¿Quién? —dijo ella—. ¿Cómo se llama? —Tenía un iPad en la mano y ni siquiera se había fijado en mí todavía.

Me quedé allí de pie al lado de Jude, y cuando él dijo «Todd Becker», Maggie levantó la vista, la cara inexpresiva.

Entonces me vio.

Y su cara bonita se heló.

—Ni de coña. ¿Cómo ha entrado aquí? —Su llamativa mirada gris se clavó en Jude—. ¿Tú le has dejado entrar?

—¿Te he pedido alguna vez un favor, Maggie May? —respondió Jude con calma.

—No me vengas con Maggie May, Jude. Tú nunca me llamas Maggie May.

—Pues ya ves lo importante que es —dijo él.

—Brody me va a despedir —siseó—. Y a ti también.

—Ni siquiera me miró al decirlo, como si hacerlo pudiera acelerar el proceso de despido.

En cambio, le sostuvo la mirada a Jude, lo cual no era fácil, ya que Jude era enorme y ella era diminuta.

Los dos me recordaban a aquel dibujo animado de Looney Tunes con el bulldog y el gatito.

—Eso no va a pasar nunca, cielo —dijo Jude sin inmutarse—. Y lo único que te pido es que mires para otro lado.

—Y no me llames cielo tampoco —dijo ella—. Lo que me estás pidiendo es que les diga a Liv, a Brody y a la banda que tenemos que seguir grabando, y eso no es decisión mía. Ya hemos terminado por hoy.

Liv.

Otra persona que conocía, de hacía mucho.

Liv Malone era una directora con un talento increíble que había dirigido el primer videoclip de Dirty, y sabía que había trabajado con la banda en un montón de proyectos a lo largo de los años.

También había dirigido el vídeo de la versión en solitario de Jesse de Dirty Like Me, uno de los vídeos de rock más populares de la historia.

Si ella estaba dirigiendo esta grabación, eso podía jugar a mi favor, quizá.

Liv y yo siempre nos habíamos llevado bien.

Pero aquello fue entonces; no la había visto en años.

—¿Puedo ver a Liv? —pedí—. Por favor.

Maggie me miró, por fin. Toda la fuerza de sus afilados ojos grises se clavó en mí. Después fulminó a Jude con la mirada otra vez.

—Esto es cosa tuya —dijo, pero más o menos suspiró al darse la vuelta y salir de la habitación a grandes pasos, como si supiera que, en realidad, no lo era.

—Tranquilo —me dijo Jude—. Es un gatito. —Entonces se le dibujó media sonrisa, y mientras la seguía hacia la puerta, añadió—: No te muevas de aquí, joder.

No era un problema. No iba a ir a ninguna parte.

La puerta seguía abierta, y podía ver un pasillo corto. Pasaron unas cuantas personas, pero nadie se fijó en mí mientras esperaba, solo.

Miré alrededor del despacho; era un despacho de bar típico.

Muebles de oficina baratos y una caja fuerte.

Un montón de pósteres de bandas hechos polvo cubrían las paredes.

Me quedé mirando uno de ellos. Era una foto de Elle, la portada de su álbum en solitario de hacía unos años.

ELLE ponía, en grandes letras doradas. Y debajo, el título del álbum en negro: BOLD.

Estaba de pie contra una pared blanca, con unos vaqueros blancos ajustadísimos y una camiseta blanca de tirantes. Llevaba el pelo alisado sobre un hombro y los labios pintados de rojo cereza. Me miraba fijamente, toda descaro y seguridad.

Le devolví la mirada un momento, como hacía siempre que veía una foto suya.

Después me di la vuelta.

Saqué mi Gibson de la funda, me la colgué y empecé a tocar, calentando un poco. La mantuve baja, sin querer llamar la atención.

Cuando levanté la vista de nuevo, Elle estaba allí, en carne y hueso.

Estaba en el pasillo, hablando con Ashley Player, el vocalista de los Penny Pushers. Estaba claro que ninguno de los dos me había visto.

Los Pushers a menudo giraban con Dirty, y solo podía suponer que Ash estaba aquí por Dylan; sabía que los dos eran mejores amigos. Pero no era con Dylan con quien hablaba ahora, en voz baja y susurrante, y de pie jodidamente cerca.

Observé cómo Ash le ponía las manos en la cintura estrecha a Elle. Cómo sus dedos se curvaban sobre ella. No podía descifrar el tono exacto de la conversación, pero parecía… íntima.

Aparté la mirada, un ardor subiéndome por la garganta. Tragué saliva. Las manos me empezaban a sudar y tuve que dejar de tocar para secármelas en los vaqueros.

Era una canción difícil. Sobre todo cuando no la había tocado en años y tenía las manos mojadas.

Joder, quizá esto sí era un error.

Imágenes de mi fracaso, de cagarla en esta audición y hacer el puto ridículo, me cruzaron la cabeza…

Pero le había pedido a Jude que me trajera hasta aquí, y ahora Maggie estaba involucrada. Liv estaba a punto de estarlo.

Así que a la mierda. Ya no había vuelta atrás.

Se lo debía a Jude, como mínimo.