Tan canalla como Seth 1 Seth #2
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1 Seth #2

Para que, viniera lo que viniese antes, no pudieran olvidar mi actuación en la avalancha de todas las demás.

Guardar lo mejor para el final.

Eso era lo que pensaba, lo que me repetía a mí mismo, mientras estaba aquí sentado fuera, mirando hacia dentro. Esperando a que Jude saliera y me dejara entrar.

Pero esperar no era nada nuevo para mí.

Había esperado siete largos años a que Dirty recapacitara, a que me pidieran volver a la banda. Había escuchado álbum tras álbum, les había visto girar por el mundo, tocando mis canciones, con un guitarrista tras otro que no era yo.

Y entonces, aquel día del año pasado, vi a Zane en la playa…

Me pidió que fuera a tocar con él, igual que había hecho tantos años atrás.

Y aquella jam se convirtió en una reunión con él y Jesse, y aquello se convirtió en un concierto de reunión en Vancouver, en un garito llamado the Back Door, donde solíamos tocar.

De eso hacía poco más de seis meses. Yo, arriba en el escenario con los cuatro miembros fundadores de Dirty —Zane, Jesse, Dylan y Elle— para una canción. Nuestro mayor éxito. Dirty Like Me.

Y me pidieron que volviera a la banda.

Y la hermana de Jesse, Jessa, les contó algunas mierdas feas sobre mí.

Y me volvieron a echar.

Durante seis meses, esperé una llamada que nunca llegó.

Y ahora aquí estaba. Dispuesto a demostrarles a todos lo equivocados que estaban conmigo, mientras tocaba para sacarme los nervios con la música. Mientras la puerta roja se abría por fin… y aparecía Jude.

Tío grande, musculoso. Intimidante, si no le conocías. O quizá incluso si le conocías. Pelo oscuro, casi negro. Camiseta negra, tatuajes brutales bajándole por los brazos, vaqueros y botas de motero.

Y cara de no estar nada impresionado cuando me vio.

Hizo un gesto al tío de paisano, que seguía merodeando por la acera, vigilándome. Solo un movimiento de barbilla. Lárgate, decía ese gesto. El tío desapareció, doblando la esquina del bar y perdiéndose de vista para cuando Jude salió al aparcamiento y la puerta se cerró de golpe tras él.

Había cambiado de canción, así que ahora intentaba no cagarla con The House of the Rising Sun mientras Jude se acercaba. Se detuvo a medio metro de su moto, de mí, y me miró de arriba abajo como asegurándose de que no me había vuelto loco.

—¿Me estás vacilando? —fueron las primeras palabras que salieron de su boca. No eran exactamente hostiles. Sonaban más bien a que estaba moderadamente flipado, aunque no tan flipado como el chaval del taco.

Dejé de tocar, aplastando la mano sobre las cuerdas para silenciarlas.

—Has venido en moto desde Vancouver —observé—. ¿Te has cogido unos días libres?

Cruzó los enormes brazos sobre el pecho.

—Me gusta hacerlo de vez en cuando. Salir a la carretera. Solo. Desconectar de toda la mierda. —Me repasó de nuevo con su mirada oscura—. ¿Me traes mierda?

—Supongo que depende —dije— de cómo lo mires.

—Visto desde aquí, parece mierda.

—Ninguna mierda. Esto es una audición. —Toqué unas líneas de Voodoo Child de Jimi Hendrix. Farolear, quizá—. He venido a hacer la audición.

Jude seguía sin parecer impresionado en absoluto.

—Las audiciones están cerradas. Solo con invitación. Preselección. Y nunca vi tu nombre en la lista… Todd Becker.

—Pues hazme la preselección ahora —dije, sin dejar de tocar, en voz baja, mientras hablábamos—. ¿Qué quieres oír? ¿Fortunate Son…? ¿Roadhouse Blues…? —Toqué un poco de cada canción mientras hablaba—. ¿Dirty Like Me…?

Jude permaneció en silencio, brazos cruzados, ojos oscuros observándome mientras tocaba. El tío era difícil de leer, pero el Jude que yo conocía siempre había disfrutado escuchándome tocar.

Habíamos inventado un juego, al principio de nuestra amistad, en el que él me lanzaba el título de una canción y yo se la tocaba.

Si no me sabía la canción, fuera la que fuera, la aprendía, rápido.

Era en parte gracias a Jude y a este jueguecito nuestro por lo que me había vuelto tan bueno con la guitarra.

Porque si alguna vez me costaba dominar una canción que él me había pedido, no me dejaba olvidarlo jamás, a pesar de que el tío era incapaz de rasguear una melodía ni aunque le fuera la vida en ello.

Y había convertido en su pasatiempo favorito retarme con las canciones más difíciles.

En algunos casos, canciones que nunca habría aprendido si no llega a ser por él provocándome.

—¿Te sigue gustando Metallica? —Empecé a tocar Master of Puppets. No era mi banda favorita, pero en su día había dominado Master —nada fácil— para entretenerle.

Arqueó una ceja oscura, así que quizá estábamos avanzando.

—Te acuerdas.

—Difícil de olvidar. Me sangraron los dedos literalmente aprendiéndola.

Soltó un gruñido, que era lo más parecido a una sonrisa que iba a conseguir ahora mismo. Lo sabía.

—¿O qué tal un poco de Rage? —Cambié a Killing In the Name de Rage Against the Machine, otra de las favoritas de Jude. Al menos lo era hacía años.

Negó con la cabeza, lo cual interpreté como que su admiración por mis habilidades con la guitarra no venía a cuento en ese momento. Así que hice lo que sabía hacer: seguí tocando. Mi talento era la única carta real que tenía que jugar aquí.

Quizá era la única carta que había tenido que jugar en mi vida.

Killing era otra canción difícil —pesada y complicada de dominar.

Yo la había dominado. Se la había tocado tantas veces, hacía mucho, que la llevaba en la sangre.

Cualquier canción que hubiera aprendido alguna vez se me quedaba en la sangre; una vez aprendida, buena o mala, nunca perdía una canción.

Ni siquiera cuando iba ciego perdido con la mierda que fuera que consumía.

Lo cual era probablemente la razón por la que había aguantado tanto en Dirty.

Sí, sufrí una sobredosis en el autobús de gira y casi me morí. Pero siempre podía subirme al escenario a la hora del concierto y bordar cualquier canción.

Jude se quedó allí plantado, con esa expresión impasible en la cara; una expresión perfeccionada durante muchos años trabajando de seguridad para Dirty y montando con un club de moteros fuera de la ley. Pero como aún no me había dicho que me largara, sabía lo que probablemente estaba pensando.

No era tanto que estuviera pensando en su propio culo —en cómo podía salpicarle esto si me dejaba entrar en aquel bar. Lo más probable era que estuviera pensando en lo mucho que a mí me iban a patear el culo.

—¿Quieres que también te baile? —le reté, dejando asomar un poco de sarcasmo en el tono.

Jude permaneció en silencio hasta que se me acabó la canción. Entonces dijo:

—Así que va a ser así, ¿no?

—Eso parece.

—Lo que parece es un idiota tocando la guitarra en un aparcamiento —dijo. Pero entonces descruzó los brazos con un pequeño suspiro inaudible. Me estaba mirando de nuevo, de arriba abajo, como calculando cuánto tardaría la banda en reconocerme.

Sabía que las audiciones eran a ciegas. Pero no es que estuviera ocultando quién era. Aparte del nombre falso, seguía siendo yo.

Me había cortado el pelo nada más llegar a L.A.

; hacía un calor de cojones, pero la verdad era que tenía hambre de un cambio.

Un nuevo comienzo, quizá. Nadie me había visto con el pelo corto desde los doce, así que eso era diferente.

También llevaba barba corta, aunque me la había dejado de forma intermitente los últimos años, y Dirty me había visto con barba.

Llevaba gafas de aviador, pero esto no era exactamente un truco de Superman de gafas puestas/gafas quitadas.

No me estaba haciendo pasar por Clark Kent con intención de sacar la capa después.

Este era yo, sin más.

Camiseta Cream desteñida, vaqueros gastados, botas de piel de serpiente, bandana en el bolsillo trasero. Pulsera de metal con la palabra BADASS grabada, que Elle me regaló cuando me uní a Dirty y que nunca había dejado de llevar.

Me verían a un kilómetro de distancia y sabrían quién era.

Seth Brothers.

Antiguo guitarrista rítmico y compositor de Dirty.

Estrella caída. Paria. Y aun así, le gustase a Dirty o no, favorito de los fans.

A ningún guitarrista que vino después de mí lo quisieron tanto como a mí.

Nadie quería que volviera a esta banda más que los fans.

Eso lo sabía por los mensajes que seguía recibiendo a diario.

Era la única razón por la que mantenía una cuenta en Twitter.

Eso era gran parte de lo que me mantenía aquí, frente a unas probabilidades cada vez peores. Estaba empezando a sentir lo malas que eran esas probabilidades, dada la reticencia de Jude a dejarme siquiera pasar por la puerta.

No tenía muy claro qué hacer al respecto. No esperaba que Jude fuera mi problema.

—¿Estás seguro de que quieres esto? —me preguntó, con sus ojos oscuros fijos en los míos—. ¿Ahora?

—Una vez dijiste que me cubrirías las espaldas, cuando llegara el momento.

—Digo muchas gilipolleces —admitió—. No todas inteligentes.

—Entonces tenemos eso en común.

Gruñó otra vez.

—Te diré una cosa. Me tocas Metallica y tienes tu audición.

—Genial —dije.

No era genial. La única canción de Metallica que me sabía lo bastante bien como para impresionar a alguien —quizá— era Master of Puppets, y esa no parecía la mejor opción para una audición de Dirty. Dirty no era una banda de metal.

Claramente, ese no era problema de Jude. Me dio la espalda, un gesto de despedida, y se dirigió de vuelta al bar.

Solté el aire; tenía la sensación de haberlo estado conteniendo toda la puta semana.

Guardé la acústica en su funda y la cogí, junto con la otra funda, la que contenía mi guitarra eléctrica: mi Gibson favorita. Y seguí a Jude.

No era exactamente una alfombra roja, pero servía.