23 Roni #3
Crucé la mirada con Jessa, que estaba sentada en el extremo opuesto al de Brody, y sonreí como diciendo ¿Ves? Sin drama. Ella levantó su sidra como diciendo Gracias a Dios, y dio un sorbo.
Y entonces todo se fue al garete.
Piper se había girado hacia mí otra vez, y de la nada dijo: —Estás muy guapa.
—Gracias.
Entonces sus ojos azules descendieron por mi cara y se hundieron profundamente, profundamente en mi escote, y dijo: —Me acuerdo de ti.
Ay, joder.
¿Íbamos a hacer esto?
¿En serio?
Sus ojos volvieron a encontrarse con los míos. La cicatriz que le bajaba por un lado de la cara le daba un aspecto aún más siniestro bajo las lucecitas navideñas, y la salsa de arándanos y la carne en mi estómago se solidificaron en un ladrillo de pavor.
Dios santo. Había estado tan preocupada de que mi madre hiciera algo horrendo que no había visto venir esto.
—He visto que aquí tienen una encimera decente en la cocina. Me pregunto si habrá tenido algo de acción últimamente.
Dios. Mío.
¿Acababa de decirme eso?
Su cara estaba bastante cerca de la mía, y no había lugar a confusión. Las palabras. El tono. La insinuación.
¿Me estaba tirando los tejos en serio?
¿O me estaba poniendo a prueba? ¿Comprobando si de verdad me lo tiraría en esa cena?
¿Y le pondría los cuernos a su hermano?
Di un sorbo a mi copa, simplemente intentando contener la fea rabia y la humillación que hervían dentro de mí, asquerosas y rápidas.
No. Él no le haría eso a Jude.
De eso estaba bastante segura.
Lo que significaba que me estaba poniendo a prueba, sin duda.
¿O quizá Jude me estaba poniendo a prueba?
Miré a Jude. ¿Había alguna posibilidad de que le hubiera pedido a Piper que hiciera eso? ¿Que me pusiera en un aprieto así y me pusiera a prueba?
Jude me estaba mirando fijamente, y no parecía contento. El volumen del ruido alrededor de la mesa había subido a medida que la gente terminaba de comer y bebía más. No tenía ni idea de si había oído cada palabra de lo que Piper acababa de decirme o no.
—Si quieres —dijo Piper, muy cerca de mí—, podemos ir a echarle un vistazo. Si no recuerdo mal, la última vez estabas más que dispuesta.
—Pipe. Cierra la puta boca.
Eso fue Jude.
—Solo pregunto, hermano —dijo Piper, devolviéndole la mirada gélida a su hermano—. No se puede culpar a un tío por preguntar.
—Para —gruñó Jude.
—¿Parar de qué? Solo estoy hablando con tu chica.
—Deja de hablarle a Roni si no puedes ser respetuoso.
—Tíos… —dijo Jesse.
—No sabía que necesitara tu permiso para hablar con ella, hermano.
—A lo mejor queréis discutir esto fuera —dijo Brody con calma.
—Sí. Pelearse por una mujer en la mesa es tan… vulgar —dijo Ash, y se tiró otro chupito.
—Dijo el hombre con la camiseta que pone Jingle My Bells for a White Christmas —dijo Elle, seca.
—Ni una palabra más —le gruñó Jude a su hermano—. O te vas.
—Jude… —dije, pero ni siquiera pareció notar que había hablado. Me sentía enferma, horrorizada y humillada, y ni siquiera me miraba.
—Jude, tío —dijo Jesse—. Pipe, vamos a tomar el aire.
—Me estás vacilando —dijo Piper, sin hacer el menor amago de levantarse. Le sonrió a su hermano, completamente impávido, ignorando a Jesse—. Estás coladito por ella. Otra vez.
—Levántate de la puta mesa antes de que te levante yo.
—¡Jude! —Estampé el tenedor contra el plato, y por fin me miró.
Fue como si un disco se hubiera parado, como si la aguja hubiera arañado la superficie y todos se hubieran quedado en un silencio absoluto.
Excepto que Dean Martin seguía cantando villancicos de fondo.
Me giré hacia Piper y le pregunté, con mucha calma: —¿Qué quieres que haga? ¿Volver atrás en el tiempo y des-follarme a todos esos otros tíos? ¿A ti? ¿A Ben? ¿A todos con los que me acosté menos tu hermano?
—Ay, Dios mío, Roni —farfulló mi madre, como si la estuviera avergonzando a ella—. El vocabulario…
—Lo haría, ¿sabes? —continué—, si significara que pudiera tenerle. Si significara que dejaría de echármelo en cara.
Cualquier resto de conversación o intento de intervenir se había extinguido por completo. No estaba hablando alto, pero mi voz sonaba fuerte en la sala.
Miré a Jude. —¿Eso es lo que te gustaría que hiciera? —le pregunté—. ¿Cambiar mágicamente la historia para que puedas superarlo?
—¿Podemos hablar de esto luego? —dijo, en voz baja pero más suave.
—No. Yo no era virgen cuando nos liamos ni cuando nos conocimos, y tú lo sabías.
Tú tampoco eres precisamente virgen. Por lo que sé, puede que te hayas acostado con diez veces más personas que yo, pero ¿te he dado la vara con eso alguna vez, aunque sea una sola vez?
No. Porque me da igual. Si de verdad te importo y has dejado de follarte a otras, tu pasado me da igual.
Nos quedamos ahí sentados, mirándonos a través de la mesa. En un silencio absoluto e incómodo.
Dean Martin seguía cantando.
Alguien se aclaró la garganta. Dylan, quizá.
El pequeño Nick chilló y empezó a llorar en su moisés, y Jessa fue corriendo a atenderle.
—Hostia puta —dijo Zane—. Por favor. Que alguien cuente un chiste de pedos o de pollas, rápido.
Maggie suspiró.
Jude no dijo nada.
Tiré la servilleta de copo de nieve en la mesa y me fui.