23 Roni
RONI
Al final, fui a casa de Jessa antes de lo que esperaba porque me llamó hecha un manojo de nervios, pidiéndome ayuda.
Como pedía ayuda tan rara vez, me lo tomé como un cumplido y me planté allí.
Me puse un jersey suave verde cazador con un estampado de cuentas negras en forma de hojas sobre un hombro y mis leggings de cuero negro, y me hice unos rizos suaves.
Me había pintado unos ojos ahumados con un toque de brillo y unos labios rojos suaves con gloss.
De todos los tipos de fiestas, yo adoraba las fiestas navideñas.
El ambiente festivo. La comida. La sensación acogedora de estar en una casa calentita con amigos.
Y saber que iba a disfrutar de esta con Jude no estaba nada mal.
Preparé una bolsa de noche pequeña por si acaso, dejé el coche en casa y cogí un taxi. Así podía beber o quedarme hasta tan tarde como quisiera sin preocuparme. Incluso podría quedarme a dormir si era lo mejor.
O quedarme otra vez en casa de Jude.
Tardé un rato en cruzar el centro y pasar el Lions Gate Bridge; estaba nevando, ligeramente, y las carreteras empezaban a atascarse. Pero aun así fui la primera en llegar.
Brody estaba en la cocina, glaseando el enorme jamón que estaba horneando con rodajas de piña y clavos pinchados, y la casa olía de maravilla. Le di un abrazo navideño bien cálido y un beso en la mejilla.
—Pero qué festivas estamos hoy —comentó, y yo simplemente sonreí de oreja a oreja.
Jessa estaba abajo, en la sala de fiestas, donde habían montado una mesa larga y preciosa, decorada con un mantel de cuadros rojos y verdes y vajilla a juego.
Había un enorme árbol de Navidad en la esquina junto a los ventanales, sonaba música navideña, y Jessa estaba dándole vueltas a la distribución de los asientos, con el pequeño Nick sujeto delante en su portabebés.
Les di un beso a los dos y pregunté en qué podía ayudar.
—Estoy atascada con la política social —dijo, mordiéndose el labio inferior—.
Como dónde sentar a cada uno. Lo tenía resuelto, pero al añadir a tu madre tuve que cambiar algunas cosas…
Siempre separamos a las parejas, para que la gente se mezcle más, y hacemos chico-chica-chico-chica, si es posible. Pero no me sale.
—¿Qué política?
—Ya sabes, Katie y Elle, Dylan y Amber y Ash… —Bajó la voz a un susurro—. Brody y Seth…
—¿Y? Haz lo que puedas —le dije, echando un vistazo a las bonitas tarjetitas de sitio que había hecho y colocado—. Aquí todos somos adultos… Ay, madre santa del joder. Por todo lo sagrado en Nochebuena, no sientes a mi madre al lado de Zane.
—¿Por qué? —A Jessa se le abrieron los ojos—. ¿Crees que será maleducado?
—Eh, no. No era eso lo que estaba pensando. —Cogí de la mesa la tarjeta con Cindy escrito y se la pasé—. ¿Has conocido a mi madre?
—Sí. —Parecía que iba pillando la idea, y cogió varias tarjetas, reorganizando cosas—. Vale. Ponemos a tu madre al lado de Jude. —Me miró—. Por lo menos puedes avisarle, y te fías de él, ¿no?
—Sí. Ya está avisado.
—Vale. Así que irá entre Jude y Jesse. A mi hermano ya le conoce bastante bien, así que las cosas serán menos… impredecibles.
—Sí. Aparte de aquella vez que la parte de arriba de su bañador se le «soltó sin querer» delante de él en aquella barbacoa.
—Eso fue hace como veinte millones de años. —Me miró de reojo y sonrió—. ¿Y si ha madurado?
—¿Y si cancelamos todo esto y me voy a mi casa?
—Siguiente punto —dijo tajante. Jessa se estaba adaptando de verdad a la vida de madre; ya tenía algo más de autoridad en la voz. Era impresionante—. Pongo a Piper entre tú y Maggie. Os conoce a las dos bastante bien, espero que se comporte.
—¿Y Katie? —sugerí. Katie era prácticamente la cuñada de Piper.
—La tengo entre Ash y Seth. Ay, por Dios, ¿tengo que alejar más a Katie y Zane…? Porque eso pondría a Amber al lado de Ash, lo cual sería raro, porque Dylan está allá al fondo…
—¿Por qué no pueden estar Katie y Zane cerca?
—Porque siempre le tira los tejos para mosquear a Jesse, y si mi hermano está de mal humor me va a arruinar la Navidad.
—¿Por qué iba a estar de mal humor?
—No sé. Está todo molesto porque una de las canciones que compuso no va a entrar en el álbum porque a todos les gusta más una que escribió Zane…
—Ah.
—No quiero poner a Piper al lado de Amber. Es nueva y no quiero que la asuste. Así que. —Recolocó un par de tarjetas más, poniéndome a mí entre Seth y Piper—. Eso está bien, ¿no? Tú y Piper estáis bien, ¿verdad?
—Sí —dije—. Claro que estamos bien.
La verdad es que no había visto a Piper en años, así que no tenía ni idea de lo «bien» que estábamos. Jessa, por supuesto, sabía de toda mi obsesión con él, años atrás, y también sabía que en algún momento dejé completamente de obsesionarme con él.
Nunca le dije que fue porque se me folló y luego pasó de mí.
También sabía que salí con su amigo mucho tiempo, con idas y venidas. Y que ahora me estaba tirando a Jude.
Así que quizá tenía razón en preocuparse.
—Irá bien —le aseguré—. Todos nos portaremos como es debido. Y si Zane le monta algún número a Jesse, pues, no sé, cambiaremos de tema.
Pareció increíblemente escéptica, pero al final suspiró y dijo: —Vale. Creo que es lo mejor que podemos hacer.
—En serio, cielo. —Le puse las manos en los hombros y le lancé una mirada firme—. Confía en que tus amigos y tu familia se comporten como los adultos que son. No puedes hacer de niñera de todos a la vez.
—Te devuelvo exactamente el mismo consejo, respecto a tu madre.
—Joder. —Suspiré, y echamos un último vistazo a la mesa—. Está perfecta.
Sinceramente, no tenía ni idea de si estaba perfecta.
Pero lo último que necesitaba era apilar más drama en el plato de Jessa negándome a sentarme al lado de Piper porque me preocupaba que Jude pudiera ponerse celoso o algo.
No quería que se estresara reorganizando los sitios hasta el infinito.
Estaba organizando aquello con un recién nacido colgado de la teta, por el amor de Dios.
—Deja que te ayude con esas —le dije, cogiéndole de las manos el montón de servilletas elegantes con forma de copo de nieve y colocándolas en los platos como ella había estado haciendo.
Sabía que la mayoría de las fiestas de Dirty hoy en día tenían al menos algo de catering, pero no La Cena de los Huérfanos. Cada uno era responsable de presentarse con algo de comida, pero obviamente eso seguía dejando un montón de preparativos para quien organizaba.
—Solo espero que todo salga bien —dijo Jessa con un suspiro mientras le acariciaba la cabecita a Nick—. Literalmente tuve que decirle a Zane qué traer, no fuera a ser que apareciera con una barra de pan y un par de billetes de cien.
—¿Ha hecho eso?
—Lo ha hecho. Es un caso perdido total en la cocina. Este año directamente le puse al cargo de la salsa de arándanos y le di los nombres de un par de buenos delis donde conseguirla. Si la caga con eso, seguramente sobreviviremos.
Sonreí. —Sí. Pero me encanta la salsa de arándanos…
Poco a poco, la gente empezó a llegar, y la sala se fue llenando mientras los aromas de la comida impregnaban la casa. Dean Martin cantaba «Let It Snow! Let It Snow! Let It Snow!» y el árbol estaba todo iluminado con lucecitas parpadeantes. Definitivamente se respiraba Navidad.
Especialmente cuando llegó Jude, y toda la sala se calentó de golpe.
O puede que solo fuera yo. Asomó la cabeza por la sala de fiestas, me vio tomando una copa con Katie, vino directo y me dio un abrazo y un beso en la mejilla.
Olía a nieve, a aire fresco de invierno y a tubo de escape de camioneta.
—Tengo que freír el pavo —dijo, le dio un beso a Katie en la frente y desapareció hacia fuera, donde los chicos estaban bajando la freidora de la camioneta de Piper.
La montaron en el patio trasero y se agruparon a su alrededor como un puñado de cavernícolas que acabaran de descubrir el fuego, mientras las chicas nos congregábamos en la cocina y la sala de fiestas, preparando el resto de la comida y haciendo copas.
Aparte de Jesse y Katie, Maggie, Dylan y Amber llegaron bastante pronto.
Zane vino poco después, con un porrón de salsa de arándanos y una bandeja enorme de galletas navideñas que había hecho Dolly.
Seth y Elle llegaron a continuación, y luego apareció Ash, justo cuando Dylan había empezado a enviarle mensajes para saber dónde coño estaba.
Cuando entró ya iba borracho, pero otros cuantos invitados iban por el mismo camino, así que tampoco era para tanto.
Al fin y al cabo, eran las fiestas.
Yo me tomé una o dos copas antes de cenar para quitarme los nervios, pero después me quedé con la sidra sin alcohol que Katie había preparado —seguramente la había hecho para ser detallista con Elle, embarazada, y con Jessa, que estaba dando el pecho, porque así era Katie.
Mi madre llegó la última, no mucho antes de cenar, así que al menos no hubo mucho tiempo para que deambulara por la sala causando estragos antes de que nos sentaran a todos en nuestros sitios asignados.
Oí a Zane preguntarle a Brody quién coño era y qué hacía allí, y cuando Jude intervino diciendo «Es la madre de Roni y la invité yo», a Zane se le puso una sonrisa enorme y me miró.
Porque obviamente solo había una razón por la que Jude invitaría a mi madre a cenar. Supuse que esto era lo más cerca que íbamos a llegar de que Jude admitiera que se estaba acostando conmigo.
Simplemente le devolví la sonrisa y di un sorbo a mi sidra.
Mi madre se había vestido, como siempre, como una mujer dos décadas más joven de lo que era, una mujer que tenía previsto cenar la Nochebuena en un club de striptease cutre…
ya sabéis, antes de subirse al escenario a hacer lo suyo.
Hay que reconocer que Cindy Webber estaba bastante bien y aparentaba un pelín menos de sus cuarenta y nueve años, pero también se veía —y se comportaba— demasiado disponible en una sala llena de hombres que en su mayoría no estaban solteros.