Tan canalla como Jude (Dirty: chicos malos del rock 3) 21 Roni #2
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21 Roni #2

Su boca fue lo primero que me llamó la atención.

Se estaba riendo mientras Con hablaba, y se le veían los dientes.

Una hilera de fundas de porcelana blanca perfectas…

con los caninos plateados. Era mono, de una forma peligrosa.

Y llevaba un cut de los Kings sobre su horrible jersey navideño de Rudolph.

Recordé lo que Talia me había dicho del tío que vio fuera de mi casa con los caninos plateados. Miré alrededor, pero no la había visto; no creía que hubiera llegado aún.

—Roni… —Jude se había acercado justo detrás de mí.

—¿Quién es ese? —pregunté.

—¿Quién?

Señalé al tío de los dientes. —Ese. El tío con la mierda de los Kings y los dientes de plata.

Sentí el pecho de Jude elevarse contra mí al tomar aire. —Es Lex.

—¿Y quién coño es Lex?

—Es un King.

—Eso ya lo veo. ¿Quién es? —Me giré para mirarle—. ¿Y por qué Talia le vio fuera de mi casa?

No contestó. Sus ojos oscuros sostuvieron los míos, y pude verle pensar en lo que fuera que estuviera pensando, pero sin decirlo.

Me giré y me alejé.

Jude me siguió. Pasé justo por delante de Lex y, por el rabillo del ojo, vi a Jude darle un empujón.

—¿Qué coño haces aquí?

Miré atrás lo justo para cruzarme con los ojos de Lex y ver cómo se abrían de par en par.

—No sabía que ella iba a estar aquí… —le oí decir, antes de desaparecer dentro de la casa.

Oí a Jude seguirme.

Pasé de largo junto a Zane, Maggie y Elle, que estaban hablando en el pasillo, y oí a Jude tronar: —¿Por qué coño habéis invitado a Lex?

—¿Eh? —dijo Zane, y yo me paré a mirar atrás y escuchar.

—Ni siquiera te cae bien —gruñó Jude.

—Le invité yo —dijo Maggie, mirando de Jude a mí—. ¿Qué pasa? Es Navidad.

Giré sobre mis talones y seguí andando. Había llegado al recibidor delantero cuando Jude me alcanzó. Estaba bastante oscuro y no parecía que hubiera nadie en la casa excepto nosotros. Le sentía prácticamente encima de mí.

—Roni. —Me agarró del codo, pero me solté de un tirón, girándome hacia él.

—¿Tenías a ese tío vigilándome? ¿Por qué?

Suspiró. —Porque quería asegurarme de que estabas bien.

—¿Bien? ¿Por qué? ¿Por qué no iba a estarlo?

Silencio.

Esperé.

—No me fiaba de Taze.

Me planté las manos en las caderas. —Quieres decir que no te gustaba que me follara.

—Eso también.

Empecé a darme la vuelta, pero me detuvo, con la mano agarrándome del brazo. —Estaba preocupado por ti.

—¿Por qué?

—Ya te lo he dicho. Es un tío peligroso, V.

Me zafé de su mano. —Corté con él.

—Ya lo sé.

Solté un sonido de exasperación. —¿Ese Lex sigue vigilándome?

—No. —Se pasó la mano por la cara y luego suspiró otra vez—. Hay otro tío.

Se me cayó la mandíbula.

—Se llama Bane.

—¡Jude! No puedes tener a tíos siguiéndome. Es espeluznante.

—Es por tu seguridad.

—Ya no estoy con Taze. Ni siquiera he hablado con él desde aquella noche en que le mandé ese mensaje, cuando tú me dijiste que lo hiciera —le clavé el dedo en el pecho—, y nosotros follamos.

—Bien.

—Entonces, ¿por qué sigues teniendo a alguien vigilándome?

—Solo por un tiempo. Por precaución. Hasta que sepa que no va a intentar nada.

Fruncí el ceño, retrocediendo un paso. —¿Intentar qué? Taze no me haría daño.

Silencio otra vez.

Me di la vuelta, tan jodidamente frustrada que podría haber… —¿Dónde está el baño en esta casa? Ya sabes, un sitio donde una pueda encerrarse y gritar…

—Hubo un incidente —dijo Jude.

No fueron tanto las palabras como su tono bajo y grave lo que me hizo girarme y escucharle.

—Entre Taze y yo. No quiero que eso te salpique. Hasta que esté seguro de que no va a pasar, quiero a un tío protegiéndote.

¿Qué?

—Deberías habérmelo dicho. Podrías habérmelo dicho, Jude.

—No quería involucrarte.

—¿En qué? —repliqué, exasperada—. ¿En mi propia vida?

—En nada que pudiera ser peligroso. No quiero que te hagan daño, Roni.

—Pero tienes que contarme estas cosas. Si es sobre mí, quiero saberlo.

—No es sobre ti. Es entre Taze y yo. Solo quiero asegurarme de que estás a salvo, nada más.

—¿Durante cuánto tiempo?

—No mucho. Quizá unas semanas más. Tengo a un tío vigilando también a Taze. Solo para asegurarme de que no va a montar ningún lío.

Eso hizo que me detuviera a tomar aire. —¿Crees que lo hará?

—No. Es jodidamente improbable.

Le miré fijamente, dejando que el peso de esas palabras calara…

—Jude. ¿Qué hiciste? ¿Le hiciste daño?

—No. No, no le hice daño.

Entonces caí muy despacio…

—Dios mío. ¿Ese moratón horrible de la espalda? —Di un paso hacia él, para verle mejor la cara en el pasillo oscuro—. ¿La cara? ¿Fue Taze?

—No es nada de lo que tengas que preocuparte, cariño.

—¿Te hizo daño? ¿Por mi culpa?

—Nada es por tu culpa —dijo con firmeza—. Son cosas de tíos. No tiene nada que ver contigo.

Madre mía.

La idea de que Taze le hubiera hecho algo a Jude por mi causa… Sí era por mi causa. No nací ayer. Vale, los Sinners y los Kings tenían algo de mala sangre entre ellos. Eso no era exactamente un secreto. Pero Taze y Jude probablemente nunca se habrían mirado dos veces si no fuera por mí.

Si Taze le hubiera dicho aunque fuera una sola mala palabra a Jude por mi culpa, me herviría la sangre.

El hecho de que le hubiera puesto las manos encima… ¿o un arma? Lo que fuera que le hubiera dejado esos moratones horribles en la espalda…

—Jude…

—Te presentaré a Bane. —Se acercó más a mí, suavizando la voz—. Te daré su número de móvil, para que puedas comunicarte con él si lo necesitas. ¿Eso te hace sentir mejor?

—Joder, sí.

Sus ojos sostuvieron los míos, y el más mínimo atisbo de sonrisa le bailó en los labios. —Bien.

Tragué saliva, ablandándome un poco. —Mira… lo siento mucho, ¿vale? Por esa pelea estúpida, la otra noche…

Negó con la cabeza. —Tenías razón. No quería que estuvieras cerca de Piper.

Ah. Eso dolió.

—Te avergüenzas de mí —dije, en voz baja. Ni siquiera podía mirarle—. Igual que entonces.

Me cogió por los hombros y acercó su cara a la mía. —No me avergüenzo de ti, Roni. Nunca me avergoncé de ti. —Levanté la vista hacia sus ojos oscuros, y dijo—: Es solo que no quiero ni pensar en que estés con otro.

¿Qué?

—¿Con Piper? —Estaba tan jodidamente confundida. Apenas me había cruzado con Piper a lo largo de los años. Ni siquiera tuve una relación real con él, y solo nos acostamos una vez, hacía una década. A Piper le daba igual yo. A mí me daba igual él.

¿Por qué a Jude aún le importaba?

—Con nadie —dijo.

Tomé aire lenta, profundamente, limitándome a sentir esas palabras.

—Ven, cariño —dijo, pasándome el brazo alrededor—. Vamos a sentarnos. Podemos hablar.

Me guio del recibidor a un salón oscuro y me sentó en el sofá. Pero no se sentó a mi lado. Se arrodilló en el suelo delante de mí, entre mis rodillas… igual que aquella primera noche que nos acostamos.

Y me destrozó.

Ojalá pudiéramos rebobinar, volver a aquella noche y empezar de cero.

Porque aquella noche… fue perfecta.

Antes de que lo jodiéramos todo.

—Ni siquiera quiero hablar —susurré.

—¿Qué quieres, V?

—Quiero besarte.

Me rodeó con los brazos, atrayéndome hacia él, y le besé. Me deslizó las manos por los muslos y luego hacia arriba, por debajo del vestido. Puse mis manos sobre las suyas, pero no se las aparté.

—Jude…

Fue el intento más patético del mundo de frenar a un tío que intenta meterse bajo tu vestido, y quedó rápidamente abandonado cuando me subió la tela brillante, dejando a la vista mis braguitas de encaje.

Eran minúsculas, rojas, y tenían un bastoncito de caramelo con purpurina delante, justo encima del clítoris.

Sonrió de oreja a oreja.

—¿Feliz Navidad? —susurré.

Se rio. Luego deslizó un dedo bajo el encaje, apartó las braguitas de un tirón y hundió la cara entre mis piernas. No me quedaba más remedio, la verdad, que dejarme caer en el sofá y disfrutarlo.

—Joder… ahhhh… Jude… mierda, me encanta cuando me comes el coño.

—¿Sí, cariño…?

—Mmm. Tienes una boca mágica…

No dijo nada, solo usó su boca mágica para hacer que se me pusieran los ojos en blanco y el coño se me contrajera.

Quería que me follara, pero ¿quizá era demasiado? Eché un vistazo al recibidor; podía oír la fiesta, las voces y la música a lo lejos, pero no parecía que viniera nadie.

—¿Deberíamos… eh… estar haciendo esto aquí…?

—Por favor —dijo, entre lametones—. Es el sofá de Zane. Se deprimiría… si no pillara algo de acción… en Navidad.

Me reí.

Sus grandes manos me presionaron el interior de los muslos y sus pulgares me abrieron, y me clavó la lengua, haciéndome olvidar todo lo demás. Luego pasó la lengua hacia arriba y me chupó el clítoris. Me besó y me chupó otra vez, gimiendo un poco al hacerlo.

—Jude… vas a hacer que me corra…

Todo mi cuerpo empezaba a temblar.

—Sí, nena —murmuró, besándome otra vez—. Echaba de menos este puto coño… —Me chupó de nuevo. Su lengua jugó con mi clítoris, dibujando círculos…

Cuando el orgasmo me atrapó, jadeé y hundí las manos en su pelo. Le sujeté contra mí mientras me chupaba, mientras las olas de placer me recorrían el cuerpo.

—Sí… —murmuró—. Este coño es mío…

Nunca habría pensado que unas palabras así en boca de un hombre me pudieran poner tanto.

—Puedes quedarte mi coño, Jude —dije con un suspiro, rindiéndome al hecho mientras me desplomaba en el sofá. La verdad, mi coño nunca había podido resistírsele—. Pero ¿y el resto de mí?

—Sí… —dijo, deslizando las manos sobre mis curvas. Me rozó la garganta con los dedos y me los metió en la boca; mordí suavemente la punta de sus dedos mientras sus ojos se encontraban con los míos—. Eso también es mío.