21 Roni
RONI
Era la víspera de Nochebuena, y Jude y yo no estábamos juntos.
Yo estaba en una fiesta de Dirty en casa de Zane, en West Vancouver, con Jessa y el pequeño Nick.
Jude estaba vete a saber dónde.
Seguíamos sin hablarnos, lo cual probablemente era más culpa mía que suya.
No le había visto desde el visionado del documental en casa de Jessa, un par de noches atrás, donde ni siquiera nos dirigimos la palabra.
Se fue pronto, pero me escribió más tarde esa noche. Tarde como a las dos de la mañana.
He estado pensando que deberíamos hablar.
No contesté.
En serio, ¿de qué teníamos que hablar a las dos de la mañana?
Había terminado con nuestra relación de mensajitos-y-quedadas-para-follar. De verdad, no quería ser el polvo fácil de Jude Grayson.
Quería ser su todo.
¿Era eso tan jodidamente malo?
Mientras Jessa y yo avanzábamos por la casa de Zane, oscura y casi vacía, hasta el patio cubierto y climatizado de atrás, donde todo el mundo se había congregado alrededor del bar, la piscina y las distintas zonas para sentarse, busqué a Jude con la mirada. Pero estaba claro que no estaba allí.
Encontramos a Zane junto al bar y, aunque Jessa me había dicho nada de regalos, le entregué una botella de mi famoso licor casero: vodka de mora, que embotellaba cada verano, en temporada de moras, y estaba listo justo a tiempo para las fiestas.
Sabía que Zane no bebía, pero yo nunca iba a una fiesta navideña sin una botella de mi licor casero. La gente me lo pedía todo el año; así de bueno estaba.
—Para tus invitados —le dije.
—Gracias, Roni —dijo, dándome un abrazo y un beso en la mejilla. Luego sus ojos azul hielo bajaron por mis curvas—. Y, madre mía. Pedazo de vestido.
Era un pedazo de vestido. Era de Jessa; uno de esos que a mí me gustaba llamar sus vestidos de supermodelo, los que colgaban al fondo de su armario pero que rara vez se ponía, y como ahora mismo no le entraban de todas formas, me ofreció elegir el que quisiera para las fiestas.
Era corto y negro, con un brillo sutil, y me sentaba como un guante sexy.
Escote, pierna… ese vestido lo tenía todo.
—No le tires los tejos.
La ceja perforada de Zane se alzó cuando Jessa enganchó su brazo al mío y me arrastró de allí.
—Vale… ¿Y eso a qué venía?
—Nada —dijo—. Es que ahora mismo estoy cabreada con él.
—¿Por qué?
—No te lo puedo contar. Digamos que… la forma en que Zane Traynor trata a las mujeres es de imbécil integral.
—Eh, eso lo sabemos de toda la vida.
—Cierto —dijo—. Y ¿por qué te acostaste con él, otra vez?
Suspiré, exasperada. —Porque tenía veintiún años y estaba buenísimo. —Y estaba superputamente cabreada con Jude por morrearse con una tía delante de mis narices. Pero esa parte me la guardé.
Encontramos a Brody junto a la piscina; había llegado temprano, así que Bishop nos había traído.
Cuando vio a Jessa y a su hijo, se iluminó como un árbol de Navidad y los estrechó entre sus brazos.
Esperé mientras se acurrucaban, se besaban y le hacían arrumacos juntos al bebé.
Luego Brody pareció reparar en mí y se aclaró la garganta.
—Eh, Roni.
—Hola, Brody. Feliz Navidad.
—Todo listo para el concierto de Nochevieja, ¿no?
—Eso parece.
Sabía que sí. Estaba bastante segura de que seguía medio en shock por que yo hubiera sacado adelante todo el asunto.
Podría haberle dado una lista interminable de todos los detalles de los que me había ocupado desde la última vez que hablamos si de verdad la quería, pero hacía años que había aprendido que en una fiesta de Dirty no se hablaba de trabajo.
Lo que significaba que, de un momento a otro, alguien nos interrumpiría poniéndonos una copa en la mano y cambiando de tema.
Efectivamente, antes de que pudiera decir otra palabra, Jesse apareció con champán para mí y un zumo con gas para su hermana.
Le di las gracias por las burbujas, le planté un beso distraído en la mejilla —seguro que él sabía dónde estaba Jude, y si iba a venir, ¿no?— y me escabullí para hacer un poco la ronda. Felicitar las fiestas a la gente y esas cosas.
Básicamente estaba allí la pandilla de siempre. Era un grupo genial, la verdad, uno del que había disfrutado formando parte cada vez más durante este último año, desde que Jessa volvió a casa.
Me daba pena, en realidad, pensar que si toda la mierda entre Jude y yo simplemente no salía bien, puede que no volviera a ver a esa gente.
Si las cosas no estaban bien entre nosotros, no creía que pudiera soportar venir a esas fiestas ni siquiera ir a un concierto de Dirty y arriesgarme a cruzarme con él… o a no cruzármelo.
Al fondo del patio, Amber había montado un fotomatón, y Shady, el guardaespaldas de Zane y un King al que conocía desde hacía años, iba vestido de Papá Noel. Estaba viendo a Amber sacar fotos de la gente sentada en su regazo cuando oí una voz familiar detrás de mí.
—¡Dylan Cope! A la rodilla de Papá Noel, ya.
Para cuando quise darme cuenta, Ash me rozaba al pasar.
Él y Dylan se abalanzaron sobre Papá Noel, cada uno ocupando una rodilla.
Dylan con unos pantalones de cuero rojo y el jersey navideño más espantoso de la historia, con el que de alguna manera seguía estando bueno (la moda en aquel evento iba de «alfombra roja» a «horterada navideña»), y Ash sin llevar nada remotamente navideño salvo una camiseta negra que decía en grandes letras blancas I Saw Mama Screwing Santa Claus.
Amber sacó unas cuantas fotos, con los flashes destellando.
Katie, que estaba ayudando a Amber, sacó una Polaroid, y yo me asomé por encima de su hombro. En la foto, Dylan estaba dándole cerveza a Papá Noel; Ash tenía los ojos medio cerrados y un porro colgándole de la boca. Katie se la pasó a Amber. —Esta, para tu álbum navideño.
Amber esbozó una media sonrisa y enganchó la Polaroid a uno de sus pies de luz, donde había colgado un montón más.
Ash entonces la cogió, besó a Amber en la mejilla, se metió la Polaroid entre los dientes y desapareció.
Katie y Amber intercambiaron una mirada.
No es asunto mío.
—Ahora vuelvo —le dije a Katie.
Fui a buscar a Jessa y, cuando nos tocó, cada una ocupó una rodilla de Papá Noel, Jessa con el pequeño Nick sujeto delante en su portabebés. Las dos besamos a Shady en la mejilla y Amber sacó unas cuantas fotos. Katie nos dio una Polaroid a cada una.
Jessa y yo vimos cómo se revelaban las imágenes, y se me llenó el corazón de ternura cuando vi a Jessa, a su bebé y a mí, las tres acurrucadas juntas en el regazo de Papá Noel.
—Te quiero —le dije, embargada por la emoción—. Me alegro muchísimo de que volvieras. Y me alegro mucho de que encontraras el camino de vuelta a Brody.
—Ay, cielo. —Jessa me pasó el brazo por los hombros—. Yo también te quiero. —Me estaba mirando, y yo esquivé sus ojos mientras contemplaba la Polaroid en mi mano—. ¿Cómo estás?
—De maravilla.
Estaba claro que no se lo tragó. —¿Es porque Jude no está aquí?
La miré. —No lo sé. O sea, no está aquí conmigo, eso seguro. Ni siquiera sé si va a venir.
—No se lo perdería, Roni.
—Pero no es que me pidiera venir con él.
Ni pasar la Navidad con él. Ya sé que lo nuestro quedó en que era solo sexo.
Pero no lo es. Para mí… nunca lo fue. Y ahora mañana vamos a ir los dos a tu cena de Nochebuena, y no sé…
sé que es algo que los chicos hacen todos los años.
Brody y Jude y Jesse y Zane… Así que ni siquiera sé si debería ir, si Jude ni siquiera me invita…
—Vale, para —intervino Jessa, y la contundencia de su tono detuvo mi estúpida espiral—. Escúchame ahora mismo. Quiero mucho a Jude, pero que le den. Yo te invité. Vas a venir.
Se me llenaron los ojos de lágrimas, y la abracé para disimularlo, abrazándola a ella y a Nick. —Gracias.
—Feliz Navidad. Ve a emborracharte y a pasarlo bien, por las dos.
—¿Qué, te vas?
—No me quedo mucho. Brody se quedará un rato, pero Bishop me llevará a casa… —Se calló, y me giré para ver qué le había llamado la atención.
Jude estaba allí, justo detrás de mí. Mirándome.
—Hola, Jude —dijo Jessa.
Sus ojos oscuros se desviaron hacia ella. —Briboncilla. —Esbozó una sonrisa—. Quiero decir, Jessa. Estás muy guapa.
—Gracias. Tú estás… muy guapo.
Lo estaba.
Siempre lo estaba.
Mi caballo oscuro… Siempre apareciendo de la nada, dispuesto a ganar la partida, y a destrozarme por completo las hormonas y el corazón. Esta vez, con un jersey negro fino y ceñido y unos vaqueros gris oscuro.
Madre mía.
Su mirada volvió a mí y descendió por mi cuerpo. —Menudo vestido más sexy.
—Gracias. —Me lo había puesto porque era sexy, porque me sentía guapa con él… y porque quería que a Jude le gustara cómo me quedaba.
Pero ahora que estaba allí, ni siquiera quería que me mirara así, como si quisiera follarme.
—No contestaste a mi mensaje —dijo, cuando sus ojos se encontraron con los míos.
—Eh… voy a ir a buscar a Bishop… —Jessa intentó escabullirse, pero le agarré el brazo y la retuve a mi lado.
—No pasa nada. La que se va soy yo. Le mandaré a Bishop para que te recoja.
—¿Adónde vas? —Jude se interpuso en mi camino.
Solté el brazo de Jessa para cruzar los míos bajo el pecho. Ella no se movió, y le dije: —No quiero ser tu coño de marcación rápida, Jude —allí mismo, delante de ella.
La mirada de Jude se desvió a Jessa, brevemente, antes de volver a la mía, y eso me jodió muchísimo. ¿Como si le importara más que ella estuviera presenciando aquello, o lo que pudiera pensar, que lo que yo le estaba diciendo? ¿Lo que yo sentía?
—Eso no es lo que eres —dijo.
—Sí lo soy. No quiero seguir siendo tu follamiga, ¿vale?
Me alejé, dirigiéndome hacia la casa. O quizá hacia el bar. Adonde fuera.
Pero entonces me quedé clavada en el sitio.
Un tío estaba de pie junto al bar con Dylan y su guardaespaldas, Con, y me resultaba… familiar. Familiar de una forma que te ponía los pelos de punta. Lo cual era raro, porque estaba segura de no haberle visto nunca.
Eran sus dientes.