Tan canalla como Jude (Dirty: chicos malos del rock 3) 20 Jude #2
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20 Jude #2

Se había mudado de casa de su madre el año anterior y yo nunca había estado en su piso nuevo, pero sabía exactamente dónde vivía.

Era un piso, un bajo en una casa cerca de Kits Beach, compartido con un par de compañeros de piso.

Por suerte o por desgracia, ninguno estaba en casa cuando aporreé la puerta y Roni abrió.

—¿Te has follado a Zane? —Pasé de largo como un vendaval.

Se me quedó mirando, sin palabras, durante un largo momento. Luego cerró la puerta y me siguió por el pasillo, por donde yo iba de un lado a otro como un animal cabreado.

Se abrazó la cintura con fuerza. Ya se había duchado; quizá la había sacado de la ducha. Llevaba una batita de seda con flores y tenía el pelo mojado.

—¿A ti qué te importa? —preguntó.

Avancé hacia ella tan rápido que tropezó y casi se cayó al retroceder, y me odié a mí mismo por ello. Pero no era un ser humano racional cuando se trataba de esa mujer. La acorralé contra la pared sin siquiera tocarla, y ella no pareció asustada lo más mínimo. Solo confundida.

—¿Por qué no puedes simplemente largarte de mi vida?

Ya, tenía un par de cojones diciéndole eso cuando acababa de irrumpir en su casa.

Ni siquiera era mi vida lo que estaba invadiendo, de todos modos.

Era mi puta cabeza.

—No estoy en tu vida —dijo con cautela—.

Yo… le envié a Jesse una foto bonita que vi de Jessa de una sesión que hizo.

Sé que ella no siempre se las manda, así que lo hice yo.

Él me dio las gracias y me habló de la fiesta.

Me pareció muy amable por su parte invitarme.

Así que vine. —Se le empezaban a vidriar los ojos, pero no sabía si era dolor o rabia—.

Si prefieres que no vaya a ninguna fiesta de Dirty nunca más, puedes decirlo y me mantendré alejada. No tendrás que volver a verme.

—Bien. Pues aléjate de una puta vez.

—Vale. —Tragó saliva, y pude verlo en sus ojos: era dolor, sin duda.

Me di la vuelta y me lancé hacia la puerta. Pero cuando tenía la mano en el picaporte, me detuve.

Dios, ¿qué me pasaba con esta chica?

Me pasé los dedos por el pelo, y luego me giré hacia ella. Estaba justo detrás de mí, probablemente lista para cerrarme la puerta en las narices en cuanto saliera.

En vez de eso, la agarré y la besé. Aplasté mi boca contra la suya y básicamente le devoré la cara. No protestó. Tampoco me devolvió el beso, al menos durante unos segundos.

Pero luego estaba ahí conmigo, devorándome a mí también.

En cuestión de segundos, nos habíamos abierto camino a trompicones hasta un dormitorio.

Supuse que era el suyo. Le arranqué la bata y la empujé sobre la cama.

Me arrodillé sobre ella y me quité la chaqueta, la camiseta.

Mientras lo hacía, ella me sacó la polla.

Me pasó un condón; los tenía sueltos en un cuenco junto a la cama, en lo que no quería ni pensar.

Me lo puse sin quitarme siquiera los vaqueros, mientras ella me los bajaba por los muslos.

Luego me dejé caer sobre ella y sus muslos me rodearon. La penetré rápido, atravesándole la boca con la lengua mientras se lo daba.

La primera vez que follamos había sido lenta, apasionada. Tierna, incluso.

Esta vez, fue lo más opuesto a tierno.

Fue furioso, dolido, amargo, brutal y sucio. Me la follé con una venganza jadeante, de piel contra piel y puede que destrozando la cama, hasta que de pronto me empujó.

—Sal —dijo.

—¿Qué…? —Me aparté rodando, y ella fue directa a por mi polla, arrancándome el condón tan rápido que dolió.

Hice una mueca. —Joder.

—Perdona —dijo, como si no lo sintiera en absoluto, mientras me arrancaba los vaqueros y los calzoncillos.

Y entonces me la chupó.

Y joder, cómo sabía Roni Webber chupar una polla. Ni siquiera quería saber dónde había aprendido esas habilidades en particular… pero le estaba agradecido por haberlas aprendido.

Algunas tías no tenían ni idea de pollas. Ni idea de cómo tocar una polla o chuparla. Roni se la trabajaba como una profesional. Con una mano en el tronco, con la otra en los huevos, su boca devorándome y su lengua arrasando todos los puntos sensibles.

Luego me apretó la base del tronco, fuerte, estrangulándome, y succionó como una posesa la punta, como si intentara partirme en dos.

Gemí. Me gustaba duro. La mayoría de las tías tenían demasiado miedo o eran demasiado tímidas o incómodas para ponerse bruta así.

Roni no.

Me puse de rodillas de alguna manera, mientras ella seguía a lo suyo, y empecé a follarle la boca. Chupó más fuerte, como diciendo A ver qué tienes. Así que empujé las caderas hacia delante, llegando al fondo de su garganta, y se retorció, apartándose.

—Eso no lo hago —dijo sin aliento, con sus ojos verdes fulgurando hacia mí.

—¿El qué?

—No hago garganta profunda.

Así que la dejé chupármela como quería, dejé que controlara la profundidad.

—Tócate —le ordené, mientras me comía. Se llevó una mano entre las piernas y obedeció. Se tumbó de costado en la cama, dándome primera fila para verlo—. Sigue —le dije—. Córrete con mi polla en la boca.

Hizo lo que le dije. Gemía mientras me la chupaba, y era una especie de tortura, pero me aseguré de no correrme.

Ella sí.

Y justo cuando se corrió, empujé hacia delante, despacio, deslizando la punta en el fondo de su garganta.

Su garganta se apretó a mi alrededor y sus ojos se encontraron con los míos, algo aturdidos por el orgasmo. Me retiré despacio, dándole un momento para apartarme. No lo hizo.

Así que volví a entrar despacio. Luego cerró los ojos mientras mi polla le cortaba el aire. Su cuerpo se retorció debajo de mí mientras seguía cabalgando su mano, y entonces me retiré, dejándola respirar.

Suspiró, como derritiéndose, mientras su mano se escurría de entre sus piernas.

Le di la vuelta y le levanté las caderas, con los hombros en la cama y el culo donde yo lo quería. Me serví otro condón del cuenco. Me lo puse y entré de golpe, llenando su coño empapado con todo lo que tenía para darle.

No quería hacerle daño, pero iba a coger lo que quisiera a menos que me dijera que parara.

No lo hizo.