20 Jude
JUDE
Jueves.
Había pasado una semana desde mi pelea con Roni, desde que me acusó de no querer que se acercara al club. Desde que me dijo que había cambiado de opinión sobre nuestro acuerdo de follamigos, y yo me largué.
Seguíamos sin hablar.
No tenía ni puta idea de cómo se sentía, de lo que podía estar pasando.
Lo único que sabía era que iba a verla aquella noche.
Y quería verla.
La serie documental que Dirty había rodado aquel verano mientras buscaban a un guitarrista rítmico, y que acabó con la reincorporación de Seth, empezaba a emitirse aquella noche.
Brody había decidido organizar un visionado del primer episodio.
Pero lo mantuvo en petit comité, solo el círculo íntimo y sus acompañantes.
Maggie me había enviado la lista de invitados, y por supuesto Roni estaba en ella. Roni nunca había tenido mucha relación con el grupo, pero sí con Jessa Mayes.
Dado que el visionado era en casa de Jessa, no había muchas posibilidades de que ese nombre desapareciera de la lista, aunque hubiera querido.
No me hacía gracia que aquella fuera la forma de vernos, entrando en una sala llena de gente en vez de a solas. Pero verla cara a cara me parecía mejor opción que un mensaje de texto, en cualquier caso.
Una forma mejor de acercarme a ella y comprobar si tal vez estaba tan disgustada como yo por cómo habían salido las cosas hacía una semana.
7:22 pm.
Llegué solo a casa de Brody. No fui ni el primero ni el último, pero cuando entré en la sala de fiestas, Roni ya estaba allí, ayudando a Brody a preparar el bar.
Y lo que sentí al verla allí… Solo calidez.
Alivio.
Una especie de aflojamiento de la tensión que llevaba acumulando.
Buenas sensaciones.
Todo buenas sensaciones.
Pero luego vi cómo se sentaba en un sofá… y Zane se sentó a su lado. Elle estaba al otro lado de él, así que no era que se hubiera sentado con Roni en particular… Pero joder, se me clavó en la garganta.
Verla sentada junto a él así.
Había levantado la vista cuando entré. Así que sabía que yo estaba allí.
Pero no se acercó a mí.
Sonrió por algo que dijo Zane, y lo feo que había en mí empezó a trepar. Esa vieja voz interior.
La que se preguntaba si tal vez para ella siempre fue solo sexo, y siempre lo había sido.
Pero sabía, joder, sabía que eso no era verdad.
Aguanté el visionado. La serie era bastante buena, gracias a que Liv era una directora cojonuda, aunque tuviera un toque de reality cursi de concurso. Zane y Jesse estuvieron geniales. Mucho cachondeo y sonrisas de dientes blancos. Lo de siempre.
Roni se quedó en el sofá, junto a Zane, todo el rato. No hablaron mucho, pero lo feo se fue pudriendo dentro de mí hasta que tuve que salir.
Me inventé una excusa de mierda para irme antes que nadie, besé a Jessa y al bebé, y conduje hasta casa como alma que lleva el diablo.
Cuando llegué, busqué algo de hierba. Ni siquiera me molestaba en tener cream soda en casa. Demasiado peligroso.
Salí al porche trasero y me senté solo en la oscuridad a fumar. Nunca fumaba solo. Casi nunca fumaba.
Pero fumé en la oscuridad, y recordé.
Ocho largos meses después de haberle dicho a Roni que no era de las que se casan y de haberme comportado básicamente como un imbécil borracho de primera categoría, volvimos a casa de la primera gira mundial.
Con el viento completamente arrancado de nuestras velas.
Seth había sido expulsado de Dirty al final de la gira.
Literalmente la última noche de la gira, después del último concierto.
El grupo ya no podía más con sus adicciones ni con el comportamiento errático que provocaban, y tenía tantas deudas por la droga, tantas malas decisiones arrastrándole hacia el fondo…
que nadie podía salvarle de sí mismo a esas alturas, ni siquiera yo.
Al día siguiente, le metí en rehabilitación. Se largó de inmediato, y ahí acabó todo.
Intentaría ayudarle, meterle otra vez en rehabilitación, pero no hasta que volviera arrastrándose a pedirme ayuda.
Que lo haría.
De eso estaba bastante seguro.
Hasta entonces, no podía hacer nada.
Pero fue un sacudón, un toque de atención para todos. O al menos debería haberlo sido.
Jessa seguía fuera, trabajando de modelo, sin volver a casa. Siempre tenía algún trabajo nuevo, algún contrato que cumplir, alguna razón por la que no podía venir a vernos.
A Jesse le molestaba, y mucho. Seguía preocupado por ella.
Pero la vida seguía su puto curso.
Dirty se metió prácticamente de cabeza en la composición de su segundo álbum, que ya habían decidido llamar Dead Crazy, que era más o menos cómo nos sentíamos todos al final de la gira.
Yo andaba bastante ocupado intentando equilibrar el nivel de vida a toda hostia con el grupo —que ahora eran tan famosos que iba con Jesse prácticamente a todas putas partes— y mis responsabilidades con el club.
Al final de la gira, teníamos un equipo de seguridad sólido para la banda, y yo lo gestionaba.
Podría haberme alejado de los Kings, económicamente hablando.
Pero no lo hice.
Nunca lo haría.
Se lo aseguré a Piper en una conversación larga y ridículamente emotiva con una botella de bourbon, unas semanas después de volver de la gira.
Entonces, una noche, vi a Roni en una fiesta.
La fiesta era en casa de Brody, donde se hacían tantas de nuestras fiestas del grupo. Las listas de invitados a esas alturas eran bastante cerradas, y yo siempre sabía quién entraba y quién salía. Siempre había sorpresas; no sería una fiesta sin ellas.
Cómo se coló ella sin que yo me diera cuenta, nunca lo sabría.
Pero ahí estaba, de pie en la cocina, hablando con Jesse.
Tenía la guardia baja. Me pilló tan desprevenido que, cuando me vio y sonrió como si no pudiera evitarlo, la abracé. Empezamos a hablar, y a los pocos minutos de hablar con ella, de estar tan cerca que podía oler su aroma familiar y sexy y sentir el calor de su cuerpo… se me puso dura.
No estaba borracho, y ella no estaba coqueteando conmigo, pero me sonreía, con una sonrisa genuina, algo nostálgica. Y sabía que ya no estaba con Ben; le había visto en la sede del club y eso estaba bastante claro.
Para cuando se disculpó para ir a por otra copa, se me estaban ocurriendo todo tipo de ideas equivocadas.
No diez minutos después, la vi coqueteando con un tío, un promotor al que Brody había invitado. Le tenía la mano en la cintura y ella le sonreía.
Y mi erección murió oficialmente.
Pasé el resto de la noche con el brazo alrededor de otra tía, pillando un puntillo y básicamente evitándola.
Ya avanzada la noche, la vi haciendo chupitos con Zane, nada menos. Debería haber sabido entonces lo que se avecinaba.
Pero me dije a mí mismo que lo había superado.
No lo había superado ni de coña.
No la había superado a ella.
Desde luego era más fácil quitarme a Roni Webber de la cabeza cuando la vida iba a mil por hora, estaba de gira con la banda y las tías sobraban.
Pero cuando la tenía delante… esa chica… me atraía como un puto imán.
Así que aquella noche, muy deliberadamente, me dejé atraer por otra.
Puede que Roni me lanzara alguna que otra mirada herida, pero eh, lo había superado, ¿no?
La fiesta se alargó. De esas que duran hasta las tantas de la mañana.
Jesse se quedó en una de las habitaciones de invitados, así que yo también me quedé, cogiendo uno de los sofás de la sala de música.
Pensé que desayunaríamos —o comeríamos— con Brody cuando nos levantásemos.
Ni siquiera vi marcharse a Roni, me dije que me daba igual. Pero por la mañana la encontré.
La encontré en la cama de la otra habitación de invitados con Zane.
La rabia que sentí al despertarla, sacarla de esa cama a rastras, lanzarle la ropa y echarla de casa de Brody fue como nada que hubiera sentido antes. Era casi como si flotara fuera de mí mismo. Como si estuviera hirviendo vivo y completamente anestesiado al mismo tiempo.
Le dije exactamente tres palabras.
Fuera de aquí.
La metí en un coche con Elle y una de sus amigas; estaban justo saliendo por la entrada cuando las paré.
Luego volví como una furia escaleras arriba a la habitación de invitados, donde Zane estaba arrastrando su lamentable culo resacoso fuera de la cama.
Sabía que la noche anterior iba ciego. Puede que aún lo estuviera.
¿Y qué puta novedad era esa?
De alguna forma, eso solo lo empeoraba.
—¿Qué coño ha sido eso? —Abrí la puerta del dormitorio de un empujón. O no tenía uno de esos topes, o lo reventé, porque el pomo atravesó el pladur.
—¿El qué? —Zane me miró con los ojos inyectados en sangre y me entraron unas ganas serias de pegarle. Nunca antes había querido pegarle a Zane.
—Ya te avisé sobre esta mierda —gruñí, hirviendo por dentro. Me sentía como esa bestia del dibujo de los Looney Tunes, la criatura de Hyde que sale después de que el científico se beba esa puta poción.
Debía de parecerlo también, a juzgar por la cara de Zane.
—¿Qué mierda?
—Esta mierda. —Cogí una botella de cerveza de la mesilla, tirando el resto de botellas y vasos en el proceso, y la estampé contra la pared del fondo.
—Eh, eh, eh. —Brody apareció detrás de mí—. ¿Qué coño pasa?
Me zafé de su mano cuando me agarró del brazo, y me planté delante de Zane. —Te dije que si seguías por este camino, te íbamos a meter en rehabilitación. Antes de que acabes como Seth.
Zane se mantuvo bastante tranquilo. Levantó las cejas, sus neuronas empapadas en alcohol trabajando a tope para averiguar qué coño me pasaba.
—¿Esto va de mí en serio? —me preguntó, mientras Brody me ponía la mano en el pecho e intentaba interponerse—. ¿O de Wild Card?
—Zane —dijo Brody—, coge tus cosas y baja.
Zane no se movió.
—No sabía que te molaba, hermano —me dijo, leyendo la furia en mi cara. Su mirada era bastante firme para alguien que probablemente aún iba medio ciego—. No lo habría hecho si lo hubiera sabido.
Avancé hasta que mi pecho chocó con el suyo y le gruñí: —Estoy hasta los huevos de limpiar tu mierda.
Y me largué de allí echando hostias.
Después de eso, debería haberme ido a casa.
Fui directo a casa de Roni.