Tan canalla como Jude (Dirty: chicos malos del rock 3) 19 Roni #2
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19 Roni #2

Quería ser capaz de poner buena cara y desearle lo mejor a él y al grupo cuando se fueran de la ciudad. Pero todavía dolía.

Así que me conformé con mandarle un mensaje a Jesse. Ya no le veía tampoco, pero tenía su número, así que le escribí para desearle suerte en la gira y lo dejé ahí.

Meses después, el grupo volvió a casa para un descanso de la gira. Había una fiesta en casa de Brody, y para mi sorpresa, no solo iba Jessa, sino que me preguntó si quería ir con ella.

Para mi sorpresa, dije que sí.

También había invitado a una amiga de la universidad, Maggie, y pronto me di cuenta de que la única razón por la que Jessa iba siquiera a aquella fiesta era porque Maggie quería trabajar en la industria musical y Jessa dijo que se la presentaría a Brody.

Jessa también trajo a un tío turbio con el que estaba saliendo; un tipo que nos ofreció cocaína y meta de camino a la fiesta, en el coche de Maggie.

Rechacé, y me alivié de cojones cuando Jessa y Maggie también. No estaba en contra de un poco de experimentación en las circunstancias adecuadas, pero este tío era repugnante, y ni de coña iba a probar la meta.

La fiesta estuvo genial. Un montón de gente, un montón de alcohol, tíos buenos, chicas borrachas, lo de siempre.

Estuve un rato con el grupo, sobre todo con Jesse y Seth, que siempre habían sido majos conmigo.

Me aseguré de saludar a Brody y darle las gracias por invitarme y todo eso.

E hice lo posible por no perder de vista a Jessa y su cita turbia.

Jude, por supuesto, estaba en la fiesta.

No hablé con él, al principio.

Él tampoco habló conmigo.

La primera vez que le vi, él y Brody parecían estar de mal humor.

Les vi apartar a Jesse, y un rato después observé cómo Jude sacaba a la cita de Jessa directamente por la puerta y la tiraba a la calle.

Luego Jessa y Brody se enzarzaron en una bronca a gritos.

Bueno, Jessa gritó. Brody se quedó ahí más o menos, lívido y con cara de querer estrangularla.

Luego ella se metió hecha una furia en la casa y yo fui tras ella.

La encontré en la barra de la sala de fiestas, donde la ayudé a liquidar un ejército de chupitos.

Sobre todo ella se encargó de liquidarlos.

Yo solo me tomé unos pocos. Me sentía mucho más nerviosa de lo que pensé que estaría al ver a Jude, especialmente cuando apenas me miró, y me daba miedo emborracharme y hacer o decir algo espantoso delante de él.

Cada vez que le pillaba de refilón, intentaba no mirar fijamente y acababa mirando fijamente.

Luego, en algún momento de la noche, él empezó a devolverme la mirada.

Y el corazón me dolió hasta no poder más.

Daba igual que en ese momento estuviera otra vez con Ben; tenía novio, sí, pero nunca me había hecho sentir así desde el otro lado de una habitación.

Ni siquiera de cerca.

A altas horas de la noche, probablemente una buena hora después de que debería haberle cortado el grifo a Jessa y habernos sacado de allí, se metió en una pelea con Seth sobre quién-sabe-qué.

La había estado buscando, y de hecho había llegado al punto de salir por la puerta principal —no había nadie en el jardín delantero— y rodear toda la casa enorme, entre los árboles que la rodeaban, por si había acabado en el bosque y se había desmayado vomitando o algo.

La encontré en el jardín trasero, justo al borde de los árboles en la oscuridad, discutiendo con Seth.

No podía distinguir de qué hablaban, pero desde luego la había visto tomando pastillas con él antes y quién sabía qué coño se habían metido. Jessa tenía lágrimas en las mejillas, y desde luego nunca le había oído ese tono triste, terrible y quejumbroso.

Me quedé atrás entre los árboles y observé. Estaba preocupada por ella, pero de verdad que no sabía si debía interrumpir. No creía que estuviera en peligro con Seth; era claramente del tipo fumeta tranquilo. Pero estaba borrachísima y parecía angustiada.

—No puedes hacer nada al respecto.

Miré cuando Jude se puso a mi lado. Tenía una copa en la mano, y estaba mirando a Seth y Jessa.

Me abracé a mí misma. Hacía fresco entre los árboles. —¿Crees que está bien?

Me miró en la oscuridad, y pude distinguir vagamente la expresión pétrea de su cara. La que decía: Ni de coña voy a dejar que le pase nada.

—Debería llevarla a casa pronto —dije. Pero me quedé ahí parada.

Jude no dijo nada, pero él también se quedó ahí parado.

Así que me giré hacia él. —¿Cómo estás?

Me miró fijamente. —Creía que te habías ido —dijo, sin responder a mi pregunta.

—Estoy aquí mismo.

—Ya. —Su mirada recorrió mi cuerpo, y por la forma en que sus ojos volvieron a subir hasta los míos, medio adormilada, y se tambaleó un poco sobre sus pies… me di cuenta de que estaba borracho. Olía a alcohol, y rara vez había visto a Jude verdaderamente borracho—. Estás muy guapa, V.

V.

Por el amor de Dios. Me llamó V, como si todavía fuéramos amigos o algo. Como si todavía fuéramos nosotros.

Como si alguna vez hubiera habido un nosotros.

—Tú también estás muy guapo, Jude —dije—. Como siempre.

Era verdad.

Estaba exactamente igual. Quizá un poco más grande.

Cada vez que le veía estaba más grande. Tenía el pelo un poco más largo.

Sabía que le habían dado el parche como King hacía tiempo, y le había visto llevar su cut con la insignia de Nomad dentro de la casa.

Ahora no lo llevaba. Solo una sudadera negra con capucha.

Todo lo demás se veía igual.

Todo se sentía igual.

Incluidos mis sentimientos por él, que no se habían enfriado, ni se habían arrastrado lejos y muerto de una puta vez como habría esperado a esas alturas.

La verdad, debería haber sabido exactamente lo que venía por cómo me estaba mirando…

Me puso la mano en la mejilla. Su pulgar me acarició el labio inferior… y el mundo dejó de girar.

Entonces se inclinó y me besó.

Cerré los ojos, y durante un latido largo me permití simplemente absorberlo todo. Su olor tenue, boscoso y alcohólico, y sus labios increíblemente suaves, empapados de licor.

Jude y sus putos besos.

¿Por qué ese hombre siempre me besaba de la nada?

Me aparté. Saqué la cara de su mano. Porque era Jude, y la última vez que me habló me dijo: Tú y yo, no vamos a ir por ese camino.

Y porque tenía un hombre.

—Estoy con Blazer —le dije. Usé el apodo de su hermano del club porque supuse que tendría impacto.

Lo tuvo.

La mandíbula se le convirtió en granito anguloso.

Hizo un ruido entre resoplido y gruñido que rezumaba desprecio, o quizá asco.

Pero sabía que esta información no era nueva para él.

Desde luego, había evitado la sede de los Kings y prácticamente cualquier sitio donde pudiera cruzarme con Jude durante los últimos dos años, pero sabía que en algún momento tenía que haberse enterado de que Ben estaba viéndome.