Tan canalla como Jude (Dirty: chicos malos del rock 3) 19 Roni
73%

19 Roni

RONI

Era sábado por la noche, y me iba a pasar las próximas horas con un chico guapísimo.

El bebé Nick estaba arropadito en su mantita, en mis brazos, y yo me disponía a achucharlo hasta decir basta.

La cita de Jessa con Brody había ido tan bien hacía dos semanas —con proposición de matrimonio y todo el sexo incluidos— que decidieron repetir.

Así que estaba en su casa, en la sala de fiestas, meciendo a Nicky en la mecedora grande y acogedora que habían puesto para que Jessa pudiera darle el pecho cómodamente en medio de cualquier fiesta que hubiera.

Y joder, Jessa y su música «Girl Time»…

Yo también quería saber que estaba a salvo.

Yo también quería tener un amor de verdad.

Nunca quería tener que renunciar a Jude.

—Te entiendo, Gwen. Canta, tía —dije en voz baja, meciendo al bebé Nick. Era un peso muerto calentito y achuchable, y suponía que pronto se me dormirían los brazos, pero me daba bastante igual. Mirando esa carita diminuta, serena y perfecta, sentía todo tipo de cariño por el niño de Jessa.

También me sentía protectora con él.

Jessa había mencionado buscar una canguro fija, quizá una noche al mes de momento, para que ella y Brody pudieran tener una cita de verdad.

Yo veté eso de inmediato. Siempre que me avisara con tiempo y pudiéramos organizarlo en una noche que no tuviera evento, le dije que estaría encantada de hacerlo.

Solo serían unas pocas horas cada vez, y la verdad es que no me importaba pasar un rato a solas con Nick. Quería que conociera a su tía Roni.

Ya sabéis, la tía guay.

Aunque sí que me moría de envidia, la verdad, viendo a Jessa salir por la puerta del brazo de Brody para otra noche romántica con el hombre al que amaba, un hombre que la amaba con la misma intensidad.

Mientras que el hombre al que yo amaba ni siquiera me hablaba.

Porque yo le había empujado lejos.

Como de costumbre, no era que no tuviera otras opciones para citas. Simplemente no quería otras opciones.

El móvil no paraba de vibrar con mensajes de otros hombres. Pero ya no los contestaba nunca. Por primera vez, de verdad no me interesaba ir haciendo malabarismos con un montón de candidatos, manteniéndolos en reserva por si acaso.

Igual que la primera vez que Jude se fue de gira… me sentía como si me estuviera guardando para él. Esperando a que volviera a mí.

En realidad, no me era ajena la espera… aunque el hombre al que esperaba nunca volviera.

Metí el peluche que le había regalado a Nicky poco después de nacer —el mono morado— en la mantita con él. Uno de los novios de mi madre, el único que me cayó bien en la vida, me lo regaló a mí. Después de que se fuera —o quizá mi madre le echara— le eché muchísimo de menos. Quería que volviera.

Claro, probablemente le había idealizado en mi cabeza. Lo sabía, pero me daba igual. Necesitaba una figura paterna, aunque esa figura paterna fuera una fantasía basada en una persona real que me había dado un atisbo de amabilidad, y yo la hubiera alimentado.

Él era el que algún día volvería y sería un padre de verdad para mí.

Por supuesto, nunca lo hizo, pero al menos tenía la fantasía.

El mono morado que dejó atrás era un símbolo de esperanza y de la amabilidad de aquel hombre hacia mí, por breve que fuera. Era la única prueba tangible que tenía de mis primeros años de que algún tipo de figura paterna se hubiera preocupado alguna vez por mí.

En mis fantasías, el mono morado era un talismán, un amuleto protector, dejado a propósito para mantenerme a salvo por alguien que se preocupaba.

Sabía que era una tontería, incluso de pequeña.

Pero seguía significando algo para mí.

Me dio el mono cuando yo era un bebé, y se fue cuando tenía cinco años. Mi madre me dijo, muchas veces, que no era mi padre de verdad, como si eso de alguna manera hiciera irrelevante que se hubiera ido. Y después de que se marchara, cuando lloré durante días, ni siquiera parecía entender por qué.

No es tu padre, Roni, niña, me dijo. Y le dije que no volviera. No le quiero. ¿Quieres que me pase la vida con un hombre al que no quiero, para hacerte feliz?

Eso, o alguna versión de eso, era lo que decía cada vez que yo lloraba o preguntaba si volvería a verme.

Así que al final dejé de preguntar, y dejé de llorar por ello delante de mi madre. Pero seguía esperando.

Durante años, la verdad, hasta los doce más o menos, tuve esperanza.

Y por eso puse el mono en la cuna del bebé Nick.

Porque pasara lo que pasara, siempre tendría a su tía Roni velando por él.

Y el mono sería mi garantía de que, incluso si yo no estaba ahí para darle un abrazo o decirle que todo iba a salir bien, o escuchar lo que le hubiera disgustado, tendría su mono morado al que agarrarse, igual que yo.

Quien dijera que yo no era sentimental no sabía una mierda sobre mí.

Podía ser sentimental a más no poder.

Todavía tenía, entre todas las cosas, la entrada de aquel concierto de Dirty en the Back Door donde Jude me pisoteó el corazón.

¿Por qué? Prueba tangible.

Ese trocito de algo que podía mirar y tocar era para mí la prueba de todo lo que había pasado entre nosotros y de lo que casi tuvimos… aunque hubiera acabado mal.

Aunque fuera a acabar mal de nuevo.

Habían pasado tres días desde nuestra pelea y Jude se había marchado de mi piso dando un portazo, y no tenía ni idea de cuánto tiempo estaría fuera esta vez.

¿Días?

¿Años?

Quizá ni podía culparle por desaparecer. Pero no iba a salir corriendo detrás de él.

Simplemente no podía. No después de todo lo que habíamos pasado. Todas las veces que me había empujado lejos… No podía exponerme otra vez y arriesgarme a que me rechazara, otra vez.

Era fuerte. Siempre había sido fuerte. Quizá porque tantas experiencias tempranas en mi vida me habían desgastado hasta que tuve que endurecerme por fuera para sobrevivir.

Algo así. Pero de verdad que no quería plantarme ahí, cara a cara con Jude Grayson, nunca más, y que él me rechazara, me apartara.

Porque quizá ese empujón sería el que me destrozaría el corazón, irreversiblemente.

En ese sentido, sabía que me estaba conteniendo, incluso cuando estaba con él.

Protegiéndome.

Bebiendo demasiado para darme una excusa para perder las inhibiciones con él. Coqueteando en vez de ser directa con él. Usando el sexo y todo nuestro estúpido acuerdo de «follamigos» para acercarme a él sin acercarme de verdad.

Él también se estaba protegiendo.

Lo sabía.

Sabía que yo también le había hecho daño, hacía mucho.

Y así, los dos estábamos jugando al mismo juego. Un juego que ninguno estaba dispuesto a perder.

Haciendo movimientos cuidadosamente calculados.

Él daba un paso adelante, yo retrocedía. Y viceversa.

Pero seguíamos sin tener realmente una relación.

Me preguntaba si alguna vez seríamos capaces de hacer funcionar algún tipo de relación real, o si él alguna vez lo había querido siquiera.

Me preguntaba si ya se había acabado antes de empezar.

Igual que la última vez.

Y todas las veces antes de esa.

Después de que Jude me cogiera de la mano en aquel bar y me dijera tú y yo, no vamos a ir por ese camino, podéis apostar a que me mantuve bien lejos de él.

Los días se convirtieron en semanas, y luego pasaron meses.

Pasaron casi dos años.

En algún momento, empecé a salir con Ben, uno de los mejores amigos de Piper y un King cuyo apodo era Blazer.

A diferencia de Piper, Ben me persiguió a mí.

Era divertido, a veces, pero no siempre éramos la mejor pareja del mundo.

Estábamos juntos y separados y juntos otra vez.

Me trataba con respeto, casi siempre, pero como mis otras relaciones con hombres —aparte de Jude—, no era profunda.

Mientras tanto, Jessa seguía haciendo lo que fuera que hacía con Seth. Pero las cosas entre ellos parecían inestables y tan intermitentes como Ben y yo.

Dirty había conseguido un contrato discográfico con su maqueta. Incluso cuando pasó, no me di cuenta de lo mucho que eso iba a cambiarles la vida.

Ni de lo mucho más lejos que llevaría a Jude de mí.

Brody había recibido una herencia enorme cuando murió su padre, y se compró una casa en North Vancouver que se convirtió en el palacio de fiestas del grupo.

Pero yo nunca fui a esas fiestas. El álbum debut de Dirty, Love Struck, salió y tuvieron un número uno de salida con «Dirty Like Me», una canción que Jessa había coescrito.

Había coescrito el álbum entero, pero no parecía querer quedarse a cosechar los beneficios; se negó a ir de gira con el grupo en apoyo del álbum aunque su hermano quería que fuera y yo le dije que estaba loca.

De hecho, nos peleamos por ello; ella lloró.

Parecía empeñada en dedicarse al modelaje y se marchó en verano para trabajar como modelo en el extranjero.

Luego volvió para empezar la universidad en otoño, y mientras ella estaba en su primer año de universidad y yo trabajaba en una tienda del centro comercial, intentando juntar el dinero suficiente para pagar el alquiler del piso que compartía con dos compañeras y tomando prestados los apuntes de Jessa —ella estudiaba comunicación y relaciones públicas, algo que a mí me habría gustado hacer si pudiera averiguar cómo pagármelo—, Dirty se fue a su primera gira mundial.

Y Jude se fue con ellos.

Me habría gustado ver al grupo antes de que se marcharan, pero a esas alturas ya no había forma de acercarse a Dirty a menos que conocieras a alguien que pudiera meterte.

Se habían mudado a un local de ensayo nuevo y privado y Jessa ya no quedaba con ellos, no iba a conciertos ni pasaba por los ensayos ni nada.

Y desde luego no iba a presentarme y depender de Jude para que me dejara entrar.

No le había visto ni una sola vez desde aquel concierto en the Back Door, en el que me arrancó el corazón y me lo sirvió en una bandeja helada. Si alguna vez aparecía en alguna fiesta a la que yo iba con Ben, lo cual pasaba de vez en cuando, me daba la vuelta y me iba de la fiesta igual de rápido.