16 Jude #3
Al cabo de un rato, empezó a removerse como si estuviera inquieta o algo, así que me moví a la cama y tiré de ella conmigo, quitándole las bragas y el sujetador mientras lo hacíamos y deshaciéndome de mi propia ropa.
Entonces la puse encima y la observé mientras me follaba. Le sujeté las muñecas con fuerza detrás de la espalda, haciendo que arqueara la espalda y las tetas se le proyectaran hacia delante.
La atraje hacia mí para poder tomarle los pezones con la boca y provocarla. Una cosa que sabía de Roni: odiaba que la provocaran y la tocaran con suavidad durante el sexo.
Pero solo porque le encantaba.
—Jude… augh —se quejó-gimió, mientras yo le chupaba primero un pezón, luego el otro. Lamí y mordisqueé mientras me cabalgaba, sus pezones entrando y saliendo de mi boca mientras subía y bajaba.
Luego simplemente la observé un rato, su pelo negro cayéndole sobre los hombros, la cabeza echada hacia atrás, la boca abierta. Escuché los sonidos sexis que hacía, cómo gemía y soltaba tacos cuanto más caliente se ponía. Cómo su cuerpo empezaba a temblar mientras se clavaba sobre mi polla.
Nos di la vuelta, poniéndola debajo. Me la follé duro, luego bajé el ritmo del todo, provocándola. Le besé su dulce boca de comepollas mientras sus manos me recorrían la espalda y sus uñas se me clavaban en el culo. Y podía sentir su deseo por mí, tan fuerte.
Entonces mi cabeza se fue a un lugar extraño.
Empecé a arder de putos celos…
Pósteres de Star Wars.
Señales de otras mujeres.
Los dormitorios de otros hombres…
Me retiré, dejando solo la punta rozándole la abertura.
—¿Quieres esto, nena?
—Sí. Sí… —gimió, agarrándose a mí.
Pero lo retuve, justo fuera de su alcance.
—Pues ninguna otra polla.
Su mirada se enfocó de golpe, encontrándose con la mía. —¿Qué? —jadeó.
—Si quieres esta polla —dije, volviendo a deslizarme dentro de ella—, nadie más.
—Eh… —Parecía estar ordenando sus pensamientos—. Tú… ¿quieres que sea… eh… exclusiva contigo? ¿Como… follar solo contigo?
—Sí, eso.
—Ah…
No me encantó esa respuesta. Me retiré otra vez, casi del todo. —¿Algún problema?
—No… No. No he estado… de todas formas…
Buena chica.
Me clavé en ella de golpe.
—Joder, Jude…
—¿Nadie más?
—Nadie más —susurró—. Desde que nos convertimos en…
—Bien. —Le cogí las manos, se las empujé contra las almohadas por encima de la cabeza y aumenté la potencia de mis embestidas. La mierda de mi espalda ya había cicatrizado del todo, y pensaba compensar cualquier carencia previa en el rendimiento—. ¿Sientes eso?
—Sí…
—Acostúmbrate. Porque eso es lo que te va a tocar de ahora en adelante…
Y eso fue lo que le tocó, hasta que se corrió debajo de mí, gritando.
Luego bajé el ritmo y lo subí de nuevo hasta que se corrió otra vez.
Luego lo hice unas cuantas veces más, porque presenciar a Roni Webber perdiendo así el control era de una puta belleza.
Tan hermosa… que al final me arrastró con ella.
Estaba recuperando gradualmente la sensibilidad en las extremidades mientras yacía en la cama, empapado en sudor y básicamente jadeando, viéndola recoger su lencería del suelo y volvérsela a poner.
Entonces me di cuenta de la hora que era.
—Mierda… —¿Cómo hacía esa mujer para hacerme perder siempre la noción del tiempo? Era como si todos los relojes del mundo —incluido el de mi cabeza— dejaran de hacer tictac en el momento en que estaba en una habitación con ella.
—¿Qué? —Roni estaba de pie en medio de mi dormitorio en bragas y sujetador, abrochándose el sujetador por la espalda, con el pelo cayéndole sobre un hombro. Pelo negro, piel pálida, lencería negra.
Puta perfección.
Suspiré. —Son las cuatro de la mañana. Tengo que levantarme en como tres horas. ¿Te importa si le digo a Bishop que te lleve a casa? No vive lejos de aquí.
—¿Bishop? —dijo—. ¿No estará durmiendo? Puedo llamar a un taxi.
—Ni de coña. —Ya tenía el móvil en la mano, mandándole un mensaje a Bishop—. A Bishop ya le pagan. Que se gane el sueldo.
—¿En mitad de la noche?
—Está de guardia, veinticuatro horas al día, siete días a la semana.
—Para Jessa —protestó ella.
Le lancé una mirada. —Para mí.
Ella solo negó con la cabeza mientras recogía el vestido del suelo. —¿Y si no está disponible?
—Está disponible si yo digo que está disponible.
—¿Ah, sí? —Arqueó su ceja sexi—. ¿Y si está echando un polvo?
—Peor para él.
Entrecerró sus preciosos ojos hacia mí. —O sea que eso es todo, ¿no? Todo el mundo en tu vida está a tu disposición en cuanto chasqueas los dedos.
—Yo no diría eso.
—Qué vida más privilegiada llevas, Jude Grayson —musitó, mientras volvía a enfundarse en su vestido sexi.
Veinte minutos después, cuando la acompañé hasta la entrada y la metí en el coche de Bishop, le pregunté: —¿Quieres quedar con esta polla exclusiva mañana?
—Mañana por la noche estoy trabajando con Talia. Igual no tengo tiempo para tu polla también.
¿Cómo?
Le escudriñé la cara, pero parecía totalmente en serio. Después de la cadena de orgasmos que acababa de darle.
Estaba claro que ella no iba a estar a mi disposición en cuanto chasqueara los dedos.
—¿Sí? —la reté—. ¿Vas a sacar un hueco?
—Quizá —dijo, y luego me dio un beso de despedida que hizo que se me empalmara de nuevo al instante—. Llámame y lo averiguas.