17 Roni
RONI
Dos noches después, estaba en un pub cervecero tomando unas cervezas y hablando de cosas de chicas con Jessa, Katie, su mejor amiga, Devi, y Amber, la novia de Dylan. Y, por supuesto, con el bebé Nick, que dormía en su portabebés, en el asiento de la mesa junto a Jessa, mientras hablábamos.
Como era lo principal que tenían en común, Katie, Amber y Jessa se pusieron a hablar de sus hombres, y al poco rato Katie se giró hacia mí.
Ella misma me había invitado a aquella noche de chicas, y cuando me preguntó: —¿Qué tal tu novio, Roni?
—con sus grandes ojos azul verdosos, ultrapuros, supe por qué.
Obviamente, se moría por saber por qué el mejor amigo de su marido había entrado en aquel salón de té con flores para mí y me había invitado a cenar, cuando lo último que sabía era que sí, yo tenía novio.
Miré a Jessa. Estaba claro que no había difundido la noticia.
—Lo hemos dejado.
—¿Ah, sí? —dijo Katie.
—Sí, ya sabes, justo antes del incidente de las flores en el salón de té.
—Ah.
—¿Qué incidente de las flores en el salón de té? —preguntó Amber.
—Jude se presentó en un salón de té donde estábamos comiendo entre chicas con flores —la puso al día Devi—. Para Roni.
Amber me miró, y se notaba que se estaba esforzando por no parecer, bueno, alucinada. —¿Jude?
—Mmm —dije sin comprometerme, y di un sorbo a mi cerveza artesanal.
—Por favor, dime que hay más —dijo Katie, mirándome suplicante.
—No mucho —dije con cuidado. Miré a Jessa otra vez. Ella conocía a todas esas chicas mejor que yo, así que intenté decirle con los ojos: Intervén cuando quieras. —Hemos estado trabajando juntos en el evento de Nochevieja para Dirty.
—Ah, sí —dijo Amber—. ¿Cómo va eso? Dylan está emocionadísimo con el tema.
—Va genial. —De verdad que iba genial. Ahí estábamos, a solo dos semanas y media de Nochevieja, y el evento estaba agotado. Y prácticamente todo estaba listo para el concierto—. Supongo que venís todas, ¿no?
—Yo sí —dijo Amber, sonriendo—. Será mi primer concierto de Dirty.
—Tía. Tu chico va a llevar falda escocesa —le informó Devi—, así que quizá quieras traer bragas de repuesto.
—Devi —dijo Katie.
—¿Qué? —Devi dio un sorbo a su cerveza—. He visto a Dylan Cope con falda escocesa.
Amber se limitó a sonreír, un poco avergonzada.
—Brody tiene un montón de entradas reservadas —les dije—, y yo también tengo algunas, así que si necesitas una entrada, Devi…
—Ya tengo una para ella —dijo Katie—. De Brody. Ya he hablado con él.
—Perfecto.
—Ahora bien… —Katie se apoyó en la palma de la mano y volvió a mirarme—. Cuéntame más sobre Jude…
—Katie, ¿no ves que no quiere hablar de eso? —Devi tenía una sonrisa pícara, y estaba claro que me estaba retando a hablar.
—De verdad que no hay mucho que contar —repetí.
—Venga ya —insistió Devi—. Estamos entre chicas. Siempre he sentido mucha curiosidad por Jude. O sea, ¿es todo bulldog por fuera y cachorrito mimoso por dentro?
Bueno. Desde luego, se había acurrucado conmigo en mi sofá mientras tenía cólicos menstruales, y se había portado como un perfecto caballero.
Hasta me trajo una chocolatina cuando se presentó en mi puerta, sin avisar y sin invitación.
Lo cual fue, básicamente, la única razón por la que le dejé entrar.
—Eh… A veces…
Jessa se rio un poco contra su cerveza. Había pedido una Guinness porque decía que su niñera a tiempo parcial le había dicho que era buena para la leche materna. Esa teoría me valía.
—Entonces… ¿Esto significa que ahora podemos hacer citas dobles y esas cosas? —me preguntó Katie. Lanzó una mirada cómplice a Jessa—. ¿O citas triples?
—No —dije.
—Oh. —A Katie se le cayeron literalmente los hombros, y me sentí un poco mal por decepcionarla.
—Quiero decir que no es tan serio.
—Claro que no —dijo Devi—. Quizá para ti. Le vimos en el salón de té. Él está totalmente volcado.
—No es así, la verdad.
—¿Así cómo? —dijo Katie.
—Es solo que… ya sabes, es motero.
Todas se me quedaron mirando. Luego se miraron entre sí.
Por lo visto, no lo sabían.
—Digamos que ya he estado con tíos como Jude —expliqué—. Son posesivos por naturaleza. Se creen que eres suya incluso cuando no lo eres, como si pudieran presentarse en un salón de té donde estás comiendo con tus amigas y darte flores porque les apetece.
—¿Suya? —Amber arrugó la nariz.
—Sí —dije—. Suya.
Se me quedó mirando, como esperando que me explicara más.
No lo hice.
—Creo que lo entiendo —dijo Katie—. Jesse puede ponerse bastante posesivo. Desde luego, no le gusta que flirtee con otros tíos.
—Sí —dije—. No es eso. Yo no estoy con Jude. No es mi marido y ni siquiera es mi novio. Solo hemos acordado ser exclusivos, sexualmente, lo que significa que… él está convencido de que soy suya. Al menos esa parte de mí.
Las chicas parecieron procesarlo.
—Bueno… —ofreció Jessa—. Brody definitivamente cree que esa parte de mí es suya. Ni de broma la compartiría con nadie.
—No es necesariamente cuestión de compartir —dije—. Es cuestión de poseer. Es distinto. Taze definitivamente creía que era suya, pero no le importaba compartirme. A veces.
—¿Y eso cómo es? —preguntó Devi.
—Caliente —dije. Miré directamente a Amber, que seguro que sabía lo que era, dada su relación a tres con Dylan y Ash.
O su antigua relación a tres.
—Sí —dijo en voz baja, y bebió de su cerveza—. Eso es.
—Madre mía —dijo Katie—. Yo nunca podría compartir a Jesse. Dos tíos suena un poco caliente, pero creo que a él le daría un aneurisma antes de compartirme. Como que su cerebro simplemente implosionaría o algo.
—Entonces, ¿cómo sabes que quiere «poseerte»? —preguntó Amber—. ¿Si no es tu novio?
Esa sí que era una buena pregunta.
Era la exigencia de exclusividad, en el caso de Jude. También era la forma en que me había llevado a su casa y se me había follado como un animal en su cama mientras lo hacía. Significaba algo para él.
Podía sentirlo.
—Es difícil de explicar —dije—. Es una sensación. Supongo que, después de haber estado rodeada de tantos moteros a lo largo de los años, conozco las sutilezas. Y las no tan sutiles. Las diferencias entre cómo te trata un tío cuando quiere atarte en corto y cuando le importas una mierda.
Al oírme decir esas palabras, consideré dónde encajaba Jude en ese espectro. Sin duda, en algún punto cercano al extremo del atarte-en-corto. Aunque todavía no había hecho ningún intento de atarme a mí en corto.
Hasta ahora, solo mi coño era lo que había puesto bajo llave.
Pero sí, definitivamente había estado actuando de forma posesiva conmigo.
Me había dicho que cortara con Taze. Me había escrito casi todas las noches desde que empezamos a ser «follamigos».
Se había pasado por mi piso al final de cada una de esas noches, daba igual lo tarde que fuera, y me había puesto el mundo patas arriba.
Menos la noche en que se acurrucó conmigo hasta que me quedé dormida en el sofá.
Y ahora incluso me había llevado a su guarida de hombre.
Si no supiera lo que sé, diría que estaba en plena persecución. Definitivamente, algo había avanzado entre nosotros.
Y me sentía bien.
Pero todavía procedía con cautela, todavía intentaba protegerme. Porque él todavía no había sugerido cambiar los términos de nuestro pequeño acuerdo de «solo sexo», lo que significaba que yo tampoco lo haría.
—Eh. ¿Estás mandándole mensajes a tu chico en mitad de la noche de chicas?
Katie estaba trasteando con el móvil debajo de la mesa, y su mejor amiga la había pillado.
—Creía que esta mesa era zona libre de maridos y novios —dijo Devi.
—Y lo es —protestó Katie—, pero solo estaba comprobando si necesitaba que me recogiera o algo. Dice que acaba de terminar con Jude y que cada uno se va por su lado.
—¿Jesse está con Jude? —Me molestó lo instantáneamente que me molestó que ella supiera lo que estaba haciendo Jude aquella noche, y yo no.
—Sí. Bueno, estaban tomando una cerveza. Pero Jude se ha ido a una fiesta de los Kings, así que Jesse vuelve a casa. Lleva el Ferrari —dijo, poniéndose con ojos de enamorada mientras guardaba el móvil—, lo que significa que probablemente está cachondo.
—¿Y se ha acordado de ti? —bromeó Jessa—. Qué tierno.
—Sí. Es romántico así. —Katie se rio por lo bajo—. No te preocupes —le aseguró a Devi—. No me voy a ningún sitio. No hasta que sueltes los detalles de ese tío modelo con el que te liaste anoche.
—¿Qué tío modelo? —preguntó Amber, y mientras Devi les contaba a las chicas los detalles de su cita de la noche anterior, mi cabeza se quedó atrapada en un bucle. Un bucle en el que me obsesionaba con el hecho de que Jude se iba a una fiesta de los Kings… y no me llevaba con él.
Ni siquiera me preguntó si quería ir.
En secreto, tenía muchísimas ganas de verle aquella noche.
Anoche me llamó, como le dije, pero acabé trabajando bastante tarde con Talia, cerrando un montón de cabos sueltos de un par de eventos que estábamos planeando para enero, y al final no le vi.
No me importaba rechazarle una vez. Que no se confiara, ¿no?
Pero cuando nos habíamos escrito más temprano y hablamos casualmente de quedar aquella noche, no mencionó que fuera a ir a una fiesta de los Kings. No mencionó ninguna fiesta del club.
Y lo único en lo que podía pensar era: Taze me habría llevado.
Y así, sin más, todas las viejas heridas se abrieron de golpe.
Jude se presentó en mi piso aquella noche, tal y como dijo que haría, pero media hora tarde.
Hacia el final de la noche de chicas, por fin me había mandado un mensaje, lanzando su tanteo habitual. El tanteo de ¿Quieres follar? Y sí, quería follar. Así que le dije que podíamos vernos en mi piso.
Pero luego llegó tarde. Y para entonces, estaba en carne viva otra vez. Y cualquier sensación cálida y reconfortante que sus mensajes me hubieran dado mientras me acababa la cerveza se había congelado por completo.
—Hola, follamigo —dije al abrirle la puerta.
Sus ojos se entrecerraron de inmediato al captar mi tono. Entró, y en cuanto cerré la puerta detrás de él, me fui directa al salón. Sin abrazo. Sin beso. Sin agarrón de culo de bienvenida.
Nada.
Me planté en el salón con los brazos cruzados mientras él avanzaba despacio hacia la estancia. Sus ojos oscuros me escanearon de arriba abajo.
—¿Estás bien?
—He estado mejor. No me apetece mucho follar esta noche, colega.
—Vale. —Se metió las manos en los bolsillos de los vaqueros y se quedó ahí, mirándome—. ¿Tienes algo que decir?
—Ah. No sabía que se nos permitiera tener una conversación en mitad de la noche. Normalmente solo follamos y luego te vas a casa.
Volvió a entrecerrar los ojos hacia mí, y se tomó un rato largo de cojones antes de empezar a hablar. —Si nuestro acuerdo no te funciona, V, tienes todo el derecho a decirlo.
—No me funciona.
—Vale.
¿Vale? ¿Ya está?
¿Vale?
—O sea, ya sé que acepté todo esto de «va solo de sexo» —dije, subiendo el nivel de arpía—. Pero supongo que no me di cuenta de que significaba que solo iba a ser tu polvo fácil para cuando estuvieras cachondo después de pasarte la noche de fiesta con zorras del club.
—¿Qué?
—¿Creías que no me iba a enterar de que estabas en una fiesta de los Kings esta noche?
Lo consideró, y luego dijo despacio:
—No era ningún secreto, Roni.
—¿Crees que no sé lo que significa?
—Dime. ¿Qué significa?
—Jude. No soy una «ciudadana» normal que no tiene ni idea de lo que pasa en esas fiestas. Ni siquiera soy una chica normal que tiene una vaga idea de lo que pasa en esas fiestas. He estado en esas fiestas. Lo sé.
—¿Sabes qué?
—Sé por qué irías a una sin llevarme.
Ladeó un poco la cabeza, como si de repente estuviera hablando en un idioma que no entendía. —¿Quieres que te lleve?
—No si tú no quieres.
—Joder. —Se pasó la mano por el pelo—. No tengo ni puta idea de adónde quieres llegar, Roni. Así que llega de una vez.
—Dijiste que éramos exclusivos.
—Sí —dijo—. Lo que significa que, hasta que yo te diga lo contrario o tú me digas lo contrario, lo somos.
—Me alegro de que lo hayamos dejado claro. Porque, en realidad, lo que me dijiste fue que yo tenía que ser exclusiva contigo si quería tu polla. Nunca dijiste que tú serías exclusivo conmigo. —Un detalle bastante importante del que solo me había dado cuenta aquella noche, mientras le daba vueltas.
—Te dije —dijo, visiblemente cabreado— que yo no engaño.
—Bueno, solo hay dos razones por las que no me llevarías a una fiesta de los Kings.
—Ilústrame.
—Una, porque estás liándote con otras mujeres…
—Creía que acabábamos de hablar de eso.
—O dos, no me quieres cerca de tus hermanos.
Se quedó callado, y joder, lo supe.
—¿No me quieres cerca de Piper? ¿O de Ben? ¿O de otros hermanos tuyos? ¿O de todos?
—Nunca he dicho eso.
No tenía que decirlo. Estaba claro que no me quería en la sede del club, cerca de sus hermanos, y ni siquiera estaba segura de por qué.
¿Se avergonzaba de mí?
¿O simplemente le importaba tan poco? Lo suficiente para meterme la polla casi todas las noches, pero no lo suficiente para dejar que le vieran conmigo en público.
No podía ni soportar decir lo primero en voz alta, así que dije:
—Entonces supongo que simplemente no soy alguien con quien querrías que te vieran.
Se me quedó mirando, su mirada oscura pesándome encima. —Quedamos, V, en que esto era solo sexo.
—Sí —dije con amargura—. Quedamos en eso.
Sí, estaba siendo cabezota, defensiva y ridícula.
Él también.
Él estaba siendo cabezota y defensivo y tan-Jude, recordándome demasiado al Jude de veintiún años. El Jude que me hizo daño. Mucho.
Y me aterrorizaba.
—¿Entonces eso es todo? —preguntó—. ¿Estás cambiando de idea?
—Sí. Puede que sí.
Sabía que le estaba empujando lejos. Pero no podía evitarlo.
Se me quedó mirando durante el minuto más largo de la historia.
Ninguno de los dos dijo nada más.
Le vi girarse y marcharse, dando un portazo a su espalda.
Entonces me hundí en el sofá y me quedé ahí sentada, entumecida.
Sabía por qué estaba actuando celosa y como una loca.
Porque había ido y me había enamorado de él otra vez.
No hacía falta mucho.
O quizá la verdad era que nunca me había levantado después de caer la primera vez.
Porque Jude Grayson era el definitivo.
Era mi hombre; el que había querido desde siempre y un día más.
Y todavía no sabía si él podría llegar a sentir lo mismo por mí.