15 Roni #3
Me monté en su moto, justo detrás de él, y no me molestó exactamente que la sudadera tuviera la insignia de los Kings. Sin palabras, solo el perverso diseño del rey de picas esquelético, negro sobre negro, que cualquiera que viviera en la costa oeste de Canadá reconocería a kilómetros.
Me daba un poco la sensación de marcar territorio, aunque sabía que en realidad no era eso.
Aun así. No me molestaba la sensación.
Para nada.
Nos pusimos los cascos, y en cuanto salimos del centro cruzando el Cambie Bridge, le dio un poco de gas. Cuando paramos en el siguiente semáforo, aceleró el motor, mandándome escalofríos por todo el cuerpo.
—¿Estás flirteando conmigo? —pregunté, por encima del rugido de la moto.
Él simplemente soltó el embrague, haciendo que la moto diera un tirón hacia delante y yo tuviera que agarrarme más fuerte, y luego aceleró a lo que pareció la velocidad de la luz.
Para cuando llegamos a mi piso, estaba completamente empapada y lista para follármelo hasta dejarlo seco. Lo admito, las motos siempre me habían puesto cachonda de una forma extraña.
Yo era definitivamente de esas chicas que se mojaban cuando pasaba una Harley rugiendo.
Ni me importaba quién iba montado.
¿Pero cuando era Jude?
Madre del amor hermoso.
—Ven aquí —dije en cuanto entramos. Lo arrastré hasta el sofá y lo empujé hacia abajo mientras los dos nos quitábamos las chaquetas y los jerséis.
Él se dejó, voluntariamente, sentándose y abriendo las rodillas de par en par, así que yo tuve que abrir las mías aún más —como super abiertas— para sentarme a horcajadas sobre él.
Le agarré la cara y le comí la boca.
Cuando mis manos bajaron por su pecho, él deslizó las suyas entre mi pelo. Continué mi exploración hasta su entrepierna, y mientras le acariciaba con los dedos el bulto duro de sus vaqueros, dijo: —¿Estás pensando en hacerme otra mamada y salir corriendo, cariño?
—No creo. Ya he tenido bastantes Blow Jobs en el bar.
Echó la cabeza hacia atrás, con la ceja oscura levantándose bruscamente.
—Chupitos —dije.
—¿Hay un chupito que se llama Blow Job?
—Sip. Lleva nata montada encima.
Se rio entre dientes. —Cómo no.
—Y tienes que cogerlo de la barra con la boca y tragártelo sin usar las manos.
—Menuda imagen…
—Creo que esa es la idea.
—¿Cuántos de esos te has tomado?
—Mmm… ¿cuatro?
—Hmm. ¿Vas a vomitarme encima si te meto la lengua hasta la garganta?
—Jude. Soy una mujer adulta. Puedo con cuatro Blow Jobs.
Me lanzó su mirada inexpresiva de tío de seguridad, y yo sonreí.
—Cielo —dijo, mientras yo le agarraba del pelo y le echaba la cabeza hacia atrás para ir besándole el cuello hacia abajo—, un día de estos, me vas a follar sobria…
—No diría que esté borracha…
—Tampoco es que no lo estés, cariño.
—Mmm. Buen punto.
Iba trazando un camino de besos pecho abajo, justo por encima de su camiseta. Deslizándome entre sus piernas hasta que estaba de rodillas en el suelo y su camiseta estaba subida y le iba lamiendo los abdominales fabulosos hacia abajo.
—No. —Me agarró de los brazos, deteniéndome en mi descenso—. Ni hablar.
—¿Qué? —Le pasé la lengua alrededor del ombligo.
—No vas a meter esa polla en tu boca, V.
—¿Qué? —Me reí—. ¿Por qué?
—Porque no me fío de ti. Vas a hacer esa cosa que haces con la lengua y me vas a hacer perder el control y luego me vas a echar de aquí a patadas.
—¿Y por qué iba a hacer eso? ¿Qué gano yo?
—No sé. ¿Una jodida sensación de poder?
—Ay. Jude. ¿Te he chupado todo el poder? ¿Lo quieres de vuelta?
Me puse de pie delante de él y me desabroché los vaqueros, mirando cómo sus ojos se convertían en dos pozos oscuros de deseo mientras lo hacía.
Me los quité meneando las caderas, me bajé el tanga, y me puse a horcajadas sobre él otra vez.
Mientras hacía eso, él sacó un condón de su chaqueta y se sacó la polla.
Se bajó los vaqueros lo justo, se puso el condón, y yo estaba sobre él.
Lo tomé despacio, mirándole a los ojos oscuros, observando cómo cambiaban cuando se deslizó dentro de mí.
Ajusté el ángulo de mis caderas y lo cabalgué, despacio, hasta que estuvo completamente dentro y se sentía tan… jodidamente… bien.
Y luego seguí follándomelo, tan rápido o tan lento como quería. Como me daba la gana.
Me bajó el top sin tirantes y el sujetador hasta la cintura y me ahuecó los pechos, metiéndose primero uno y luego el otro en la boca.
Me los chupó y me recorrió la espalda con las manos, hasta que no pude soportar más su tacto suave y de repente me corrí, con todo el cuerpo convulsionándose mientras él me envolvía en sus brazos.
—Sí… joder —gimió—. Qué preciosidad, nena…
Me abrazó fuerte contra su cuerpo, sus brazos presionando mis caderas contra él mientras me acompañaba en el éxtasis. Le rodeé el cuello con los brazos. Y mientras nos corríamos en brazos del otro, besándonos y meciéndonos lentamente juntos, no tenía ni idea de quién tenía el poder.
¿Los dos? ¿Yo? ¿Él?
¿Nadie?
Me daba igual.
Por primera vez desde que había empezado a follar con él —otra vez— simplemente me daba igual.