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RONI
Pasé la noche trabajando, casi todo el rato en el escritorio pequeño del comedor, el que daba a la ventana grande.
Hoy había cerrado al telonero para el evento de Nochevieja. Fabuloso. Debería haber estado mucho más emocionada de lo que estaba. Quería compartir la noticia con Jude, la verdad… pero ni de coña iba a escribirle o llamarle.
No cuando me había dado plantón.
Después de leer su mensaje, aparté el móvil y me sumergí en el trabajo.
Había tenido una reunión breve después del trabajo con el encargado del Pandora, y otra con Talia para repasar unas cuantas cosas.
Mi abogado estaba trabajando en el contrato y me prometió tenerlo mañana.
Tenía como objetivo poner las entradas a la venta a principios de la semana que viene, si todo iba según lo previsto.
Por suerte para mí, la parte potencialmente más difícil de mi trabajo en este evento sería la más fácil, porque vender entradas no iba a ser un problema.
Aun así, tenía un plan de publicidad muy cuidado que repasaría con Brody pasado mañana.
Pero él ya me había asegurado que Dirty agotaría las entradas, fácilmente y probablemente de inmediato.
Y sabía que tanto Dirty como DJ Summer cumplirían sobre el escenario, así que en realidad, aquel bolo era cada vez más prometedor a medida que iban encajando todas las piezas.
Pero luego estaba la mierda con Jude.
Cancelándome, como cuarenta minutos antes de que se supusiera que iba a recogerme para nuestra cita de esa noche.
Estaba maquillándome y ya llevaba puesto el sujetador push-up de encaje hasta arriba y el tanga —ya sabéis, el que esperaba que me arrancara con los dientes después de tomarnos unos cócteles.
Y entonces me mandó un mensaje de mierda para cancelar la cita.
Nada como esforzarte un montón en ponerte sexy para un tío al que estás a punto de ver para que te haga sentir irrelevante, solo para que luego pase de ti como si no le importaras absolutamente nada.
Aunque estaba bastante segura, después de la otra noche, de que no pasaba de mí porque a su polla se le hubiera quitado mágicamente el interés.
Lo cual significaba que pasaba de mí porque tenía otra cosa que hacer y no me estaba diciendo qué era. Ni siquiera se inventó una excusa cualquiera de que tenía que quedar con Jesse o algo.
Lo cual solo podía significar una cosa.
Asuntos del club.
Y yo sabía lo que eso significaba.
Había salido con unos cuantos moteros a lo largo de los años y sabía que, hiciera lo que hiciera, si eran asuntos del club, no me iba a decir ni el dónde, ni el qué, ni el porqué ni con quién. Daba igual que le suplicara, le amenazara o montara un numerito.
Bastante justo, en realidad. Entendía lo suficiente de los Kings y los Sinners, en general, como para saber por qué no me contaban nada. Su protección. Mi protección.
Vale.
Pero también sabía que los «asuntos del club» eran, por tanto, una tapadera muy conveniente para cualquier cosa que no quisieran que supiera.
Estaba bastante segura de que cuando Ben, un King con el que salí hacía años, citaba los «asuntos del club», esos asuntos a menudo incluían tirarse a una stripper llamada Lissa.
También estaba bastante segura de que cuando Taze citaba los «asuntos del club», a veces incluían algo parecido.
Sin embargo, como, ya sabéis, «asuntos del club», nunca podía demostrarlo exactamente.
Me molestaba, pero probablemente no tanto como debería. ¿Quizá porque no me lo restregaban en la cara y podía limitarme a ignorarlo?
¿Quizá porque nunca estuve enamorada de ninguno de esos hombres?
¿Quizá porque aunque le fui fiel a Taze, seguía teniendo una cuenta de Tinder y coqueteaba con hombres por internet, y en persona en eventos de discoteca, y sinceramente nunca había dejado de mirar?
Mirando a otros hombres.
Buscando algo mejor.
Pero la simple idea de que Jude pasara de mí porque quizá estuviera en su clubhouse con otra mujer sentada en su regazo…
Me provocaba impulsos celosos ligeramente homicidas.
Me senté en mi escritorio, mirando el trocito de mar y las luces centelleantes del centro que podía ver por un hueco entre los edificios altos frente al mío.
Mi móvil estaba frente a mí, la lucecita parpadeando para avisarme de mensajes nuevos.
Había dejado el sonido apagado las últimas horas mientras trabajaba en el portátil.
Y quizá porque le estaba evitando.
¿Y si me escribía con alguna explicación patética (es decir, mentira), y/o pasaba de mí de forma más permanente?
¿Y si no me escribía en absoluto?
Yo nunca juego a un juego que no pueda ganar.
Eso es lo que le dije, y lo decía totalmente en serio.
Sobre todo cuando se trataba de él.
Yo tampoco.
Eso fue lo que dijo él, y le creí.
¿Era solo un juego para él, entonces? ¿Un juego al que jugar y ganar, o manipular a su antojo, o peor aún, abandonar en cuanto las cosas no parecían salirle bien?
Y, de ser así, ¿dónde caía yo realmente en su lista de prioridades?
¿La última?
Cuando por fin miré el móvil, no había ningún mensaje nuevo de Jude. Solo tíos aleatorios de Tinder y mensajes de Instagram. Y Jessa, preguntándome si quedaba con ella el viernes por la noche, después de mi reunión con Brody.
Le contesté: Llevo el vino y el refresco de jengibre.
Como estaba dando el pecho, sabía que no bebería conmigo, pero oye, podía beber sola, ¿no?
Cuando por fin me fui a la cama, lo único en lo que podía pensar era en lo fuerte que me enamoré de Jude Grayson, tiempo atrás.
En realidad nunca pensaba en ello, nunca.
Pero ahora todo estaba volviendo, los recuerdos nítidos y dolorosamente frescos.
Como si hubieran estado esperando todo ese tiempo.
Como si haberlos ignorado durante tanto tiempo solo los hubiera hecho más fuertes.
Un poco como mis sentimientos por él.
Sí, había tenido una lista sexual de objetivos. Pero habría tirado toda la lista sin pestañear por Jude.
Porque estaba enamorada de él.
Creía estarlo. No era como si tuviera otra experiencia que me guiara o con la que comparar la profundidad de mis sentimientos. Nunca había estado enamorada.
Nunca había sabido hasta dónde podía caer.
Realmente no supe cómo se sentiría hasta que pasó.
Tampoco sabía cómo se sentiría que me correspondieran.
Durante unos días extrañamente dolorosos, de verdad creí que él me correspondía.
Resulta que estaba equivocada, de todas formas. Al menos, sobre sus sentimientos por mí.
Cometí ese error con Jude una vez y fue, en una palabra, devastador.
¿De verdad estaba dispuesta a arriesgarme a cometer el mismo error otra vez?
Dirty había vuelto de aquella primera gira en autobús más o menos entero.
El ego de Jesse parecía un poco más grande, quizá. Zane era más escandaloso, si eso era posible. Dylan estaba más bueno, Elle tenía mechas turquesa en su pelo rubio platino y Seth estaba… peor. Se le veía más delgado y bastante colocado cuando le vi.
Y en cuanto volvieron a la ciudad, Jessa desapareció. De repente estaba otra vez con Seth hasta las tantas, yendo a fiestas y colocándose y probablemente follándoselo a base de bien.
El grupo llevaba seis días de vuelta cuando vi a Jude.
Intenté cruzarme con él, pasándome por el local de ensayo fingiendo que buscaba a Jessa. Ese tipo de cosas.
Sin suerte.
Pero entonces me enteré de que iba a haber una fiesta para Dirty, una barbacoa familiar, en casa de Dylan.
Seguía viviendo con sus padres y dos de sus hermanas, y yo nunca había estado en su casa, pero Jessa me prometió que podía ir a la fiesta con ella.
Estaba tan distraída últimamente que probablemente ni se imaginaba por qué tenía tantas ganas de ir.
No es como si le hubiera contado que me había pasado los últimos siete meses básicamente suspirando por Jude Grayson y acosándole en Facebook.
Tenía cuenta pero nunca publicaba nada, así que aquello era un callejón sin salida.
Pero Dirty tenía una página de grupo, que gestionaba sobre todo Brody, y a menudo publicaban fotos de conciertos, a veces del backstage, y a veces salía Jude.
Y cuando miraba esas fotos, cosa que hacía mucho… lo sabía.
Sabía que estaba perdidamente enamorada de Jude.
Le escribía a veces, mandándole pensamientos tontos y fotos mías con Jessa y preguntándole qué tal la gira. Él siempre contestaba, con el tiempo.
Pero nunca me escribía primero.
No tenía ni idea de cuánto pensaba en mí y, sin embargo, él había tomado por completo mis pensamientos. Ni siquiera vi a nadie mientras estaba fuera. No tuve una sola cita. Apenas coqueteé con nadie. Simplemente me daba igual todo el mundo.
Le quería a él.
Era como si fuera virgen otra vez, y me estuviera reservando para él. Solo quería que fuera él.
El único.
Nunca había sentido eso antes. Por ningún tío con el que hubiera estado, ni con el que quisiera estar. Ni por Piper, ni siquiera cuando había tejido todo tipo de fantasías sobre nosotros dos juntos y le perseguí durante un año.
Solo Jude.
Cuando Jessa y yo llegamos a la fiesta de Dylan, deseé con todas mis fuerzas solo tres cosas. Una, que Jude estuviera allí. Dos, que no estuviera con otra chica. Y tres, que quisiera verme.
Pensé que con eso me las podía apañar.
Pero cuando llegué, no le vi. Quizá porque la casa y el jardín estaban a rebosar de gente —la familia extensa de Dylan, que resultó ser enorme, el grupo y todo tipo de gente que conocía al grupo.
Vi algunas caras conocidas y hablé con unas cuantas personas, pendiente de Jude mientras bebía —un ponche de frutas estúpido, ni más ni menos, que habían puesto para los «niños» y Jesse nos había servido tanto a Jessa como a mí.
Ella tenía diecisiete, yo dieciocho, y la edad legal para beber era diecinueve, pero vamos.
—Sabes —le dije—, tu hermano mayor la estrella de rock necesita relajarse bastante.
—No dejes que te oiga decir eso —dijo, poniendo los ojos en blanco—. Aún no es una estrella de rock.