11 Roni #3
Todo el mundo sabía que había algo especial en ese grupo.
Fui a todos los conciertos en los que pude entrar. También iba a los ensayos cuando Jessa me llevaba, y cuando estaba allí, a menudo veía a Jude.
A veces me sentaba con Jude, escuchando mientras el grupo practicaba alguna canción nueva. Hablábamos de lo que nos parecían las canciones y aplaudíamos cuando tocaban, salíamos fuera a fumar juntos, y pasábamos el rato.
Con el tiempo, desarrollamos un tira y afloja bromista y fácil que llegué a necesitar. Lo esperaba con ganas. Esperaba con ganas nuestros momentos juntos.
Creía que él también.
En esos días en que sabía que iba a bajar al local de ensayo o a alguna fiesta o concierto donde tocaba Dirty, mis pasos se volvían un poquito más ligeros. La vida parecía un poquito más brillante.
A veces, en fiestas, Jude me buscaba y se quedaba conmigo, hablaba conmigo. Otras veces no se acercaba, pero siempre me saludaba. Siempre me reconocía. Siempre parecía tenerme vigilada. Incluso me sonreía, a veces.
Tan distinto de su hermano.
Piper había vuelto a olvidar mi existencia unos dos segundos después de salir de mí.
Jude me trataba con respeto, con amabilidad si no calidez, y con un cariño reservado.
Pero nunca intentó besarme otra vez.
Yo seguí saliendo con otros tíos. Pero nunca se sentía como con Jude. Cada vez más, me lo pasaba mejor simplemente hablando con Jude que liándome con cualquier tío con el que estuviera saliendo.
Al final, empecé a hablarle de los tíos con los que salía. Él escuchaba. No siempre decía mucho, pero escuchaba.
Y de alguna manera, se convirtió en ese punto de anclaje en mi vida. Ese lugar estable donde podía aterrizar y encontrar el norte, sin importar qué drama hubiera en casa o con los tíos con los que salía.
Siempre sabía lo que iba a encontrar con Jude.
Siempre me trataba igual. No era caliente y frío como algunos tíos.
Nunca estaba demasiado ocupado para mí si quería hablar con él.
Nunca me negaba un porro si se lo pedía.
Nunca me miraba por encima del hombro. Nunca me dejaba plantada para ir a hablar con otra tía.
Había otras chicas. Le vi con ellas.
Pero nunca me hizo sentir que yo fuera menos.
Con Jude, no había drama.
Había tenido mucho sexo. Había salido con muchos tíos, chicos y hombres.
Nunca había sentido de verdad que a alguien le importara yo como a él.
El caso es que no me di cuenta de que me faltaba esa atención hasta que la sentí viniendo de él. Y no era solo un envoltorio bonito para entregarme su polla. Ni siquiera intentó meterse en mis pantalones.
Nunca.
En algún momento, se me hizo evidente que Jessa, que nunca había sido fan de los porros, estaba fumando con Seth.
Sabía que se escapaba para verle, que iba a fiestas, y supuse que se estaban liando.
Bebiendo. Lo que fuera. Seth estaba bueno, así que me alegraba por ella.
Hasta que descubrí que fumaba porros. Me pareció raro.
A ella nunca le había gustado, le daba miedo, creía yo, y no quería hacerlo conmigo.
Pero con Seth sí.
Le pregunté si se lo estaba tirando.
Dijo que no.
Pero seguía quedando con él, mucho más de lo que nadie más sabía. Decía que su hermano lo desaprobaría y causaría drama con el grupo. Así que guardé sus secretos.
A menudo, la cubría.
Mentí a su hermano por ella.
Y entretenía a Jude en las fiestas para distraerle, para quitarle de la pista.
A veces no funcionaba. A veces quizá sí. Era difícil saberlo con Jude. Me daba su atención, incluso toda su atención, incluso en fiestas de locos y cuando estaba trabajando. Pero nunca me dejaba entrar en sus secretos, y estaba bastante segura de que nunca lo haría.
Eso lo descubrí pronto de él.
Y entonces me di cuenta, una noche, cuando estaba buscando a Jessa en una fiesta y me dijo: «Avísame antes de irte», de que había empezado a cuidar de mí también, igual que cuidaba de ella.
Y me gustó.
Nunca un hombre había cuidado de mí antes. La sucesión de novios inútiles de mi madre desde luego nunca se había preocupado tanto.
—Lo haré —le prometí.
Esa noche, me acompañó hasta el coche de mi madre. Me lanzó esa mirada de portero suya, como asegurándose de que no iba a liar ninguna.
—¿Has bebido? —me preguntó.
—No —dije—. Yo nunca bebo y conduzco. —No lo hacía. Él ya lo sabía a esas alturas.
Aun así me sostuvo la mirada.
Luego me abrió la puerta del coche y, cuando estuve dentro, dijo:
—Conduce con cuidado, V.
Nadie me llamaba V. Solo él.
Conduje a casa con una sensación rara y vibrante en el pecho. La verdad era que estaba loca por Jude, aunque no quería admitírmelo.
En parte por lo de Piper. No tenía ni idea de si Jude sabía o no lo que había pasado entre su hermano y yo en aquella cocina y, si lo sabía, me daba miedo lo que pudiera pensar de ello, y de mí.
Y en parte porque él seguía liándose con otras chicas —mujeres— en muchas de las fiestas en las que le veía, y nunca dio un paso conmigo.
Lo cual me hacía preguntarme si de verdad debía alegrarme tanto de que me tratara como a Jessa, después de todo.
¿Me veía como otra hermana pequeña? Porque de ninguna manera Jude le tiraría los tejos a Jessa Mayes. La llamaba briboncilla, joder.
Menos de una semana después, Dirty se fue de la ciudad en su primera gira oficial.
Iban a cruzar el oeste de Canadá y bajar por los estados del oeste en un autobús viejo, tocando en salas y en algunos festivales. Solo el grupo, Brody, Jude y un par de técnicos que habían contratado para la gira. El día que se fueron, pasé por el local de ensayo para despedirme.
Bueno, para despedirme de Jude.
Cuando llegué, el autobús estaba aparcado fuera, ya cargado y listo para salir. Jessa no estaba; por alguna razón, no quiso venir conmigo a despedirse.
Vi a Jesse desaparecer por las escalerillas del autobús y, por el ruido que salía de dentro, supuse que la mayoría de los chicos ya estaban a bordo. Las únicas personas que no estaban en el autobús eran Brody y los dos técnicos; estaban hablando junto al autobús.