8 Roni
RONI
No paraba de mirar el mensaje en el móvil, como asegurándome de que no iba a evaporarse o de que no me lo había imaginado. Había llegado en cuanto salí de casa de Jessa, de un número que no reconocía.
Pero sabía de quién era.
Guardé el número en mis contactos con el nombre: Jude Grayson. Mientras tanto, intenté ignorar el pequeño cosquilleo de saber que ahora tenía su número en el móvil.
Claro que antes lo tenía. Pero eso fue hace años.
A media tarde, por fin respondí.
Yo: ¿Cómo has conseguido este número?
¿En serio todavía tenía mi número en el móvil? ¿Después de tantos años?
No respondió. En todo el día.
Sabía, por su silencio, que aceptar su invitación —que era más una orden que otra cosa— solo pondría en marcha un juego muy peligroso. Uno al que me encantaría jugar, si hubiera alguna posibilidad de que pudiera ganar.
En cualquier caso, fui a encontrarme con él.
No iba a hacer nada que pudiera poner en peligro el evento de Nochevieja, ahora que Brody me lo había confiado, más o menos. Aunque eso significara aguantar una cena con Jude.
Todo el día había estado pellizcándome mentalmente por todo el asunto. Había convencido a Brody de que se arriesgara conmigo. Ahora había un montón de trabajo por hacer, claro, pero había llegado hasta aquí. Había conseguido el local. Había conseguido a DJ Summer. Había conseguido a Dirty.
Y ahora tenía una cena de trabajo con Jude.
Sabía que no era una cita. Sí, me había pedido que nos viésemos en un restaurante, por la noche, pero eso era normal en mi trabajo. A menudo quedaba con gente profesionalmente, a cualquier hora de la noche, en restaurantes o bares, para hablar de trabajo.
Y sin embargo… esto tampoco se sentía así.
Cardero's estaba en el paseo marítimo de Coal Harbour, y me aseguré de dejarme tiempo suficiente para aparcar y no llegar tarde.
Subí por el camino y entré por la puerta con elegante antelación, porque era una profesional, y no iba a dejar que Jude viera ni una sola grieta en mi armadura.
Había una reserva a su nombre, pero cuando me llevaron a la mesa, él todavía no estaba.
Menos un punto para Jude.
¿O quizá era menos un punto para mí? Mientras me acomodaba, me pregunté si quizá debería haber llegado un poco tarde, haberle hecho esperar.
Pero ni medio minuto después de sentarme, alguien se acercó a la mesa. Lo primero que vi fue su brazo al pasar por delante de mí para dejar una copa de vino blanco en la mesa frente a mí, y no había manera de confundir a quién pertenecía ese brazo.
El tatuaje de manga completa en negro de un árbol grande y retorcido y las raíces largas y nudosas que se enrollaban hasta la mano.
El anillo de calavera de plata en el dedo corazón.
Los tonos cálidos, de toffee quemado, de su piel y las curvas gruesas de sus músculos.
Levanté la vista hacia él. Su cuerpazo se alzaba sobre mí mientras me repasaba con la mirada.
Llevaba una camiseta gris marengo de manga larga con las mangas subidas y vaqueros negros ajustados.
La camiseta se le pegaba a los pectorales anchos, los vaqueros a los muslos, y apreté la lengua contra el paladar mientras luchaba contra una respuesta primitiva que me habría hecho babear si no tenía cuidado.
Su pelo casi negro era espeso y tirando a corto y, como siempre, peinado de forma casual y descuidada. Sus ojos oscuros eran de un marrón profundo, sin fondo, fundido. Sus labios, carnosos y jodidamente apetecibles.
Y esos hoyuelos.
Madre mía, los hoyuelos. Me sonrió ahora, a medias, y de verdad que no era justo. Esas cosas eran armas de destrucción masiva.
¿Cómo me había convencido a mí misma de que podía con esto, exactamente?
Se movió para dejarse caer en el asiento frente a mí y capté su olor.
Un punto de colonia tenue y amaderada mezclada con su almizclado y sexy aroma masculino, un punto de aire fresco y del cuero de la chaqueta que llevaba colgada del brazo y que ahora lanzó sobre el respaldo de la silla. Cien por cien macho alfa puro.
Puso su copa delante de él en la mesa. Si no me fallaba la memoria, sería whisky.
Él también se había acordado de lo que me gustaba beber. Cuando le di un sorbo, era un Pinot Grigio o algo parecido, ligero y con un toque dulce.
—Llegas tarde —fue lo primero que salió de mi boca. Miré el móvil—. Son las ocho y cuatro.
—Estaba sentado en la barra —dijo—. Te vi entrar.
Y con eso, sus perversos ojos de fuego infernal se movieron lenta, deliberadamente por cada centímetro de mi cuerpo que podía ver por encima de la mesa.
—Bueno, ¿qué tal? —pregunté, cuando su mirada por fin encontró la mía.
Era la forma en que podría iniciar una conversación con cualquier contacto profesional, hubiera o no acabado de manosearme los pechos con la mirada.
Y tuviera o no un moratón fresco y un arañazo en la cara por chocar con una «puerta», como le pasaba a él, ahora mismo.
Aunque no estaba muy segura de cómo manejaría su respuesta; cómo manejaría cualquier información sobre Jude o su vida, una vida que no me incluía.
—Hambriento —dijo, cogiendo la carta y, como era de esperar, evitando responderme de ninguna forma significativa. Me repasó otra vez con la mirada, ignorando completamente la carta que tenía en la mano.
También previsible. Yo no llevaba exactamente trajes de chaqueta a las reuniones de trabajo.
Me vestía según cómo quería sentirme.
Y sentada frente a Jude, quería sentirme deseada.
Mi top de cuello halter era de seda color bronce, con un escote pronunciado, sin sujetador, y desde ciertos ángulos se podía entrever algo de pecho.
Cuando me moviera, sin duda habría cierto bamboleo sugerente.
La camisa iba metida por dentro de una falda tubo negra de encaje de talle alto que se ceñía a mis caderas y trasero, y las sandalias nude de ante con tiras tenían tacones altos de aguja en bronce.
Siempre me ponía ropa con la que me sentía bien, poderosa.
Me vestía para mí. Esta noche, también me había vestido para una cena con un hombre que me atraía profundamente.
Para ver lo que vería en los ojos de Jude cuando me mirase.
Apreciación. Eso es lo que vi.
Y sí; hambre.
—¿Tú qué tal? —preguntó.
—Bien. —Pensé que una respuesta sin contenido merecía una respuesta sin contenido.
—¿Cómo está Taze?
Sentí cómo se me levantaban las cejas, porque de verdad, me sorprendió que preguntase. —También bien —dije, que desafortunadamente era la verdad. Taze era, ante todo, «bien».
Desde luego no provocaba babeo, no derretía cerebros, ni destrozaba el corazón por completo.
No era Jude.
—¿Sí? —Dejó la carta, que todavía no había mirado—. ¿Por qué estás con él?
Me reí un poco, pero salió como un bufido incrédulo. Quizá porque hacía apenas una semana, Jude me había advertido sobre mi novio. Me había dicho que era «un mal tipo». Si pretendía más de lo mismo, llamaría a Taze ahora mismo y me lo follaría encima de la mesa.
Nadie me decía con quién salir, ni a quién follarme, y mucho menos un hombre que no se rebajaba a hacer ninguna de las dos cosas.
—¿En serio?
—En serio.
—Porque me siento segura con él —dije, con toda sinceridad.
A Jude pareció hacerle gracia, aunque no gracia de ja-ja. Una sonrisa oscura e incrédula le tiró de los labios. —Me estás vacilando.
Bebí un sorbo de vino, impasible. —No hagas la pregunta si no quieres la respuesta.
—Quiero la respuesta.
Esperé un momento, quizá dándole la oportunidad de retractarse, de cambiar de idea.
No lo hizo.
Así que respondí.
—Es un motero de un club de moteros fuera de la ley. Lleva los colores del club y va armado. Me considera suya, y si alguien intentara hacerme daño, tendría un problema muy gordo con ello.
—¿Eso es todo?
—Como he dicho. Me hace sentir segura.
Jude me miró fijamente con esos preciosos ojos oscuros, y yo simplemente intenté no removerme en la silla.
—Es más joven que tú. ¿Te hace sentir segura así?
—¿Así cómo?
—Como alguien que nunca te dejaría porque te admira. Porque eres mejor que él.
—Yo nunca he dicho que sea mejor que él.
Bebió un sorbo. —¿Hace lo que tú quieres? ¿Hace todo lo que le dices?
Me reí. —Para nada.
—Y sin embargo.
—Y sin embargo, ¿qué? —Me estaba irritando con este interrogatorio. Yo, aquí sentada defendiendo mi relación, que no era asunto suyo. En vez de hablar de los asuntos de trabajo que supuestamente habíamos venido a tratar.
—Y sin embargo —dijo—, eres mejor que él.
Fingí desinterés, echando un vistazo yo misma a la carta. —¿Y en qué te basas para decir eso?
—En todo.
—¿En todo? ¿Podrías ser más vago?
—¿Quieres una lista? —Se recostó en la silla, la mirada oscura fija en mí—. Tienes una fuente de ingresos legítima y una carrera. Dos carreras. Eres propietaria de tu casa. Eres mayor.
—Eso ya lo hemos establecido. Y todos nos hacemos mayores, así que no le voy a echar en cara a Taze su año de nacimiento.
—Tienes más dinero.
—¿Y tú cómo lo sabes?
—Eres más lista —dijo, ignorando eso—. Te expresas mejor. Eres más amable. Más segura de ti misma. Tienes más clase. —Sus ojos bajaron hasta la franja de piel expuesta entre mis pechos—. Tienes más estilo. Hueles mejor.
—Eso lo dices tú —dije, completamente fría. Cómo o por qué había estado lo bastante cerca de Taze para olerle, no lo tenía claro, y tampoco estaba segura de querer saberlo—. ¿Eso es todo?
—Mmm —dijo, bebiendo un sorbo—. Es un comienzo. Eres más guapa. —Su mirada recorrió mi cara—. Tienes los ojos más bonitos.
—¿Esta es tu idea de flirtear? —pregunté—. ¿Compararme con un hombre que no te cae bien?
—No estaba flirteando —dijo—. Solo digo la verdad.
Una camarera apareció con una botella de vino blanco, que Jude aparentemente había pedido.
Era el mismo vino que yo estaba bebiendo, y me rellenó la copa antes de dejar la botella en la mesa.
Jude simplemente bebió de su copa mientras ella repasaba las especialidades del día.
Pedimos, y cuando se fue, dijo: —También eres más fuerte que él.
No dije nada.
Levantó la copa. —Enhorabuena. Montar un concierto de Dirty no es moco de pavo. Impresionar a Brody, más difícil todavía.