2 Jude #3
Ya sabía mierda de su nuevo novio que ella no querría saber, por muy dura que se creyera —ofreciéndose para orgías grupales y demás—, pero no iba a ir por ahí.
A juzgar por la actitud que me estaba soltando, probablemente no se habría creído ni una palabra de lo que tuviera que decir sobre Taze de todas formas.
Pero me jodía una barbaridad lo que acababa de ver, el mundo en el que estaba metiéndose, los riesgos que estaba corriendo. Y por ella: actuando como si le importara una mierda lo que yo pensase de todo aquello.
Me dije que la sacara de mi cabeza en ese momento.
Simplemente olvidarla.
No era tan fácil.
Unas noches después la vi otra vez, en un concierto de Dirty en the Back Door.
Ni siquiera pude saber si ella me vio, pero desde luego me evitó como a la peste.
No tenía ni idea de si estaba cabreada conmigo o pasaba totalmente de mí, si hacía años que había pasado página y yo me estaba engañando pensando que quedaba algo entre nosotros que salvar.
Si todavía me deseaba o me odiaba.
Si simplemente le daba igual.
No dejé de decirme que lo dejara estar, que me mantuviera lejos. Igual que hice entonces, todos esos años atrás.
E igual que hice, una vez más, cuando la vi exactamente hacía seis días en la fiesta de presentación del bebé de Brody y Jessa, y se trajo al puñetero Taze.
Me. Cabreó. De. Cojones.
Básicamente me mandó a la mierda cuando le advertí, otra vez, de la basura que era su novio.
Pero incluso mientras lo hacía, la atracción que sentía por ella volvió a absorberme. Otra vez.
Siempre.
Esa química arrolladora entre nosotros. Feromonas y fuegos artificiales y toda esa mierda. Esa puñetera chispa eléctrica que siempre parecía acabar quemándome el culo.
Cuando me fui de aquella fiesta antes de hora, Taze me siguió hasta la entrada.
Al parecer, me reconoció de aquella noche en la fiesta de los Sinners, y por fin estaba empezando a atar cabos.
Vaya coincidencia, ¿eh?, me dijo. Volver a encontrarte…
Pero entonces Roni salió, y él la cogió de la mano y los dos se fueron.
Después de eso, puse a Lex a seguirla. Todos los días de esta semana. Sin que ella lo supiera.
Porque decirme que me metiera en mis asuntos sobre algo que yo ya había decidido que era asunto mío era completamente inútil.
Cuando encontré a Roni en la habitación del bebé en aquella fiesta, sola, y prácticamente la arrinconé para poder mirarla a los ojos sin Taze en la sala, me quedé a escasos centímetros de ella y sentí lo que era estar cerca de ella otra vez…
Luego miré a los ojos a su novio de mierda y vi lo que había que ver ahí también…
Decidí definitivamente que Roni Webber era asunto mío.
Puede que estuviera haciendo lo que podía para mantenerla a salvo de Taze y toda su mierda, pero también estaba buscando la manera de alejarla de Taze. Intentando encontrar algún modo de hacer que le dejara.
Me había jurado a mí mismo categóricamente que cuando eso pasase, cuando le dejara, lo soltaría. Para siempre.
Dejarla ir.
El problema era que todavía no estaba seguro de si me creía a mí mismo.
Serpenteé por barrios residenciales, evitando el tráfico.
Desde mi piso en East Vancouver hasta casa de Jesse, en Point Grey, había unos treinta y cinco minutos a esta hora de la mañana; menos si evitaba las calles principales.
Cubrir las espaldas de gente con diana puesta —tanto estrellas de rock como fuera de la ley— durante los últimos quince años me había vuelto cínico, paranoico y astuto. Así que alternaba mis rutas.
Hoy, fueron diecisiete minutos hasta Nudge, la cafetería de la hermana de Katie. Seis minutos para coger el café de Katie —había un poco de cola—. Becca probablemente me habría dejado colarme, pero yo no era esa clase de capullo.
Con el café en la mano, otros catorce minutos me llevarían a casa de Jesse y Katie.
Entonces le subiría el volumen al móvil.
Y el reloj empezaría a correr.
El reloj que corría en mi cabeza también era una vieja costumbre. En cualquier momento dado de cualquier día dado, sabía que podían interrogarme sobre dónde estaba —o dónde estaban Lex, Flynn, Shady o cualquiera de mis tíos— cuando pasó X, Y o Z.
Interrogado por mi hermano. Interrogado por mi mejor amigo/jefe. Interrogado por Maggie, que firmaba las nóminas de mi equipo de seguridad.
Interrogado por la policía.
Y como rara vez escribía una mierda, eso significaba que lo llevaba todo en la cabeza.
Estaba justo metiéndome en el coche con el café cuando oí vibrar el móvil. La verdad es que no debería haberlo mirado.
Lo miré.
V.
Esta vez, eso era todo lo que decía el mensaje de Lex. Lo que significaba que tenía contacto visual. Había visto a Roni.
Había salido de su piso.
Eran las siete y cincuenta y cinco de la mañana. Más temprano de lo que solía salir de su piso. Roni Webber no era precisamente una persona madrugadora, y los sábados no entraba a trabajar hasta las diez. Eso lo sabía.
Sabía un montón de mierda que probablemente no debería saber.
Sabía que Lex la seguiría y me iría informando por el camino, de todo lo que hiciera hoy.
Borré el mensaje.
No saber dónde estaba Roni ni qué hacía —ni con quién lo hacía— había sido oficialmente reemplazado por saber cada puñetera cosa que hacía.
Todavía no podía decidir qué era peor.