2 Jude #2
Mientras conducía por la ciudad, hice mi inventario mental habitual.
Mientras le cubría las espaldas a Jesse, también gestionaba la seguridad de todo el grupo.
Ahora mismo, con Dirty grabando un álbum, era más fácil hacerlo entre semana, cuando estaban todos en un mismo sitio: en el estudio.
Pero incluso el fin de semana, o si estaban repartidos por el mundo, sabía dónde estaban todos.
Siempre sabía dónde estaban y qué hacían.
Cada miembro del grupo —Jesse, Zane, Elle, Seth y Dylan— y mi equipo de seguridad, así como la dirección del grupo: Brody y Maggie.
Había contactado con Maggie la noche anterior, como siempre, antes de acostarme, antes de poder apagar el reloj mental.
¿Necesitas algo?
Su respuesta fue escueta e igual que toda la semana: Más hombres.
Maggie sabía que no debía escribirme una puñetera novela.
También sabía que yo estaba trabajando en lo de los hombres.
Necesitábamos a unos cuantos tíos sólidos más para trabajar en seguridad en la próxima gira, en nómina.
También necesitaba reunir a unos cuantos más, quienquiera que estuviese en la ciudad durante las fiestas, para el evento de Nochevieja, si es que se celebraba.
¿Nochevieja?, le escribí.
Su respuesta: ?
Lo que significaba que todavía no tenía ni la más remota idea de lo que pasaba en Nochevieja. Sabía que me avisaría cuando supiera más.
Hasta entonces, borré la conversación.
A lo largo del día, todos los días, contactaba con ella, con Brody, con cada uno de los tíos de mi equipo de seguridad, o ellos contactaban conmigo, manteniéndome al tanto de dónde estaban, de lo que pasaba.
Y luego, por supuesto, estaba mi otro equipo. Los Kings.
Ellos también estaban siempre en contacto.
Y luego estaba mi proyecto especial. Mi proyecto secreto y, lo reconozco, jodido. Lex, pagado de mi propio bolsillo para vigilar a Roni Webber.
Porque desde que me la había follado en la boda de Jesse y Katie, no podía sacármelo de la cabeza. No podía sacármela a ella de la cabeza.
Le pregunté, justo después de follar: ¿Sientes algo por mí, V? La miré a los ojos y se lo pregunté, así, directo.
¿Su respuesta? No.
Le dije que bien, que ella y yo no íbamos a ir por ese camino juntos.
Lo mismo que le dije cuando éramos jóvenes.
Y pareció perfectamente bien con ello.
El problema era que yo no lo estaba.
Me dije a mí mismo que nada había cambiado entre nosotros, que no tenía sentido hurgar en el pasado.
Pero ni siquiera estaba seguro de que eso fuera verdad.
El hecho era que tenía algún tipo de atracción persistente y sin resolver hacia esa chica que, sencillamente, no parecía querer desaparecer de una puñetera vez. Y follarla solo había echado un cubo de gasolina a ese fuego largamente abandonado.
Después de aquella noche, hice una verificación de seguridad sobre ella —porque las putas viejas costumbres—. Sabía exactamente lo que encontraría: que se estaba follando a otro. Pensé que me quitaría las ganas, que dejaría de pensar en ella, fin de la historia.
Una mierda.
Cuando descubrí que se estaba follando a un motero —un crío de los Sinners MC, de entre todos los puñeteros moteros—, no pude soltar mi curiosidad morbosa al respecto.
Morbosa, porque enterarte de que una mujer a la que querías follarte se estaba follando a otro solo podía inspirar fantasías sobre la muerte prematura de ese tío.
Lo que significaba que, para evitar recurrir al asesinato, me había obsesionado moderadamente con esperar a que le dejase. Como si cuando eso pasara, pudiera soltar por fin la obsesión. Porque la obsesión no iba sobre ella, ¿verdad?
Iba sobre el hecho de que se estaba acostando con el puto enemigo.
Y luego aquella noche. La noche que recibí una llamada de socorro de la hermana de Jesse, Jessa, desde una puñetera fiesta de los Sinners. Llamé inmediatamente a Brody y a mi hermano y volé hasta allí en mi moto. Sabía que Roni estaría en medio del asunto.
Lo que no esperaba era encontrármela en medio de un puto trío con Taze y otro Sinner.
La puerta del dormitorio donde estaba ocurriendo estaba abierta, y entré directamente. Me quedé allí de pie mirando durante un largo, largo momento, intentando asimilar lo que veía, sin poder creerme mis propios ojos…
Esto es lo que hay.
Esto es lo que ella es.
… Y sin querer creérmelo de verdad. Aunque lo sabía.
Siempre lo había sabido.
La miré fijamente hasta que de pronto nuestros ojos se encontraron. Entonces apartó de un empujón a los dos tíos —que ni siquiera habían notado mi presencia—, cogió su ropa y pasó junto a mí con paso furioso, fuera de la habitación.
Después de que se fuera, Taze se me encaró un poco.
No tenía ni idea de quién era yo aparte de algún tío con un cut de los Kings a la espalda; ni idea de que estaba en esa habitación por Roni.
Pero cuando se dio cuenta de que el vicepresidente de los West Coast Kings —mi hermano— estaba allí conmigo y nos estábamos llevando bien —nos superaban en número jodidamente diez a uno, así que no había mucha opción—, se echó atrás.
Yo no me eché atrás. No con Roni.
La encontré en el jardín trasero, donde estaba fumando hierba con una tía, y la aparté. Le pregunté qué coño estaba haciendo. Y le advertí sobre los Sinners.
Le expliqué, con mucha calma, que había hombres buenos que se hacían moteros, hombres malos que se hacían moteros, y hombres seriamente malos que se hacían moteros. En mi experiencia, los hombres reclutados por los Sinners MC caían en algún punto del territorio de los seriamente malos de cojones.
Se me rio en la cara.
E intenté que no me afectara tanto.